{"id":57085,"date":"2025-07-09T07:00:00","date_gmt":"2025-07-09T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56647"},"modified":"2026-09-28T10:05:52","modified_gmt":"2026-09-28T16:05:52","slug":"el-manicomio-de-los-gatos-o-un-zarpazo-al-mundo-literario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57085","title":{"rendered":"El manicomio de los gatos, o un zarpazo al mundo literario\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es dif\u00edcil encontrar novelas con garra y humor en las mesas de novedades. En el campo literario mexicano la realidad m\u00e1s atroz se reproduce como la mala hierba. Y si no es la violencia del narco y las desapariciones, se trata de historias que abordan la vida personal del escritor sin la distancia en la que florece la originalidad. A\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil es hallar novelas que den zarpazos, que provoquen risas pero tambi\u00e9n incomodidad, como el borracho que r\u00ede y llora frente al espejo. <em>El manicomio de los gatos<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2024) es una de esas novelas raras en las que el lector r\u00ede. No me refiero s\u00f3lo a la sonrisa del intelectual que conoce los chistes cultos y las citas, sino a la carcajada l\u00e9pera, sonora, malsonante, que hace sudar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en la primera p\u00e1gina, Rosa de la Huerta, la hero\u00edna de la novela de Gabriel Santander, anuncia que reci\u00e9n cumpli\u00f3 41 a\u00f1os. Oficialmente perdi\u00f3 el brillo en la mirada, a lo que ella, con seguridad, llama ser una magn\u00edfica solterona. En un notable p\u00e1rrafo f\u00edlmico, a trav\u00e9s de un <em>close-up<\/em>, Santander muestra a la protagonista frente al espejo del ba\u00f1o mientras examina \u201cla cinematogr\u00e1fica hondura de sus ojos\u201d, una profundidad que, para los dem\u00e1s, es signo de lo infecundo. \u201cEra in\u00fatil decirles que no me iba a casar, que no iba a tener hijos, que amaba el diazepam sobre la maternidad, a los libros por encima de las fiestas infantiles\u201d, dice con desverg\u00fcenza la para nada tierna flor de <em>El manicomio de los gatos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera parte de la novela tiene algo del follet\u00edn que inspir\u00f3 a Manuel Puig, que en varias de sus obras describe con virtuosismo la filigrana del d\u00eda a d\u00eda de sus mujeres. Rosa, que trabaja como gerente de un <em>call-center<\/em>, es una mujer divertida, observadora y culta, en una palabra, aguda; tiene gracia y filo. Igual que muchos de los personajes de Puig, escribe un diario. Aunque estrictamente no forma parte de la novela, se puede decir que en su diario Rosa detalla su vida como <em>God\u00ednez<\/em>, es decir, como empleada con horario fijo y fines de semana libres, tambi\u00e9n las citas fallidas y no por ello menos hilarantes, as\u00ed como la compleja relaci\u00f3n con su familia \u2013\u201cmi madre, dulce como los chongos zamoranos e implacable como el c\u00e1rtel de la Familia Michoacana\u201d. Tambi\u00e9n su decisi\u00f3n de <em>tunearse<\/em> a los cuarenta a\u00f1os y aumentar el tama\u00f1o de sus senos \u2013\u201cy hablando de moral, \u00bfqu\u00e9 hace una lectora de Simone de Beauvoir y Annie Ernaux oper\u00e1ndose las tetas?\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n hay algo en la historia de esta novela de Leocadia Mac\u00edas, la escritora de <em>La flor de mi secreto<\/em> (1995), tal vez la mejor pel\u00edcula de Almod\u00f3var. Ah\u00ed, Leo, en la piel de Marisa Paredes, es una escritora inc\u00f3gnita, Amanda Gris, famosa por sus novelas rosas; ella, sin embargo, quiere escribir en otro registro, el negro o policial. Aunque Leo tiende m\u00e1s al melodrama flamboyante y Rosa es m\u00e1s pr\u00e1ctica, ambas son parte de las jugarretas del mundo editorial. Curiosamente, cuando estaba leyendo <em>El manicomio de los gatos<\/em> muri\u00f3 la actriz espa\u00f1ola, que vive por siempre en mi canon personal y el firmamento de las divas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con un gato que le habla, Lagata Christie, una especie de Pepe Grillo, aunque desde\u00f1oso, al fin minino, y la b\u00fasqueda de trabajo, Rosa decide llevar sus memorias a una editorial a sabiendas de que jam\u00e1s las van a publicar. Para una mujer como ella no es una desilusi\u00f3n adelantada, es echar los dados al aire. Santander, que no quiere aleccionar a nadie ni reivindicar nada, es fiel al car\u00e1cter de su hero\u00edna, as\u00ed que Rosa no vive mortificada por el sambenito de <em>quedada<\/em> o <em>malcogida<\/em>; m\u00e1s que catastr\u00f3fica, es sarc\u00e1stica. Con filo, Rosa repasa y guillotina con incorrecci\u00f3n pol\u00edtica y casi como cr\u00edtica de arte todas las categor\u00edas en las que puede caber o no su existencia. Habla de Frida Kahlo, quien, \u201ccomo sea, no deja de ser una fuente de inspiraci\u00f3n para las sufridas, enfermas, creadoras, beodas, feministas y zorras, y, para ser m\u00e1s espec\u00edficos, para las lagartonas como yo\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto, la suerte, o el destino esposado al azar, hace sonar el tel\u00e9fono. La llamada de la editorial la sorprende, pero sabe muy bien que con su manuscrito no se va a convertir en la Cristina Rivera Garza de su generaci\u00f3n. De hecho, la propuesta de Edgar Terracota es amoral. El editor le propone asumir la identidad de Pamela Coratello, una autora de novelas cursis que vende libros como Coca-Colas en M\u00e9xico de la que nadie sabe nada, su identidad es un misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aqu\u00ed es donde <em>El manicomio de los gatos<\/em> da un salto y se convierte en una deliciosa mascarada del panorama actual de la literatura. Con la desesperaci\u00f3n y los apuros econ\u00f3micos encima, Rosa acepta participar en el fraude editorial y hasta llega a disfrutarlo. En la foto de la contraportada de sus libros, Coratello aparece con un parche en un ojo, un detalle rid\u00edculo que Rosa, a pesar de todo e instruida por el editor, est\u00e1 dispuesta a sostener y despu\u00e9s a corregir. La escritora, por supuesto, es una invenci\u00f3n de la editorial. Es urgente ponerle cara y cuerpo a la autora inexistente, pues luego del <em>boom<\/em> el p\u00fablico ha comenzado a decepcionarse porque no la ve aparecer en actos p\u00fablicos ni opinar de los temas de moda, como suelen hacer los intelectuales en M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pamela Coratello es, en alg\u00fan sentido, un trasunto de Elena Ferrante, la escritora italiana superventas que desde su aparici\u00f3n en el mercado editorial a inicio de los a\u00f1os noventa ha guardado discreci\u00f3n absoluta. Algunas hip\u00f3tesis apuntan que Ferrante no existe y otras que se trata de un hombre que escribe con un seud\u00f3nimo femenino. A saber. Algunos lo niegan y dicen \u2013\u00a1todav\u00eda!\u2013 que un hombre no es capaz de describir el mundo femenino. H\u00e1ganme el favor, como si Amanda Gris, Rosa de la Huerta o las mujeres de Manuel Puig fueran s\u00f3lo t\u00edteres sin alma y no personajes con m\u00fasculos propios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esta fiesta de disfraces circulan los monigotes del mundillo de la cultura local que, como im\u00e1genes de la Casa del t\u00edo Chueco, aparecen deformados con garra y ma\u00f1a. El malhumorado editor, Edgar Terracota, acusado de plagio en el pasado; los conductores y reporteros del noticiero cultural, uno de ellos es Tonalli Chilacayote Fern\u00e1ndez \u2013\u201cno era chaparro ni alto, guapo al 67 por ciento, si eso existe, con una voz seductora que fascina a las incautas\u201d\u2013, y los ciza\u00f1osos cr\u00edticos \u201cque aprendieron de Monsiv\u00e1is que el g\u00e9nero m\u00e1s aceptado y redituable es el de hablar mal de los dem\u00e1s\u201d. Los gui\u00f1os de Santander, conocedor absoluto del ecosistema cultural mexicano, a la azufrosa burbuja del entramado cultural son suculentos bocadillos para el lector m\u00e1s espabilado, malicioso o al tanto del chisme cultural. Tampoco pueden faltar los personajes que hacen el trabajo sucio. Brickles, que por supuesto tiene nombre de <em>geek<\/em>, es el genio programador de la editorial y el cocinero de las novelas de Pamela Coratello, por ejemplo <em>Un infalible seductor<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Poco a poco va siendo menos un esc\u00e1ndalo el uso de la Inteligencia Artificial (IA). Se sabe que en el periodismo, varios de los sitios de noticias m\u00e1s le\u00eddos en M\u00e9xico tienen su propio programa, s\u00edmil del chat GPT, que ayuda a generar las notas informativas que leen millones de personas. De los sueldos bajos de los redactores, que est\u00e1n al tanto de la actualidad y editan y verifican la informaci\u00f3n, mejor ni hablar aqu\u00ed. No es ning\u00fan secreto que la IA, casi como la Secci\u00f3n Amarilla, <em>s\u00ed funciona y funciona muy bien<\/em>, aunque, confiesan los redactores, su lenguaje no es natural sino rebuscado. El \u00faltimo esc\u00e1ndalo de la IA es que las voces de los actores del film <em>El brutalista<\/em> (Brady Corbet, 2024) fueron manipuladas para crear un acento h\u00fangaro perfecto. \u00bfQu\u00e9 pasa con el uso de la IA en la literatura? Ah\u00ed est\u00e1 la originalidad de <em>El manicomio de los gatos<\/em>, que con notas sat\u00edricas y desparpajadas aborda el tema. Las novelas de Pamela Coratello son generadas por los algoritmos del melodrama, el alm\u00edbar y los encajes de la cursiler\u00eda, la IA de la novela rosa, que tan bien maneja el programador Brickles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para el mundillo cultural la mayor inmoralidad, sin embargo, est\u00e1 en el fraude de la identidad de Coratello. El caso se lo disputan dos reporteras, colegas y rivales, que quieren desarmar el teatrito editorial al que se presta Rosa como b\u00fasqueda de la verdad justiciera y venganza contra el editor Terracota. Con el escenario tambale\u00e1ndose, la editorial toma acciones en las que tiene que echar mano del manuscrito original de Rosa. El para nada original t\u00edtulo de <em>Las aventuras de una solterona<\/em> la lleva a enfrentarse al plagio y los derechos de autor, as\u00ed como a un culebr\u00f3n, el de su propia vida, que se interna en los terrenos de la fantas\u00eda psiqui\u00e1trica y judicial, es decir, la vida literaria, la de una solterona, por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La novela de Gabriel Santander es un zarpazo juguet\u00f3n, una lectura bribona y espejo c\u00f3ncavo que de cierta forma se dirige a la gente que forma parte del ambiente cultural o tiene ambiciones de hacerse un lugar en \u00e9l; para la que no lo conoce, el autor pinta un panorama que rescata los tics feroces de ese mundo. Tambi\u00e9n es una novela que reacciona contra las imposiciones ideol\u00f3gicas; Rosa no es ejemplar, no es modelo de nada, de hecho duda de las categor\u00edas que le quiere asignar la familia, el trabajo, los amigos y los amantes. M\u00e1s que con teor\u00edas, por ejemplo el feminismo, su vida \u00edntima est\u00e1 m\u00e1s ligada y se explica mejor a trav\u00e9s de su relaci\u00f3n con Lagata Christie, de quien no se sabe si es gato, gata o gate; Santander usa el g\u00e9nero que marcan las vocales de forma indistinta y destantea a prop\u00f3sito.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caudal de frases ingeniosas, picantes y saltarinas de <em>El manicomio de los gatos<\/em>, algunas de ellas rescatadas en este texto, es como un cardumen para los lectores en b\u00fasqueda de un placentero ara\u00f1azo, pues un poco de dolor no mata, da vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es dif\u00edcil encontrar novelas con garra y humor en las mesas de novedades. En el campo literario mexicano la realidad m\u00e1s atroz se reproduce como la mala hierba. 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Colabora en las revistas mexicanas <em>Letras Libres<\/em>, <em>Nexos<\/em> y <em>Arquine<\/em>. Tambi\u00e9n en la argentina <em>Otra Parte<\/em> y en la mexico-estadounidense <em>Literal Magazine<\/em>. Como traductor, es uno de los autores del libro colectivo <em>Las mariposas beben de las l\u00e1grimas de la soledad<\/em> (Ediciones Del Lirio, 2024), de Anne Genest. En 2023 fue parte de la residencia de traducci\u00f3n Seneffe-Passa Porta en B\u00e9lgica, donde tradujo una obra de Chantal Akerman. 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