{"id":57061,"date":"2025-05-22T07:00:00","date_gmt":"2025-05-22T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56443"},"modified":"2026-09-29T10:25:17","modified_gmt":"2026-09-29T16:25:17","slug":"gainza-coleccionista-de-instantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57061","title":{"rendered":"Gainza, coleccionista de instantes"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Podr\u00eda decirse que alguna vez fui una coleccionista de subrayados. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Muchos de ellos han terminado en este texto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Gainza<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un televisor de cincuenta pulgadas pegado a la pared y, alrededor, ocho cuadros al \u00f3leo custodian y confunden el lienzo de plasma enmarcado por la autor\u00eda de LG. Ordenado cuadrangularmente con los otros lienzos inm\u00f3viles se asemeja a un mosaico o una cara del cubo de Rubik. Antes, en esa pared solo hab\u00eda una tele donde cada domingo, desde las doce del d\u00eda hasta las diez de la noche, se reproduc\u00edan incesantemente partidos de la NFL. He cronometrado unas seis horas de juego y casi cuatro de mon\u00f3tonos comerciales, en su mayor\u00eda promocionales de casinos en l\u00ednea. Estamos en Villa Coapa, al sur de la Ciudad de M\u00e9xico, la casa es una residencia suburbial de dos pisos con un peque\u00f1o pero espl\u00e9ndido jard\u00edn, hay un naranjo, una higuera y el cad\u00e1ver albino de un durazno torcido; hay tambi\u00e9n una cochera limitada por una reja color azul langosta con adornos de caballitos de mar y caracoles marinos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde que mi madre se jubil\u00f3 y pudo liberar su oculta vocaci\u00f3n de pintora, la pared a la que se dirigen todos los sillones ha sido tapizada por nuevos lienzos hechos en casa. A veces me distraigo viendo un partido de los Vikingos de Minnesota y mis ojos saltan de la televisi\u00f3n al rect\u00e1ngulo colindante en el que mi madre replic\u00f3 un estanque desolado de Monet. Me pierdo entonces en un juego, en apariencia inocuo, sin arbitro ni contrincante, donde mis ojos persiguen un bal\u00f3n invisible que salta entre melanc\u00f3licos nen\u00fafares buscando una meta inmediata que escapa a la profundidad del verdor nost\u00e1lgico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La voz del comentarista de ESPN agudiza el tono hasta convertirse en una voz quebradiza con acento porte\u00f1o, una modesta cr\u00edtica de arte argentina que un d\u00eda tuvo la idea de dejar despintadas las paredes del cuarto de su hija e invertir el dinero de la pintura en la autoedici\u00f3n de su primer libro, <em>El nervio \u00f3ptico <\/em>(2014). \u201cPronto descubrir\u00eda que, para una personalidad que hist\u00f3ricamente se bloquea ante la presi\u00f3n, convertir la escritura en trabajo era mala idea&#8221;. El libro de inmediato llam\u00f3 la atenci\u00f3n de la agente Mar\u00eda Lynch, fue reeditado por Anagrama y se convirti\u00f3 en un fen\u00f3meno literario, ha sido traducido a m\u00e1s de veinte lenguas y alter\u00f3 bellamente las reglas del juego en la narrativa hispanoamericana que iba encaminada, en la segunda d\u00e9cada del siglo XXI, a un trasnochado sentimentalismo de sopor\u00edferos narradores innecesariamente violentos.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mar\u00eda Gainza reformul\u00f3 la narrativa hispanoamericana con un libro inclasificable. <em>El nervio \u00f3ptico<\/em> propuso \u201cese tipo de prosa compacta\u201d, que anhelaba Vila-Matas en su discurso sobre el futuro de la literatura, \u201cen donde los textos consistieran en fragmentos unidos por una estructura de unidad perfecta; una prosa a cuerpo descubierto, la prosa del nuevo siglo [\u2026]. Una novela en la que sin problemas se mezclar\u00edan lo autobiogr\u00e1fico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficci\u00f3n pura [\u2026] una literatura mixta, donde los l\u00edmites se confundir\u00edan y la realidad podr\u00eda bailar en la frontera con la ficci\u00f3n, y el ritmo borrar\u00eda esa frontera\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl error es el estilo, lo dem\u00e1s es cita\u201d, robo esa frase de Alberto Goldstein mientras contempl\u00f3 mi pared de bellos cuadros replicados por el pincel de mi madre en el que se esconde un ruidoso televisor. Un televisor donde tambi\u00e9n se confunde, pienso intentando salvar mi propia mediocridad dominguera, la frontera entre este deporte ligeramente est\u00fapido que es el futbol americano con las violentas pinceladas que replic\u00f3 mi madre en otro cuadro que est\u00e1 encima, donde aparece una mujer de muslos m\u00f3rbidos imaginada por Jenny Saville.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasar de la NFL a Mar\u00eda Gainza puede parecer un cambio de tema absurdo, pero yo encuentro un flujo natural en este hilo de pensamiento que va de la abstracci\u00f3n visual a la atenci\u00f3n l\u00fadica en una imagen donde distingo graf\u00edas en los nombres de dos equipos y sus jugadores, los n\u00fameros del marcador que me tienen pendiendo de un hilo, figuritas de veintid\u00f3s hombres con armadura que entrechocan sus cuerpos en busca de un ovoide, un cuerpo el\u00edptico llamado bal\u00f3n, el cual debe trasladarse cien yardas en espiral sin tocar el c\u00e9sped.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En medio de esta pugna preexiste un tabique de reglas m\u00e1s grueso que la constituci\u00f3n de un pa\u00eds, el cual estipula una gram\u00e1tica sobre el correcto orden y desplazamiento de estas figuras encasquetadas que se pulverizan en polos opuestos, pero siguen al pie de la letra un manual de estilo. Para hacer valer las leyes, dos hombrecitos vestidos de cebra anuncian castigos y gratificaciones con un pa\u00f1uelo amarillo que vuela por los aires cada vez que una figura invade el terreno invisible del contrincante. Es un espect\u00e1culo de colores que se metamorfosea en un delirio de luces, las cuales se interrumpen con otro comercial de \u201cApu\u00e9stale pap\u00e1\u201d, en voz de Palazuelos. Es el momento en el que yo bajo la vista a ese otro rect\u00e1ngulo lleno de simbolitos que tengo entre mis manos, el nuevo libro de Mar\u00eda Gainza, <em>Un pu\u00f1ado de flechas<\/em> (2024), y me paseo, nuevamente, por un sinf\u00edn de cuadros petrificados, donde la escritora me descubre un incesante ir y venir de pinceladas, posibles reglas, ilusiones rotas, necias ambiciones y par\u00e1bolas que entreteje con las peripecias sedentarias de su vida en esa ciudad, que parece tan chiquita dentro del libro, donde ella vive y es feliz e infeliz, sin ning\u00fan plan de fuga.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De Gainza admiro su poderosa erudici\u00f3n, que se revela siempre con el infantilismo de los grandes sabios, y su sentido del humor sutil, que reh\u00faye a la cursiler\u00eda ramplona y a la autocompasi\u00f3n en busca de redefinir nuevos horizontes. \u201cS\u00e9 de memoria que convertir lo fugaz en eterno es la historia del esp\u00edritu humano a trav\u00e9s de las formas\u201d, apunta Gainza, \u201cpero para ser sincera no tengo la m\u00e1s remota idea de c\u00f3mo se logra\u201d. Su simp\u00e1tica modestia siempre deja al lector con una sonrisa torcida antes de terminar un p\u00e1rrafo, porque mientras te demuestra cierta imposibilidad de alcance te transmite, sin que te des cuenta, la endemoniada complejidad que encubre la aparente sencillez: \u201cVirginia Woolf comparaba este momento con el nadar de un pato que se desliza serenamente sobre la superficie mientras por debajo est\u00e1 pataleando como un condenado\u201d. La misma analog\u00eda que Gainza toma prestada de Woolf para comprender la maestr\u00eda de C\u00e9zanne, ella la emplea al narrar magistralmente un instante que s\u00fabitamente se eterniza.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El universo de Gainza est\u00e1 poblado de encrucijadas miniatura, dilemas bons\u00e1i que en su microsc\u00f3pico n\u00facleo encubren, parad\u00f3jicamente, una apuesta a vida o muerte. El pu\u00f1ado de flechas, teor\u00eda que le explica el director Francis Ford Coppola sobre el genio como un recurso no renovable, el cual se puede agotar en una obra o se puede dosificar a lo largo de una vida, estructura las iluminaciones de este libro, que si bien no tiene la cohesi\u00f3n de <em>El nervio \u00f3ptico<\/em>, s\u00ed lo supera en ciertos pasajes, donde Gainza parece descubrir constantemente que, pese haber dedicado su vida entera a las artes visuales, su existencia est\u00e1 condenada a la escritura, y no precisamente por su car\u00e1cter visual, aunque ella se resista a aceptarlo. Al seguir las indicaciones de su exc\u00e9ntrica maestra de acuarela, que le sugiere observar todos los d\u00edas durante un mes un mismo cuadro de C\u00e9zanne, confiesa que despu\u00e9s de tanto tiempo de estudiarlo no ha conseguido pintar \u201cni siquiera una coma\u201d; mientras que en su caligraf\u00eda reconoce \u201cen esas curvitas r\u00e1pidas, breves y sesgadas sobre el papel un claro efecto de las pinceladas de C\u00e9zanne\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSi la novela es una forma de arte imaginativo\u201d indica Willa Cather en <em>El arte de la ficci\u00f3n,<\/em> \u201cno puede ser al mismo tiempo una forma espl\u00e9ndida y vigorosa de periodismo. Por el contrario, la novela debe ser capaz de seleccionar del vasto y abundante flujo del presente el material eterno del arte\u201d. As\u00ed colecciona Gainza preciosos instantes de su biograf\u00eda inventada que entrelaza por medio de brillantes reflexiones est\u00e9ticas con algunos lienzos que yo, aunque los conociera, nunca los hab\u00eda entendido de esa forma. Lo mejor es que Gainza no alude a obras perdidas o secuestradas en la caja fuerte de un millonario, la mayor\u00eda de los cuadros que reinventa los puede admirar cualquier bonaerense en el maravilloso Museo Nacional de Bellas Artes.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por culpa de Gainza y su capacidad de distorsionar en capas el significado oculto de un lienzo, pas\u00e9 tres de los diez d\u00edas que estuve en Buenos Aires encerrado en ese bell\u00edsimo museo en el que, a diferencia de tantos que conozco, toda obra produce un delicado escalofr\u00edo. As\u00ed como por culpa de Gainza ahora veo mi deporte favorito como un hipn\u00f3tico juego de formas que evocan una narrativa muy diferente a la del marcador. Es curioso, pese a haber dedicado tantos a\u00f1os al estudio de obras pict\u00f3ricas, ella confiesa que por muchos a\u00f1os nunca tuvo ning\u00fan cuadro colgado en su casa. Es por eso que le llaman tanto la atenci\u00f3n los coleccionistas: \u201cHubbard dec\u00eda que la obsesi\u00f3n del coleccionista era un suced\u00e1neo de alguna otra m\u00e1s soterrada: el instinto de cazar, tal vez, o de hacer acopio para el invierno, una pulsi\u00f3n que se remonta al Mesol\u00edtico\u201d. El coleccionista enhebra teor\u00edas rebuscadas para justificar su fetichismo y Gainza, siempre con una tierna iron\u00eda, le replica una cita lapidaria: \u201cDe m\u00ed perdurar\u00e1 aquello que no pude poseer\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el, \u00bfcap\u00edtulo?, \u00bfcuento?, \u00bfpasaje?, titulado \u201cEl desconcierto\u201d, a la manera del mejor Truman Capote en \u201cAta\u00fades tallados a mano\u201d, Gainza describe una curiosa complicidad entre un detective privado que investiga el robo de trece obras de arte (un Vermeer, dos Rembrandts y un Degas, entre otras) en el museo Isabella Stewart Gardner y una lectora de Thoreau obsesionada con Walden, el terreno donde el asceta estadounidense se fue a vivir en completa soledad por dos a\u00f1os para apartarse del mundo. Si bien, la pluma perspicaz de Gainza nos revela: \u201cThoreau me hab\u00eda transmitido su aventura como la vida de un ermita\u00f1o. Pero la realidad es que, incluso en el siglo XIX, en media hora de caminata, una pod\u00eda llegar de Walden a Concord. No se hab\u00eda ido a donde el diablo perdi\u00f3 el poncho, como yo siempre hab\u00eda cre\u00eddo. Esa fue mi primera decepci\u00f3n\u201d. El desenlace del caso, la identidad de los ladrones de cuadros, es lo menos importante de la narraci\u00f3n, lo llamativo es la relaci\u00f3n que establecen la protagonista y el viejo detective, el Se\u00f1or Harold, quien recuerda de repente al detective de la Biblioteca P\u00fablica de Nueva York en Seinfield que investiga el robo de libros como si fueran homicidios. El alter ego de Gainza en este relato no deja claro si le interesa resolver el enigma de los cuadros desaparecidos, o si quiere seguir jugando a la investigadora para elaborar met\u00e1foras sobre el significado de estos cuadros relacionando a los ladrones con Henry David Thoureau.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema es que a Gainza yo le creo todo lo que escribe: que conoci\u00f3 a Coppola, que ama los caballos, que tiene una hija con el cuarto despintado, que fue detective, que su esposo padeci\u00f3 una terrible enfermedad, que tiene fobia a los aviones, pero que viaj\u00f3 a Tzintzuntzan, Michoac\u00e1n, para averiguar el paradero de un cuadro perdido de Tiziano. \u201cEl pasado\u201d, indica Gainza sin aliviar mis sospechas, \u201ces nuestro peluche, y cuando m\u00e1s lejano est\u00e1, m\u00e1s perversamente tentador es jugar con \u00e9l\u201d. Pero, a veces, si su libro est\u00e1 lo suficientemente lejos como para magnetizarme, de repente desconf\u00edo y me pregunto si, quiz\u00e1 no todo, pero \u00bfalguna de estas hermosas an\u00e9cdotas que viven en mi cabeza sin pagar renta tendr\u00e1 una pizca de verdad? A qui\u00e9n le importa. La misma Gainza me contestar\u00eda: \u201c\u00bfNo es el fin com\u00fan de toda biograf\u00eda, hacer que los hechos que en nuestra vida parecen moverse sin coherencia hacia adelante adopten un movimiento circular?\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La de Gainza es una prosa pincelada en frases breves de claroscuros. Cuanto m\u00e1s l\u00f3brego se torna un tema, m\u00e1s cerca estamos de que sabote\u00e9 la escena con un chispazo c\u00f3mico. Como cuando entra a la sombr\u00eda casa del detective Harold:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sub\u00ed a mi ritmo por unos pelda\u00f1os de madera, escoltada por unas paredes leprosas. Llegu\u00e9 a la puerta que hab\u00eda quedado abierta. Me asom\u00e9. Una escritora de mayor talla, una Edith Wharton, podr\u00eda describir el ambiente y dar el nombre de cada mueble, pero eso es algo que a m\u00ed no me sale bien.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sus obsesiones recurrentes siempre la desenmascaran peculiarmente honesta e inventiva; la vida de los pintores m\u00e1s trastornados se nutre en una atm\u00f3sfera \u00e9pica que Gainza sabe detallar el\u00edpticamente en tres o cuatro frases. Es una escritora madura que conserva la gracia de la juventud, aunque tambi\u00e9n se nota que desde ni\u00f1a ha hablado el idioma de las tiendas de antig\u00fcedades, pero siempre conserva el entusiasmo del que no puede contenerse por compartir una historia que nunca m\u00e1s habr\u00e1 de repetirse. Si la escritura es una m\u00e1quina del tiempo, la prosa de Gainza viaja por todas las edades guiada por una paleta de colores nost\u00e1lgicos, pero el tono tr\u00e1gico contrasta con la iron\u00eda sutil que borra la frontera entre la realidad y la ficci\u00f3n; la ligereza o grosor de sus pinceladas nos invitan a habitar cada p\u00e1gina como si fuera un lienzo hipn\u00f3tico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los delicados pasos de Mar\u00eda Gainza por el Museo de Bellas Artes seducen al lector, que a su vez se pasea cautivo por su museo de letras \u2014y este cautivador efecto tiene secuelas a la larga, no por nada, despu\u00e9s de leer a Gainza, enciendo mi televisi\u00f3n como otro cuadro, y cada cuadro lo veo por horas como un interesant\u00edsimo televisor\u2014; hay ciertas palabras en sus textos que parece que nunca antes estuvieron juntas, como si la autora hubiera inventado un nuevo idioma para acoplarlas. Solo una frase mala le he encontrado en sus cuatro libros publicados hasta la fecha (p\u00e1gina 124 de la vig\u00e9sima edici\u00f3n de <em>El nervio \u00f3ptico<\/em>: \u201cCada vez que me acuerdo se me pone la piel de gallina\u201d, puaj), el resto es pura genialidad, \u201csiempre se llega tarde a la ni\u00f1ez\u201d, \u201c\u00bfes l\u00edcito traducir a palabras una obra que naci\u00f3 muda?\u201d, \u201csin algo de vulgaridad el ser humano no est\u00e1 completo\u201d, una chica le provoca \u201cinfinitos sobornos de ternura\u201d, \u201cel llanto, que, como el agua que se junta en la rejilla del patio, arrastra consigo hojas viejas, cosas olvidadas\u201d; cada coma en su escritura es, como la pincelada rota de C\u00e9zanne, una min\u00fascula guada\u00f1a que rasga la atm\u00f3sfera de nuestro dulce deambular por el museo de Gainza, cada punto pesa como un pesado disco que uno quisiera llevarse al hombro, como esos atletas gigantes de las Olimpiadas, y lanzarlo lo m\u00e1s lejos posible para que la frase no termine nunca.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Creo que en la actualidad solo Benjam\u00edn Labatut (que ya no escribe o quiz\u00e1 nunca escribi\u00f3 en espa\u00f1ol) y Valeria Luiselli (que tambi\u00e9n releg\u00f3 la lengua de Cervantes) est\u00e1n creando libros-artefactos, h\u00edbridos y l\u00fadicos, tan poderosos como los de Mar\u00eda Gainza; espero y casi rezo por que no abandone ella tambi\u00e9n nuestra lengua destartalada en busca de nuevas famas e ilustres prestigios que, sin duda, se merece.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cather, Willa, <em>El arte de la ficci\u00f3n<\/em>, Buenos Aires, Monte Hermoso Ediciones, 2018.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">________, <em>El nervio \u00f3ptico<\/em>, Barcelona, Anagrama, 2023.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">________, <em>Un pu\u00f1ado de flechas<\/em>, Barcelona, Anagrama, 2024.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">________, <em>La luz negra<\/em>. Barcelona, Anagrama, 2018.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">________, <em>Una vida cr\u00edtica<\/em>, Madrid, Clave intelectual, 2020.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Podr\u00eda decirse que alguna vez fui una coleccionista de subrayados. Muchos de ellos han terminado en este texto.&nbsp; Mar\u00eda Gainza Un televisor de cincuenta pulgadas pegado a la pared y, alrededor, ocho cuadros al \u00f3leo custodian y confunden el lienzo de plasma enmarcado por la autor\u00eda de LG. 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Estudi\u00f3 la carrera de Letras Hisp\u00e1nicas en la UNAM, la maestr\u00eda en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Ha publicado los libros <em>Los designios del imaginero<\/em> (2012) y <em>Agenbite of inwit<\/em> (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela \u201cJos\u00e9 Revueltas\u201d por <em>Nuestro mismo idioma<\/em> (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento \u201cJulio Torri\u201d 2019 por <em>Son\u00e1mbulos<\/em>. En 2023 public\u00f3 su tercera novela <em>Mundo anclado<\/em> (NitroPress, pr\u00f3logo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antolog\u00edas como <em>Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia<\/em> (FCE, 2021) y <em>La lectura al centro: 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/em> (UNAM, 2022), as\u00ed como en la revista <em>Quimera, Barcarola, El Universal, Exc\u00e9lsior,Tierra Adentro y Luvina<\/em>. Como editor ha elaborado las antolog\u00edas narrativas <em>Lo fant\u00e1stico no existe<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2020), <em>De narcos a luchadores<\/em> (Contrabando, 2019) y <em>El misterio de los seres espaciales<\/em> (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores. 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