{"id":57112,"date":"2025-08-14T07:00:00","date_gmt":"2025-08-14T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56838"},"modified":"2026-09-25T12:48:50","modified_gmt":"2026-09-25T18:48:50","slug":"el-mar-tiene-tu-nombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57112","title":{"rendered":"El Mar tiene tu nombre"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>A la memoria de Julio Zuniaga<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Han pasado tres meses desde que mi abuelo falleci\u00f3. Se fue mientras dorm\u00eda, en su cama ancha y solitaria desde que mi abuela nos dej\u00f3 ocho a\u00f1os atr\u00e1s. La enorme casa que compart\u00edan parec\u00eda ya un museo familiar, juntando todos los recuerdos que se fueron creando con el pasar del tiempo. Y \u00e9l era el gu\u00eda que nos llevaba a paseo por la memoria. Fotograf\u00edas, afiches, documentos, efectos personales que se fueron dejando atr\u00e1s, pero sin una mota de polvo, porque su trabajo en los \u00faltimos tiempos, antes de enfermar, fue mantener inc\u00f3lume cada pieza que all\u00ed se guardaba. Por la cantidad de cosas, cuando terminaba de limpiarlas, ya las primeras comenzaban a almacenar polvo y el oficio volv\u00eda al punto de partida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En algunas ocasiones nosotros le ayud\u00e1bamos, aunque hab\u00eda una habitaci\u00f3n a la que nadie ten\u00eda permitido entrar, y de la cual solo hab\u00eda una llave, que siempre la llevaba colgada en su cuello. Era su estudio personal, su propia historia. Sab\u00edamos mucho de su vida, s\u00ed, pero entre esas paredes ocultaba sus miedos y las m\u00e1s grandes alegr\u00edas. Pero un d\u00eda antes de morir, como si ya supiese que su camino estaba a punto de terminar, me confi\u00f3 la llave con una promesa: despu\u00e9s de transcurridos tres meses de su fallecimiento, podr\u00edamos entrar y tomar todo lo que quisi\u00e9ramos. Tambi\u00e9n aquello ven\u00eda acompa\u00f1ado de otra petici\u00f3n: todo el contenido del ba\u00fal de roble me lo legaba a m\u00ed, y con ello, los m\u00e1s \u00edntimos secretos. Lo que all\u00ed se conten\u00eda, lo tendr\u00eda que llevar en silencio hasta mi muerte, seg\u00fan me hab\u00eda confiado. Y antes que ese \u00faltimo momento llegara a mi vida, deb\u00eda quemar todo aquello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pareciera que este d\u00eda est\u00e1 lleno de melancol\u00eda. Las nubes bajaron sobre la ciudad, cubriendo de plomo todo el cielo, se respira un aire fr\u00edo y entramos a la casa amparados por la gar\u00faa. Estamos mi madre, dos de mis t\u00edos, tres de mis primos y yo, frente a aquella puerta de roble tallado, de dos alas, que hab\u00eda mandado a hacer espec\u00edficamente para esa habitaci\u00f3n. Tras abrirlas, desde dentro el vac\u00edo nos delata con un beso apesadumbrado. El espacio oscuro esconde tras su velo el dolor que comienza a compungirnos. Le entrego la llave a mi madre y abro los ventanales para que todo respire, se llene un poco de vida y la luz de las cosas nos gu\u00eden hasta nuestros deseos. En medio de la habitaci\u00f3n est\u00e1 un enorme escritorio, el mismo donde reposaron tantos acuerdos y se cerraron grandes tratos con empresarios y pol\u00edticos. Aquel hab\u00eda sido el despacho m\u00e1s \u00edntimo y poderoso de la ciudad por m\u00e1s de treinta a\u00f1os, que ahora se hab\u00eda convertido en una sala m\u00e1s de la larga historia personal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Detr\u00e1s del escritorio, como un tesoro que era protegido por \u00e9l desde su trono, encontr\u00e9 el ba\u00fal que no deb\u00eda medir m\u00e1s de un metro de largo por medio de ancho, rectangular, de caoba reluciente, de estilo n\u00e1utico, con un enorme candado sell\u00e1ndolo. En el primer caj\u00f3n del escritorio encuentro la llave que abre el secreto, y sin mediar palabra alguna, cierro de nuevo y salgo con lo \u00fanico que me importa. Aunque pudiera mirar aqu\u00ed y all\u00e1, la petici\u00f3n de mi abuelo puede m\u00e1s que cualquier cosa, y me embarco hasta mi apartamento, solitario a aquellas horas, para desentra\u00f1ar lo que en ese peque\u00f1o espacio se esconde.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al abrirlo, consigo cuadernos, varias decenas de ellos, y un ejemplar de la novela <em>Giovanni\u2019s room<\/em> de James Baldwin. Las tapas de los cuadernos son de cuero negro, el interior de papel fino y el membrete de la firma de abogados que \u00e9l fund\u00f3. En la cubierta trasera est\u00e1 su sello grabado a fuego, el mismo que siempre llevaba en el anillo de su dedo anular derecho. Poco a poco voy revisando los cuadernos y leo por encima el contenido. Mi abuelo ha vaciado parte de su memoria en aquellas p\u00e1ginas, y me siento a llorar entendiendo que su mayor legado son sus m\u00e1s \u00edntimos recuerdos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En uno de ellos encuentro una foto de \u00e9l y el t\u00edo Gabriel. Se ve que rondar\u00edan edades cercanas a los treinta. Se abrazan con camarader\u00eda y sonr\u00eden a la c\u00e1mara mientras, detr\u00e1s de ellos, una ola peque\u00f1a est\u00e1 a punto de romper contra la orilla de una playa. La reconozco enseguida, es Playa Maracaibo, una bah\u00eda a la que reci\u00e9n mi marido me llev\u00f3 a conocer, porque estaba prohibida para la familia. En el anverso, escrito quiz\u00e1 por la letra del t\u00edo Gabriel, se lee: \u201cel mar tiene tu nombre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decido comenzar a leer aquel cuaderno y, poco a poco, el viento me revuelve el cabello, las olas murmuran en mis o\u00eddos y mi lengua siente el sabor salobre de aquella foto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>En la s\u00e9ptima calle, cerca de la Avenida Independencia, est\u00e1 El Mar. Lo supe gracias a Gertrudis. Bueno, a Germ\u00e1n, el hombre que me hizo famoso de mala gana, por defenderlo en un caso donde se le acusaba de ir <\/em><em>\u201c<\/em><em>contra la moral y las buenas costumbres<\/em><em>\u201d<\/em><em>, simplemente porque le gustaba vestirse de mujer. Ese tipo perdi\u00f3 todo de la noche a la ma\u00f1ana: familia, trabajo, amigos, dinero. De los mejores empresarios tabaqueros, pero con una \u201cdesviaci\u00f3n\u201d importante. Lo \u00faltimo que le quedaba de dinero me lo confi\u00f3 para que no lo metieran en la c\u00e1rcel, porque en ese momento era usual la pr\u00e1ctica del abuso sexual y muerte a los fueran \u201cespeciales\u201d. Al final logr\u00e9 que no lo condenaran a c\u00e1rcel, pero el juez dictamin\u00f3 que era un \u201cenfermo mental\u201d y lo recluyeron en la Cl\u00ednica Buenavista. Lamentablemente la verg\u00fcenza que sent\u00eda (aunque, como le llegu\u00e9 a confesar, no deb\u00eda sentir por ser qui\u00e9n era) lo condujo a colgarse en su habitaci\u00f3n meses despu\u00e9s.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pero fue \u00e9l qui<\/em><em>e<\/em><em>n me dijo d\u00f3nde quedaba El Mar. Corrijo, fue \u00e9l qui<\/em><em>e<\/em><em>n me mostr\u00f3 El Mar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Una tarde en que pude organizarme y tener tiempo libre, le ped\u00ed que me ense\u00f1ara d\u00f3nde quedaba aquel lugar, necesitaba saber si era cierto todo lo que dec\u00edan de esa leyenda. Por mucho tiempo se habl\u00f3 de El Mar como una especie de ciudad escondida dentro de la ciudad. Dec\u00edan que pertenec\u00eda al \u201cTri\u00e1ngulo de las Bermudas\u201d, pat\u00e9tico nombre que le dieron al distrito donde las prostitutas hac\u00edan de la calle su pasarela y los \u201cmaracas\u201d se paseaban y creaban bullicio. El famoso tri\u00e1ngulo lo formaban los bares El Dorado, La Facultad y El Mar. Los dos primeros hab\u00edan sido desmantelados por la polic\u00eda, y por eso El Mar se hab\u00eda vuelto un espacio virtual, itinerante, casi m\u00e1gico. Estaba seguro que era una dimensi\u00f3n paralela y, por eso, se hab\u00eda convertido en una leyenda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya ca\u00eda la tarde cuando nos dirigimos hasta el centro y estacionamos en la sexta calle, en el patio interno de un edificio de apartamentos. En \u00e9l hab\u00eda otros seis autos, de todas las generaciones y gamas. Germ\u00e1n me condujo por un pasillo largo y oscuro que desembocaba en la porter\u00eda del edificio y que nos comunicaba con la s\u00e9ptima calle. Al estar en la acera \u2500yo no pod\u00eda estar m\u00e1s perdido\u2500, me dijo:<\/em><em> <\/em><em>\u2014<\/em><em>Ya estamos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>A primera instancia le mir\u00e9 el rostro, que se debat\u00eda entre sentir tristeza y terror por lo que le esperaba en el futuro y la emoci\u00f3n de llegar a un sitio al que se estima tanto. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Estamos\u2026 \u00bfd\u00f3nde?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, recuerdo preguntarle. <\/em><em>\u2014<\/em><em>En El Mar, pues<\/em><em>\u2014<\/em><em>, contest\u00f3 con cierto recelo. La calle a esas horas estaba vac\u00eda. A unas cuantas cuadras se divisaba el obelisco de la plaza siendo ba\u00f1ado por la luz toronja del ocaso. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Estamos en la puta calle, Germ\u00e1n<\/em><em> \u2014<\/em><em>, rechist\u00e9. \u00c9l se resumi\u00f3 a re\u00edr.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014<\/em><em>Si no te conociera, querido, no me arriesgar\u00eda, pero s\u00e9 que necesitas conocer El Mar<\/em><em> \u2014<\/em><em>, me dijo. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfYo? \u00bfPor qu\u00e9?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, pregunt\u00e9 con un tono sinceramente inc\u00f3modo. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Porque, como comprender\u00e1s, entre <\/em><em>\u201c<\/em><em>maracas<\/em><em>\u201d<\/em><em> nos conocemos. S\u00e9 que t<\/em><em>u<\/em><em> inter\u00e9s no es por el caso, por eso he querido que conozcas lo que mueve a El Mar. No es un sitio f\u00edsico <\/em>per s\u00e9, <em>pero se siente cuando est\u00e1s cerca. Eso es lo que ha hecho que sea imposible conseguirlo. S<\/em><em>o<\/em><em>lo los que sienten su presencia, saben d\u00f3nde est\u00e1. \u00bfNo lo escuchas?<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Ya iba a replicar cuando me tap\u00f3 la boca y con su mano me indic\u00f3 que escuchara, que el silencio \u2500\u00bfo el coraz\u00f3n?\u2500 me dejara descubrir el camino. Era verdad, se escuchaba algo. A la distancia, como si con cada paso que d\u00e1bamos nos adentr\u00e1ramos en las dunas de la playa, se pod\u00eda escuchar el murmullo de las olas<\/em><em>,<\/em><em> algo familiar. \u00bfPor qu\u00e9 no lo hab\u00eda escuchado antes?, me pregunt\u00e9. Pero s\u00ed, ah\u00ed estaba El Mar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Germ\u00e1n me tom\u00f3 de la mano y nos introdu<\/em><em>j<\/em><em>imos en una relojer\u00eda. Al fondo, un hombre ya entrado en a\u00f1os revisaba con lupa un peque\u00f1o reloj de mu\u00f1eca. Pero el sonido ah\u00ed segu\u00eda y tra\u00eda recuerdos que yo no sab\u00eda que me pertenec\u00edan. El espacio, hondo y vasto, ten\u00eda el susurro del oleaje a trav\u00e9s de una especie de aleteo sincronizado de los minuteros. Cuando ese hombre vir\u00f3 la mirada hacia nosotros comprend\u00ed d\u00f3nde estaba: all\u00ed era donde mi padre compraba y arreglaba sus relojes y otras joyas. Siempre lo acompa\u00f1aba cuando era peque\u00f1o y me emocionaba entrar y escuchar el murmullo de aquellas olas del tiempo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Nos reconocimos al instante, pero no cruzamos palabras. Aunque tuve intenciones de negarlo todo y preguntar por alguna baratija solo para disimular, Germ\u00e1n se adelant\u00f3. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfA qui\u00e9n ven\u00eds a buscar?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, pregunt\u00f3 el hombre. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Al due\u00f1o del s\u00e9ptimo reloj<\/em><em> <\/em><em>\u2014<\/em><em>, contest\u00f3 con convicci\u00f3n. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfY los otros seis?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, inquiri\u00f3 el viejo mir\u00e1ndome. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Me los met\u00ed por el rev\u00e9s<\/em><em> <\/em><em>\u2014<\/em><em>. Cada palabra fue dicha con el tono que se dicen las contrase\u00f1as, vigilando que nadie m\u00e1s \u2500aparte de m\u00ed\u2500 escuchara, pero est\u00e1bamos solo nosotros. Pasaron unos segundos en que ambos hombres se miraron a los ojos como buscando una \u00faltima se\u00f1a que fuera correspondida con el procedimiento, pero al final soltaron una carcajada sincera y se dieron un abrazo con el mostrador de por medio.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014<\/em><em>Pens\u00e9 que no te volver\u00eda a ver<\/em><em> \u2014<\/em><em>, coment\u00f3 el hombre mir\u00e1ndonos a los dos. No comprend\u00ed si lo dec\u00eda por Germ\u00e1n o por m\u00ed, pero yo decid\u00ed no contestar. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfEl muchacho est\u00e1 enterado de todo?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, termin\u00f3. <\/em><em>\u2014<\/em><em>S\u00ed, y lo que se me haya pasado, lo aprender\u00e1 r\u00e1pido.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El hombre indic\u00f3 la puerta del cuarto que, seg\u00fan yo recordaba, era donde se revelaban las fotos antiguamente. Cuando nos introducimos en aquel espacio, las olas dejaron de romperse en los minuteros; en cambio, a la lejan\u00eda se escuchaba el ritmo del jazz pegar contra las paredes. Al fondo, detr\u00e1s de una cortina, como el velo que nos separa de la dimensi\u00f3n desconocida, se extend\u00eda un pasillo pobremente iluminado pero perfumado con esencia para despu\u00e9s de afeitar, algo extra\u00f1o, pero excitante.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Le segu\u00ed el paso a mi compa\u00f1ero que, poco a poco, se iba desabotonando la camisa, deshaci\u00e9ndose el nudo de la corbata y paseaba sus manos por el pelo para que cobrara vida. Y por all\u00ed se iba<\/em><em>n<\/em><em> iluminando nuestras caras al ingresar en un espacio amplio y hondo, como las catacumbas de una civilizaci\u00f3n perdida. Las paredes de ladrillos, varios arcos sosten\u00edan el techo abovedado sobre nuestras cabezas y la luz amarilla de diferentes bombillas le daban un cariz antiguo y excitante a aquel lugar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014<\/em><em>Bienvenido a El Mar.<\/em><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Una barra se extend\u00eda, por el flanco izquierdo, hasta el final. Coincid\u00eda justo con el inicio de una peque\u00f1a tarima en la que hab\u00eda una banqueta y un par de telas brillantes serv\u00edan de tel\u00f3n. El resto del espacio estaba graneado de mesas redondas con peque\u00f1os taburetes, y hab\u00eda hombres de todas las edades y todas las bellezas, vestidos de hombre o mujer, pero felices de estar en ese momento justo. Conversaban, re\u00edan, beb\u00edan, se besaban. Era la primera vez que ve\u00eda un hombre sentado en las piernas de otro, mientras un\u00eda sus brazos por detr\u00e1s del cuello de su compa\u00f1ero y lo besaba con pasi\u00f3n. Intercambiaban miradas, se iban juntos al pasillo o al ba\u00f1o y al rato volv\u00edan.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Yo me sent\u00eda un ser peque\u00f1o e \u00edngrimo, nervioso y a\u00fan sin poder entender la importancia que aquel espacio ten\u00eda y, aparte, la confirmaci\u00f3n de su existencia. Ahora yo era parte de la leyenda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Yo comenc\u00e9 tomando whisky, Germ\u00e1n beb\u00eda brandy. \u00c9l sab\u00eda que solo vendr\u00edamos por una cosa y que no tardar\u00edamos mucho en irnos, pero me pidi\u00f3 un poco m\u00e1s de tiempo. <\/em><em>\u2014<\/em><em>No s\u00e9 si sea la \u00faltima vez que est\u00e9 ac\u00e1, aunque espero que no. Quiero ense\u00f1arte algo, para que me entiendas mejor. Ahora regreso. Anda, haz amigos<\/em><em> \u2014<\/em><em>, me dijo antes de perderse entre los telones improvisados del escenario.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Di vuelta sobre el eje de mi banqueta y volv\u00ed a mirar a todos aquellos hombres felices que me rodeaban. Eran libres, no les pod\u00eda pedir menos. Y en ese paneo fue que lo vi. Estaba sentado, solitario, con una botella de tequila y un libro que, pude ver desde lejos, lo escrib\u00eda James Baldwin. No s\u00e9 por qu\u00e9 lo hice, la verdad, pero no dud\u00e9 en acercarme a su mesa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014<\/em><em>\u00bfPuedo sentarme?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, le pregunt\u00e9 sent\u00e1ndome, algo torpe, muy nervioso. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Ya lo has hecho<\/em><em> \u2014<\/em><em>, contest\u00f3. Yo sonre\u00ed de manera torpe y \u00e9l me secund\u00f3 la acci\u00f3n, pero su mirada fue lo que me sacudi\u00f3 por completo. Sus ojos vivos, brillantes, del color de las avellanas. Ten\u00eda un corte de pelo al ras, y un bigote poblado, los labios finos se asomaban por debajo de \u00e9l. <\/em><em>\u2014<\/em><em>No conozco ese libro<\/em><em> \u2014<\/em><em>, le dije acomod\u00e1ndome en el banquito, tratando de mitigar el vac\u00edo que se hab\u00eda producido en mi est\u00f3mago. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Reci\u00e9n lo publicaron hace unos meses. Un amigo me lo ha tra\u00eddo desde Estados Unidos. Por poco no lo dejan pasar con esto<\/em><em> \u2014<\/em><em>, indic\u00f3 pas\u00e1ndome el ejemplar. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfPor qu\u00e9? \u00bfHabla de algo controversial?<\/em><em> <\/em><em>\u2014<\/em><em>, pregunt\u00e9. <\/em><em>\u2014<\/em><em>S\u00ed, habla de nosotros<\/em><em> \u2014<\/em><em>. El libro se llamaba <\/em>Giovanni\u2019s room<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Poco a poco me fui introduciendo en la historia del libro y de aquel muchacho, un poco m\u00e1s joven que yo, seg\u00fan mis c\u00e1lculos, a trav\u00e9s de la conversaci\u00f3n. Ten\u00eda una forma peculiar de pronunciar las palabras, y con el tiempo me fui dando cuenta de la cicatriz que recorr\u00eda su bozo y culminaba en el labio, muy bien disimulada bajo el frondoso bigote negro. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Estoy hecho de muchas cicatrices<\/em><em> \u2014<\/em><em>, me coment\u00f3, al tiempo que la se\u00f1alaba precisamente. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Nac\u00ed con una condici\u00f3n a la que llaman <\/em><em>\u201c<\/em><em>Labio leporino<\/em><em>\u201d \u2014<\/em><em>,<\/em><em> se\u00f1al\u00f3.<\/em><em> <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfLeporino?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, inquir\u00ed con verdadera inquietud. Nunca hab\u00eda escuchado de una enfermedad que se llamara as\u00ed. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Es una palabra que viene de <\/em><em>\u201c<\/em><em>Liebre<\/em><em>\u201d<\/em><em>. As\u00ed me llamaban cuando peque\u00f1o, porque mis labios estaban partidos por una hendidura\u2026 como los de la liebre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Sirvi\u00f3 algunos a\u00f1os en el ej\u00e9rcito y estuvo a punto de alistarse para ir a la guerra, pero no sucedi\u00f3. <\/em><em>\u2014<\/em><em>\u00bfEntonces las cicatrices de las que me hablas no son de la guerra?<\/em><em> \u2014<\/em><em>, pregunt\u00e9 con indiscreci\u00f3n. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Si vivieras como lo he hecho yo, te dar\u00edas cuenta<\/em><em> de<\/em><em> que ser homosexual es una guerra interminable<\/em><em> \u2014<\/em><em>. Nos quedamos en silencio, adivinando lo que nos dec\u00edamos entre nuestras miradas. Sus ojos parec\u00edan brillar como no hab\u00eda visto en ning\u00fan otro hombre. Mirada de verg\u00fcenza, tristeza, deseo y anhelo. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Disc\u00falpame un momento<\/em><em> \u2014<\/em><em>, me dijo luego. Se levant\u00f3 y se sent\u00f3 al piano que se encontraba del lado derecho de la tarima.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Un ritmo contagioso se apoder\u00f3 de la sala y todos voltearon a ver lo que acontec\u00eda. Bajo una luz vaporosa y emergiendo de los telones improvisados, unos tacones plateados presentaron las piernas finas y definidas de Gertrudis, que apareci\u00f3 envuelta en un traje corto de la misma tonalidad, una cabellera rubia y esponjosa y su rostro maquillado con sombras y los labios rojos, tan rojos como la pasi\u00f3n. Hab\u00eda escuchado aquella m\u00fasica un par de noches en las que sal\u00ed a bailar con la que se convertir\u00eda en mi mujer. La hab\u00eda compuesto una artista prominente, a la que tuvimos el gusto de conocer, un par de d\u00e9cadas <\/em><em>despu\u00e9s<\/em><em>, en un viaje que hicimos a los Estados Unidos: Mary Lou Williams.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Gertrudis parec\u00eda haber sido pose\u00edda por el ritmo y su cuerpo se apegaba a cada nota que el chico tocaba con entusiasmo. Entre ellos se pod\u00eda ver la complicidad de los amigos, o los amantes, pero que conoc\u00edan al mil\u00edmetro lo que estaba pasando. La mujer iluminaba el escenario con cada movimiento, y los dedos al piano parec\u00edan sonar con vida propia. Era hermoso ver aquel acontecimiento. Ni en los mejores sitios de baile hab\u00eda podido presenciar la soltura de la m\u00fasica y el cuerpo, resonando al un\u00edsono. \u00c9l, cada tanto, volteaba, me ve\u00eda y sonre\u00eda. Yo estaba maravillado y le gui\u00f1aba el ojo. Por un momento me olvid\u00e9 de todo, de d\u00f3nde estaba, a d\u00f3nde pertenec\u00eda y s<\/em><em>o<\/em><em>lo disfrutaba, al tiempo de sentir el estremecimiento de mi cuerpo. El \u00e9xtasis que se vivi\u00f3 en ese instante nunca lo volv\u00ed a sentir en mi vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Al finalizar la actuaci\u00f3n, el chico me tom\u00f3 de la mano y me condujo hasta el pasillo. Por primera vez, y sin ning\u00fan arrepentimiento ni miedo, bes\u00e9 los labios de un hombre. Su cuerpo se construy\u00f3 a partir de mis manos y viv\u00ed lo que por mucho tiempo so\u00f1\u00e9. Fuimos \u00e9l, yo y el deseo que comenz\u00f3 a crecernos desde el interior.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014<\/em><em>No me has dicho tu nombre<\/em><em> \u2014<\/em><em>, recuerdo decirle en medio de aquel pasillo mientras su boca recorr\u00eda mi cuello. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Ni t\u00fa me has dicho el tuyo<\/em><em> \u2014<\/em><em>, dijo antes de proseguir con su camino de besos y desabrochando mi pantal\u00f3n. <\/em><em>\u2014<\/em><em>Me llamo Sa\u00fal<\/em><em> \u2014<\/em><em>, dije. \u00c9l se detuvo, me mir\u00f3 y sonri\u00f3. Estamp\u00f3 sus labios de nuevo contra los m\u00edos y dijo: <\/em><em>\u2014<\/em><em>Me llamo Gabriel.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuaderno termina de esa manera. Se ha hecho de noche y reci\u00e9n me doy cuenta. Mi chico acaba de llegar del trabajo y solo busco el confort de sus brazos. El camino que he comenzado a recorrer podr\u00e1 ser doloroso, pero tambi\u00e9n maravilloso. \u00c9l no entiende qu\u00e9 pasa, pero tampoco quiero explic\u00e1rselo. No ahora. Le pido que sirva un par de copas de vino y se siente conmigo a leer lo que guardan aquellos cuadernos negros del insilio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la memoria de Julio Zuniaga Han pasado tres meses desde que mi abuelo falleci\u00f3. Se fue mientras dorm\u00eda, en su cama ancha y solitaria desde que mi abuela nos dej\u00f3 ocho a\u00f1os atr\u00e1s. 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Es m\u00e9dico cirujano, escritor, editor y dise\u00f1ador venezolano. Fundador de Ediciones Pal\u00edndromus, Awen (Revista literaria y editorial), y el proyecto antol\u00f3gico Ant[rop]olog\u00eda del Fuego. Es autor de los poemarios Escribiendo en Tierra de Nadie, Araboth, Alma, Ciudad del Sur, Reflejos Cotidianos, El conjuro del humo, Guardianes del susurro, La condici\u00f3n quebradiza, [Soid] a la sexta hora y Otredad; como narrador, los libros de cuentos: Cirqueros, Gitanos y Embusteros, El hogar es un nombre que pesa y La jaula que fuimos; como cronista, Ruta 6 y la plaquette Y ser\u00e1 de nuevo ayer. Ganador del IV Concurso Nacional de Joven Poes\u00eda Hugo Fern\u00e1ndez Oviol (Venezuela, 2020), el IV Premio \u201cCaperucita Feroz\u201d de Cuento (Espa\u00f1a, 2020), I Slam Po\u00e9tico 0212 (Venezuela, 2020) y del IV Premio de Cuento Santiago Anzola Oma\u00f1a (Venezuela, 2019). 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