{"id":57423,"date":"2025-09-04T07:00:00","date_gmt":"2025-09-04T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56947"},"modified":"2026-09-25T12:30:04","modified_gmt":"2026-09-25T18:30:04","slug":"sesenta-anos-con-onda-la-tumba-gazapo-pasto-verde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57423","title":{"rendered":"SESENTA A\u00d1OS CON ONDA (LA TUMBA, GAZAPO, PASTO VERDE)"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">\u00bfTe acuerdas cuando t\u00fa y yo \u00e9ramos la onda?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me cuenta mi madre que, en el Multifamiliar Miguel Alem\u00e1n, a finales de los a\u00f1os sesenta, una vecina muy viejita paseaba a su perrita Suzy por los pasillos del cuarto piso. Cuando se alejaba hacia la zona de las escaleras, donde se sentaban las nuevas generaciones \u201ca tron\u00e1rselas\u201d mirando el horizonte capitalino, la anciana le gritaba a la perrita:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1V\u00e1monos Suzy, no te vayan a meter en la Onda!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni la vecina ni mis padres, que estaban entrando en la adolescencia por esos a\u00f1os, conoc\u00edan los nombres de Jos\u00e9 Agust\u00edn, Gustavo S\u00e1inz o Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a, pero los intu\u00edan o los repet\u00edan en un eco de leyendas que buscaban advertir po\u00e9ticas insurrectas entre la Colonia del Valle y la Narvarte. La Onda, aunque para Christopher Dom\u00ednguez Michael, fuera un movimiento \u201cm\u00e1s comercial que literario\u201d (50), y aunque Ren\u00e9 Avil\u00e9s Fabila afirmara que Margo Glantz hab\u00eda \u201checho algo muy tonto\u201d al definirlos bajo esta denominaci\u00f3n en su can\u00f3nico ensayo de 1971, fue el perfecto estereotipo de una narrativa que invent\u00f3 en M\u00e9xico a un personaje picaresco que ciertos modernistas ya hab\u00edan delineado vagamente a finales del siglo XIX, pero que no se termin\u00f3 de definir sino hasta mediados de los a\u00f1os sesenta del siglo XX: El joven.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de que existiera el <em>joven<\/em>, indica Valentina Tolentino en el pr\u00f3logo <em>de Pasto verde<\/em>, se pasaba \u201cde la ni\u00f1ez a la adultez, casi en autom\u00e1tico [\u2026] el camino a seguir era estudiar una carrera, casarse, tener hijos y ser la digna cabeza de familia. De vez en cuando salir a una cantina para escuchar a Agust\u00edn Lara o a Julio Jaramillo, es decir, pasar de ser ni\u00f1os a ser casi todos unos dones\u201d (9-11).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando termin\u00e9 la carrera ese era mi mayor miedo, convertirme en un se\u00f1or con la barriga apresada por una camisa a cuadros sudada en los sobacos, alguien que utiliza frases rob\u00f3ticas como \u201cF\u00edjate que mi alma mater es la UNAM\u201d o \u201cah\u00ed en tu casa celebramos parrandas cada s\u00e1bado\u201d; iba que volaba para convertirme en ese prototipo de hombre cansino y reprimido, por lo que decid\u00ed mandar mi vida al garate e irme lo m\u00e1s lejos posible. En el 2016 me fui a vivir a Madrid a un edificio en el barrio de La Latina donde, seg\u00fan me cont\u00f3 la escritora Carmen Peire, tambi\u00e9n se hab\u00eda hospedado por una breve temporada el escritor Ren\u00e9 Avil\u00e9s Fabila. En el patio cuadrangular que compart\u00edamos hab\u00eda una escultura blanca decapitada que me recordaba a las portadas de <em>Tantadel<\/em> y <em>De perfil<\/em> en las ediciones de la SEP que yo le\u00ed. Me gustaba imaginar que esa escultura era el mismo Ren\u00e9 Avil\u00e9s Fabila, por lo que no tard\u00e9 en apodarla, como un n\u00e1ufrago Tom Hanks a su pelota de voleibol, Ren\u00e9 decapitado. Cu\u00e1ntas tardes de invierno pas\u00e9 hablando con Ren\u00e9 decapitado mientras sent\u00eda, pese a encontrarme a m\u00e1s de 11 mil kil\u00f3metros de casa, sin amigos y sin mis coloquialismos habituales, que ese edificio antiqu\u00edsimo se podr\u00eda convertir en mi hogar porque por ah\u00ed hab\u00eda pasado La Onda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora intuyo que, dejando de lado la monumental obra de Jos\u00e9 Agust\u00edn, pocos recordar\u00edan la existencia de La Onda si no hubiera sido por el can\u00f3nico ensayo de Margo Glantz que tanto irrit\u00f3 a Ren\u00e9 Avil\u00e9s Fabila. Cuando vuelva a M\u00e9xico, le dije a mi padre, lo buscar\u00e9 para preguntarle por su escultura parlante. \u00bfNo te enteraste?, me respondi\u00f3, Avil\u00e9s Fabila se muri\u00f3 la semana pasada. Despu\u00e9s, hasta hicieron un boleto conmemorativo de la Loter\u00eda Nacional para homenajearlo, pero de cualquier modo sent\u00ed que su muerte pas\u00f3 ligeramente desapercibida en la esfera literaria. \u00bfAcaso si hubiera aceptado su adhesi\u00f3n al grupo de La Onda en el ensayo de Margo Glantz hubiera sido mejor identificada la p\u00e9rdida de un autor tan importante para las letras mexicanas?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mi parecer, el ensayo de Glantz fue valios\u00edsimo en su momento y quiz\u00e1 el \u00fanico error que comete es cimentar el significado de un movimiento juvenil en los trabalenguas pretenciosos y prematuramente a\u00f1ejos de Octavio Paz. \u201cEl adolescente no puede olvidarse de s\u00ed mismo, pues apenas lo consigue deja de serlo\u201d, indica Paz con una de sus caracter\u00edsticas trampas ling\u00fc\u00edsticas que parecen decir mucho sin decir absolutamente nada. Que el M\u00e9xico intelectual fuera aleccionado en temas de erotismo y juventud con los pomposos retru\u00e9canos de Paz explica en muchos grados la represi\u00f3n sexual de la intelectualidad mexicana y por qu\u00e9 a\u00fan no se ha escrito en M\u00e9xico una novela er\u00f3tica verdaderamente interesante o perdurable (con el perd\u00f3n de Garc\u00eda Ponce y sus ep\u00edgonos).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace mejor Glantz en cimentar los rastros de dicha po\u00e9tica juvenil en los argumentos del escritor polaco Witold Gombrowicz, tal vez quien mejor entendi\u00f3 las bases epistemol\u00f3gicas del berrinche infantil que a todos nos habita. Los escritores de La Onda leyeron a Gombrowicz, aunque no se dieron cuenta, porque lo leyeron a trav\u00e9s de la <em>Rayuela<\/em> cortazariana (1962) que tanto los inspir\u00f3. En el cap\u00edtulo 145 de <em>Rayuela<\/em>, leemos una morelliana que cita directamente el <em>Ferdydurke<\/em> (1937), obra maestra del Gombrowicz:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si alguien me dijera que esta parcial concepci\u00f3n m\u00eda no es, en verdad, ninguna concepci\u00f3n, sino una mofa, chanza, fisga y enga\u00f1o, y que yo, en vez de sujetarme a las severas reglas y c\u00e1nones del Arte, estoy intentando burlarlas por medio de irresponsabilidades, chungas, zumbas y muecas, contestar\u00eda que s\u00ed, que es cierto, que justamente tales son mis prop\u00f3sitos. Y por Dios \u2014no vacilo en confesarlo\u2014 yo deseo esquivarme tanto de su Arte, se\u00f1ores, como de ustedes mismos, \u00a1pues no puedo soportarlos junto con aquel Arte, con sus concepciones, su actitud art\u00edstica y todo su medio art\u00edstico!\u201d (726).<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es cierto que, antes de La Onda, el espectro de la juventud ya hab\u00eda sido retratado con maestr\u00eda en M\u00e9xico en<em> Cantar de ciegos<\/em> (1964) de Carlos Fuentes y en Am\u00e9rica Latina en la obra de Cort\u00e1zar, Guillermo Cabrera Infante y, especialmente, en <em>La ciudad y los perros <\/em>(1963) de Vargas Llosa. Y mucho antes, en la narrativa estadounidense, hab\u00eda aparecido <em>En el camino<\/em> (1957) de Kerouac, <em>El guardi\u00e1n entre el centeno <\/em>(1951) de Salinger, <em>A este lado del para\u00edso<\/em> (1920) de Fitzgerald. En Francia hubo un parteaguas con <em>Viaje al fin de la noche<\/em> (1932) de C\u00e9line, as\u00ed como, a principios de siglo, con la novela que ya contiene la clave de todas las anteriores, <em>El gran Maulnes<\/em> (1913) de Alain Fournier. Esta conjug\u00f3 el esp\u00edritu del romanticismo de finales del siglo XVIII con el canto insurrecto de las vanguardias de principios del siglo XX, donde todo anhelo futur\u00edstico se ahogar\u00eda en la asfixia de las trincheras de la Gran Guerra, en las que Fournier expir\u00f3 su \u00faltimo aliento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es verdad que, tem\u00e1ticamente, La Onda no invent\u00f3 nada, salvo al personaje protag\u00f3nico de todas sus novelas: el lenguaje mexicano de una juventud rocanrolera hastiada de la solemnidad eufem\u00edstica de los autores posrevolucionarios. Tambi\u00e9n, pese a tratarse de un grupo de autores masculinos, por primera vez encontramos en la narrativa de La Onda el habla clasemediera de los personajes urbanos femeninos: la Bikina de <em>Gazapo<\/em> (\u201cLl\u00e9vame a Sanborns\u2026 \u00bfNo, viejito? Me siento desquiciante, glamorosa y muy <em>nice<\/em>.\u201d), Requelle de \u201cCu\u00e1l es la onda?\u201d, (\u201cAtr\u00e1s satan\u00e1s o llueve mole\u201d), la prima Laura (\u201cQui\u00e9n te viera, Gabrielongo. Pero me voy, como andas incestuos\u00f3n, a la mejor aqu\u00ed quedo. Chao\u201d) y Elsa Galv\u00e1n de <em>La tumba <\/em>(\u201cA lo hecho, pecho, bajemos por un hectolitro de aqua o por unos cuantos bloodymaries, no aguanto esta cochina cruda\u201d) o Queta Johnson en <em>De perfil<\/em> (\u201centonces nos bemoles, digamos a las cuatro, pero exijo puntualidad neozelandesa\u201d). En la narrativa de la Onda ninguna mujer se expresa como era usual en los personajes femeninos idealizados por los novelistas mexicanos respetables. Los personajes femeninos de la Onda insultan en todos los idiomas, son universitarias que hablan abiertamente de moteles, sexo, abortos, m\u00e9todos anticonceptivos, la fragilidad masculina y la necedad moral que tienen sus cuadrados progenitores de orquestarle la vida a una generaci\u00f3n que no comprenden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No por nada la viejita del Multi no quer\u00eda que su perrita Suzy se juntara con esos chavos. Esos chavos, pienso ahora, bien pod\u00edan ser mis padres y sus amigos. Sin nombres griegos como Menelao o Epicuro, el esp\u00edritu de La Onda es el esp\u00edritu de mis padres, quiz\u00e1 por eso al releer sus aventuras me invade un nost\u00e1lgico orgullo mezclado con cierta melanc\u00f3lica verg\u00fcenza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cToda generaci\u00f3n\u201d, apunta Walter Benjamin en su <em>Libro de los Pasajes<\/em>, \u201cve las modas de la generaci\u00f3n que acaba de pasar como el m\u00e1s potente antiafrodisiaco que se pueda concebir\u201d (106). En este caso, interpreto \u201cla generaci\u00f3n que acaba de pasar\u201dno como la inmediatamente anterior a la m\u00eda, sino como las modas y gustos de la generaci\u00f3n a la que pertenec\u00edan mis padres. Creo que es por eso que La Onda, cuando la le\u00ed en mi adolescencia, me resultaba supinamente dominguera con sus jueguitos de palabras, tipogr\u00e1ficamente verborreica (a todas sus novelas, pensaba, les sobran la mitad de las p\u00e1ginas); melodiosamente viejuna y demasiado comercial; era tambi\u00e9n celos\u00edsima y mis\u00f3gina, dialogaba con una intertextualidad cursi, y siempre hac\u00eda apolog\u00eda de una moral que a mi generaci\u00f3n le quedaba como ropa de abuelito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si alguien me conminara hoy d\u00eda, pistola en mano, a releer los poemas de <em>Pasto verde<\/em> de Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a, probablemente preferir\u00eda caer abatido por las balas que sumergirme en aquel mar de estulticia (Pitol <em>dixit<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cabe contrastar que mi generaci\u00f3n reverenci\u00f3 su propia Onda cuando el fantasma del infrarrealismo recorri\u00f3 los anaqueles de novedades de todas las librer\u00edas del mundo con el \u00e9xito de <em>Los detectives salvajes <\/em>(1998). La obra de Roberto Bola\u00f1o, quien se cuid\u00f3 de nunca pronunciar en voz alta el nombre de la Onda o de sus representantes, tiene una inmensa deuda y es naturalmente una continuaci\u00f3n del l\u00fadico duelo irreverente que en los sesenta plantearon Jos\u00e9 Agust\u00edn y compa\u00f1\u00eda. \u201cLa Onda\u201d, apunta ese escritor permanentemente enfurru\u00f1ado que es Carlos Vel\u00e1zquez, \u201ctuvo su \u00faltima encarnaci\u00f3n en Roberto Bola\u00f1o. Casi nadie se\u00f1ala que Bola\u00f1o le rob\u00f3 a los libros de Jos\u00e9 Agust\u00edn el esp\u00edritu para crear su propia obra\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si rob\u00f3 el esp\u00edritu, dialog\u00f3 con \u00e9l o lo perfeccion\u00f3 \u2014pensemos que toda obra maestra siempre es la canibalizaci\u00f3n quijotesca de una larga tradici\u00f3n de obras menores\u2014 eso lo dir\u00e1 el tiempo. Pero Vel\u00e1zquez va a\u00fan m\u00e1s lejos al vislumbrar un plagio descarado:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Qu\u00e9 otra cosa es <em>Los detectives salvajes<\/em> sino una versi\u00f3n fresa de <em>Se est\u00e1 haciendo tarde<\/em> [de Jos\u00e9 Agust\u00edn]. Ambas tramas est\u00e1n originadas en el viaje: el motor de <em>On the Road<\/em> de Jack Kerouac. La diferencia es que la novela de Jos\u00e9 Agust\u00edn posee una originalidad salida de la mente de su autor mientras que <em>Los detectives salvajes <\/em>es una copia mal hecha, por qu\u00e9, porque Bola\u00f1o le extirpa a Agust\u00edn hasta a sus antagonistas. Es en los libros de Agust\u00edn donde se cuenta el odio de Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a hacia Paz. Bola\u00f1o se bas\u00f3 en Jos\u00e9 Agust\u00edn y en Kerouac, pero nunca lo mencion\u00f3. En M\u00e9xico Bola\u00f1o no ten\u00eda nada contra qu\u00e9 rebelarse.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si es tan flagrante el plagio, \u00bfpor qu\u00e9 la narrativa de La Onda est\u00e1 sepultada en el m\u00e1s penoso olvido mientras que la de Bola\u00f1o no deja de reeditarse y engrosar lecturas eruditas en la esfera internacional? Quiz\u00e1 la narrativa de la Onda ha sufrido el mismo destino de esos gigantescos grupos musicales que, por alg\u00fan motivo m\u00edstico que escapa a mi entendimiento, no consiguen popularizarse fuera de su tierra. As\u00ed, la m\u00fasica de Man\u00e1 suena ahora mismo en una peluquer\u00eda desolada de Albacete, pero las canciones de Caifanes, coreadas entre l\u00e1grimas en el \u00faltimo Vive Latino, pocos las reconocen fuera de sus fronteras. Extremoduro es uno de los grupos de rock m\u00e1s venerados e idolatrados en tierras espa\u00f1olas, pero m\u00e1s all\u00e1 de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica nadie tiene idea de qui\u00e9nes son, mientras que en M\u00e9xico se abarrotan los conciertos de Hombres G. El Indio Solari es una m\u00edtica leyenda argentina cuyo nombre jam\u00e1s ha o\u00eddo el adolescente mexicano que pasa sus ratos libres rasgueando los cuatro acordes de \u201cDe m\u00fasica ligera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">C\u00e9lebres escritores como Villoro, Serna, Enrigue, Herbert, Vel\u00e1zquez, Melchor y Navarro defienden a capa y espada y promocionan cada que tienen oportunidad la literatura de Jos\u00e9 Agust\u00edn y la importancia de La Onda, pero ni <em>La tumba<\/em> ni <em>De perfil<\/em> ni <em>Se est\u00e1 haciendo tarde (final de la laguna)<\/em> ha impactado a los lectores internacionales de manera constante. \u00bfSer\u00e1 culpa de sus t\u00edtulos poco bestsellerosos? En su impresionante <em>Diccionario de autores Latinoamericanos<\/em>, en el que aparecen autores mexicanos extra\u00f1os, como Eraclio Zepeda o Jos\u00e9 Carlos Becerra, C\u00e9sar Aira ignora a conciencia toda la literatura de La Onda.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien cabe se\u00f1alar que Roberto Bola\u00f1o s\u00ed ley\u00f3, como cualquiera de su generaci\u00f3n en M\u00e9xico, a los novelistas de La Onda, en las escasas menciones en las que aludi\u00f3 a sus miembros parec\u00eda considerarlos de un bando muy diferente al suyo. As\u00ed, el simulacro de Carlos Monsiv\u00e1is que habla en <em>Los detectives salvajes<\/em> equipara a los real visceralistas con los escritores de La Onda desfavoreciendo a los primeros: \u201cEn alg\u00fan momento de debilidad (mental, supongo), me recordaron a Jos\u00e9 Agust\u00edn, a Gustavo Sainz, pero sin el talento de nuestros dos excepcionales novelistas, en realidad sin nada de nada, ni dinero para pagar los caf\u00e9s que nos tomamos (los tuve que pagar yo), ni argumentos de peso, ni originalidad en sus planteamientos\u201d (164). Aquello de la originalidad tambi\u00e9n lo suscribir\u00eda Carlos Vel\u00e1zquez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Parece que hay quienes no vislumbran que una de las claves de la cohesi\u00f3n polif\u00f3nica de <em>Los detectives salvajes<\/em> y su relevancia como artefacto par\u00f3dico \u2014lecci\u00f3n aprendida de <em>El Quijote<\/em>\u2014, es el recurso de la autoiron\u00eda con el que Bola\u00f1o satiriza su caleidoscopio de voces, as\u00ed como el rechazo al neologismo, al extranjerismo gratuito, a la mercadotecnia evanescente (no menciona marcas e inventa hasta su propio mezcal), a la intertextualidad cursi (nunca habr\u00e1 en Bola\u00f1o una cita musical de moda), y siempre basar\u00e1 sus modelos en estructuras impl\u00edcitas deudoras del enciclopedismo hibridando retratos reales e imaginarios. Sin embargo, es posible que Bola\u00f1o aprendiera much\u00edsimo de los probables deslices impulsivos de los autores de La Onda, as\u00ed como aprendi\u00f3 tiernamente de los errores de su propia generaci\u00f3n y de la verborreica inmediatez de su c\u00f3mplice, Mario Santiago.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cierto sentido, Mario Santiago es un eco biogr\u00e1fico de Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a, ambos encarnaron a la perfecci\u00f3n aquel verso de Gil de Biedma: \u201cYo cre\u00eda que quer\u00eda ser poeta, pero en el fondo quer\u00eda ser poema\u201d. Christopher Dom\u00ednguez Michael es sumamente duro, as\u00ed como lo fue Gabriel Zaid con Mario Santiago (2013), frente a una existencia literaria como la de Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La onda lleg\u00f3 m\u00e1s lejos en la figura de su <em>freak<\/em> inmolado por excelencia, Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a (1944-1982), escritor mediocre que, a la manera de sus abuelos decimon\u00f3nicos, hizo de la inmersi\u00f3n t\u00f3xica una coartada est\u00e9tica, esta vez en el marco de una cultura jipiteca que \u00e9l trat\u00f3 de estimular y que, si nos atenemos a sus \u00faltimos textos, supera en gemebundez y cursiler\u00eda a los m\u00e1s rosados exponentes del otro modernismo (50).<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creo que es injusto Dom\u00ednguez Michael \u2014si tenemos en cuenta cu\u00e1nto alab\u00f3 a otro joven autor malogrado como Jordi Garc\u00eda Bergua\u2014 con la necesidad de que estas figuras literarias que viven \u201csin tim\u00f3n y en el delirio\u201d existan en los cen\u00e1culos literarios; a veces a la sombra, a veces codo a codo, con los grandes escritores de su tiempo \u2014los que volvieron de la tormenta para relatarla\u2014, o como \u00e1ngeles ca\u00eddos de una generaci\u00f3n donde s\u00f3lo dejaron huella literaria los supervivientes. Si bien en M\u00e9xico ninguno de estos escritores mal(d)itos ha ostentado el prodigioso genio de Rimbaud o Lautr\u00e9amont \u2014poetas adolescentes que ardieron en las llamas de la alquimia verbal\u2014, s\u00ed los emulan en integridad, honestidad e inconformismo al encarar una pesquisa salvaje en las profundidades insondables de su furia po\u00e9tica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recordemos tambi\u00e9n que Garc\u00eda Salda\u00f1a en su libro <em>En la ruta de la Onda<\/em> (1972), volvi\u00f3 de la tormenta y reflexion\u00f3 l\u00facidamente, alcanzando verdaderas iluminaciones, sobre la doble moral de su generaci\u00f3n. El santo Kerouac que tanto idolatraron, indica Garc\u00eda Salda\u00f1a: \u201cacab\u00f3 declarando que, por negros, los blacks tienden al comunismo [\u2026] Como la mayor\u00eda de los onderos, Jack Kerouac siempre pens\u00f3 que los negros eran inferiores a los blancos y, como la mayor\u00eda de los onderos de los cincuenta, acab\u00f3 formando parte de la mayor\u00eda silenciosa\u201d (33). Tambi\u00e9n a su \u00eddolo Mick Jagger, del que hizo grandes traducciones que catalizan las tramas de <em>El rey criollo<\/em> y <em>Pasto verde<\/em>, acab\u00f3 renegando:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfNo sabr\u00e1 Mickey que los Hells Angels [guardaespaldas de The Rolling Stones] son financiados por organizaciones bellamente fascistas, como la John Birch Society? Tampoco estar\u00e1 enterado Micky The Jigger que antes del \u2018gran cambio\u2019 los Hells Angels eran contratados [\u2026] para romper huelgas y golpear a los primeros en manifestar su repudio a la Guerra de Vietnam? (23)<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lamentablemente, el exceso, adem\u00e1s de llevarnos a la sabidur\u00eda, tambi\u00e9n nos orilla a la sempiterna gloria del silencio. La noticia del fallecimiento de Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a, como buen terremoto, sacudi\u00f3 los medios mexicanos un 19 de septiembre, pero de 1982. Acierta Vel\u00e1zquez al identificar que su enemigo literario fue, como el de los infrarrealistas, el escritor Octavio Paz. Se dice que Parm\u00e9nides intent\u00f3 golpearlo por no incluir sus poemas en una antolog\u00eda de la revista <em>Plural <\/em>y Paz, como el presidente Pe\u00f1a Nieto, se tuvo que encerrar en un ba\u00f1o hasta que controlaron la amenaza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los escritores de La Onda fueron revueltistas por ideales y arreoleanos quiz\u00e1 por conveniencia. \u201cArreola\u201d, apunta Jos\u00e9 Agust\u00edn en <em>Los monstruos sagrados del cuento mexicano<\/em>, \u201ces de vital importancia [\u2026] representa en nuestra literatura la prosa manejada como poes\u00eda pero sin utilizar elementos po\u00e9ticos (y conste que Arreola es mucho mejor poeta que Torres Bodet, Octavio Paz y muchos otros bur\u00f3cratas de la poes\u00eda)\u201d (34). Sobre Rulfo, pese a que reconoc\u00edan sus m\u00e9ritos como cuentista \u2014\u201cprefiero mil veces sus cuentos a <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em>\u201d (35), apuntaba Jos\u00e9 Agust\u00edn\u2014, buscaron en sus inicios criticarlo en busca de exaltar su propia po\u00e9tica. Seg\u00fan Poniatowska, Juan Rulfo los odiaba: \u201c\u00a1Qu\u00e9 buena onda ni qu\u00e9 nada! \u2013apretaba Rulfo los labios sobre su cigarro. [\u2026] Hasta que dejen de pasar los b\u00fafalos voy a volver a escribir, declar\u00f3 en el Centro Mexicano de Escritores\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Agust\u00edn arremet\u00eda simp\u00e1ticamente contra el autor de <em>Pedro P\u00e1ramo<\/em> en uno que otro relato: \u201cAj, de lugarcomala a coloquial hay un abismo y yo permanezco en la orilla\u201d. El tequila barato que Rafael compra en <em>Se est\u00e1 haciendo tarde <\/em>para emborrachar a las gringas en Acapulco se llama \u201cTequila Ruco Rulfo, Sayula, Jalisco\u201d (46). De manera m\u00e1s reverencial, pero con igual distorsi\u00f3n, Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a evoca al personaje de Juan Sadito en <em>Pasto verde<\/em> como \u201cMiguel P\u00e1ramo. Revisitado aqu\u00ed en Nacolandia\u201d (40-41). Estas reverenciales burlas a Rulfo, aunque fueran ingenuas y simplistas, tal vez eran necesarias para una generaci\u00f3n que, antes de inventar algo nuevo, buscaba matar a un padre metaf\u00f3rico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tema de la todopoderosa figura paterna, motivo fundamental en la obra de Rulfo, tambi\u00e9n tiene un significado crucial en las novelas sesenteras de La Onda, pero el padre en novelas como <em>La tumba<\/em> o <em>Gazapo<\/em> aparece como un ente fantasmag\u00f3rico al cual los j\u00f3venes le cuestionan su hipocres\u00eda y le roban dinero para pagarse, parasitariamente, sus aventuras noct\u00e1mbulas. Las novelas de La Onda tambi\u00e9n fueron las primeras que retrataron las consecuencias del divorcio, tanto en <em>Gazapo<\/em> como en <em>La tumba<\/em> aparecen familias partidas de la clase media, casas divididas, y el tel\u00e9fono, la m\u00fasica, las tornamesas y el Sanborns de Lafragua 24 horas como refugios de una juventud abandonada. Cuentan que a la casa de la calle Taj\u00edn y Eje 5 donde viv\u00eda Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a sus padres le soldaron una reja enorme para que no se pudiera saltar a robarles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que nos orilla a una cuesti\u00f3n de suma importancia para las letras mexicanas: \u00bfLa Onda sigue vigente? \u00bfFue un grupo de j\u00f3venes superdotados o un mecanismo editorial para publicar po\u00e9ticas precoces? Pensemos que Bola\u00f1o es s\u00f3lo nueve a\u00f1os m\u00e1s joven que los autores de La Onda, pero \u00e9l tuvo mayores dificultades para publicar, por lo que su primer libro de narrativa apareci\u00f3 hasta la d\u00e9cada de los noventa cuando ya era cuarent\u00f3n, y no a los veinte, cuando publicaron por primera vez los escritores de La Onda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juli\u00e1n Herbert se pregunta al respecto: \u201c\u00bfEs la precocidad una aspiraci\u00f3n a la que hemos renunciado como civilizaci\u00f3n, ahora que la vida dura mucho y el dinero poco? Me temo que est\u00e1 ser\u00e1 una de las preguntas que atormenten mi vejez rodeada de <em>adolescentes<\/em> clasemedieros de entre treinta y cuarenta a\u00f1os\u201d (221). Brenda Navarro, por su parte, considera en la edici\u00f3n conmemorativa de <em>La Tumba<\/em> que el esp\u00edritu del \u201cc\u00f3dice agustiniano\u201d, como dir\u00eda Enrique Serna, gan\u00f3 en su apuesta est\u00e9tica porque su lenguaje hoy en d\u00eda nos habita. \u201c\u00bfQu\u00e9 puede molestar m\u00e1s a las estructuras pol\u00edticas que la b\u00fasqueda del gozo inmediato y a la vez la fagocitaci\u00f3n al vivirlo todo de forma simult\u00e1nea?\u201d, interroga Navarro, a lo que el mismo Garc\u00eda Salda\u00f1a podr\u00eda contestarle de manera pesimista, pues en sus textos ensay\u00edsticos, los autores de La Onda ya intu\u00edan con aguda y penetrante auto-cr\u00edtica, basados en Marx, que el hipismo y sus secuelas ond\u00edsticas tropicales no eran m\u00e1s que revoluciones burguesas de corto alcance; ardides publicitarios de m\u00e1xima efusi\u00f3n que posteriormente derivar\u00edan en una oscura etapa de depresi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los onderos eran cr\u00edticos con los \u201cf\u00e9tidos humores\u201d de las clases medias a las que pertenec\u00edan, y por eso conoc\u00edan bien su doble cara, su farise\u00edsmo revolucionario, su incapacidad de comprometerse hasta el final con ninguna causa. Garc\u00eda Salda\u00f1a, mientras dialogaba y traduc\u00eda las letras de The Rolling Stones, abominaba a Mick Jagger y su gatopardismo rocanrolero, cuya revoluci\u00f3n estaba comprometida econ\u00f3micamente con el mercado. De todos los \u00eddolos musicales de su juventud, s\u00f3lo salvaba el compromiso est\u00e9tico e inclasificable de Dylan: \u201c\u2026el \u00fanico gur\u00fa que rechaz\u00f3 ser gur\u00fa, fue el \u00fanico que no quiso aceptar el papel de h\u00e9roe en la farsa (66).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo cierto es que, en la actualidad, la palabra onda ya no tiene onda ni ahonda (perdonen el calambur) en ning\u00fan significado subversivo. El estado de Flow y el YOLO (mero actualizaci\u00f3n del <em>Carpe Diem<\/em> de Horacio), que ya me suenan a antiguallas, sustituyeron a esas actitudes entusiastas de la juventud del siglo XXI.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPero qu\u00e9 es el Flow sino un mero conformismo? El Flow tambi\u00e9n hace referencia simb\u00f3lica al fen\u00f3meno acu\u00e1tico que la onda ya pose\u00eda, es un movimiento incesante, ya sea siguiendo la corriente o buscando la ondulaci\u00f3n de sus c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, cuyo ritmo hay que acompasar al paso del tiempo para tener la sensaci\u00f3n de pertenencia al presente y que se establezca un canal de di\u00e1logo con nuestra propia era. Queremos demostrar que escuchamos las claves externas del mundo cambiante sin perder la sensaci\u00f3n de que el mundo escucha a su vez los cambios constantes de nuestro mundo interior.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es una cuesti\u00f3n de impacto social, pero si bien La Onda pretend\u00eda rebelarse y expandir las puertas de la percepci\u00f3n, el Flow busca seguir al pie de la letra las normas que se mueven rastreando secretos intr\u00ednsecos para acomodarse con el mejor postor, dejarse llevar, encontrar el supuesto tren de pensamiento, el clic de Foster Wallace, muy diferente al clic de Jos\u00e9 Agust\u00edn, que nos exponga creativos y falsamente liberados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A nivel estil\u00edstico, La Onda jugaba a fracturar el lenguaje; su biling\u00fcismo nunca los apres\u00f3 en una pobreza del idioma. \u201cJos\u00e9 Agust\u00edn\u201d, indica Villoro, \u201cno es un taqu\u00edgrafo del habla, es el inventor de nuestro idioma\u201d. El Flow, en cambio, busca el tono m\u00e1s adecuado para que la vida se desarrolle mel\u00f3dicamente en un canal de significados r\u00edtmicos. La Onda heroizaba el tiempo presente como una verdad \u00e9pica, sus obras demuestran, como indicar\u00eda Villoro que \u201cen las circunstancias m\u00e1s comunes el hombre puede encontrar un contacto con lo sagrado\u201d; el Flow desprecia el presente, pero lo consume con voracidad en modas por temor a que se le escape.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La perrita Suzy de la entonces octogenaria vecina de mi madre se pasear\u00eda ahora por los pasillos del Multifamiiar Miguel Alem\u00e1n y no encontrar\u00eda m\u00e1s que j\u00f3venes idiotizados por sus tel\u00e9fonos repitiendo un pobre idioma algor\u00edtmico que les ayude a ser tendencia y destacar entre la aprobaci\u00f3n cuantificada de pulgares arriba y corazoncitos. A diferencia de Brenda Navarro, no creo que Jos\u00e9 Agust\u00edn haya ganado nada. \u00bfEn qu\u00e9 se parecen los j\u00f3venes escritores rellenadores de formatos de becas de la actualidad el aullido metaling\u00fc\u00edstico de Jos\u00e9 Agust\u00edn? Jos\u00e9 Agust\u00edn, quien pas\u00f3 siete meses en la c\u00e1rcel de Lecumberri, comprendi\u00f3 a tiempo la tremenda carga negativa que implica una literatura en complicidad con el Estado: \u201cNinguno de los libros de Agust\u00edn\u201d, dice Carlos Vel\u00e1zquez, \u201ccontiene la leyenda de que ha sido escrito con el apoyo del Estado. Lo que seguro lo hace sentir orgulloso\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy camino por las calles tan cambiadas de las colonias Del Valle y Narvarte y siento que en ellas ya no existe el esp\u00edritu de la Onda. S\u00f3lo evoco su recuerdo en mis lecturas y en las legendarias an\u00e9cdotas sesenteras de mis padres. En V\u00e9rtiz recuerdo el departamento de Gerardo de la Torre, el m\u00e1s proletario de los onderos, donde siempre que se emborrachaba me regalaba alguno de sus invaluables libros porque, seg\u00fan dec\u00eda, \u201ccon el tiempo que le quedaba ya nunca los iba a releer\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Multifamiliar Miguel Alem\u00e1n (que los que somos de ah\u00ed le decimos Multi y no CUPA, como le informa a los gentrificadores Gustavo S\u00e1inz desde 1965), evoco el genial episodio de <em>Gazapo<\/em> en el que el militar casado con la amante de Vulbo desenvaina un sable para vengar la infidelidad de su amada N\u00e1car y sale toda la gente del Multi a madre\u00e1rselo. Despu\u00e9s de esa perturbadora escena, a Vulbo, como a m\u00ed ahora: \u201cLas calles se le hicieron misteriosas y el edificio del Multifamiliar le pareci\u00f3 de pronto oscuro\u201d (114).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima vez que vi a Gustavo Sainz fue en la Feria del Libro de Coahuila, reci\u00e9n hab\u00eda ganado un premio de novela en Italia y una detestable funcionaria p\u00fablica no le hizo el menor caso hasta que menciono el premio y ella le insisti\u00f3 vulgarmente una y otra vez que revelara cu\u00e1nto dinero le iban a dar. \u00a1Diez mil euros!, dijo por fin ante la insistencia y la sala se llen\u00f3 de aplausos. Supe que despu\u00e9s que en sus \u00faltimos a\u00f1os quiso donar al estado de Coahuila el acervo de m\u00e1s de 75\u2002000 libros que ten\u00eda en su biblioteca y, como siempre, lo anunciaron como un gran hito en todos los peri\u00f3dicos y luego esos libros desaparecieron.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>De esa \u00e9poca conservo algunas fotograf\u00edas<\/em>, recuerdos inventados por mis lecturas. Algunas todav\u00eda intemporales, como las mejores descripciones de Jos\u00e9 Agust\u00edn sobre el transporte mexicano:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Chofer con gorrita a cuadros, la cabeza de un ni\u00f1o de pl\u00e1stico incrustada en la palanca de velocidades, diecisiete estampitas de v\u00edrgenes con ni\u00f1osjesuses y sin ellos, visite la Bas\u00edlica de Guadalupe cuando venga a las olimpiadas, Prot\u00e9geme santo patrono de los choferes, C\u00f3mo le tupe la Lupe; calcoman\u00edas del Am\u00e9rica Am\u00e9rica ra ra ra, ch\u00e9vrolet 1949\u201d.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otras han desparecido, pero, pese a la metamorfosis de la ciudad, hay estampas narrativas que se niegan a fugarse de mi memoria. \u201cEs cierto que para los tiempos en los que Jos\u00e9 Agust\u00edn empez\u00f3 a publicar\u201d, apunta \u00c1lvaro Enrigue en su pr\u00f3logo a esa magn\u00edfica novela de madurez que es <em>Ciudades desiertas<\/em> (1982), \u201cRulfo ya hab\u00eda descubierto la dicci\u00f3n vern\u00e1cula del occidente del pa\u00eds y que Revueltas hab\u00eda contado la vida de los oprimidos en lengua carcelaria. Fuentes hab\u00eda reproducido hablas populares, pero m\u00e1s bien desde un punto de vista arqueol\u00f3gico y Josefina Vicens hab\u00eda permitido el ingreso de las idiosincrasias de la clase media urbana al discurso literario. [\u2026] A Jos\u00e9 Agust\u00edn le toc\u00f3 capitalizar, y lo hizo mejor que nadie, las libertades ganadas por estos autores. Invirti\u00f3 la fibra de su estilo en el pulso del habla y al hacerlo nos entreg\u00f3 un don raro y luminoso: la libertad de escribir como se nos d\u00e9 la gana (14).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa libertad fue una herencia para las siguientes generaciones de escritores, pero tambi\u00e9n para algunos autores ya consagrados que encontraron en los hallazgos verbales de Jos\u00e9 Agust\u00edn una f\u00f3rmula para emancipar sus propias po\u00e9ticas. Lo refrenda Enrique Serna: \u201cSu huella se nota en lo bueno, lo regular y lo malo de la narrativa contempor\u00e1nea y hasta en escritores anteriores a \u00e9l, como Carlos Fuentes, que en algunos pasajes de <em>Crist\u00f3bal Nonato<\/em> \u201cagustinea\u201d a tontas y locas (209). \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda el M\u00e9xico contempor\u00e1neo sin los narradores de La Onda? \u00bfC\u00f3mo ser\u00eda nuestra literatura?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el parque hundido me encuentro a Tantadel, en cualquier Sanborns veo a Menelao seduciendo a Gisela con una grabadora en la mano, en los bares de mala muerte me atormenta un insoportable Epicuro pregunt\u00e1ndome si ya le\u00ed a Pancho Kafka; siempre que paso por los caldos de gallina de Avenida Universidad y Parroquia me es imposible no proyectar la versi\u00f3n mexicanizada de Oliveira y la lectora de dedos Requelle ri\u00e9ndose mientras \u201ccomen unos caldos de pollo con inevitables sopes de pechuga\u201d. La gente sigue comi\u00e9ndoselos igual, pero ya nadie me los antoja con tanta gracia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agust\u00edn, Jos\u00e9, <em>La tumba<\/em>, pr\u00f3l. de Brenda Navarro, M\u00e9xico, Penguin Random House, 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">_______, <em>De perfil<\/em>, M\u00e9xico, SEP, Lecturas Mexicanas, 1985.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">_______, <em>Se est\u00e1 haciendo tarde (final en laguna)<\/em>, M\u00e9xico, Joaqu\u00edn M\u00f3rtiz, 1977.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">_______, <em>Ciudades desiertas<\/em>, pr\u00f3l.. de \u00c1lvaro Enrigue, M\u00e9xico, Debolsillo, 2022.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">_______, \u201c<em>Los monstruos sagrados del cuento mexicano\u201d<\/em>, M\u00e9xico, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, UNAM, 1969, pp 31-35. <a href=\"https:\/\/repositorio.unam.mx\/contenidos\/5053860\">https:\/\/repositorio.unam.mx\/contenidos\/5053860<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Avil\u00e9s Fabila, Ren\u00e9, <em>Tantadel. La canci\u00f3n de Odette<\/em>. M\u00e9xico, SEP, Lecturas Mexicanas,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1982.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Benjamin, Walter, <em>El libro de los Pasajes<\/em>, traducci\u00f3n espa\u00f1ola de Rolf Tiedmann, Madrid, Akal, 2016.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dom\u00ednguez Michael, Christopher, <em>Antolog\u00eda de la narrativa mexicana del siglo XX II<\/em>,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1996.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garc\u00eda Salda\u00f1a, Parm\u00e9nides, <em>Pasto verde<\/em>. M\u00e9xico, Viceversa, 2015.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Garc\u00eda Salda\u00f1a, Parm\u00e9nides, <em>En la ruta de la onda<\/em>, M\u00e9xico, JUS, 2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Herbert, Juli\u00e1n, \u201cEl rock de la c\u00e1rcel\u201d, <em>Overol. Apuntes sobre narrativa mexicana reciente<\/em>,&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e9xico, Penguin Random House, 2024.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poniatowska, Elena, \u201cUn recuerdo de Jos\u00e9 Agust\u00edn\u201d, en <em>La Jornada<\/em>, 21 ene. 2024. <a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/2024\/01\/21\/opinion\/a05a1cul\">https:\/\/www.jornada.com.mx\/2024\/01\/21\/opinion\/a05a1cul<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sainz, Gustavo, <em>Gazapo<\/em>, M\u00e9xico, Joaqu\u00edn Mortiz, 1965.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Serna, Enrique, \u201cC\u00f3dice agustiniano\u201d, <em>Las caricaturas me hacen re\u00edr<\/em>, M\u00e9xico: Terracota, 2020.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Villoro, Juan, <em>50 a\u00f1os de<\/em> <em>Perfil<\/em> <em>Jos\u00e9 Agust\u00edn<\/em>, YouTube, subido por Mauricio C. Guzm\u00e1n, 25&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">abril 2020, <a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=x3xu9Yb2MDw\">https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=x3xu9Yb2MDw<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Zaid, Gabriel, \u201cNo me rescates, compadre\u201d, <em>Letras Libres<\/em>, octubre de 2013, pp. 58-61. <a href=\"https:\/\/letraslibres.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/zaid.pdf\">https:\/\/letraslibres.com\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/zaid.pdf<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfTe acuerdas cuando t\u00fa y yo \u00e9ramos la onda?&nbsp; Parm\u00e9nides Garc\u00eda Salda\u00f1a Me cuenta mi madre que, en el Multifamiliar Miguel Alem\u00e1n, a finales de los a\u00f1os sesenta, una vecina muy viejita paseaba a su perrita Suzy por los pasillos del cuarto piso. 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Estudi\u00f3 la carrera de Letras Hisp\u00e1nicas en la UNAM, la maestr\u00eda en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Ha publicado los libros <em>Los designios del imaginero<\/em> (2012) y <em>Agenbite of inwit<\/em> (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela \u201cJos\u00e9 Revueltas\u201d por <em>Nuestro mismo idioma<\/em> (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento \u201cJulio Torri\u201d 2019 por <em>Son\u00e1mbulos<\/em>. En 2023 public\u00f3 su tercera novela <em>Mundo anclado<\/em> (NitroPress, pr\u00f3logo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antolog\u00edas como <em>Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia<\/em> (FCE, 2021) y <em>La lectura al centro: 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/em> (UNAM, 2022), as\u00ed como en la revista <em>Quimera, Barcarola, El Universal, Exc\u00e9lsior,Tierra Adentro y Luvina<\/em>. Como editor ha elaborado las antolog\u00edas narrativas <em>Lo fant\u00e1stico no existe<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2020), <em>De narcos a luchadores<\/em> (Contrabando, 2019) y <em>El misterio de los seres espaciales<\/em> (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores. 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