{"id":57500,"date":"2026-01-15T07:00:00","date_gmt":"2026-01-15T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57500"},"modified":"2026-09-25T10:19:50","modified_gmt":"2026-09-25T16:19:50","slug":"el-cordero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57500","title":{"rendered":"El cordero"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Era blanco, blanco, blanco, como una nube que balara o una mota de algod\u00f3n. Era la inocencia, era la<\/em> <em>ternura, era la suavidad encarnada en pelambrera,<\/em> <em>era el perd\u00f3n acordonado en rizos. Lo recib\u00ed hoy por<\/em> <em>la ma\u00f1ana, de manos del mism\u00edsimo sacerdote ungido.<\/em> <em>No, miento, no lo recib\u00ed de sus manos consagradas.<\/em> <em>Habr\u00e1 sido solamente de su soga consagrada, porque<\/em> <em>el sacerdote, que se negaba siquiera a tocarlo, lo llevaba junto a s\u00ed atado por el cuello. Pero el cordero, esa<\/em> <em>nube con patas, ese suspiro material, no le reprochaba<\/em> <em>el desprecio, sino que andaba a trote ligero junto a \u00e9l,<\/em> <em>respetando las distancias y venci\u00e9ndolo en blancura.<\/em> <em>Y es que el sacerdote ven\u00eda tambi\u00e9n vestido de blanco:<\/em> <em>t\u00fanica de lino blanco, faja de lino blanco, tiara de lino<\/em> <em>blanco y, seg\u00fan la tradici\u00f3n, calzones de lino blanco.<\/em> <em>Ni rastro del efod, el pectoral, el manto y la diadema<\/em> <em>de oro y p\u00farpura y violeta y escarlata. Solo blanco,<\/em> <em>blanco, blanco, como la espuma del mar; pero es bien<\/em> <em>sabido que ni las m\u00e1s buenas intenciones ni la artesan\u00eda m\u00e1s cuidada har\u00e1n nunca que la espuma del<\/em> <em>mar rivalice en blancura con las nubes del cielo\u2026 y<\/em> <em>manos humanas jam\u00e1s tejer\u00e1n la albura del cordero,<\/em> <em>\u00a1alabado sea Yahv\u00e9!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Si en blancura venc\u00eda el cordero, en alegr\u00eda no hab\u00eda siquiera competencia. Tanta era la diferencia entre<\/em> <em>animal y hombre que compararlos ser\u00eda como preguntarse qu\u00e9 es m\u00e1s ancho, un olivo o una oraci\u00f3n. Se<\/em> <em>hallaban en dos planos superpuestos pero inconciliables. En uno iba el sacerdote, mustio, severo, con solemnidad de incienso, seguido en procesi\u00f3n por sus<\/em> <em>hijos, los levitas y el pueblo, entonando sus culpas,<\/em> <em>implorando la expiaci\u00f3n. Atravesaban las calles de la<\/em> <em>ciudad, cortando con filo de lamento los barrios por<\/em> <em>los que pasaban. Regaban con l\u00e1grimas de sonido el<\/em> <em>rastro de sus s\u00faplicas. En el otro iba el cordero, que<\/em> <em>incluso parec\u00eda sonre\u00edr. Claro que no se trataba propiamente de una sonrisa \u2014habrase visto corderos<\/em> <em>sonriendo\u2014, pero la sensaci\u00f3n que transmit\u00eda el animalejo, al contrastarse con la adustez del sacerdote<\/em> <em>\u2014\u00bf\u00a1qu\u00e9 dije yo de comparaciones!?\u2014, casi casi merec\u00eda ese t\u00edtulo. A saltitos, dir\u00edase que jugaba con la<\/em> <em>brisa, proyectando sobre la tierra reseca un jard\u00edn de<\/em> <em>delicias invisibles. Su mirada hac\u00eda un Ed\u00e9n de la<\/em> <em>ciudad, reverdec\u00eda la losa de las calles, pintaba de<\/em> <em>colores la cal ocre de las casas. Y as\u00ed, el uno marchit\u00e1ndose en llantos, el otro reto\u00f1ando en alegr\u00edas, lleg\u00e1ronse los dos a mi casa, y la procesi\u00f3n a sus espaldas. Fue entonces cuando el sacerdote ungido me<\/em> <em>extendi\u00f3 su mano consagrada, puso en la m\u00eda el extremo de la soga y dijo: \u201cTe hago entrega del Mal\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(Buscar una expresi\u00f3n para reemplazar \u201cal contrastarse con la adustez del sacerdote\u201d. Se contradice con lo que digo m\u00e1s arriba. Repensar tambi\u00e9n la frase final. \u201cHe aqu\u00ed el Mal\u201d, \u201cTe entrego el Mal\u201d, \u201cToma en tus manos el Mal\u201d. Puede que haya una frase m\u00e1s potente. Releer \u201cEl carrito\u201d de C\u00e9sar Aira. Releer <em>El Evangelio seg\u00fan<\/em> <em>Jesucristo<\/em> (Saramago), <em>La \u00faltima tentaci\u00f3n de Cristo<\/em> (Kazantzakis), <em>Historia de Cristo <\/em>(Papini), <em>La escala de<\/em> <em>Jacob <\/em>(Papini), <em>Jos\u00e9 y sus hermanos<\/em> (Mann)).<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el cap\u00edtulo 16 del <em>Lev\u00edtico<\/em> (pp. 143-145, <em>Biblia de<\/em> <em>Jerusal\u00e9n<\/em>) se describe un ritual interesant\u00edsimo, llamado D\u00eda de la Expiaci\u00f3n. Se trata de una celebraci\u00f3n anual en la que el pueblo de Israel pide perd\u00f3n por sus pecados. Involucra tres sacrificios que originalmente deb\u00eda hacer Aar\u00f3n y que har\u00edan luego sus descendientes. El primero, un novillo (o carnero; el texto en este punto es confuso) es ofrecido como expiaci\u00f3n de Aar\u00f3n y su familia (\u00bfsolo sus hijos o todos los levitas?) para poder llevar a cabo el rito. Los otros dos son un par de machos cabr\u00edos que Aar\u00f3n debe presentar ante Yahv\u00e9, a la entrada de la Tienda del Encuentro. All\u00ed tira a suertes cu\u00e1l ser\u00e1 \u2018para Yahv\u00e9\u2019 y cu\u00e1l \u2018para Azazel\u2019, demonio del desierto, tierra donde \u201cDios no ejerce su acci\u00f3n fecundante\u201d. A continuaci\u00f3n, Aar\u00f3n introduce el primero a la Tienda del Encuentro, enciende un incensario para que Dios pueda presentarse sin matarlo (quien vea el rostro de Dios muere inmediatamente), unta con la sangre del novillo el lado oriental del propiciatorio y lo asperja con la misma sangre siete veces por el frente. Procede entonces con la inmolaci\u00f3n del macho cabr\u00edo \u2018para Yahv\u00e9\u2019 y hace con su sangre lo mismo que hizo con la del novillo. As\u00ed, exp\u00eda los pecados de todo el pueblo. Luego sale, unta con la sangre los cuernos del altar exterior (s\u00ed, el altar de entonces ten\u00eda cuernos), y repite las aspersiones. Esta es la \u00fanica vez en todo el a\u00f1o que Aar\u00f3n (o el sacerdote ungido, o el sumo sacerdote) entra detr\u00e1s del velo, es decir, al lugar donde se guarda el propiciatorio, Arca de la Alianza o Testimonio (revisar si son todas la misma cosa).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed viene lo interesante: solo entonces, cuando ya el macho cabr\u00edo \u2018para Yahv\u00e9\u2019 ha sido inmolado, se trae al macho cabr\u00edo \u2018para Azazel\u2019 y, a\u00fan vivo, se le imponen las manos y se confiesan todos los pecados del pueblo, que quedan cargados sobre la cabeza del animal. A este lo env\u00edan con \u201cun hombre designado\u201d al desierto. \u201cAs\u00ed, el macho cabr\u00edo llevar\u00e1 sobre s\u00ed todas las iniquidades de ellos (los israelitas), hacia una tierra desierta\u201d. Finalizado el ritual, se queman los restos y todos (Aar\u00f3n, sacerdotes, hombre encargado del macho cabr\u00edo \u2018para Azazel\u2019, hombres encargados de quemar los restos) se ba\u00f1an y lavan sus ropas, antes de volver a entrar al campamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay muchas cosas de este relato que me atraen. Por un lado est\u00e1 Azazel, demonio del desierto, al que los israelitas dedican, de manera ins\u00f3lita, un sacrificio. Aunque lo hacen para deshacerse de sus pecados y no propiamente en honor del demonio, se trata de un hecho que, creo, sucede una \u00fanica vez en toda la <em>Biblia<\/em>. Por otro lado est\u00e1 el desierto: esa tierra inh\u00f3spita donde Dios no tiene (o ejerce) poder. Esto me produce una sensaci\u00f3n\u2026 c\u00f3mo decirlo\u2026 como de algo ominoso, aterrador e indescriptible. Como el desierto de Sonora de Bola\u00f1o. O la naturaleza en <em>El Anticristo <\/em>de Von Trier. O la Zona en <em>Stalker<\/em>. O la Derry de <em>It<\/em>. Pero, sobre todo, est\u00e1 el macho cabr\u00edo que recibe sobre s\u00ed los pecados de todo el pueblo, siendo inocente. \u00c9l, entre todos, es quien menos merecer\u00eda cargarlos, pero helo ah\u00ed, sin ser malo, pero con el Mal sobre s\u00ed, con el Mal dentro de \u00e9l. Y el Mal, ese Mal con may\u00fascula, ese Mal metaf\u00edsico\u2026 bueno, es algo que me supera, que me atrae, no personalmente, sino como escritor. Ah\u00ed, creo, hay una mina de oro para quien sepa explotarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esto podr\u00eda salir una novela. Algunos cambios y queda listo. 1. Toca cambiar el macho cabr\u00edo por un cordero. Esencialmente por razones de efecto. Resulta m\u00e1s efectista juntar al Mal la inocencia del cordero que la simbolog\u00eda ambigua del macho cabr\u00edo. A este \u00faltimo lo relacionamos con el Diablo; el primero, en cambio, nos remite a Jes\u00fas. Pero no solo por eso. Tambi\u00e9n por un asunto de fidelidad, no al texto, sino a mi primera lectura. Cuando pas\u00e9 por ese cap\u00edtulo me imagin\u00e9 un cordero, no un macho cabr\u00edo, y creo que por eso fue que me impresion\u00f3 tanto. Ahora me resultar\u00eda imposible escribir algo con un macho cabr\u00edo. No lograr\u00eda producir en el lector lo que yo sent\u00ed al leer la <em>Biblia<\/em>. Y en este caso, es m\u00e1s importante el sentimiento que el dato exacto. 2. Toca alargar el viaje. Mi primera lectura me dio la impresi\u00f3n de un camino largo, tedioso, casi dir\u00edamos un peregrinaje que \u201cel hombre encargado\u201d deb\u00eda hacer a las profundidades del desierto, el reino de Azazel. Sin embargo, ahora que releo el cap\u00edtulo me da la impresi\u00f3n de que m\u00e1s debi\u00f3 ser un asunto de salida por entrada. Cuando Dios dio esas instrucciones a Mois\u00e9s, \u00e9l y su pueblo se encontraban en el desierto del Sina\u00ed. Llevar el macho cabr\u00edo al desierto debi\u00f3 ser, simplemente, sacarlo del campamento y soltar la cuerda. Y eso as\u00ed no alcanza ni pa un cuento. 3. Toca dar un salto de unos cuantos cientos de a\u00f1os y ubicar la novela en la \u00e9poca de la Tierra Prometida, lo mismo da si es en tiempos de Josu\u00e9, de los jueces o del rey David. Antes que nada, para justificar un viaje largo, m\u00e1s all\u00e1 del Jord\u00e1n o a los desiertos ar\u00e1bigos. Pero tambi\u00e9n para provocar la sensaci\u00f3n de estarse alejando cada vez m\u00e1s de la sociedad, de las ciudades, los pueblos y los caser\u00edos, y estar entrando en tierras extra\u00f1as, ajenas y salvajes, como hace Carpentier en <em>Los pasos perdidos<\/em>. El desierto solo puede presentarse ominoso si se penetra poco a poco en \u00e9l. El demonio solo puede encontrarse al final de un largo camino. La maldad debe lindar con lo inh\u00f3spito. Y es imposible lograr esto si el desierto est\u00e1 a la vuelta de la duna y si, llegado uno al nido de la bestia, basta un giro de 180\u00b0 para volver a ver el campamento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Perpetrados estos tres ajustes, tendr\u00edamos una novelita de concurso. El \u201chombre designado\u201d, ese personaje que en la <em>Biblia <\/em>solo merece dos tres vers\u00edculos, un hombre del com\u00fan, an\u00f3nimo, simpl\u00f3n, ni h\u00e9roe ni santo, se ver\u00eda encargado de llevar junto a s\u00ed, a lo largo de una romer\u00eda abominable, los pecados de su pueblo, el Mal, anidados estos y este en un cordero bello e inocente, en un algod\u00f3n de balidos. A su paso, la gente le cerrar\u00eda las puertas, lo mirar\u00eda de reojo, le rehuir\u00eda el encuentro, sabiendo la carga que lleva. Se sentar\u00eda el hombre por las noches, junto a una hoguera improvisada, o dentro de una cueva al lado del camino, y dar\u00eda de comer al cordero, pregunt\u00e1ndose d\u00f3nde, en medio de esa pelambrera, es que se halla la perversidad. Y as\u00ed, poco a poco, ir\u00eda adentr\u00e1ndose en el desierto, percibiendo la presencia de Azazel, el hedor de Azazel, el Mal, el Mal, el Mal, ese Mal que se siente, que lo impregna todo a pesar de no mostrarse abiertamente, que tuerce la l\u00ednea recta y hace maullar a las serpientes, que proyecta en la arena vibraciones de perfidia, que declara en su mutismo la enfermedad del mundo y el hombre y la naturaleza. S\u00ed, esa ser\u00eda una novelita de concurso.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es incre\u00edble el rosario de temblores, coletazos, idas y revueltas, saltos y retumbos que estas nubes blancas, abullonadas, linditas en lejan\u00eda y hechas como de az\u00facar esconden en su interior. La avioneta acaba de atravesar un sembrad\u00edo de c\u00famulos y por poco vuelca, o al menos as\u00ed se sinti\u00f3. (A decir verdad, creo que es imposible volcar en el aire). A m\u00ed, que tengo buen h\u00edgado pa estos menesteres, casi se me sale el coraz\u00f3n por la garganta, por lo que no me imagino lo que debi\u00f3 sentir Ana Mar\u00eda tras la primera sacudida. Y la segunda, y la tercera, y la cuarta, y as\u00ed hasta la d\u00e9cima cuenta y a lo largo de los siete misterios. Cinco misterios, perd\u00f3n, que ya los cont\u00e9. Pero eso, por las cincuenta cuentas del rosario y luego vuelta a empezar, uno, y dos y tres y cuatro, y otros tres seguidos, para arriba y para abajo y para los lados y uno que se agarra de lo que encuentre a mano, incluso una brizna de aliento si eso es lo que hay, como si as\u00ed agarrado fuera a salvarse la vida. Y por las ventanillas, todo blanco, blancura infinita, lechosa, amelcochada, blancura espesa de infartos y de <em>jueputas<\/em>, blancura que hace suplicar azules y que agarrota las manos sobre el cuero del asiento y contra la ventana (Ana Mar\u00eda) o alrededor de la cam\u00e1ndula que lleva al cuello como amuleto y que no sabe usar a la cat\u00f3lica (yo). Aunque no todo fue terror en la cabina. El piloto sigui\u00f3 como si nada, fumando, pegando tragos a la petaca de \u201cagua\u201d, tarareando diomedazos en la ausencia de radio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volv\u00ed a respirar cuando cortamos, por fin, la retaguardia de las nubes. Me gustar\u00eda poder decir lo mismo de Ana Mar\u00eda. Pero no, ella sigue con los ojos cerrados, el ce\u00f1o fruncido, los labios recitando silencios. Me pregunto qu\u00e9 rezar\u00e1, siendo ella atea, o agn\u00f3stica, creo yo. Imposible que sea poes\u00eda, a pesar de ese estribillo bobo que se\u00f1ala a los poemas como las oraciones de los intelectuales. Pa m\u00ed que est\u00e1 rezando el <em>Padrenuestro<\/em> o el <em>Avemar\u00eda<\/em>. S\u00ed, pa m\u00ed que s\u00ed. Es m\u00e1s, si en este momento le preguntara c\u00f3mo es que, padeciendo ate\u00edsmo, est\u00e1 ahora de letan\u00edas, seguro seguro me responder\u00eda como Antonio Jos\u00e9 Restrepo: \u201cYo soy atea en tierra firme\u201d. C\u00e9sar Vallejo ser\u00e1 muy bueno, pero no para pedir por tu vida a cinco mil metros de altura (revisar a qu\u00e9 altura vuelan las avionetas), con una turbulencia <s>como para hacer batidos (qu\u00e9 s\u00edmil terrible)<\/s> dentro y fuera de tus huesos <s>(qu\u00e9 horrorosa expresi\u00f3n)<\/s>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pocos minutos despu\u00e9s de haber superado la cuadrilla de nubes y con intenci\u00f3n de relajar los \u00e1nimos y descargar los pechos (m\u00edo y de Ana, aunque dudo que ella haya siquiera escuchado), pregunt\u00e9: \u201c\u00bfEntonces pa d\u00f3nde es que vamos, don Luis?\u201d. El piloto, sin voltear a mirarme, lanz\u00f3 dos o tres indicaciones geogr\u00e1ficas sobre un mapa imaginario, que para m\u00ed, ignorante, cuya Colombia personal se reduce a cinco ciudades repartidas en tierra ignota, fueron lo mismo que si me hablara en chino. \u201cS\u00ed, s\u00ed\u201d, respond\u00ed, haci\u00e9ndome el entendido, \u201cpero, exactamente, \u00bfad\u00f3nde vamos?, \u00bfc\u00f3mo se llama el sitio?\u201d. \u201cEl Pueblo\u201d, me dijo \u00e9l. \u201c\u00bfEl pueblo qu\u00e9?\u201d. \u201cEl Pueblo\u201d, insisti\u00f3. \u201cS\u00ed, ya s\u00e9 que es un pueblo, pero el nombre, don Luis, \u00bfcu\u00e1l es su nombre?\u201d. \u201cSe llama El Pueblo, as\u00ed sin m\u00e1s. As\u00ed lo conocen los locales. As\u00ed lo conocemos los pilotos\u201d, dijo y dio otra chupada al cigarrillo casi cusca que ten\u00eda entre los dedos. A continuaci\u00f3n, empez\u00f3 a tararear <em>Sin saber qu\u00e9 me espera<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando aterrizamos, el comit\u00e9 de bienvenida ya estaba all\u00ed. Aunque, en honor a la verdad, ese es mucho nombre pa tama\u00f1as pauperidades. Constaba, esencialmente, de un jeep verde destartalado y cuatro militares que dejaron sus galones en la lavander\u00eda y que del uniforme reglamentario solo desfilaban los pantalones. Adem\u00e1s, dos no ven\u00edan por nosotros, sino que aprovecharon el avent\u00f3n para despachar un asunto con el piloto. Los otros dos eran el mayor Corrales y una nulidad sentada al volante. Hern\u00e1ndez, o Fern\u00e1ndez, o Men\u00e9ndez, o Henr\u00edquez; en fin, un apellido que terminaba en \u201cez\u201d, unas manos agarradas al cuero de la cabrilla y poco m\u00e1s, un vac\u00edo donde deber\u00eda haber un hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pista de aterrizaje era una manga alargada, lisa, enmarcada por una trenza de verdes que parec\u00eda no tener fin. En un momento cre\u00ed que se nos iba a acabar antes de que fren\u00e1ramos, pero, a pocos metros del l\u00edmite, la avioneta se detuvo. Cuando don Luis abri\u00f3 la portezuela, una ola de calor me golpe\u00f3 el rostro. No era insoportable, pero s\u00ed lo suficientemente cargado como para resultar inc\u00f3modo. El primero en bajarse fue el piloto, seguido por Ana Mar\u00eda. Ella ya hab\u00eda recobrado todo su aplomo y mostraba la seguridad que a m\u00ed me falta, esa que me servir\u00eda para no sentirme, a mis veinticuatro a\u00f1os, como un adolescente infiltrado en un mundo de adultos. Sobre todo en situaciones como esta. Don Luis not\u00f3 mi embarazo al no ser capaz de mover el asiento que me bloqueaba la salida y me ayud\u00f3 a correrlo. Cuando por fin pude bajarme y recoger mi equipaje, vi c\u00f3mo el mayor me se\u00f1alaba. Me acerqu\u00e9 y lo escuch\u00e9 diciendo: \u201cEl informe que me mandaron hablaba de un viejo, setenta y siete a\u00f1os, de apellido Molano. Este pelao ni pelos en el culo debe tener\u201d. \u201cAlfredo muri\u00f3 anoche y tuvimos que buscar un reemplazo de \u00faltimo minuto. Pero Juan Andr\u00e9s tambi\u00e9n es escritor, y est\u00e1 cualificado para el trabajo\u201d, le respondi\u00f3 Ana Mar\u00eda. El mayor volvi\u00f3 a mirarme, amag\u00f3 un gesto de indiferencia y dijo: \u201cBueno, lo mismo da. Tanto vale un escritor como otro, a ninguno se les entiende un carajo. Bienvenidos entonces. Soy el mayor Corrales y ser\u00e9 el encargado de ustedes durante su estancia en El Pueblo\u201d. \u201cNadie tiene que estar <em>encargado<\/em> de nosotros, mayor. Vinimos a hacer memoria de lo sucedido, no a pasear. Tenemos carta blanca de la JEP para recorrer el lugar y hablar con su gente\u201d. \u201cS\u00ed, s\u00ed, eso tambi\u00e9n me lo dijeron, no se preocupe. Pero el monte esconde peligros y no queremos que nada les pase a nuestros invitados, \u00bfno es as\u00ed?\u201d. Ana Mar\u00eda no contest\u00f3. El bullicio de los p\u00e1jaros (p\u00e1jaros de todos los timbres y entonaciones, que <s>permanec\u00edan<\/s> permanecen invisibles en la espesura, m\u00e1s sonido que p\u00e1jaros en su invisibilidad) <s>ahoga<\/s> ahogaba el zumbido de los mosquitos. La silueta del mayor Corrales se recortaba contra los verdes del bosque. Barrig\u00f3n y con el pelo cortado al rape, esconde un no s\u00e9 qu\u00e9 de brutalidad en su fisonom\u00eda. Al cabo, solt\u00f3: \u201c\u00bfNos vamos a quedar aqu\u00ed todo el d\u00eda? Vamos al jeep\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mayor se encaram\u00f3 en el puesto del copiloto y nosotros dos nos montamos en la banca de atr\u00e1s, poniendo los morrales sobre las piernas. Mir\u00e9 por la ventanilla y vi a los otros dos soldados junto a la avioneta, conversando con el piloto. \u201c\u00bfY ellos? \u00bfNo vienen?\u201d, pregunt\u00e9. \u201cNo, tienen otras cosas que hacer. Luego nos alcanzan\u201d, respondi\u00f3 el mayor Corrales. Luego, dando una palmada al conductor, orden\u00f3: \u201cHern\u00e1ndez (o Fern\u00e1ndez o Men\u00e9ndez o Henr\u00edquez), arranque pues\u201d. Y Hern\u00e1ndez (o Fern\u00e1ndez o Men\u00e9ndez o Henr\u00edquez) arranc\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El trayecto fue corto, no m\u00e1s de cinco minutos por carretera destapada, pero dio tiempo a que Ana Mar\u00eda hiciese su primer interrogatorio. (\u00bfDeber\u00eda decir entrevista o aqu\u00ed somos tambi\u00e9n, adem\u00e1s de periodista y escritor, <s>detectives<\/s> fiscales?). La conversaci\u00f3n se desarroll\u00f3 casi que a gritos, por encima del ruido del motor, la gravilla y los p\u00e1jaros. Ana Mar\u00eda: \u201c\u00bfEntonces El Pueblo est\u00e1 incomunicado por tierra del resto del mundo?\u201d. Mayor Corrales: \u201cS\u00ed, as\u00ed es. El \u00fanico modo de entrar y salir de El Pueblo es por aire, usando esta pista, como ustedes hicieron\u201d. AM: \u201c\u00bfY c\u00f3mo hacen para abastecerlo? Debe ser insostenible mantener una ruta a\u00e9rea con los bienes de consumo b\u00e1sicos\u201d. MC: \u201cEl Pueblo es autosuficiente, o casi autosuficiente. El ej\u00e9rcito se encarga de proveer lo que El Pueblo no puede producir. Recibimos cargamentos cada quince d\u00edas, m\u00e1s o menos\u201d. AM: \u201c\u00bfSeguro que no hay ninguna otra ruta? \u00bfPor tierra, a trav\u00e9s de la selva?\u201d. MC: \u201cNo, se\u00f1orita, no hay ninguna\u201d. AM: \u201cSi es as\u00ed, expl\u00edqueme c\u00f3mo hac\u00edan los guerrilleros y los paramilitares para entrar y salir de El Pueblo. \u00bfC\u00f3mo sacaban la droga? Imposible que todo fuera por aire\u201d. MC: \u201cNi\u00f1a, eso no lo sabemos. Bien pod\u00eda traficarse todo por el aire. O por el monte, qui\u00e9n sabe. Los guerrillos son como los monos. Lo suyo es el monte y saben c\u00f3mo caminar por donde no hay caminos. Adem\u00e1s, nosotros no estamos aqu\u00ed para clausurar rutas, estamos para erradicar cultivos. As\u00ed que no, no tengo idea de c\u00f3mo sacaban la droga, ni de las idas y venidas de paras y guerrillos\u201d. AM (<em>guarda silencio durante unos segundos, como considerando si es prudente insistir. Al final,<\/em> <em>decide encaminar la entrevista por un derrotero que,<\/em> <em>sin excederse en imprudencia, le permite ahondar en<\/em> <em>el asunto<\/em>): \u201cMe pregunto, mayor, c\u00f3mo pudieron traer este veh\u00edculo a El Pueblo, dada la ausencia de rutas terrestres. Debi\u00f3 ser una odisea. \u00bfSabe algo al respecto?\u201d. MC: \u201cUfffff (<em>suelta el mayor y medita el asunto durante unos instantes; luego, dice<\/em>). Cuando me asignaron a este puesto el jeep ya estaba aqu\u00ed. Ha sido\u2026 c\u00f3mo decirlo\u2026 una especie de activo que ha pasado de manos en varias ocasiones. Y es el \u00fanico carro de El Pueblo, \u00bfsabe?\u201d. AM: \u201cEso no responde a mi pregunta, mayor\u201d. MC: \u201cYa va, ni\u00f1a, no me afane. Este es un UAZ, un veh\u00edculo sovi\u00e9tico, de la \u00e9poca de\u2026 bueno, de hace muchos a\u00f1os. Creo que hubo una gran importaci\u00f3n de estos autos por los setentas. Este debi\u00f3 venir en ese lote. En cuanto a c\u00f3mo pudieron traerlo hasta aqu\u00ed\u2026 qui\u00e9n sabe, quiz\u00e1s s\u00ed hubo antes alguna carretera. O lo trajeron pieza por pieza y aqu\u00ed lo ensamblaron. \u00bfAs\u00ed no hacen en las f\u00e1bricas de carros del pa\u00eds? Los transportan a pedazos y aqu\u00ed los arman. Pudo haber sido algo as\u00ed, pero en peque\u00f1o\u201d. AM: \u201c\u00bfY la poblaci\u00f3n del pueblo? \u00bfTambi\u00e9n la trajeron a pedazos? (<em>El mayor Corrales parece no<\/em> <em>comprender la chanza y se queda mir\u00e1ndola, sin contestar. Ella se ve obligada a explicarse<\/em>). A lo que me refiero, mayor, es que, si no hay rutas terrestres, no veo modo ni raz\u00f3n para que naciera un pueblo en mitad de la selva. La gente tuvo que venir de alguna manera y, ya instalada, abrir rutas para comunicarse con el exterior. No creo que hayan llegado <em>todos <\/em>en avi\u00f3n\u201d. MC: \u201cNi\u00f1a, me est\u00e1 hablando usted como si yo fuera el responsable de El Pueblo y su historia. Yo estoy aqu\u00ed solo desde hace unos meses y vine a hacerme cargo del mierdero que dej\u00f3 la guerra. Y yo aqu\u00ed no ando pa recoger historias. Ese es el trabajo de ustedes. As\u00ed que si se quiere enterar de algo va a tener que preguntarle a la gente de El Pueblo. A m\u00ed lo \u00fanico que me interesa es que aqu\u00ed hay unos cultivos que mis hombres y yo debemos erradicar. M\u00e1s all\u00e1 de eso, para m\u00ed es como o\u00edr llover. As\u00ed que si quiere que colaboremos y que yo le ayude con su trabajo, deje de tratarme como el enemigo, \u00bfest\u00e1 bien? (<em>Y luego, por<\/em> <em>lo bajo, a\u00f1adi\u00f3<\/em>) Izquierdosos de mierda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ana Mar\u00eda abandon\u00f3 la intentona, ya con la voz ronca por el esfuerzo de hacerse o\u00edr. A izquierda y derecha solo hab\u00eda verdes desordenados y sucios (no, sucios no, que esto es casi selva virgen) alzando los muros de este desfiladero vegetal. La UAZ daba tumbos sobre los casquillos (\u00bfel cascajo?), y el ruido del motor y la gravilla removida rivalizaba con el estruendo de los p\u00e1jaros. El cielo alcanzaba una luminosidad dolorosa; el calor empegotaba la piel. Frente a m\u00ed ve\u00eda la nuca pelada, sudorosa, del mayor Corrales, que m\u00e1s parec\u00eda un torre\u00f3n medieval. Su brazo<s>, como una serpiente amortajada,<\/s> se extend\u00eda sobre el espaldar de la banca delantera. De este lado, el rostro duro de Ana Mar\u00eda se enfrentaba a la testuz del mayor. Y yo, en esa tierra de nadie, enca\u00f1onado entre silencios, me sent\u00eda peque\u00f1o, peque\u00f1o, peque\u00f1o, como un ratoncito en una ratonera. Entonces llegamos a El Pueblo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"343\" height=\"600\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/elcordero_aguirre-343x600-1.png\" alt=\"Portada de &quot;El cordero&quot;, Miguel Aguirre. Tierra Adentro, FCE, 2025.\" class=\"wp-image-59957\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/elcordero_aguirre-343x600-1.png 343w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/elcordero_aguirre-343x600-1-172x300.png 172w\" sizes=\"auto, (max-width: 343px) 100vw, 343px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Portada de &#8220;El cordero&#8221;, Miguel Aguirre. 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