{"id":57247,"date":"2025-11-10T07:00:00","date_gmt":"2025-11-10T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57247"},"modified":"2026-03-04T14:12:39","modified_gmt":"2026-03-04T20:12:39","slug":"la-virtud-de-la-impostura-100-anos-de-los-monederos-falsos-de-andre-gide","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57247","title":{"rendered":"La virtud de la impostura: <small>100 a\u00f1os de <em>Los monederos falsos<\/em> de Andr\u00e9 Gide <\/small>"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La literatura, en su esencia m\u00e1s pura, es en s\u00ed un acto de falsificaci\u00f3n. Nos brinda mundos alternativos y acceso a otras realidades que, a trav\u00e9s de la alquimia de las palabras, se convierten en reflejos pr\u00edstinos de la verdad, pues ya se ha dicho que la literatura es decir la verdad a trav\u00e9s de la mentira, o si se quiere, mediante la ficci\u00f3n. Es en este terreno l\u00fadico lleno de claroscuros donde se inscribe <em>Los monederos falsos<\/em> de Andr\u00e9 Gide, una novela que no solo narra la falsificaci\u00f3n del dinero, sino la falsificaci\u00f3n de la vida, del arte y de los valores morales al uso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Publicada en Francia en 1925, esta novela de Gide desaf\u00eda las estructuras narrativas tradicionales. No ofrece un relato lineal ni una an\u00e9cdota con una perspectiva \u00fanica, siendo m\u00e1s bien una novela r\u00edo que elabora un universo de ficci\u00f3n realista lleno de matices. En vez de seguir una corriente narrativa m\u00e1s naturalista, el autor teje un complejo entramado de personajes y situaciones que se imbrican entre s\u00ed, se intersectan y se superponen, como si la propia narraci\u00f3n imitara el caos y la fragmentaci\u00f3n de la existencia humana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ambientada en el Par\u00eds de entreguerras, la trama nos presenta a un grupo de j\u00f3venes que se debate entre la rebeld\u00eda, la inseguridad y el deseo de autenticidad, mientras la red invisible \u2014pero rigurosa\u2014 de las convenciones sociales y morales de su tiempo los mantiene atrapados. El protagonista Bernard Profitendieu, al descubrir que es hijo ileg\u00edtimo, huye de casa en busca de una vida m\u00e1s genuina. Su amigo Olivier Molinier, m\u00e1s reservado y fr\u00e1gil, vive bajo la sombra de su familia y de una rigidez que le impide ser plenamente \u00e9l mismo. Entre ellos se mueve Edouard, escritor, testigo y alter ego de Gide, cuya mirada es tan tierna como implacable, mientras intenta dar forma a una novela que refleje la complejidad de la existencia. Dicha novela tambi\u00e9n se llama <em>Los monederos falsos<\/em> (la metaficci\u00f3n y el homoerotismo son bienvenidos entre sus p\u00e1ginas).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia no se limita solo a eso. El villano Strouvilhou subrepticiamente organiza una red de falsificadores de moneda que involucra a los protagonistas, llevando el simbolismo de la novela al l\u00edmite, pues en un \u00e1mbito social donde predominan las apariencias, todos terminan siendo, de una u otra manera, monederos falsos. A trav\u00e9s de una estructura polif\u00f3nica y de personajes tan ambiguos como reales, Andr\u00e9 Gide firma una novela que, en su centenario, sigue cuestionando conceptos como la verdad, el deseo, la moralidad y lo que es aut\u00e9ntico. En pocas palabras, reflexiones tan necesarias ahora como lo fueron hace cien a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Los monederos falsos<\/em> es una novela dentro de una novela, un relato que se desdobla y se examina a s\u00ed mismo, una obra que se interroga sobre su propia naturaleza mientras nos sumerge en la vida de Edouard, Bernard, Olivier y otros tantos personajes, tan numerosos que su lectura exige una atenci\u00f3n profunda y memoriosa. Y es que los personajes de Gide nunca son completamente buenos o malos. Todos son, de alguna manera, falsificadores de s\u00ed mismos: de monedas, de afectos, de roles familiares o de valores morales. Su ambig\u00fcedad es una de las mayores virtudes literarias de la obra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otro lado, la estructura fragmentaria de la novela no es un mero capricho formal, ya que obedece a la voluntad de Gide, en tanto demiurgo y autor total, de reflejar la dispersi\u00f3n y la multiplicidad de la vida moderna. Como se\u00f1ala Edouard en su diario: &#8220;Lo que me preocupa es encontrar la estructura que d\u00e9 cuenta de la confusi\u00f3n misma de la existencia, de su movilidad perpetua&#8221;. Este recurso, que rompe con la narrativa convencional, permite que las voces y perspectivas de los personajes dialoguen entre s\u00ed y con el lector, cuestionando continuamente la estabilidad del relato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta preocupaci\u00f3n estructural entronca directamente con la est\u00e9tica modernista de la \u00e9poca, en la que obras como <em>Ulises<\/em> de James Joyce (1922) o la \u201csaga\u201d <em>En busca del tiempo perdido<\/em> de Marcel Proust (1913-1927) exploraban igualmente la fragmentaci\u00f3n, la multiplicidad de perspectivas y la autorreflexi\u00f3n. Gide comparte con estos autores la b\u00fasqueda de una estructura que imite la complejidad y la anarqu\u00eda de la vida interior o del mundo intimista de sus personajes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No obstante, no quisiera que <em>Los monederos falsos<\/em> se percibiera como un libro que es pura forma sin fondo, pues es una obra radical debido a los temas que aborda y c\u00f3mo los aborda, ya que no solo se trata de la falsificaci\u00f3n de monedas como eje dram\u00e1tico, sino de las emociones, las identidades y las relaciones humanas. Bernard, Olivier, Laura o Edouard habitan una sociedad burguesa que impone normas que ellos aprenden a copiar, falsear y manipular. En su est\u00e9tica discursiva velada pero poderosa, la novela retrata el \u201cdoble sentido\u201d de las relaciones afectivas y sexuales, en especial cuando se refiere a la tensi\u00f3n homoer\u00f3tica entre Edouard y Olivier: &#8220;El cari\u00f1o que le profeso es tanto m\u00e1s profundo cuanto menos lo exhibo; cuanto menos \u00e9l mismo parece advertirlo&#8221;. Esta sensibilidad es una forma delicada de representar el deseo, esas ansias de un amor que no tiene nombre, dentro y fuera de los m\u00e1rgenes sociales de principios del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su \u00e9poca, <em>Los monederos falsos<\/em> tuvo una recepci\u00f3n ba\u00f1ada de escepticismo por parte de ciertos sectores de la cr\u00edtica, que crey\u00f3 ver en su complejidad formal y en su ambig\u00fcedad moral una obra inclasificable e, incluso, poco digerible. Afortunadamente, otros lectores atentos como Jean Paulhan o Val\u00e9ry Larbaud vislumbraron su potencial renovador y disruptivo. No fue sino hasta despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, con la emergencia de las vanguardias narrativas francesas y la consolidaci\u00f3n del <em>nouveau roman<\/em>, cuando la cr\u00edtica reconoci\u00f3 en Gide a un genio adelantado a su tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo consigue a tal grado, que en el centenario de su publicaci\u00f3n la audaz apuesta narrativa de Gide ha llevado a <em>Los monederos falsos<\/em> a ser considerada como una obra precursora del <em>nouveau roman<\/em> franc\u00e9s de mediados del siglo XX. Autores como Alain Robbe-Grillet (<em>La celos\u00eda<\/em>, 1957), Nathalie Sarraute (<em>El planetarium<\/em>, 1959) o Michel Butor (<em>La modificaci\u00f3n<\/em>, 1957) emular\u00e1n esa intenci\u00f3n de ahondar en la estructura novel\u00edstica propia de la novela moderna, eliminando la psicolog\u00eda tradicional y utilizando una narrativa fragmentaria, al tiempo que se increpan las m\u00e1s socorridas nociones de personaje, trama y narrador. Gide, sin propon\u00e9rselo expl\u00edcitamente \u2014o tal vez s\u00ed\u2014, se adelanta a muchos de los recursos que la <em>nueva novela<\/em> implementar\u00e1 d\u00e9cadas despu\u00e9s, como la <em>mise en abyme<\/em> (puesta en abismo), los argumentos desarticulados y los finales abiertos, tan solo por mencionar algunos de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La novela fue entonces revalorada por su capacidad de cuestionar las convenciones de la narraci\u00f3n realista, por introducir de forma pionera la autorreflexi\u00f3n narrativa y por presentar una galer\u00eda de personajes marcados por la incertidumbre y la ambig\u00fcedad, anticip\u00e1ndose a la angustia existencialista y a la est\u00e9tica del desencanto que se impondr\u00eda en la segunda mitad del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el 2025 que se cumple el centenario de la publicaci\u00f3n de <em>Los monederos falsos<\/em>, hay que decirlo, su pertinencia en el panorama literario no solo se mantiene vigente, sino que incluso evoca relecturas y otras resonancias a partir de la \u00f3ptica contempor\u00e1nea. Sobre todo, en el siglo XXI en donde las nociones de verdad, identidad y moralidad son constantemente cuestionadas y revisadas \u2014casi a cada segundo\u2014, el trabajo de Gide se erige como plenamente actual. Sus comentarios sobre la falsificaci\u00f3n \u2014tanto material como afectiva, social y art\u00edstica\u2014 arrojan luz sobre una variopinta cantidad de problem\u00e1ticas del presente, en especial en cuanto a la conformaci\u00f3n de las identidades del ser humano y en c\u00f3mo elaboramos nuestros discursos y di\u00e1logos en torno al concepto de lo verdadero.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En plena era de la posverdad y las <em>fake news<\/em>, de las relaciones e identidades l\u00edquidas y de la multiplicaci\u00f3n de narrativas en redes sociales, la novela adquiere una importancia m\u00e1s pertinente que nunca, tal vez a\u00fan mayor que en su propia era. Tal parece que Gide intuy\u00f3 que lo que llamamos realidad, en lugar de ser una certeza o un hecho comprobable, es un constructo subjetivo, variable y siempre susceptible de ser manipulado o tergiversado. No existe ya lo verdadero, sino una verdad en constante transformaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dejando las anteriores consideraciones aparte, lo cierto es que la novela sigue influyendo en los autores contempor\u00e1neos que, como en su momento lo hicieron los escritores del <em>nouveau roman<\/em>, hallan alg\u00fan asidero en la obra de Gide, en tanto que seduce a repensar las estructuras narrativas. Autores como Enrique Vila-Matas, Ricardo Piglia o m\u00e1s recientemente la canadiense Rachel Cusk, revuelven y reelaboran los principios novel\u00edsticos, recreando a su manera todas las posibilidades desplegadas en <em>Los monederos falsos<\/em> y perfeccionados por la <em>nouveau roman<\/em>: la fragmentaci\u00f3n, la ambig\u00fcedad moral, la autorreflexi\u00f3n y, por qu\u00e9 no expresarlo, la hoy tan manida autoficci\u00f3n literaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A un siglo de su aparici\u00f3n, hoy en d\u00eda a <em>Los monederos falsos<\/em> y a Gide se le podr\u00edan endilgar etiquetas dignas del <em>marketing<\/em> editorial, pero no por ello menos ciertas: un aut\u00e9ntico cl\u00e1sico moderno, una obra que debe ser le\u00edda como un libro adelantado a su tiempo, una novela irreverente que sigue provocando al lector e incit\u00e1ndolo a desconfiar de toda verdad, pues todo lo s\u00f3lido se desvanece en el aire y el mundo es una representaci\u00f3n que se pretende verista sin serlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, la figura de Andr\u00e9 Gide, ganador del Nobel de Literatura en 1947, es un referente ineludible para acercarse a la narrativa moderna o contempor\u00e1nea. Sin \u00e9l y su cuerpo de obra no se podr\u00edan entender las corrientes m\u00e1s <em>avant garde<\/em> de nuestra era. Como autor y homosexual confeso, fue un hombre fuera de su tiempo (conoci\u00f3 a Oscar Wilde ya ca\u00eddo en desgracia y escribi\u00f3 un op\u00fasculo biogr\u00e1fico sobre \u00e9l, pero esa es otra historia). Su anhelo disruptivo de provocar y socavar el <em>statu quo<\/em> de la moralidad burguesa, las convenciones art\u00edsticas y las hipocres\u00edas sociales, le granje\u00f3 una posici\u00f3n ambivalente, a caballo entre el respeto, la admiraci\u00f3n y el desprecio dentro del canon de letras europeo. El paso de los a\u00f1os habr\u00eda de hacerle justicia, pues en el presente su obra es objeto de lectura y an\u00e1lisis en universidades de todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su radio de influencia no fue \u00fanicamente en el de la literatura franc\u00f3fila, sino tambi\u00e9n en corrientes como la del llamado &#8220;boom latinoamericano&#8221;, como tambi\u00e9n dentro de la autoficci\u00f3n contempor\u00e1nea y otras tantas escrituras experimentales de los mercados anglosajones. <em>Los monederos falsos<\/em> es le\u00edda hoy no como una obra aislada, sino como el eslab\u00f3n perdido y la clave gen\u00e9tica del paso evolutivo entre la novela psicol\u00f3gica cl\u00e1sica y la novela moderna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez por ello <em>Los monederos falsos<\/em> contin\u00faa atrayendo al lector posmoderno: porque nos recuerda que la literatura, como la vida, no ofrece respuestas definitivas, sino preguntas inc\u00f3modas y verdades siempre provisionales. En ese sentido, Andr\u00e9 Gide nos leg\u00f3 una novela que dialoga mejor con nuestro presente que con su propia \u00e9poca. El centenario de este texto seminal no es solo la celebraci\u00f3n de una pieza maestra del modernismo literario, sino el espejo roto que nos indica que, al igual que sus personajes, seguimos siendo fabricantes de relatos que buscan, sin encontrarla, una verdad imposible e inexistente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La literatura, en su esencia m\u00e1s pura, es en s\u00ed un acto de falsificaci\u00f3n. Nos brinda mundos alternativos y acceso a otras realidades que, a trav\u00e9s de la alquimia de las palabras, se convierten en reflejos pr\u00edstinos de la verdad, pues ya se ha dicho que la literatura es decir la verdad a trav\u00e9s de &#8230; <a title=\"La virtud de la impostura: 100 a\u00f1os de Los monederos falsos de Andr\u00e9 Gide \" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57247\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre La virtud de la impostura: 100 a\u00f1os de Los monederos falsos de Andr\u00e9 Gide \">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":58570,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[72,141,2253,405,2715,180,2716,2717,427],"ppma_author":[2886],"class_list":["post-57247","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-ensayo","tag-fake-news","tag-francia","tag-literatura","tag-modernismo","tag-novela","tag-nueva-novela","tag-paris","tag-siglo-xx","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2886,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"ricardo-e-tatto","display_name":"Ricardo E. Tatto","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"(M\u00e9rida, 1984). Licenciado en comunicaci\u00f3n por la Universidad Modelo y egresado de la Maestr\u00eda en Arte de la UNAY. Periodista y promotor cultural, editor, ensayista y narrador, su trabajo se ha publicado en peri\u00f3dicos, revistas y en libros de su autor\u00eda como Tercera llamada, Cuentos, minificciones y aforismos del descaro (Libros en Red) y Yucat\u00e1n en Letra Joven (PACMYC), etc.  Ha sido cuatro veces ganador del Fondo Editorial del Ayuntamiento de M\u00e9rida, recientemente con dos libros de ensayo: <em>Universo de Juan Garc\u00eda Ponce<\/em> (Libros del Marqu\u00e9s) y <em>Bestiario del bibli\u00f3filo<\/em> (Nitro Press) . Actualmente es presidente de la Red Literaria del Sureste y director de la revista Soma, Arte y Cultura."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57247","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57247"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57247\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":58581,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57247\/revisions\/58581"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/58570"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57247"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57247"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57247"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=57247"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}