{"id":57468,"date":"2025-11-11T07:00:00","date_gmt":"2025-11-11T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57254"},"modified":"2026-03-16T13:50:49","modified_gmt":"2026-03-16T19:50:49","slug":"un-buen-dia-para-volar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57468","title":{"rendered":"Un buen d\u00eda para volar"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera paloma aterriz\u00f3 mientras el anciano vaciaba la bolsa de papel. El hombre remov\u00eda los trozos de pan cuidadosamente, con la punta del bast\u00f3n. La paloma esper\u00f3 a que la bolsa se vaciara por completo antes de acercarse; se balanceaba y sacud\u00eda el cuello como si acabara de despertar. Al cabo de unos minutos, convocadas por la vastedad del almuerzo, tres palomas m\u00e1s frenaron de lleno contra el suelo del parque, y con un batir de alas arrinconaron a la primera, que al verse indefensa levant\u00f3 el vuelo apenas unos cent\u00edmetros y fue a pararse detr\u00e1s de la banca, hasta donde hab\u00edan llegado algunas migajas que comi\u00f3 sin atender a la mirada que le sonre\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde donde estaba, Mirna alcanz\u00f3 a ver al hombre agacharse con esfuerzo, como si fuera a susurrarle un par de cosas a la primera paloma. No alcanz\u00f3 a escuchar lo que le dijo, estaba muy lejos para saberlo, pero advirti\u00f3 que el ave se mantuvo quieta, comiendo mansamente como un perro de la calle. El anciano se irgui\u00f3 de vuelta y cruz\u00f3 una pierna sobre la otra, guard\u00f3 la bolsa de papel en el bolsillo de su saco y en su lugar sac\u00f3 lo que parec\u00eda un fino pa\u00f1uelo de seda. Daba la impresi\u00f3n de estar vestido para una fiesta. Tal vez ir\u00eda a una boda, supuso Mirna. Llevaba una boina tejida y atada a la camisa blanca, crey\u00f3 ver una corbata ancha y negra, del mismo color que el resto de su atuendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A Mirna le dio curiosidad lo que podr\u00eda ocurrir despu\u00e9s y sigui\u00f3 mirando al anciano mientras sacud\u00eda uno por uno los peluches de su puesto. A esa hora hab\u00eda poca gente en el parque, pero decidi\u00f3 salir a vender porque era mejor estar all\u00ed que en casa. Su marido le ayud\u00f3 a descargar la mercanc\u00eda desde temprano y se hab\u00eda ido pronto para aprovechar a los clientes que, a diferencia de lo que ocurr\u00eda aqu\u00ed, llenaban los andadores del mercado donde ten\u00eda la tienda. \u00c9l insist\u00eda en que no trabajara, pero Mirna quer\u00eda ayudarlo y de paso sentirse \u00fatil, distraerse, tratar de no pensar en las \u00faltimas semanas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su suegra le hab\u00eda dado los peluches. La se\u00f1ora quer\u00eda a Mirna y la apoyaba con el negocio. Se port\u00f3 buena gente desde que lleg\u00f3 a vivir a su casa; la trataba como la hija que no tuvo. Sus cu\u00f1ados tambi\u00e9n se alegraron de que su marido la llevara a vivir con ellos. Lo felicitaban por haberse encontrado a una mujer hermosa y trabajadora, y Mirna devolv\u00eda el cari\u00f1o ayudando en las labores dom\u00e9sticas. Ellos ya viv\u00edan abajo, con su suegra, y ella y su marido en el segundo piso, en un cuarto que este \u00faltimo empez\u00f3 a construir tras conocerla. Mirna hab\u00eda ca\u00eddo en blandito, admiti\u00f3 mientras le quitaba la mugre de los ojos a un cerdito sin orejas. Pero la que m\u00e1s la quer\u00eda en esa casa era Nancy, su sobrina, la \u00fanica ni\u00f1a entre tanto adulto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El anciano segu\u00eda hablando con las palomas. Sonre\u00eda satisfecho, empu\u00f1ando su bast\u00f3n con el ment\u00f3n en el mango. Mirna tom\u00f3 otro peluche \u2013un conejo verde pastel con una zanahoria en el pecho\u2013 y continu\u00f3 espi\u00e1ndolo. La escena le daba ternura. Desde su lugar vio c\u00f3mo el anciano llamaba a otra paloma con los dedos. Esta lo ignor\u00f3, aunque a Mirna le dio la impresi\u00f3n de que, a su modo, tambi\u00e9n estaba contenta. Cuando la sinti\u00f3 cerca, el anciano inclin\u00f3 la espalda hacia adelante, lentamente, y sacando una mano del bast\u00f3n, intent\u00f3 acariciarla. La paloma retrocedi\u00f3 unos pasos, pero no huy\u00f3 del c\u00edrculo de migajas. Entonces el anciano se ech\u00f3 a re\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfCu\u00e1nto por el koala, se\u00f1o?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un adolescente se hab\u00eda detenido frente al puesto de Mirna. Llevaba el su\u00e9ter del uniforme amarrado a la cintura. Estaba hincado frente a un peluche de color gris que seg\u00fan \u00e9l ten\u00eda cara de koala. El animal sosten\u00eda con las manitas una rama de bamb\u00fa con una hoja verde en la punta. Le hac\u00eda falta un ojo pero a\u00fan conservaba su etiqueta original.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ese est\u00e1 en cien, por el ojito. Si te lo llevas, te lo envuelvo en celof\u00e1n. Nom\u00e1s voy aqu\u00ed de r\u00e1pido por la bolsa, esp\u00e9rame.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Mmm, \u00bfy no tiene otros m\u00e1s baratos? \u2014el chico regres\u00f3 el peluche a su lugar cuando escuch\u00f3 el precio\u2014. Estos ya son usados, \u00bfverdad?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, pero est\u00e1n cuidaditos, mijo. Ch\u00e9cale. Hay ardillitas, caballos, ositos, pollos, vacas, perros monedero. Toma el que te agrade.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Oiga, \u00bfy no vende rosas?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No, rosas todav\u00eda no tengo. Pero traer\u00e9 la pr\u00f3xima semana. \u00bfTe aparto un ramo? Las voy a dar en ciento veinte, pero a ti te las dejo en\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El chico hab\u00eda agarrado ahora una vaca que sacud\u00eda como si quisiera hacerla volar. Mirna iba a negociar pero aqu\u00e9l se par\u00f3 de un salto, mir\u00f3 hacia la puerta de la secundaria de la esquina, y al ver que el conserje estaba a punto de cerrar, la dej\u00f3 hablando sola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La actitud del chico no le molest\u00f3 a Mirna. Nancy era igual. A veces, poco antes del accidente, los visitaba a ella y a su marido en la tienda, los saludaba de r\u00e1pido mientras husmeaba entre las botanas hasta que encontraba sus favoritas, tomaba dos bolsas, le ped\u00eda a sus t\u00edos que las apuntara en la cuenta de su abuela, y sal\u00eda disparada hacia la calle. Mirna aceptaba el hurto con una sonrisa, mientras la ni\u00f1a sorprend\u00eda con un empuj\u00f3n por la espalda a uno de los muchachos que la esperaba afuera. Le gustaba corretearse con sus amigos, darse zapes, abrazarse, correr alocada como a cualquier otra adolescente de su edad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de cenar, la suegra de Mirna se pon\u00eda al corriente con la cuenta, mientras la familia tomaba caf\u00e9 y conversaban de cualquier cosa, por lo general del trabajo de su cu\u00f1ado en el taller mec\u00e1nico o de las ganancias de Mirna y su marido en la tienda. A veces, la se\u00f1ora les externaba a ellos dos su deseo de tener otro nieto. A pesar de que cre\u00eda que Mirna todav\u00eda pod\u00eda embarazarse, su marido siempre evitaba hablar del asunto. Mirna cre\u00eda que le daba verg\u00fcenza explicarles a todos que lo hab\u00edan intentado tantas veces ya que confesarlo otra vez en voz alta era igual a aceptar su fracaso como hombre. Cuando el tema se tocaba en la mesa, Mirna prefer\u00eda hablar con Nancy, preguntarle sobre la escuela, saber cu\u00e1ntos amigos ten\u00eda o si ya hab\u00eda por all\u00ed alg\u00fan noviecito. Pero no solo era una estrategia para evadir la petici\u00f3n de su suegra. Mirna en verdad quer\u00eda a Nancy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando era m\u00e1s chica, Nancy sub\u00eda a su casa todas las tardes. Le gustaba hacer la tarea all\u00e1 mientras su t\u00eda trapeaba y le hac\u00eda chicharrones en la estufa. Pasaban horas platicando y a veces hasta cantaban juntas, como dos mujeres despechadas que fingen el dolor solo para divertirse. Si se quedaba a dormir, la ni\u00f1a llevaba alg\u00fan peluche al que abrazaba toda la noche, acostada en medio de sus dos t\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus padres hab\u00edan cruzado para los Estados Unidos poco despu\u00e9s de su nacimiento; hab\u00edan ido en busca de trabajo, y Mirna, a falta de hijos propios, se hab\u00eda hecho cargo de su sobrina el tiempo que estuvieron lejos. Cuando los deportaron, dos a\u00f1os despu\u00e9s, volvieron a casa de su suegra, pero la relaci\u00f3n de Mirna con Nancy sigui\u00f3 siendo la misma. Mirna la hab\u00eda visto crecer desde que naci\u00f3 e incluso notaba ciertos rasgos de su personalidad en los modos que ten\u00eda para hablar y re\u00edrse. Poco a poco se estaba convirtiendo en una se\u00f1orita, a pesar de que para ella segu\u00eda siendo una ni\u00f1a. Su beb\u00e9, como le gustaba llamarla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nancy iba a cumplir doce a\u00f1os cuando ocurri\u00f3 el accidente. Hab\u00eda subido una tarde en la que Mirna no estaba en su casa. Quer\u00eda presumirle a su t\u00eda el nuevo peluche que su abuela le regal\u00f3 por su cumplea\u00f1os. Al ver que nadie le abr\u00eda, decidi\u00f3 esperar sentada en el filo de la barda que daba al patio. El marido de Mirna a\u00fan estaba resanando esa zona, por lo que hab\u00eda dejado cubetas y herramientas tiradas por doquier. Su abuela hab\u00eda escuchado el golpe, tal como les cont\u00f3 a todos horas despu\u00e9s, pero supuso que era Mirna haciendo su quehacer y continu\u00f3 mirando la telenovela. Al poco rato la se\u00f1ora llam\u00f3 a su nieta y al ver que no le contestaba, sali\u00f3 a buscarla. En ese momento encontr\u00f3 a Nancy en el patio, tendida boca abajo, junto a un osito caf\u00e9 con un coraz\u00f3n en el pecho. No se pudo hacer nada, cont\u00f3 la madre de Nancy, mientras todos los dem\u00e1s lloraban y culpaban impl\u00edcitamente a la suegra de Mirna.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda del entierro, antes de dormir, Mirna le pidi\u00f3 a su marido que se olvidaran del beb\u00e9. \u00c9l la acurruc\u00f3 en su regazo y nadie volvi\u00f3 a hablar del tema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando termin\u00f3 de sacudir el resto de peluches, Mirna se sent\u00f3 en la sillita de madera que le hab\u00eda dejado su marido antes de irse. A muy poca gente, y m\u00e1s a esa hora, le interesaban los peluches de segunda mano, pero ella no perd\u00eda la esperanza de venderlos todos. Todos menos uno, el cual apart\u00f3 de inmediato cuando lo encontr\u00f3 entre los dem\u00e1s peluches luego de despedir a su marido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Record\u00f3 en lo que se hab\u00eda quedado y volte\u00f3 la cabeza hacia la banca del parque, pero esta ya estaba ocupada por una muchacha de pelo morado que hablaba por tel\u00e9fono. Las palomas segu\u00edan all\u00ed, hab\u00edan aumentado en n\u00famero y com\u00edan concentradas a sus pies. Mirna olvid\u00f3 el asunto con un suspiro y sac\u00f3 su celular. Entr\u00f3 a Facebook para matar el tiempo. Deb\u00eda ser paciente, en cualquier momento llegar\u00eda alguien y al saber que no hab\u00eda vendido nada, le ofrecer\u00eda comprarle el puesto entero, le dar\u00eda el dinero por los veinte peluches y le dejar\u00eda la mercanc\u00eda para que pudiera venderla al d\u00eda siguiente, tal como hab\u00eda visto que ocurr\u00eda en esos videos que tanto le gustaban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eran las diez de la ma\u00f1ana y el sol apenas estaba calentando. Los negocios abr\u00edan de a poco, una papeler\u00eda por aqu\u00ed, una carnicer\u00eda por all\u00e1, mientras que el parque comenzaba a llenarse de gente que hac\u00eda tiempo para moverse a otro lado. La plaza comercial de la esquina reci\u00e9n levantaba sus cortinas de metal, pero ya hab\u00eda algunas personas, sobre todo trabajadores de las tiendas, que esperaban sentados a un lado de la entrada. As\u00ed fue como Mirna vio de nuevo al anciano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Daba la impresi\u00f3n de que tambi\u00e9n \u00e9l esperaba a que la plaza abriera, pero cuando la gente comenz\u00f3 a entrar, se qued\u00f3 all\u00ed parado, mirando hacia el techo del edificio. Parec\u00eda estar midiendo su altura; usaba el bast\u00f3n con precisi\u00f3n, como si fuera un flex\u00f3metro. El edificio era tan alto que la sombra del techo llegaba hacia donde estaba sentada Mirna, que sonri\u00f3 amistosamente cuando volvi\u00f3 a encontr\u00e1rselo. El anciano se mov\u00eda de un lado a otro, mientras golpeaba el suelo con tal fuerza que parec\u00eda que fuera a bailar. Alzaba y bajaba los brazos con esfuerzo, sin importarle que se le abriera el saco. Mirna alcanz\u00f3 a ver, gracias a esto, la mancha en la bragueta de su pantal\u00f3n y la cuerda mal amarrada que llevaba alrededor de la cintura. Eran detalles que no hab\u00eda notado en el parque y que ahora, a escasos metros de su puesto de peluches, percib\u00eda con incredulidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El anciano continuaba movi\u00e9ndose mientras los visitantes de la plaza lo miraban y se burlaban de \u00e9l. Una vez m\u00e1s alz\u00f3 la vista al techo, volvi\u00f3 a golpear el suelo, sonri\u00f3 como si hubiera terminado la tarea, y volte\u00f3 a ver a Mirna, que lo miraba con curiosidad, pero esta vez sin ternura. Cuando empez\u00f3 a caminar hacia ella, se levant\u00f3 de la silla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Que dios la bendiga, se\u00f1ora m\u00eda. \u00bfCu\u00e1nto cuestan sus mu\u00f1equitos?\u2014, grit\u00f3 el anciano al llegar al puesto. Solo hasta entonces Mirna pudo ver las ojeras que surcaban su rostro, de un color cenizo, casi como si se hubiera golpeado y la sangre llevara coagulada a\u00f1os debajo de sus p\u00e1rpados. Parec\u00eda que las arrugas le escurr\u00edan por las mejillas. Su ropa ol\u00eda a orines y humedad, y de su nariz sal\u00edan vellos canosos tan largos que se confund\u00edan con su bigote. Le sonre\u00eda a Mirna menos con los labios que con un par de ojos tristes, agrisados, casi p\u00farpuras. Llevaba las u\u00f1as largas y amarillentas, con mugre debajo, como si se hubiera rascado una costra sin limpiarse. No tra\u00eda dentadura, por lo que Mirna tuvo que preguntarle qu\u00e9 se le ofrec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Sus mu\u00f1ecos, \u00bfcu\u00e1nto cuestan? Est\u00e1n muy bonitos, s\u00ed, muy bonitos. Recuerdo que la primera vez que conoc\u00ed a Sagrario, le llev\u00e9 un osito panda. El d\u00eda que iba a nacer mi Pepe decidimos regal\u00e1rselo, envuelto en una bolsota as\u00ed de pl\u00e1stico, s\u00ed, de pl\u00e1stico, y una cartita de bienvenida que ella escribi\u00f3 en la cama del hospital, a pesar de los dolores. Le dol\u00eda mucho a mi Sagy, le dol\u00eda. Ese d\u00eda les llev\u00e9 a los dos un ramo gigante de rosas. Estaba contento, c\u00f3mo no. Iba a ser mi primer hijo. El primero, s\u00ed, el primero. Pero yo no supe cuidarlas, dama. Las rosas se me marchitaron a los d\u00edas. No tuve tiempo de comprarles m\u00e1s. No, no tuve, no pude, no. A m\u00ed, las rosas se me mueren, se\u00f1ora. Las rosas, las mujeres y los hijos, s\u00ed, las rosas, las mujeres y los hijos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicho esto, el anciano dio un bastonazo en el suelo y solt\u00f3 una carcajada. Sin esperar a que Mirna le respondiera, se\u00f1al\u00f3 con un dedo nervioso un par de palomas que huyeron asustadas por el golpe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Qu\u00e9 buen d\u00eda para volar. \u00bfNo cree usted, se\u00f1ora m\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mirna permanec\u00eda con la boca cerrada, no sab\u00eda qu\u00e9 decir. El anciano ten\u00eda ahora la vista concentrada en los peluches.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Muy bonitos, s\u00ed. Ese de all\u00e1, el osito del coraz\u00f3n en el pecho\u2026&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mirna sinti\u00f3 un dolor en el est\u00f3mago. Iba a decirle al anciano que ese no estaba a la venta pero \u00e9l meti\u00f3 la mano en el bolsillo de su saco, como si buscara dinero. En su lugar, sac\u00f3 un pa\u00f1uelo percudido y se son\u00f3 la nariz. Lo sacudi\u00f3 frente a Mirna, antes de guardarlo de vuelta. No dejaba de temblar. El movimiento hizo que se le cayera la bolsa de papel, hecha bolita, que rod\u00f3 hasta los peluches sin que se diera cuenta. Varias moronitas de pan cayeron a los pies de un pony maltrecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mirna se agach\u00f3 para devolverle la bolsa, pero el anciano ya hab\u00eda caminado lo suficiente hasta alejarse entre el tumulto de personas que a esas horas se mov\u00edan del parque a la plaza y de la plaza al parque, como hormigas laboriosas. Mirna suspir\u00f3 y volvi\u00f3 a sentarse. Una paloma se hab\u00eda acercado a comerse las migajas del suelo, junto al osito caf\u00e9 con el coraz\u00f3n en el pecho que estaba debajo de su silla. Se qued\u00f3 mirando la bolsa de papel y la apret\u00f3 sin saber qu\u00e9 hacer con ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando se escuch\u00f3 el golpe, minutos despu\u00e9s, la bolsa parec\u00eda haber tomado la forma de un grito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera paloma aterriz\u00f3 mientras el anciano vaciaba la bolsa de papel. 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