{"id":57449,"date":"2025-10-08T07:00:00","date_gmt":"2025-10-08T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57090"},"modified":"2026-09-25T11:54:07","modified_gmt":"2026-09-25T17:54:07","slug":"svetlana-alexievich-el-coraje-de-nuestro-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57449","title":{"rendered":"Svetlana Alexievich: el coraje de nuestro tiempo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una foto de Svetlana Alexievich en Kabul, Afganist\u00e1n, en 1988. La autora, por entonces, ten\u00eda cuarenta a\u00f1os y fue a ese pa\u00eds en guerra con un prop\u00f3sito claro: escuchar. En 2003, cuando visit\u00f3 M\u00e9xico por \u00fanica (y hasta ahora \u00faltima) vez, confes\u00f3 durante un evento que lleg\u00f3 a ese pa\u00eds sin fuerzas, sin la valent\u00eda para escribir un libro m\u00e1s sobre la guerra. \u201cCada vez que escribo un libro entrevisto a doscientas o trescientas personas. Mi literatura est\u00e1 basada en el hecho de que la vida tiene muchas variables y que debes obtener el texto de cada persona [\u2026], que tienes que hablar con la gente, que cada uno de nosotros es un texto\u201d.<span id='easy-footnote-1-57449' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57449#easy-footnote-bottom-1-57449' title='Svetlana Alexievich, \u201cEl poder necesita que nunca se sepa la verdad\u201d, &lt;em&gt;El Universal&lt;\/em&gt;, M\u00e9xico, 10 de octubre de 2015. Disponible en https:\/\/confabulario.eluniversal.com.mx\/el-poder-necesita-que-nunca-se-sepa-la-verdad\/'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> En la foto, Alexievich, vestida como corresponsal de guerra, mira a la c\u00e1mara mientras algunos edificios, detr\u00e1s, van cayendo al suelo.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su discurso de aceptaci\u00f3n del Premio Nobel de Literatura 2015, Alexievich se describe a s\u00ed misma como un \u201co\u00eddo humano\u201d y confiesa que escribe para recolectar el relato ajeno. Cada persona lleva dentro de s\u00ed, sugiere, una potencial novela. Adem\u00e1s de las voces de los soldados sovi\u00e9ticos en Afganist\u00e1n, que recogi\u00f3 en <em>Los muchachos de zinc<\/em>, la autora dedica otros dos libros a la guerra, que escribi\u00f3 tambi\u00e9n en los a\u00f1os ochenta: <em>La guerra no tiene rostro de mujer <\/em>y <em>\u00daltimos testigos<\/em>. En el primero se deja sorprender por una perspectiva menos atendida: las mujeres que en la guerra no solo colaboraron como enfermeras u operadoras telef\u00f3nicas, sino como francotiradoras, conductoras de tanques\u2026 Para la autora, el relato de estas mujeres resulta valioso en conjunto por actuar como la contracara del relato masculino de lo b\u00e9lico, siempre en torno a la muerte y la destrucci\u00f3n, siempre desde un hero\u00edsmo cuestionable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro se public\u00f3 en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica el mismo a\u00f1o que lleg\u00f3 al poder Mikhail Gorbachev y, ante el asombro de la escritora, tuvo un tiraje de dos millones de ejemplares. En <em>\u00daltimos testigos<\/em>, por su parte, queda mucho m\u00e1s clara una de las grandes claves que permitir\u00e1n entender a largo plazo el trabajo de Alexievich: la memoria colectiva como construcci\u00f3n polif\u00f3nica. Si bien ya adultos al momento de contar su relato, los hombres y mujeres que aparecen en el libro fueron alguna vez ni\u00f1os y atestiguaron la llegada, el desarrollo y el final de la guerra (particularmente, en este libro, la Segunda Guerra Mundial). La orfandad, los desplazamientos forzados y las huellas que deja el trauma de la separaci\u00f3n impactan por su crudeza. Contados en retrospectiva, los relatos sorprenden por haber cristalizado y revelar n\u00edtidamente el momento exacto en que la infancia, para ellos, dej\u00f3 de tener sentido. De manera s\u00fabita, se vieron enfrentados a un mundo hostil y abismal por su horror. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Suele decirse que la literatura circunda siempre los grandes temas: la muerte y el amor, la venganza y el duelo, el crecimiento y la separaci\u00f3n. Los <em>peque\u00f1os grandes relatos<\/em> de Alexievich no pretenden superar esa idea ni tomar caminos alternativos. La autora prueba que dos historias sobre el mismo tema pueden valer tambi\u00e9n lo mismo, tener la misma fuerza. Que cuentan tanto como una gran novela rusa, de Dostoyevski o de Tolstoi. Personajes parecidos a los que aparecen en <em>Los hermanos Karamazov<\/em> se re\u00fanen en las p\u00e1ginas de la escritora. Gente en apariencia sencilla y entregada a lo anodino: la casa, las compras, la pol\u00edtica del momento, la radio, los vecinos, el clima\u2026 Alexievich escucha a las madres solteras que han encontrado un nuevo amor. A los hombres que perdieron la cabeza y quedaron mutilados tras la guerra. A las ancianas que viven solas y esperan la muerte. A una madre y su hija, en Mosc\u00fa, tras los atentados terroristas en 2010. A un padre que regresa a la zona radioactiva de Chern\u00f3bil porque quiere recuperar la puerta de su casa \u2013este relato fue adaptado para la serie de HBO sobre la cat\u00e1strofe\u2013. Las vidas de todos los d\u00edas, atravesadas por las grandes cat\u00e1strofes contempor\u00e1neas \u2013pol\u00edticas, ecol\u00f3gicas, econ\u00f3micas\u2013 se disponen en los libros de la autora como largos coros. Al leerse en conjunto, arrojan mapas de las temporalidades, las epistemolog\u00edas y las geograf\u00edas sovi\u00e9ticas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los a\u00f1os ochenta, poco despu\u00e9s del accidente en la central nuclear de Chern\u00f3bil, la hermana de la autora enferm\u00f3. La diseminaci\u00f3n radioactiva afect\u00f3 a m\u00faltiples zonas de la ya extinta URSS. La madre de la autora tambi\u00e9n enferm\u00f3 de manera fatal por aquel tiempo, hecho que Alexievich atribuye al accidente: la diabetes la dej\u00f3 paulatinamente ciega y, m\u00e1s tarde, muri\u00f3 de un accidente cerebrovascular. Alexievich naci\u00f3 en la ciudad de Ivano-Frankovsk, que perteneci\u00f3 primero al Imperio Austriaco, luego a Polonia, y que en 1946 form\u00f3 parte de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica; sin embargo, creci\u00f3 en un peque\u00f1o pueblo al sur de Bielorrusia, a una corta distancia de Pr\u00edpiat, la ciudad construida para los trabajadores de la planta nuclear y cuya c\u00e9lebre rueda de la fortuna, para siempre abandonada, suele ilustrar las portadas en distintos idiomas de <em>Voces de Chern\u00f3bil<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El deterioro de la madre de Alexievich y la muerte de su hermana \u2013que llev\u00f3 a la autora a adoptar a su sobrina peque\u00f1a\u2013 no se cuentan en su recopilaci\u00f3n sobre Chern\u00f3bil, que es, quiz\u00e1, su obra m\u00e1s conocida en lengua espa\u00f1ola. La autora prescinde del yo y abre la escucha, en un ejercicio de amplio valor human\u00edstico, a quienes desean relatar su propia cat\u00e1strofe y su propia vida. Leer <em>Voces de Chern\u00f3bil<\/em> a casi cuatro d\u00e9cadas del desastre nuclear y tras la disoluci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica permite ver que la magnitud del desastre fue mucho mayor de la que en aquel momento pudo entreverse. La autora revela la ceguera pol\u00edtica \u2013que trat\u00f3 la cat\u00e1strofe a la altura de un discurso y unas din\u00e1micas oficialistas que caducaban poco a poco\u2013 de las autoridades sovi\u00e9ticas y las consecuencias de su irresponsabilidad. Una de las propuestas centrales del libro es la idea de que la amenaza radioactiva desplaza en la conciencia sovi\u00e9tica la idea instaurada en torno al enemigo: en sus primeros tres libros, sobre la guerra, los enemigos eran visibles: ej\u00e9rcitos, personas, poblaciones. En <em>Voces de Chern\u00f3bil<\/em> la radiaci\u00f3n es invisible \u2013y, no obstante, aseguran algunos testigos, pudo verse por breve tiempo tras el accidente en forma de una lluvia brillante\u2013 y est\u00e1 por fuera de los m\u00e1rgenes del pensamiento b\u00e9lico sovi\u00e9tico. Esta amenaza no puede combatirse ni a disparos ni con tanques. No puede pensarse claramente. No puede destruirse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien Alexievich fue militante de la causa sovi\u00e9tica en su juventud, se confiesa desencantada con el paso de los a\u00f1os y debe afrontar, colectivamente, la disoluci\u00f3n de un imperio y una \u00e9poca. Sobre Chern\u00f3bil, que anticipa la disoluci\u00f3n de la URSS, confiesa en su discurso del Nobel: \u201cPara m\u00ed, el mundo se separ\u00f3: dentro de la zona no me sent\u00eda bielorrusa o rusa o ucraniana, sino una representante de una especie biol\u00f3gica que pod\u00eda ser destruida\u201d.<span id='easy-footnote-2-57449' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57449#easy-footnote-bottom-2-57449' title='Svetlana Alexievich, \u201cSobre la batalla perdida\u201d en Nobel Prize, 7 de diciembre de 2015. Disponible en: https:\/\/www.nobelprize.org.\/prizes\/literature\/2015\/alexievich\/lecture\/?_x_tr_sl=en&amp;amp;_x_tr_tl=es&amp;amp;_x_tr_hl=es&amp;amp;_x_tr_pto=wa'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> El <em>Homo sovieticus<\/em>, categor\u00eda utilizada para referirse a la <em>gente com\u00fan<\/em> de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, es el personaje que aparece una y otra vez en sus obras. Ese representante de un pa\u00eds perdido, exiliado forzadamente en la Rusia moderna. En el mismo discurso, Alexievich habla de su identidad y sus influencias escindidas: \u201cTengo tres hogares: mi tierra bielorrusa, la patria de mi padre, donde he vivido toda mi vida; Ucrania, la patria de mi madre, donde nac\u00ed; y la gran cultura rusa, sin la cual no me puedo imaginar a m\u00ed misma\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la que considero su obra maestra, <em>El fin del \u201cHomo sovieticus\u201d<\/em>, Alexievich recorre distintos tiempos y espacios de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, a lo largo de veinte a\u00f1os. Si bien sigue la f\u00f3rmula de sus libros anteriores, el ejercicio se percibe expansivo. Primero, diez relatos entre 1991 y 2001, reci\u00e9n disuelta la URSS. Luego, las tragedias de la Rusia cercana a Putin, entre 2002 y 2012. \u00bfQu\u00e9 ha cambiado en la psique colectiva de los ciudadanos sovi\u00e9ticos (ahora rusos, ucranianos, kazajos, uzbecos&#8230;.)? El gran fracaso pol\u00edtico de la URSS se narra muchas veces desde las cocinas \u2013que en los edificios sovi\u00e9ticos eran colectivas y el sitio predilecto para verbalizar la historia propia, el chisme, el rumor, la burla\u2026\u2013. Uno se encuentra con ciudadanos desencantados ante la gran oferta econ\u00f3mica, el gran mercado, las compras a cr\u00e9dito. La divisi\u00f3n social en los territorios exsovi\u00e9ticos contempor\u00e1neos resulta tan grande que Alexievich recoge el relato de una mujer que nunca ha visitado la Plaza Roja, a pesar de haber vivido toda su vida en Mosc\u00fa. Mi hija, explica la mujer, pide que vayamos a la Plaza Roja. \u201cYo le explico: \u2018All\u00ed no podemos ir, hijita, porque all\u00ed est\u00e1n los cabeza rapadas con sus esv\u00e1sticas y su Rusia es solo para los rusos, no para la gente como nosotros\u2019\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 2015, Svetlana Alexievich fue condecorada con el Premio Nobel de Literatura \u201cpor su obra polif\u00f3nica, que es un monumento al sufrimiento y al coraje de nuestro tiempo\u201d. En su aparente sencillez, las historias que re\u00fane en su breve obra \u2013que no supera los siete libros\u2013 asombran por la fuerza descomunal con que transmite dolor y resiliencia. No se trata tan solo de una escritora que presta sus o\u00eddos y produce textos con palabras que no son suyas \u2013una cr\u00edtica que, por lo dem\u00e1s, suele aplic\u00e1rsele frente a la idea de la escritura propia y los imaginarios propios\u2013, sino de alguien que \u2013y es aqu\u00ed donde residen su ejercicio y su singularidad literarias\u2013 sabe c\u00f3mo disponer esas historias en flujo, c\u00f3mo hacer que cobren valor los detalles m\u00e1s \u00edntimos \u2013una maleta llena de chocolates, unos zapatos, una puerta\u2013 en los momentos adecuados, c\u00f3mo revelar los traumas de la memoria colectiva, c\u00f3mo sugerir la gran historia desde la m\u00e1s peque\u00f1a, la singular, la que se cuenta junto a los hornos, en el metro, o en la fila para hacer un tr\u00e1mite gubernamental. \u201cCuando camino por la calle \u2018atrapo\u2019 palabras, frases y exclamaciones, siempre pienso \u2018\u00a1cu\u00e1ntas novelas desaparecen sin dejar rastro!\u2019\u201d.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay una foto de Svetlana Alexievich en Kabul, Afganist\u00e1n, en 1988. 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