{"id":57439,"date":"2025-09-24T07:00:00","date_gmt":"2025-09-24T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57034"},"modified":"2026-09-25T12:04:53","modified_gmt":"2026-09-25T18:04:53","slug":"la-fatiga-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57439","title":{"rendered":"La fatiga del amor"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\">NOVENTA A\u00d1OS DE LA NOVELA <em>D\u00daO<\/em> DE COLETTE<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda pareja es un min\u00fasculo manicomio, plet\u00f3rico de aberrantes contradicciones, tiernos malentendidos y lenguajes secretos ind\u00f3ciles a una gram\u00e1tica meramente institucional. El desgarre de la relaci\u00f3n fractura tambi\u00e9n el lenguaje inventado que la pareja fabric\u00f3 con el paso de simp\u00e1ticas coincidencias e imprevistas desgracias. Pero el gl\u00edglico particular de cada microcosmos amoroso suprime su diccionario sentimental cuando acaece una traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esto lo entend\u00eda muy bien Sidonie-GabrielleColette (1873-1954), quien traz\u00f3 una obra que naci\u00f3 a la par que el siglo XX \u2014la serie de las <em>Claudine<\/em> comenz\u00f3 a publicarse en 1900\u2014 y habit\u00f3 la transici\u00f3n del <em>Fin de si\u00e8cle<\/em> liber\u00e1ndose del yugo de su primer marido, Henry Gauthier-Villars (alias Willy, quien se atribu\u00eda la autor\u00eda de las primeras novelas de Colette), para buscar un segundo aire, una segunda vida, en el \u00e9xtasis vanguardista de la primera mitad del siglo XX: fue novelista, periodista, guionista, libretista y artista de cabar\u00e9.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Colette tuvo la gracia de pertenecer a esa generaci\u00f3n trabada entre dos siglos (el XIX y el XX), como Henry James, como Joseph Conrad, como Ant\u00f3n Ch\u00e9jov, como Marcel Proust o los autores espa\u00f1oles de la generaci\u00f3n del 98, por lo que desarroll\u00f3 una peculiar sensibilidad decimon\u00f3nica, nutrida por el preciosismo y los s\u00edmbolos de la decadencia, las cuales supo actualizar y fundir con los avances y novedades que promet\u00eda el siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con excepci\u00f3n de Proust, no creo que haya un ojo tan sensible a los cambios atmosf\u00e9ricos de la vida en pareja o de las relaciones sentimentales como el de Colette; si bien su prosa nada tiene que ver con el caracoleo de oraciones subordinadas del autor de <em>En busca del tiempo perdido<\/em>, Colette pertenece a esa estirpe de escritores, como Ch\u00e9jov, como Henry James, como Truman Capote, que delinean frases breves en las que, como celebrar\u00eda Andr\u00e9 Gide, \u201cno hay una sola l\u00ednea que no cuente, que no est\u00e9 escrita como sin pensar, como por juego, pero con arte sutil y consumado\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s intemporal que anacr\u00f3nica, sutil, sensible y fatalmente seductora, la imagen que yo evoco de Colette no es precisamente la de la joven subversiva, libertina, bisexual, confrontativa e infatigable que tambi\u00e9n fue, sino la estampa de esa hermosa anciana exc\u00e9ntrica que tanto impresion\u00f3 al veintea\u00f1ero Truman Capote en <em>La rosa blanca<\/em>, cuando la entrevist\u00f3 en la d\u00e9cada de los cincuenta. Es probable que la adorable octogenaria volviera adicto a Capote a los lujos aristocr\u00e1ticos (en los que despu\u00e9s despilfarrar\u00eda toda su fortuna), al regalarle su valios\u00edsimo pisapapeles de cristal fabricado en 1842. La lecci\u00f3n de Colette siempre vuelve a mi mente cuando estoy por comprar un regalo de cumplea\u00f1os para alg\u00fan amigo. Capote le dijo a la escritora francesa que \u00e9l no pod\u00eda aceptar ese pisapapeles que ella adoraba tan intensamente y Colette le contest\u00f3: \u201cQuerido, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene regalar algo que no apreciamos?\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra an\u00e9cdota que me arruga el sentimiento cada que la evoco es la carta que, poco antes de morir, le escribi\u00f3 Colette a su yerno rechazando una invitaci\u00f3n para visitarlos:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se\u00f1or: Me pide usted que pase ocho d\u00edas en su casa, es decir, al lado de mi hija, a quien adoro. Usted, que vive junto a ella, sabe cu\u00e1n raramente la veo, cu\u00e1nto me encanta su presencia, y me conmueve que usted me invite a que vaya a verla. No aceptar\u00e9, sin embargo, su amable invitaci\u00f3n, cuando menos por ahora. Ver\u00e1 usted por qu\u00e9: mi cactus rosa va probablemente a florecer. Es una planta muy rara que me regalaron y que, seg\u00fan me han dicho, s\u00f3lo florece en nuestros climas cada cuatro a\u00f1os. Soy ya muy anciana, y si me ausentara mientras mi cactus florece, estoy segura de que ya no lo ver\u00eda florecer otra vez\u2026<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera mujer que presidi\u00f3 la Academia Goncourt dej\u00f3 huella con sus palabras y sus excentricidades hasta sus \u00faltimos d\u00edas, numerosas son sus novelas breves que causaron gran impacto en los lectores, <em>La vagabunda<\/em> (1910), <em>Ch\u00e9ri<\/em> (1920), <em>Gigi<\/em> (1944), pero en esta ocasi\u00f3n me ocupar\u00e9 espec\u00edficamente de <em>D\u00fao<\/em>, que reci\u00e9n cumpli\u00f3 noventa a\u00f1os desde su publicaci\u00f3n, y que es un penetrante retrato emocional de una pareja, Michel y Alice, partida por una infidelidad, mientras se destruyen mutuamente en una casa de campo. \u00bfD\u00fao o duelo?, pod\u00eda leerse en la faja publicitaria de la edici\u00f3n original.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda pareja es un min\u00fasculo manicomio, comentaba antes, pero tambi\u00e9n toda pareja es una suerte de oscura secta con solo dos miembros que se lavan el cerebro cotidianamente. As\u00ed se nos presenta en <em>D\u00fao<\/em> el matrimonio de Alice y Michel, quienes vacacionan en una casa rural en el poblado de Crasnac, cumpliendo una mon\u00f3tona rutina que se ve disrumpida con la aparici\u00f3n de una carta de Ambrogio, quien fuera el amante Alice. La forma en la que la pluma despiadada e ir\u00f3nica de Colette narra la torpeza de Michel para descifrar la carta que revela la infidelidad \u2014al grado de que su propia esposa tiene que ayudarle a encontrar sus lentes\u2014, abandona la simple caricatura cuando Michel, desolado, le cuestiona a su esposa:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfQu\u00e9 nos has hecho?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En caso de descubrir una traici\u00f3n o un enga\u00f1o que alguien de nuestra total confianza acometi\u00f3 en contra nuestra, \u00bfqu\u00e9 tanta informaci\u00f3n, adem\u00e1s de la disculpa, requerimos para paliar la herida, sanar nuestra conciencia y retomar la confianza? Ese es el predicamento en el que se imbuyen los personajes de <em>D\u00fao<\/em>. La novela no trata tanto del desenmascaramiento de la infidelidad de Alice, eso se revela en las primeras p\u00e1ginas, sino de la tensa atm\u00f3sfera que petrifica a la pareja en un dilema de odios y desconfianzas a partir de ese momento: \u201c\u00a1Vaya vida \u2014pens\u00f3 [Michel] interrogativo\u2014 si hay que tropezar en todas las palabras, en todos los gestos contra algo oculto, vibrante, sangrante\u2026!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a su car\u00e1cter hosco y altivo, Alice, quien minimiza la importancia de su devaneo con Ambrogio, no puede ignorar la depresi\u00f3n de su marido, que se debate entre la total negaci\u00f3n y una resignaci\u00f3n enfermiza. Conforme la segunda se apodera sintom\u00e1ticamente de Michel, Alice busca ayudarlo cont\u00e1ndole m\u00e1s y m\u00e1s detalles del amor\u00edo. \u201cResulta curioso\u201d, escribe Colette, \u201cque uno dependa tanto de la calidad de un sufrimiento, de la calidad de una traici\u00f3n\u201d. Pues, para Michel, la infidelidad en s\u00ed misma no es un asunto tr\u00e1gico, sino que lo atormenta la calidad, el c\u00f3mo ocurri\u00f3, su significado oculto: \u201cAcostado, decidi\u00f3 sufrir inm\u00f3vil. Pero su dolor carec\u00eda a\u00fan de ritmo, de virtuosismo y de organizaci\u00f3n, su tormento se le escapaba a cada instante, siendo sustituido por preocupaciones cotidianas y desmenuzadas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl arte de herir y el arte de ser herido\u201d, recuerdo siempre esa cita de <em>El arco\u00edris de la gravedad <\/em>de Thomas Pynchon, \u201cse unen en el comportamiento de la herida\u201d. <em>D\u00fao<\/em> es la cr\u00f3nica sensorial de ese fr\u00e1gil proceso de cicatrizaci\u00f3n. Las diferentes versiones de la traici\u00f3n \u2014si quer\u00eda a Amrogio o si solo lo us\u00f3, si lo pens\u00f3 antes o surgi\u00f3 casualmente\u2014 se acumulan en falsas narrativas del perd\u00f3n que guardan rencor en rutinarios actos pasivo-agresivos. Cuando Alice le comenta a su marido que compr\u00f3 tres litros de leche, \u00e9l no puede evitar pensar: \u201cMiren a la tragona. Todo le vale para alimentarse. El aire, el rosal, el caf\u00e9 con leche. Todo le vale para olvidar. Si yo me dejara llevar\u2026\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los rencores reprimidos germinan en la quebradiza mente de Michel, quien somatiza la infidelidad y se equilibra entre la negaci\u00f3n total y el cinismo. El trenzado de juegos psicol\u00f3gicos que enhebra la s\u00e1dica pluma de Colette reinventa en la mente de sus lectores el duelo, en apariencia refinado e indiferente, de esta pareja al borde del abismo. Colette configura un fino telar de culpas entretejidas a las reacciones m\u00e1s salvajes que habitan el esp\u00edritu posesivo de una relaci\u00f3n. En su permanente teatro de aparentar que todo est\u00e1 bien, una puesta en escena para un p\u00fablico imaginario (con excepci\u00f3n de la criada Mar\u00eda), Michel reacciona impulsivamente y lanza por los aires un jarr\u00f3n de porcelana que se hace a\u00f1icos. \u00c9l siente satisfacci\u00f3n, ella piensa: \u201cYa sabe, ya sabe que esto alivia\u2026 Tambi\u00e9n un martillazo en la cabeza. Incluso dos manos un poco apretadas en torno a una garganta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alice, sin embargo, no juega el papel de esposa arrepentida y abnegada. Cuanto m\u00e1s d\u00e9bil encuentra a Michel, si bien siente un poco de l\u00e1stima, m\u00e1s lo desprecia: \u201cNo se atrevi\u00f3 a dejar entrever que lo desmesurado del abandono viril, los estremecidos sollozos la hac\u00edan sentirse fr\u00eda y escandalizada\u201d. Despu\u00e9s piensa: \u201cEstoy dispuesta a cuidarle, pero no cuando est\u00e1 enfermo\u201d. Cuando \u00e9l busca entender el motivo carnal del enga\u00f1o, ella se pregunta: \u201cPero, \u00bfpor qu\u00e9 raz\u00f3n un hombre no puede hablar jam\u00e1s de la sensualidad femenina sin decir enormes tonter\u00edas?\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La narraci\u00f3n se balancea en un juego oscilatorio de focalizaciones entre el punto de vista de Alice y de Michel, que se torna m\u00e1s l\u00fagubre cuando este accede a la totalidad de las pruebas. Despu\u00e9s de leer todas las cartas de Ambrogio, creyendo haber sanado por conocer todos los \u00e1ngulos del enga\u00f1o, no hace m\u00e1s que sumirse en una depresi\u00f3n aun peor: \u201cEs incre\u00edble la de porquer\u00edas que tres palabras pueden encerrar\u201d. Si fue un amor\u00edo cari\u00f1oso, entonces, parece pensar Michel, ella ya no me ama; en cambio, si tan solo fue un desliz voluptuoso de puro deseo carnal, entonces nuestra relaci\u00f3n es una c\u00e1rcel que limita su b\u00fasqueda de placer y deseo. De cualquier modo, no hay salvaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el a\u00f1o 2010 me perd\u00ed en el cementerio Pere Lachaise, probablemente buscando la tumba de Jim Morrison, y sin querer termin\u00e9 reposando en una tumba de m\u00e1rmol rosado, en cuya l\u00e1pida negra pod\u00eda leerse: ICI REPOSE COLETTE 1877-1954. Al verme desparramado de una forma tan vulgar e irrespetuosa sobre la tumba de una de las m\u00e1s grandes escritoras en lengua francesa, un se\u00f1or con ojos de b\u00faho insomne y nariz de guada\u00f1a me increp\u00f3 en franc\u00e9s y me exigi\u00f3 que me levantara de ah\u00ed inmediatamente. Ten\u00eda en la mano una rosa y en la otra un libro. Despu\u00e9s de pedirle disculpas en todos los idiomas, cabece\u00f3 bufando y detuvo el rostro ante la solemne l\u00e1pida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya me iba cuando me llam\u00f3 de vuelta, la rosa la hab\u00eda dejado sobre el sepulcro y con el brazo erguido entre la niebla parisina entend\u00ed que quer\u00eda regalarme el libro. Lo recib\u00ed con esas reverencias que se entienden en todos los idiomas y quise preguntarle: Pero c\u00f3mo me va a regalar este libro que parece ser tan valioso para usted. El hombre destens\u00f3 la mirada y en sus fr\u00e1giles ojos azul marisma descifr\u00e9 esa misma respuesta que Colette le dijo al adolescente Capote: \u201cQuerido, \u00bfqu\u00e9 sentido tiene regalar algo que no apreciamos?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Capote, Truman, \u201cLa rosa blanca\u201d, <em>Los perros ladran<\/em>, Barcelona, Anagrama, 1994.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Colette, <em>Al rayar el d\u00eda<\/em>, Barcelona, Argos Vergara, 1982.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Colette, <em>D\u00fao<\/em>, Barcelona, Anagrama, 2016.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pynchon, Thomas, <em>El arco\u00edris de la gravedad<\/em>, Barcelona, Tusquets, 2009.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NOVENTA A\u00d1OS DE LA NOVELA D\u00daO DE COLETTE Toda pareja es un min\u00fasculo manicomio, plet\u00f3rico de aberrantes contradicciones, tiernos malentendidos y lenguajes secretos ind\u00f3ciles a una gram\u00e1tica meramente institucional. 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Estudi\u00f3 la carrera de Letras Hisp\u00e1nicas en la UNAM, la maestr\u00eda en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Ha publicado los libros <em>Los designios del imaginero<\/em> (2012) y <em>Agenbite of inwit<\/em> (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela \u201cJos\u00e9 Revueltas\u201d por <em>Nuestro mismo idioma<\/em> (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento \u201cJulio Torri\u201d 2019 por <em>Son\u00e1mbulos<\/em>. En 2023 public\u00f3 su tercera novela <em>Mundo anclado<\/em> (NitroPress, pr\u00f3logo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antolog\u00edas como <em>Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia<\/em> (FCE, 2021) y <em>La lectura al centro: 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/em> (UNAM, 2022), as\u00ed como en la revista <em>Quimera, Barcarola, El Universal, Exc\u00e9lsior,Tierra Adentro y Luvina<\/em>. Como editor ha elaborado las antolog\u00edas narrativas <em>Lo fant\u00e1stico no existe<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2020), <em>De narcos a luchadores<\/em> (Contrabando, 2019) y <em>El misterio de los seres espaciales<\/em> (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores. 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