{"id":57463,"date":"2025-10-29T07:00:00","date_gmt":"2025-10-29T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57198"},"modified":"2026-03-16T13:52:45","modified_gmt":"2026-03-16T19:52:45","slug":"la-luna-teje-el-dia-y-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57463","title":{"rendered":"La luna teje el d\u00eda y la noche"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vine a buscar la m\u00e1scara a las ruinas de la f\u00e1brica que me indic\u00f3 el viejo. Dej\u00e9 el caballo en la antigua estaci\u00f3n del ferrocarril y me vine a pie subiendo la loma entre las sombras. El viejo me confes\u00f3 en voz baja d\u00f3nde encontrar la m\u00e1scara, porque estaba seguro de que lo espiaban: ha vivido treinta a\u00f1os con el temor de que los militares vengan por \u00e9l despu\u00e9s de lo que hizo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNo quise venderla\u201d, dijo con voz rasposa. \u201cTienes cara de andar a las vivas, chamaco, por eso s\u00e9 que la vas a encontrar\u201d. Regres\u00f3 aqu\u00ed, a Santa Cruz, y entr\u00f3 a trabajar en la f\u00e1brica. Vio los t\u00faneles abandonados: anta\u00f1o los usaban para transportar dinero y mercanc\u00edas, y ocult\u00f3 su bot\u00edn en uno de ellos. Enfatiz\u00f3 que deb\u00eda venir a buscar la m\u00e1scara el 2 de febrero; ni antes ni despu\u00e9s. S\u00e9 muy bien c\u00f3mo es: la dibuj\u00f3 con todos sus detalles en una servilleta en la cantina donde lo conoc\u00ed. La encontr\u00f3 en los a\u00f1os sesenta, cuando instalaban el cableado telef\u00f3nico en la calle Seminario, mucho antes de que empezaran las excavaciones del Templo Mayor.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cVi la m\u00e1scara y o\u00ed clarito que me hablaba\u201d, susurr\u00f3 despu\u00e9s de beberse la cuarta caguama. \u201cEst\u00e1 hecha de jade. En las cuencas de los ojos tiene conchas n\u00e1car como si fueran el iris, y bolitas de obsidiana que te miran como si tuvieran vida. Los dientes son de a deveras, con incrustaciones de turquesa. Es una chulada. Pero te lo juro, chamaco, pude o\u00edr su voz en mi cabeza y por eso, sin pensarlo, la envolv\u00ed en unos peri\u00f3dicos y la ech\u00e9 en mi morral de ixtle. Es como si se hubiera querido ir conmigo. Debes encontrarla y tra\u00e9rmela\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sub\u00ed la loma hasta la barda de piedra de la antigua f\u00e1brica. All\u00e1 abajo resplandecen las luces de Santa Cruz, un pueblo donde el viejo dice que los graniceros invocan la lluvia con unos teponaxtles y ruegan por que el granizo no mate los sembrad\u00edos. Desde ac\u00e1 arriba se ven c\u00famulos de nubes espesas y blancas cubriendo el volc\u00e1n que domina el valle, hacia el este. \u201cPues a lo que te truje. Ya oigo sonar la lana con que voy a forrarme cuando los Vivanco me compren la m\u00e1scara. No se la pienso regresar al viejo\u201d, pienso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Trepo el muro de piedra, cuidando de no espinarme con la nopalera. Pego un brinco hasta el suelo y tropiezo con lo que deben ser restos de ladrillo y piedra. Jadeo. Lleva mucho tiempo abandonado este lugar. Hay yerba seca y \u00e1spera por todos lados. Las ra\u00edces de los \u00e1rboles trepan entre los paredones. Ya estoy dentro, ahora debo buscar el chingado t\u00fanel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Est\u00e1 muy oscuro, pero no quiero encender la linterna. Frente a m\u00ed se alza una mole gigantesca, en medio de lo que debi\u00f3 ser un patio de maniobras; quiz\u00e1 sea alguna de las antiguas naves de la f\u00e1brica. Entro por un vano en el muro de ladrillos, a\u00fan en pie, y me animo a encender la linterna. Descubro maquinaria oxidada: telares enormes, turbinas y otros cacharros de metal cuya forma no comprendo. El silencio me aprieta los o\u00eddos. Alumbro el suelo de cantera gris y alcanzo a distinguir una especie de resplandor verde. Qu\u00e9 raro. Quiz\u00e1 sean fragmentos de vidrio, de alguna ventana rota. Quiero irme de esta enorme nave, pero cuando estoy por salir de nuevo al patio, escucho voces y pasos. Apago la linterna y me agacho. Espero cinco, diez minutos. Nada. Quiz\u00e1 solo fue el viento entre los sauces.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La luna asoma un poco y el resplandor que hab\u00eda visto en el piso de la nave se despliega afuera como una luz verdosa, suave, como si se dibujara un arroyo en la superficie del empedrado. Decido seguirlo sin encender la luz. Conforme avanzo se levantan m\u00e1s edificios de ladrillos en ruinas, y se abren pasillos y patios en la oscuridad. No quiero saber a d\u00f3nde van. Los sauces dibujan sombras extra\u00f1as y empiezo a arrepentirme de hacerle caso a ese orate borracho. Escucho susurros otra vez; su famosa historia de la m\u00e1scara que le habl\u00f3 ya est\u00e1 haciendo estragos en mi cabeza. Oigo a lo lejos el canturreo de una ni\u00f1a, y cuando me vuelvo hacia atr\u00e1s, la veo cruzar uno de los patios, corriendo en un vestidito blanco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cC\u00e1lmate, pendejo, fue tu imaginaci\u00f3n\u201d, me digo, pese a que claramente escucho su cancioncita bailando en el viento. De repente huele a copal y el camino luminoso y verde serpentea hacia las entra\u00f1as de la colina. Pego la carrera para seguirlo, hasta que la oscuridad lo engulle todo y mi coraz\u00f3n pega un brinco de sorpresa. He llegado a los t\u00faneles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de entrar, escucho voces: son hombres, no hay duda. Me escondo detr\u00e1s de un sauce y, en cuanto una nube descubre la luna llena, veo que se acercan unas gentes. Llevan overoles de mezclilla, sombreros blancos y botas piteadas. El follaje del sauce oculta sus rostros, pero escucho claramente lo que dicen:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ya me colm\u00f3 el buche de piedritas ese canijo del Tuerto. Me amenaz\u00f3 con que va a ir a decirle al jefe nuestro plan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tranquilo, compadre. Le damos un buen garrotazo en la cabeza y lo echamos al r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00ed, y que las aspas de la turbina hagan el resto. Nadie lo va a encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me asomo para ver qui\u00e9nes est\u00e1n hablando, pero en un parpadeo desaparecen con direcci\u00f3n al r\u00edo. \u201cM\u00e9tete al t\u00fanel, no seas cobarde. Los Vivanco ya te prometieron la lana\u201d, me digo. Saco la linterna, aunque me tiemblan las manos. No veo nada en esta tumba que se abre en la loma frente a mis pies. Doy unos pasos hacia adentro y, en lugar de que huela a suciedad, el perfume del copal cobra fuerza. El resplandor verde que me trajo hasta aqu\u00ed me gu\u00eda a trav\u00e9s de la oscuridad. Ilumino el frente, pero la luz no encuentra el final del t\u00fanel. La angustia me aprieta las tripas. El viejo mencion\u00f3 un ba\u00fal y el morral de ixtle. A ver si sigue aqu\u00ed despu\u00e9s de treinta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A unos cien metros de la entrada el t\u00fanel se vuelve m\u00e1s estrecho. Primero, me veo obligado a agacharme y andar a gatas. Despu\u00e9s, comienzo a arrastrarme como gusano y aprieto la linterna entre los dientes. Qu\u00e9 ba\u00fal ni qu\u00e9 demonios, aqu\u00ed no hay nada de eso. Algo me dice que es hora de regresar y mandar la m\u00e1scara al carajo, pero la lucecita verde y extra\u00f1a me sigue guiando. Acepto continuar. La voz de la ni\u00f1a se escucha lejana:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>Naranja dulce, lim\u00f3n partido,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><em>dame un abrazo que yo te pido\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estoy sudando como un cerdo. Las paredes de ladrillo comienzan a iluminarse y revelan cosas extra\u00f1as, dibujos, formas. Ahora ya no solo es el suelo lo que brilla, sino tambi\u00e9n el techo. Es del color del jade. Entre la tierra hay ollas de barro, espejos, mazorcas de ma\u00edz morado y amarillo. Hay restos de caracoles y conchas marinas, figuras de diosecitos que tienen anteojos y colmillos como Tl\u00e1loc, y hasta un Ni\u00f1o Dios vestido como labrador. \u00bfQu\u00e9 carajos es todo esto?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis ojos buscan desesperados el fondo de este maldito t\u00fanel hasta que dan con un bulto, parece ser\u2026 S\u00ed, eso es: \u00a1el morral! El viejo no estaba tan loco despu\u00e9s de todo. Me tiemblan las mand\u00edbulas y dejo caer la linterna. Sostengo el envoltorio, no me atrevo a descubrir qu\u00e9 es. Cierro los ojos y pienso en la lana que me dar\u00e1n los Vivanco. Ya, a la chingada, voy a comprobar que sea la m\u00e1scara que vine a buscar y me largo de este lugar embrujado de mierda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno\u2026 Dos\u2026 Tres\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No puede ser.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Es hermosa!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como dijo el viejo: una chu-la-da. Voy a tener que agregar un par de ceros m\u00e1s a la cifra por todo lo que me est\u00e1 costando conseguir esta joya. Resulta incre\u00edble que haya sobrevivido tantos siglos enterrada para que este chingado viejo la encontrara intacta. Como si hubiera estado destinada a \u00e9l. Qu\u00e9 locura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora s\u00ed, urge que me largue de aqu\u00ed. Meto el morral con la m\u00e1scara en una bolsa negra de pl\u00e1stico. Los rayos de la linterna parecen ondas de agua turquesa sobre los muros. Los susurros vuelven, pero juro que no hay nadie m\u00e1s en el t\u00fanel. Debe ser el viento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00a1Carajo! \u00bfQu\u00e9 fue eso? Con el sobresalto tiro la linterna y ahora no la encuentro, no s\u00e9 d\u00f3nde cay\u00f3, pero el resplandor color jade aumenta. Me envuelve el humo del copal, y ahora escucho a mis espaldas y sobre mi cabeza tambores y caracolas. Estoy enloqueciendo: no son cualquier tambor, son teponaxtles. Prefiero mil veces a la pinche ni\u00f1a siniestra que estar escuchando esto. Meto la bolsa en mi mochila y giro en este estrecho t\u00fanel hacia la salida. Me estoy asfixiando. Necesito incorporarme, se entumecen mis rodillas, mis tobillos, mis codos. El eco de mi respiraci\u00f3n se amplifica, como si hubiera miles de bocas y narices aqu\u00ed abajo conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo logr\u00e9, c\u00f3mo chingados no. Voy de regreso por fin. Unos cuantos metros de arrastrarme como gusano y luego me pondr\u00e9 de pie, llegar\u00e9 a la salida, brincar\u00e9 la barda. Correr\u00e9 cuesta abajo hasta las ruinas de la estaci\u00f3n del ferrocarril, me trepar\u00e9 al caballo y a la chingada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No, no puede ser. El t\u00fanel est\u00e1 resultando m\u00e1s largo de lo que recuerdo. Por m\u00e1s que me arrastro no encuentro la salida. Creo que me sangran las rodillas. Me he rasgado el pantal\u00f3n. Al fondo se distingue un resplandor. En qu\u00e9 momento la noche se ha convertido en un d\u00eda luminoso, no lo s\u00e9, pero estoy seguro de que faltan horas para el amanecer. A lo mejor es la luna llena que ha avanzado en el cielo. Me acerco a la luz y los teponaxtles retumban con m\u00e1s fuerza. Debo estar loco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una multitud grita y canta en cuanto salgo del t\u00fanel oscuro. No estoy en el patio de la antigua f\u00e1brica, sino en la cima de la loma, sobre una plataforma de piedra. Frente a m\u00ed se alza el volc\u00e1n que domina el valle, despejado de nubes. Su cima est\u00e1 nevada y por sus faldas corren r\u00edos y manantiales. En la ladera de la colina donde estoy rezan unos tipos frente a una alta cruz de madera, entre el humo de copal que arde en los braseros. La luna parece un sol engullido por la ceniza. No es de noche ni de d\u00eda. Hojas de milpa rodean la cruz, huele a alcohol, a rosas. La colina se estremece cada vez que vibran los caracoles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero volver al t\u00fanel, cuando delante de m\u00ed aparece el viejo de la cantina: \u201cDame la m\u00e1scara, chamaco\u201d. En lugar de sentir terror, quiero re\u00edrme, explicarle que estaba a punto de llev\u00e1rsela, que no he querido jugarle sucio ni hacerle trampa. Pero la sonrisa desaparece de mi cara al ver que, aunque es el mismo viejo, emana de \u00e9l un aire solemne y amenazante. De una botella empieza a rociar agua en mi direcci\u00f3n. La piel me arde. Abro la mochila, saco el envoltorio y le entrego el morral. No entiendo nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viejo trae brazaletes con cuentas de jade. Desenvuelve la m\u00e1scara, la sujeta entre ambas manos ceremoniosamente y me la coloca. Se adhiere a mi piel de alguna forma y me asfixia, no puedo ver nada. Escucho c\u00e1nticos, murmullos lejanos. Cuando logro mirar a trav\u00e9s de los ojos de obsidiana, veo que la luna llena palidece y una luz gris\u00e1cea, enfermiza, cubre el cielo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un grupo de sombras se acerca al altar donde est\u00e1n la cruz y las hojas de ma\u00edz, y extienden sus ofrendas. Se arrodillan, cantan, alzan sus manos hacia la colina y as\u00ed descubro que, al pie de esta, se encuentra la enorme figura de un Ni\u00f1o Dios. Est\u00e1 vestido con un traje hecho de granos de mazorca y tiene anteojeras, como Tl\u00e1loc; agita con su mano una larga palma seca, como las del Domingo de Ramos y, como si lo obedecieran, las nubes comienzan a arremolinarse sobre nuestras cabezas. De la tierra sube un olor a humedad y comienza a caer una tenue llovizna. El Ni\u00f1o Dios gigante sonr\u00ede. El ritmo de los teponaxtles retumba en mis costillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora lo recuerdo: es 2 de febrero. El viejo me mira y susurra, con la misma voz rasposa que ten\u00eda en la cantina: \u201cDebes pedir la lluvia para el ma\u00edz, debes pedir que el granizo no quiebre sus tallos. Ocupar\u00e1s mi lugar, chamaco, y cuidar\u00e1s la m\u00e1scara hasta que encuentres al siguiente guardi\u00e1n, as\u00ed como yo te hall\u00e9 a ti. Y \u00e9l, dentro de treinta a\u00f1os, entregar\u00e1 tu carne, as\u00ed como t\u00fa har\u00e1s con la m\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un grupo mixto de sombras sujeta al viejo y lo conduce en silencio hacia el Ni\u00f1o Dios. Lo ah\u00faman con copal y lo roc\u00edan con agua de rosas. Una vez listo, el dios toma el cuerpo del anciano con una de sus manos, mientras con la otra agita las nubes de lluvia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los dem\u00e1s contemplan la escena. Grito con todas mis fuerzas, pero la maldita m\u00e1scara de jade engulle mi voz. Nadie me escucha, estoy paralizado bajo esta llovizna, bajo este cielo tejido por la luna, en que no es de noche ni de d\u00eda. \u201cHay que darle la ofrenda, hay que hacerle sacrificio para tener lluvia y ma\u00edz\u201d, cantan las sombras, mientras veo con horror que el Ni\u00f1o Dios comienza a arrancar con sus dientecitos los brazos del viejo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vine a buscar la m\u00e1scara a las ruinas de la f\u00e1brica que me indic\u00f3 el viejo. Dej\u00e9 el caballo en la antigua estaci\u00f3n del ferrocarril y me vine a pie subiendo la loma entre las sombras. 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Tallerista, docente de literatura y escritora, ha publicado novela, cuento y poes\u00eda en distintos medios como Penumbria, Estigma Ediciones, Lengua de Diablo, Especulativas, Verso Inefable, Peri\u00f3dico de poes\u00eda de la UNAM, entre otros. Es autora de las novelas La calle de las valquirias y Morir como los p\u00e1jaros; de las colecciones de cuentos Estragos y progenitores y Cuentos de terror rural y otras pesadillas. Sus temas favoritos son la m\u00edstica, el folk horror y la literatura\u00a0g\u00f3tica."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57463","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57463"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57463\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":58742,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57463\/revisions\/58742"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/58741"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57463"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57463"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57463"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=57463"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}