{"id":57442,"date":"2025-09-30T07:00:00","date_gmt":"2025-09-30T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57058"},"modified":"2026-09-25T12:01:09","modified_gmt":"2026-09-25T18:01:09","slug":"te-convertiras-en-un-viajero-de-cantinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57442","title":{"rendered":"Te convertir\u00e1s en un viajero de cantinas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>A Ximena Y Z<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mediados de la primera d\u00e9cada del siglo XXI, mis amigos y yo nos convertimos en apasionados buscadores de cantinas y abrevaderos. Todos los viernes del se\u00f1or, al salir de clases de la universidad (estudi\u00e1bamos en Ciudad Universitaria), emprend\u00edamos la odisea en Metro: nos alej\u00e1bamos 20 kil\u00f3metros hacia el norte de nuestro terru\u00f1o universitario, enclavado en los pedregales de San \u00c1ngel y Santo Domingo, para adentrarnos en el vetusto, bullanguero y a\u00fan violento Centro Hist\u00f3rico de la Ciudad de M\u00e9xico (\u201ceje del orden y el desmadre\u201d, escribir\u00eda Monsiv\u00e1is).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Descend\u00edamos \u2013o emerg\u00edamos\u2013 en el metro Ju\u00e1rez, en Pino Su\u00e1rez (sin albur), a veces en Bellas Artes, y comenz\u00e1bamos la traves\u00eda sin m\u00e1s br\u00fajula que nuestro olfato de gambusinos de alma vieja y nuestra inquieta y santa sed. Nos perd\u00edamos por calles, plazas y callejones peinando la zona, hacia Ninguna Parte, aguzando la mirada y los sentidos, pidiendo ser abducidos por cualquier tomadur\u00eda que destilara alcohol barato, m\u00fasica, tufo y calor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las primeras cantinas que recuerdo haber visitado fue Los Chenchos, a unos pasos del metro Pino Su\u00e1rez, por la estridente plaza e iglesia de San Lucas, arriba de una de las fauces del paso a desnivel de Fray Servando. Era un congal de otro mundo, o as\u00ed lo he so\u00f1ado, habitado por una fauna variopinta. Ten\u00eda un oscuro tapanco en el que las parejitas de todos los colores se entregaban a los pre\u00e1mbulos del fornicio. Abundaban los musculosos jovencitos estibadores, provenientes de los mercados aleda\u00f1os a la zona de La Merced, que se entregaban con ardor a las carcamales meseras de buena pechuga un tanto subidas de carnes. En Los Chenchos me compr\u00e9, con uno de los tantos vendedores ambulantes que entraban y sal\u00edan, una pluma fant\u00e1stica. A la altura del clip ten\u00eda un bot\u00f3n que encend\u00eda un foco que irradiaba una luz, a manera de l\u00e1ser, por el tap\u00f3n. Entonces, si proyectabas ese l\u00e1ser en una pared aparec\u00eda el holograma de una frondosa muchacha morena en bikini. Era la sensaci\u00f3n. Un d\u00eda perd\u00ed ese bol\u00edgrafo. Varias veces volv\u00ed con sagaz terquedad a Los Chenchos con la esperanza de encontrar de nuevo al vendedor. Nunca sucedi\u00f3. Vaya que las cantinas con el territorio de la desidia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero si lleg\u00e1bamos por metro Ju\u00e1rez, a veces recal\u00e1bamos en El Farolito (Luis Moya 49), donde aprendimos que no hay cantina que se jacte de ser cantina sin su respectivo reba\u00f1o de cucarachas que pazca a placer por todo el lugar; o en La Castellana (Luis Moya esquina con Ayuntamiento), de estridente m\u00fasica en vivo estilo \u201cRock en tu idioma\u201d; o en El Negresco (as\u00ed, con \u201cs\u201d; en Balderas esquina Victoria), en donde si no eras remilgoso, adem\u00e1s de unos buenos tragos de ron \u2013en esa \u00e9poca s\u00f3lo beb\u00edamos ron\u2013, te pod\u00edas deleitar la pupila con el ej\u00e9rcito de s\u00edlfides meseras longevas, un tanto jamonas, de firmes nalgatorios envueltos en soberbias minifaldas y de piernas a punto de reventar dentro de tremendas mallas de red, \u00a1ol\u00e9, matador!; y si nuestros bolsillos nos lo permit\u00edan descend\u00edamos a un teibol subterr\u00e1neo sin nombre (o si lo tuvo no me acuerdo), en la esquina de Av. Independencia y Revillagigedo. Y es que, debo decir, mi amigo El Norte\u00f1o se decant\u00f3 por ese giro y yo, en solidaridad, lo acompa\u00f1\u00e9 a varios tugurios: el pintoresco El Azteca (que estuvo en el n\u00famero 126 A de Eje Central, casi esquina con Salto del Agua), donde inici\u00f3 su carrera Javier Sol\u00eds; El Studio 54, El Kefr\u00e9n\u2026; as\u00ed como una larga colecci\u00f3n de bares de ficheras, como El Florida (L\u00f3pez e Independencia), El Miramar (Independencia y Jos\u00e9 Azueta), El Mr. Lee (Independencia 19), El San Remo (Dolores 4)\u2026 Lugares en los que, como apuntara Marguerite Yourcenar, las mujeres, de beldades caprichosas, se abr\u00edan y cerraban como las flores. Pero esa es otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por aquel rumbo \u2013de San Juan\u2013 tambi\u00e9n descubrimos la tan preciada cantina El T\u00edo Pepe (ahora convertida en meca tur\u00edstica), que se convirti\u00f3 en nuestro despacho. Las cervezas constaban 20 pesos y el ron Castillo o Potos\u00ed a 45 del \u00e1guila. Sal\u00edamos gateando, henchidos de salud y de placer. Como vicarios de Cristo en la tierra, de vez en cuando bes\u00e1bamos la banqueta. \u00a1Vaya trancas monumentales que nos acomod\u00e1bamos! Don Aurelio \u2013que entiendo que a\u00fan vive\u2013, el cantinero, nos serv\u00eda tremendos fajazos de ron\u2026 \u00a1como Dios manda! Pero luego, al abrigo del arribo de innumerables extranjeros, los nuevos due\u00f1os de El Pepe quisieron hacer su agosto y aquello se volvi\u00f3 un atraco en despoblado. Adi\u00f3s Nicanor, adi\u00f3s ron Poto<em>yes<\/em>, adi\u00f3s The Uncle Joseph.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ya se sabe: todo es perecedero, la belleza tiene sus desventuras y Baco aprieta pero no ahorca. As\u00ed que a unos pasos de El T\u00edo Pepe hallamos el Sal\u00f3n Orizaba (m\u00e1s o menos en el n\u00famero 40 de Dolores), apodado por sus parroquianos como El Horrizaba o simplemente La Apestosa. Un congal-cervecer\u00eda-fichero que te recib\u00eda de golpe con un fuerte tufillo a orines fermentados, sudor, cigarro y algo m\u00e1s que podr\u00eda ser comida. Era un lugar de ensue\u00f1o, de santos bebedores de risotada f\u00e1cil, cerveza barata y muros de exquisito color verdoso, de ese que adquieren el rostro de los muertos. Tambi\u00e9n ten\u00eda un tapanco, fr\u00e1gil como un junco, en donde la historia se repet\u00eda: un apretujadero de almas, mujeres y hombres, practicaban el beso de once y el faje de diez, entre densos nubarrones de humo de tabaco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego, en la calle de atr\u00e1s, descubrimos el Fiuma (en Jos\u00e9 Mar\u00eda Marroqui (sin acento en la i) n\u00famero 28-C), en los bajos del edificio Guanajuato, un lugar que para entonces era un ba\u00f1o \u2013sin puertas\u2013 con servicio de bar, pero que \u2013luego lo supimos\u2013 tuvo sus a\u00f1os dorados. Le perteneci\u00f3 al afamado torero Jos\u00e9 Rodr\u00edguez \u201cEl Pajarito\u201d, quien por cierto muri\u00f3 ah\u00ed. Hallaron su cad\u00e1ver hasta que el olor anunci\u00f3 a todos los vecinos la desgracia. El Fiuma contaba, una vez m\u00e1s, con su consabido tapanquito en el que todos hac\u00edan lo propio. En este congal se respiraba cierto aroma a China, y de vez en cuando, en las mesas, ofrec\u00edan tazoncitos de arroz frito, cortes\u00eda de la casa. Y es que esta calle (Marroqui) es el tras bambalinas del Barrio Chino, que corre por la calle de Dolores. Aqu\u00ed se hallan las cocinas y puertas de abasto de casi todos los restaurantes chinos. De ah\u00ed su olor a Cant\u00f3n y a grasa de ajonjol\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Horas eternas pasamos entregados a la conversaci\u00f3n, la risa, el amor y la bebida. Trasegamos como chupamirtos todo tipo de caldos et\u00edlicos, curtimos el ga\u00f1ote, y nos transformamos en trashumantes cantineros. Luego, nos adentramos en otras zonas del centro y as\u00ed descubrimos La Mascota (en Mesones y Bol\u00edvar), en donde d\u00e1bamos tremendas comilonas y nos aneg\u00e1bamos de ron con tan s\u00f3lo 200 pesotes. Hoy, con esos 200 pesotes, en La Mascota no te alcanza ni para pagar las m\u00faltiples propinas que hay que dejar, adem\u00e1s de que se come horrible. Otra bebedur\u00eda que frecuentamos era Las Escaleras, que en realidad no ten\u00eda nombre. Se trataba de un negocio de quesadillas montado en la enjuta debajo de una escalera de vecindad, en Donceles 105, que vend\u00eda cientos de miles de caguamas que los parroquianos beb\u00edan sentados en los pelda\u00f1os de la escalera, de ah\u00ed que la banda lo bautizara con ese nombre. Luego ampliaron el negocio, ocupando un patio trasero de la vecindad en donde se beb\u00eda y se fumaba mota como si no hubiera un ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">C\u00f3mo olvidar La Resurrecci\u00f3n, de piso ajedrezado, buena botana y donde un amigo cin\u00e9filo, Lalo (que beb\u00eda lindo y tupido), tiraba aceite cuando nos contaba que esa cantina hab\u00eda aparecido brevemente, hac\u00eda unos a\u00f1os, en la pel\u00edcula <em>El hombre en Llamas<\/em>. Y todav\u00eda alcanzamos a entrar a la cl\u00e1sica El Nivel \u2013que err\u00f3neamente se ha dicho que era la cantina m\u00e1s antigua de la ciudad y que cerr\u00f3 sus puertas para siempre en 2010\u2013, en donde los parroquianos de edad provecta nos mal miraban. O nos bien miraban. \u00a1Y c\u00f3mo no!, si \u00e9ramos una caterva de mozalbetes exploradores, escandalosos, que adem\u00e1s nos sent\u00edamos la divina garza \u00a1Qu\u00e9 horror! Tambi\u00e9n cruzamos las puertas de La Pelusa, La Mariscala, La Esperanza \u2013atendida por el bello Toni\u2013, El R\u00edo de la Plata \u2013que dar\u00eda para escribir un libro\u2013, Los Jarritos (de meseras octogenarias que te besaban y te dec\u00edan \u201cmi amor\u201d), La Nuevo Le\u00f3n (que recientemente fue convertida en un tosco restaurante en el que una palurda cantante grita a todo volumen durante 6 horas sin parar), El Sal\u00f3n Espa\u00f1a, La Faena, Los Portales de Tlaquepaque (primo hermano del Tlaquepulkes, en Independencia 10), La Perla de San Juan \u2013de espectros y personajes de novela\u2013, El Allende Red, El Sal\u00f3n Victoria, Casa Juan, El Monte Carlo, La Ferrolana\u2026.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lista es interminable. Cre\u00edmos agotable lo inagotable: las cantinas (y las botellas). Fueron a\u00f1os de hermoso aprendizaje y de aspiraciones y deseos propios de las mocedades. \u00a1Hasta fundamos una revista etilicoliteraria (cuyo nombre no me atrevo a escribir aqu\u00ed), al amparo de la fiesta y la borrachera, h\u00e1game usted el favor!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, a la distancia, me gusta pensar que aquellos eternos, gozosos, biso\u00f1os y repetidos viajes de viernes por la tarde, simbolizaban de cierta forma una especie de <em>retorno al pa\u00eds natal<\/em> trayendo las palabras de Aim\u00e9 C\u00e9saire. \u00c9ramos universitarios volviendo a los territorios del antiguo <em>Barrio Universitario<\/em> que, como se sabe, estuvo en el centro hasta la d\u00e9cada de 1950. Claro est\u00e1 que no est\u00e1bamos conscientes de ello. No hab\u00eda manera de estarlo. \u00a1Y qu\u00e9 bueno! Pero exist\u00eda, o al menos eso sent\u00edamos, una especie de m\u00edstica; una fuerza que nos llamaba al coraz\u00f3n de esta ciudad, \u201cmillon\u00e9sima en el dolor y en el placer\u201d y que nos atra\u00eda como fragmentos a su im\u00e1n. Es cierto que s\u00f3lo \u00e9ramos un f\u00e1rrago de borrachines en ciernes en busca de juergas demenciales, pero a la vez form\u00e1bamos parte de toda una generaci\u00f3n que refund\u00f3 \u2013no sabemos si para bien o para mal, y quiz\u00e1s no importe\u2013 el Centro Hist\u00f3rico de esta ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y aqu\u00ed cabr\u00eda mencionar, tambi\u00e9n, el papel que el movimiento feminista tuvo en este proceso. Recuerdo con claridad c\u00f3mo, paralelamente a nuestros viajes cantineros de los viernes (que aunque no eran exclusivos de hombres tampoco ten\u00edan una clara dimensi\u00f3n pol\u00edtica), compa\u00f1eras de la facultad se organizaban para asistir en grupo a cantinas en las que, a esas alturas del partido, a\u00fan se negaba la entrada a las mujeres. Yo fui testigo de la toma, por parte de un grupo de mujeres organizadas, de la cantina La Hija de Moctezuma (all\u00e1 por el rumbo de Tacuba). La t\u00e9cnica siempre era la misma: entrar en grupos de 30 o 40 chavas. De sopet\u00f3n, sin avisar. Pero tampoco sin consignas. S\u00f3lo era tomar la cantina, sentarse en las mesas para beber y comer. Ante el acto, los comensales hombres que se encontraban en el interior se quedaban mudos, estupefactos, apenas alcanzaban a tomar sus vasos, pasar un trago, y bajar la mirada. Esa fue la verdadera \u00e9poca en la que las mujeres tomaron para s\u00ed y por asalto \u2013y para siempre\u2013 las cantinas, garantizando, yo creo, la permanencia de una envejecida instituci\u00f3n decimon\u00f3nica pero ahora con nuevos br\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah, canijas noches, hervidero de cantinas; felicidad de hombres y mujeres del alba que nos sent\u00edamos <em>fl\u00e2neurs<\/em> del siglo XXI, alejados de las vulgares prisas de los turistas\u2026 Y si me he atrevido a remitirme a mi origen de viajero de cantinas no ha sido por nostalgia, sino porque cada cantina que he visitado resume todas las cantinas; engendra la devoci\u00f3n por la ciudad, lo profano de las historias y lo sacramental de las eternas borracheras\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estimadx lectorx, te convertir\u00e1s en un viajero de cantina. Lo auguro con deferencia y buena voluntad. Bendito vicio caminero. \u00a1Salud!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Ximena Y Z A mediados de la primera d\u00e9cada del siglo XXI, mis amigos y yo nos convertimos en apasionados buscadores de cantinas y abrevaderos. 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Escritor y editor. Estudi\u00f3 Historia en la FFyL de la UNAM y m\u00fasica en la Escuela Nacional de M\u00fasica. Autor del libro Las anforitas ocultas y antologador de la colecci\u00f3n Santa Mar\u00eda la Ribera. De autores y calles (UNAM). Su m\u00e1s reciente colaboraci\u00f3n fue para la antolog\u00eda Lados B (Editorial Nitro-Press). Durante el 2016 fue becario del programa J\u00f3venes Creadores del Fonca."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57442","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57442"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57442\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":60088,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57442\/revisions\/60088"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/60087"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57442"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57442"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57442"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=57442"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}