{"id":57123,"date":"2025-08-26T07:00:00","date_gmt":"2025-08-26T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56907"},"modified":"2026-09-25T12:39:59","modified_gmt":"2026-09-25T18:39:59","slug":"piel-de-onza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57123","title":{"rendered":"Piel de Onza\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El silencio era un pu\u00f1al que laceraba la garganta del jefe de tropa, ese que arrastraba a Cecilia hasta el improvisado cadalso levantado en los Zunzunes. Mi&nbsp;bisabuela Ramona los vio pasar, la despert\u00f3 el griter\u00edo de su familia. Al asomarse a la ventana, pudo ver la silueta de una joven delgada, de largo cabello casta\u00f1o oscuro. Iba con las manos atadas a la espalda. Vest\u00eda una ambarina saya vaporosa, que semejaba una llamarada ardiendo entre las sombras furtivas de los militares.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella ni\u00f1a que era Ramona, sinti\u00f3 un fr\u00edo anudado en el pecho. Se aferr\u00f3 a la falda de Ma\u00edta Rosa, que gritaba:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Es la ni\u00f1a Cecilia!, \u00a1d\u00e9jenla ir, co\u00f1os de madre!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mam\u00e1 Ramona se acord\u00f3 cuando aquella joven lleg\u00f3 una tarde a su casa con una canasta llena de pan y leche que compartieron entre risas. Aquel d\u00eda la ni\u00f1a Cecilia le mostr\u00f3 un inesperado regalo, una mu\u00f1eca de trapo que dorm\u00eda dentro de una cesta, vestida con volantes azules y cintas de colores. Tambi\u00e9n llev\u00f3 presentes a Ma\u00edta Rosa, quien hab\u00eda sido la m\u00e1s querida de las nanas de los Mujica. Entre los regalos, dej\u00f3 una patriota escarapela tricolor que a\u00fan colgaba, deste\u00f1ida, en el patio de la casa materna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Todos hablaban de la muerte de Cecilia, pero nadie supo lo que vi\u2014, le confes\u00f3 a Mam\u00e1 Ramona, aquel desdichado oficial, m\u00e1s de treinta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando a ella le toc\u00f3 trabajar limpiando casas en el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gente dec\u00eda que aquel hombre hab\u00eda enloquecido tras aquella cruel madrugada de 1814. Desde entonces pasaba los d\u00edas rondando el zagu\u00e1n de su propia casa, hablando de forma incesante consigo mismo. A veces arrojaba algunas palabras azarosas a los transe\u00fantes y luego volv\u00eda a sus hondos delirios sobre espantos, desandando entre los escombros de la ciudad del Fuerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella lo encontr\u00f3 una tarde, arrellanado en su poltrona escarlata, con el cuerpo recostado hacia atr\u00e1s, apoyado en la cabecera de aquel mueble polvoriento. Sufr\u00eda una terrible fiebre que arrastraba desde hac\u00eda varios d\u00edas. Le temblaban las manos y murmuraba unas incomprensibles letan\u00edas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estaba como ido, con los ojos hundidos hacia el cuerpo verde del cerro que abraza el valle. Era como si buscara algo en aquella morada donde se contaba sobre extra\u00f1as apariciones\u00a0de Mar\u00eda de la Onza; la enigm\u00e1tica India Jirajara, envuelta entre historias de alzamientos como la de Miguel, el cimarr\u00f3n de Bur\u00eda y tantos otros cuentos de pasos sin cuerpo que se o\u00edan trajinando los corredores naturales y sobre todo en los bordes de las quebradas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mam\u00e1 Ramona sab\u00eda que aquellos parajes serv\u00edan de refugio a los patriotas, quienes se escond\u00edan en las laderas. Alguna vez escuch\u00f3 a Ma\u00edta Rosa decir que se proteg\u00edan usando contras, collares de pepa de zamuro y ciertos <em>ensalmes<\/em> de plantas amargas. A seg\u00fan, eso alejaba los ojos de los animales del monte, como las escurridizas onzas, que por entonces se agitaban entre las sendas boscosas como inquietas centellas rojas. Trepaban el ramaje de los \u00e1rboles y se abalanzaban sobre las lapas y b\u00e1quiros. M\u00e1s de uno hab\u00eda o\u00eddo de los encuentros temibles con aquellas fieras, por eso los soldados rondaban con recelo la zona, con el miedo clavado en cada cruce de caminos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viejo oficial le hab\u00eda tomado cari\u00f1o a Mam\u00e1 Ramona; quiz\u00e1 le gustaba, porque ella me cont\u00f3 que muchas veces el anciano la miraba con una extra\u00f1a ternura, cuando ella lavaba su ropa y sobre todo cuando le daba su dulce caf\u00e9 amargo de media ma\u00f1ana. A tantos trataba de tocar su rostro o sus manos, pero Mam\u00e1 Ramona que al fin le guardaba respeto, lo deten\u00eda con gentileza y le ped\u00eda que contara alguna de sus&nbsp; historias de aparecidos. Quiz\u00e1 por eso ella tuvo la fortuna de o\u00edr esta verdad, contada a viva voz, por aquel desdichado testigo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un breve arranque de lucidez, o quiz\u00e1 en una crisis paranoica, le confes\u00f3 que fue \u00e9l quien tuvo la desgracia de dispararle a la ni\u00f1a Cecilia por orden de Don Millet, el mandatario de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El teniente Millet la hab\u00eda condenado a muerte, cuando descubri\u00f3 proclamas libertarias dispersas entre los corotos de su casa y tambi\u00e9n supo que hab\u00eda ocultado a soldados patriotas. No pudo convencerla de irse con \u00e9l y traicionar la causa ni a sus compa\u00f1eros, mucho menos a Henrique, su prometido, quien tambi\u00e9n estaba entre los detenidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Le juro que no quer\u00eda hacerlo. \u00bfPor qu\u00e9 iba yo a querer matar a una ni\u00f1a?&#8230; pero, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda hacer? Yo segu\u00eda una orden, mijita\u2014 confes\u00f3 el anciano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No habr\u00eda podido negarse; todos tem\u00edan aquellos cadalsos levantados para acabar con cualquier disidente. A ello se sumaba la miseria que creci\u00f3 tras el terremoto de 1812. Las casas, con sus portones de madera trancados, parec\u00edan vigilarse unas a otras, alertas ante las redadas de las tropas que marchaban por las calles de tierra. Cuentan que las madres se persignaban cada vez que llegaban los mensajeros de las fat\u00eddicas excavaciones; a\u00fan preservaban alguna esperanza de encontrar a sus familiares esparcidos entre los escombros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Yo cargu\u00e9 el maldito fusil, yo le dispar\u00e9 mija\u2026 pero ella no estaba sola\u2026 le juro que vi sombras desandando tras de ella por la quebrada\u2014, dijo el delirante anciano, aferrado a los brazos cobrizos de la poltrona. Empu\u00f1\u00f3 las manos, se acomod\u00f3 con dificultad y tras un hosco silencio, sigui\u00f3 contando su historia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mam\u00e1 Ramona se estremeci\u00f3. Recre\u00f3, sin duda alguna, aquella terrible noche en las memorias de su infancia, mientras escuchaba la cruda confesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de encerrarla por d\u00edas sin probar bocado, los militares la hab\u00edan arrastrado hasta un tronco de apamate, cerca de la quebrada, donde todo estaba listo para apagarle la vida. Lo peor era el silencio, ese silencio punzante de Cecilia que laceraba a los presentes. Permanec\u00eda firme, con la rabia apretujada&nbsp;entre los dientes. El oficial ajust\u00f3 las cuerdas que ataban sus mu\u00f1ecas, tan apretadas que her\u00edan aquella piel de luna llena. Pero entonces ella gir\u00f3 el rostro hacia arriba y lo confront\u00f3 sin miedo alguno. El oficial jam\u00e1s olvid\u00f3 esa mirada. \u00c9l le dijo a mi abuela que hab\u00eda algo distinto en la ni\u00f1a Cecilia; sus ojos eran dos centellas hu\u00e9rfanas, dos luces suspendidas sobre el abismo. Ten\u00edan esa fuerza que solo comprende una presa cuando es vista por la fiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Lo que muere aqu\u00ed no soy yo\u2014, escupi\u00f3 con furia la joven Cecilia\u2014 la lucha sigue.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el oficial apunt\u00f3 el fusil contra su rostro, todos vieron a una ni\u00f1a. Solo \u00e9l, afirm\u00f3, pudo ver que en sus ojos trepaba aquella luz de otro mundo. El disparo hizo eco en el monte, entreverado con el clamor de la joven:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1Viva el suelo querido, viva la libertad!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el silencio que sigui\u00f3, el oficial vio una centella ambarina que se desprend\u00eda del cuerpo; era como una lucerna, una presencia viva que se escabull\u00eda dando saltos entre los ramajes de la arboleda. Mientras todos contemplaban el cuerpo de Cecilia desfallecer, \u00e9l juraba haber visto caer una piel de animal velludo, rojiza como la de un leoncillo de monte; la piel de una onza. Estaba seguro de haber escuchado un quejido, un lamento ronco que cruz\u00f3 la quebrada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 si Cecilia Mujica muri\u00f3 ese d\u00eda, o sobrevivi\u00f3 protegida por alguna de esas apariciones del monte; alg\u00fan encanto que envi\u00f3 Mar\u00eda de la Onza, la madre de los indios. La verdad, no s\u00e9 si todo lo que dijo Mam\u00e1 Ramona es cierto o solo es la culpa que atormentaba a ese oficial desgraciado pero, desde entonces, me parece que algo me mira cuando paso por la quebrada de Savayo, por el camino de los Zunzunes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El silencio era un pu\u00f1al que laceraba la garganta del jefe de tropa, ese que arrastraba a Cecilia hasta el improvisado cadalso levantado en los Zunzunes. Mi&nbsp;bisabuela Ramona los vio pasar, la despert\u00f3 el griter\u00edo de su familia. 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Escritora, artista e investigadora. Mag\u00edster en Gesti\u00f3n para la Creaci\u00f3n Intelectual por la UNESR y licenciada en Dise\u00f1o Integral por la UNEY. Se ha dedicado al estudio de las expresiones de la oralitura, mitolog\u00eda y paisaje venezolano a trav\u00e9s de su proyecto \u201cMitopaisajes\u201d. Como escritora, ha cultivado el cuento, cr\u00f3nica, traducci\u00f3n, ensayo y poes\u00eda, en diversas publicaciones, en especial en \u201cCr\u00f3nica del espectador\u201d\u00a0(Diario Yaracuy al d\u00eda, 2009). Ganadora del segundo lugar en\u00a0Concurso cuento ambiental\u00a0con el cuento infantil \u201cLa historia del portavoz del ambiente\u201d(ediciones UNA, 2005). Tambi\u00e9n ha participado con poes\u00eda en ediciones colectivas: Revista\u00a0Cubile\u00a0(Ediciones Madriguera, 2014), Marim\u00f3n\u00a0(R\u00f3tulo ediciones, 2014), Antolog\u00eda\u00a0Luz de luna\u00a0(Editorial Diversidad literaria, Espa\u00f1a, 2016),\u00a0Antolog\u00eda\u00a0Hacedoras I\u00a0(Editorial Lector C\u00f3mplice, 2021). Con el fondo editorial #Nos une la poes\u00eda, ha participado en las antolog\u00edas Cuando la luna nos ve\u00a0(2022),\u00a0El Tap\u00f3n de Dari\u00e9n\u00a0(2023), M\u00fasica de versos\u00a0(2024) Lo que me dijo un ave en Venezuela (2025) y public\u00f3 su primer libro de poes\u00eda De vuelos, de balas, de abismos (2025)."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57123","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57123"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57123\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":60141,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57123\/revisions\/60141"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/60140"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57123"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57123"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57123"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=57123"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}