{"id":57057,"date":"2025-05-12T07:00:00","date_gmt":"2025-05-12T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56412"},"modified":"2026-09-29T10:33:06","modified_gmt":"2026-09-29T16:33:06","slug":"sonar-con-ambulancias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57057","title":{"rendered":"So\u00f1ar con ambulancias"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es incre\u00edble cu\u00e1nta gente muere en la calle, por las razones m\u00e1s diversas y de las formas m\u00e1s variadas. Incre\u00edble, tambi\u00e9n, la cantidad de gente que duerme en la calle y que hace el amor en la calle. Resulta sorprendente (por no repetir incre\u00edble), adem\u00e1s, que esos tres actos, que en el mejor de los casos le pertenecen al hogar, al interior, o que al menos en \u00e9l tienen un matiz mucho m\u00e1s pudoroso, se cuenten por miles en las avenidas de este pa\u00eds y a nadie parezca asombrarle: nos hemos acostumbrado a ver gente tendida en los exteriores, sola o acompa\u00f1ada, sin preguntarnos m\u00e1s, a menos, claro, que haya un elemento presente: la sangre, que tiende a colocar signos de admiraci\u00f3n en un enunciado por lo dem\u00e1s trivial. Si esta sustancia no existiese, \u00bfqui\u00e9n ser\u00eda capaz de diferenciar al que duerme del que est\u00e1 muerto?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sangre cambia los puntos suspensivos del sue\u00f1o por el punto final de la muerte, y trastoca, as\u00ed, la oraci\u00f3n de la quietud de los cuerpos. Y si es cierto que la sangre llama, \u00bfpor qu\u00e9 casi siempre somos incapaces de resistir la tentaci\u00f3n y acabamos por contestar, aunque la llamada no fuera para nosotros? No es casualidad, por ejemplo, la cantidad de publicaciones impresas y&nbsp; sitios de internet que publican, \u00fanica y exclusivamente, im\u00e1genes y videos de accidentes y asesinatos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todos los d\u00edas, seg\u00fan tengo entendido, un grupo de fot\u00f3grafos se re\u00fane en el Monumento a la Revoluci\u00f3n al caer la noche, para esperar el llamado de sus contactos en la polic\u00eda y la Cruz Roja: si hay un descabezado, un choque o una balacera, ellos se dirigen inmediatamente al lugar para obtener la primicia. Algunos, incluso, recorren las calles dentro de las patrullas o ambulancias, no esperan a que los llamen. Su testimonio fotogr\u00e1fico aparece al d\u00eda siguiente en la primera plana de los diarios amarillistas y la gente entonces puede ver lo que ocurri\u00f3 al cobijo de la noche; lo que pasaba all\u00e1 afuera.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es de sorprender que La Prensa, por ejemplo, tenga un tiraje muy superior al resto de los diarios en M\u00e9xico: en su primera plana casi siempre aparecen fotograf\u00edas de cuerpos humanos en todo el espectro de la carne: mujeres desnudas, mutilados, asesinatos y accidentes escandalosos en general, casi siempre enmarcados por banquetas y avenidas. La ley de la oferta y la demanda de la sangre, de la carne; una manera de asomarnos al interior de la vida de alguien (pero sin entrar), a su intimidad, a la desnudez que brinda la falta de ropa y a la desnudez \u00faltima: un cuerpo que no est\u00e1 cubierto de vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La nota roja es un ejercicio hemat\u00f3fago y voraz: siempre necesita sangre fresca y corre a contrarreloj: son los primeros en llegar al lugar del accidente los que ganan, los que logran no siempre las mejores tomas, pero s\u00ed las m\u00e1s frescas (sic) o gr\u00e1ficas. La muerte tiene un periodo corto de vida fuera del cuerpo humano y pierde su car\u00e1cter de interesante (por ser demasiado abstracta) si no se encuentra pronto con un nuevo hu\u00e9sped al que podamos observar y, en todo caso, documentar. En la pel\u00edcula <em>Nightcrawler<\/em>, de Dan Gilroy, un hombre vive (en toda la extensi\u00f3n de la palabra: halla sentido a su existencia y los medios de sustentarla) de ser el primero en lograr las tomas de los accidentes y venderlas a los noticieros. Lo curioso de la pel\u00edcula, o uno de los elementos que m\u00e1s me atraparon, es que lo suyo empez\u00f3 por azar y luego decidi\u00f3 convertirse, por as\u00ed decirlo, en un fisg\u00f3n profesional. El morbo propio que hace eco en el morbo de los dem\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hablemos de una de la figuras emblem\u00e1ticas de la fotograf\u00eda en nuestro pa\u00eds: Enrique Metinides, quien se define como un hombre que se acerca m\u00e1s al fisg\u00f3n suertudo que al reportero: muchas de sus tomas se lograron porque, por lo general, era el primero (o de los primeros) en acudir al lugar (c\u00e1mara en mano, porque quien narra la escena con palabras no tiene el mismo cr\u00e9dito que el primero en retratarla) y captar la escena. Sus fotograf\u00edas son memorables, entre otras cosas porque, precisamente, son las primeras que narraron el suceso y, en ocasiones, las \u00fanicas: la periodista Adela Legarreta prensada por un carro a media calle, el electricista calcinado sobre el poste de luz, el ciclista hecho pedazos, tanto o m\u00e1s retorcido que su bicicleta. Quiz\u00e1 Metinides no era el m\u00e1s avispado de los fot\u00f3grafos, pero parec\u00eda ser el m\u00e1s veloz y oportuno porque, seg\u00fan sus propias palabras, \u201csiempre andaba en la calle, con la c\u00e1mara lista\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cabe preguntarse si el \u00e9xito de este fot\u00f3grafo hubiera sido el mismo hoy en d\u00eda, cuando la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica es un elemento m\u00e1s cotidiano que en aquel entonces: todos los poseedores de un tel\u00e9fono inteligente se vuelven posibles documentadores; el morbo testimonial se ha democratizado, con lo que, ahora s\u00ed, no siempre es la primera fotograf\u00eda la que capta m\u00e1s la atenci\u00f3n, sino la m\u00e1s gr\u00e1fica o extra\u00f1a. A este respecto, Metinides lleg\u00f3 a comentar, en alguna entrevista, que presenciar tantos accidentes lo llev\u00f3, en alg\u00fan momento, a so\u00f1ar con ambulancias: una sobreexposici\u00f3n a los hechos m\u00e1s duros. \u00bfPor qu\u00e9, entonces, lo hac\u00eda?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Seg\u00fan algunos estudios, las fotograf\u00edas o videos de accidentes son las m\u00e1s numerosas en la galer\u00eda de un celular promedio, s\u00f3lo precedidas por im\u00e1genes er\u00f3ticas o fotograf\u00edas propias. Carne en toda la extensi\u00f3n de la palabra. Si para Susan Sontag el tomar fotograf\u00edas es una forma de sentirnos \u00fatiles en actividades por dem\u00e1s \u201cin\u00fatiles\u201d (como las vacaciones), tomar fotograf\u00edas de los muertos, apreciarlas y consumirlas, nos reafirma en nuestro car\u00e1cter de existentes. En un mero ejercicio de contraste, tener la capacidad de ver a los muertos nos reafirma como vivos. Seg\u00fan algunos psic\u00f3logos, existe una tendencia a acercarnos a presenciar un accidente en la calle porque nos produce un \u00edntimo placer y alivio ver a alguien m\u00e1s tendido ah\u00ed: logramos ver a la muerte como a un animal salvaje, enjaulada tras los barrotes de un cuerpo desecho, ajeno. La vemos desde afuera.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada fotograf\u00eda narra una historia y a nadie le gusta ser el protagonista de una tragedia. Nos place observar la muerte, la hecatombe y el infortunio como algo lejano: ver que alguien sucumbe antes que nosotros nos permite apreciar nuestra estancia en este mundo, quiz\u00e1 revalorarla; corroboramos que nuestra historia sigue esperando un punto final. Jeff Bierk es un hombre que, luego de superar su adicci\u00f3n a las drogas, se dedic\u00f3 a fotografiar indigentes y adictos, quiz\u00e1 como un recordatorio de que \u00e9l ya no estaba ah\u00ed, adentro de ese mundo y, adem\u00e1s, seg\u00fan sus propias palabras, como una forma de visibilizar a esas personas ante el resto del mundo: gente que vive, come, duerme y hace el amor en la calle. La pobreza, el vicio y la suciedad son aceptables s\u00f3lo cuando nos son ajenas o cuando las hemos superado, entonces se habla de ellas con soltura, desde afuera. Eventos a los que normalmente les sacamos la vuelta, o que apreciamos un instante para despu\u00e9s olvidarlos, se vuelven postal al ser sometidos al ojo escruti\u00f1ador del \u201cmir\u00f3n\u201d armado con una c\u00e1mara. Sus fotograf\u00edas fascinan no porque muestren algo que no conoci\u00e9ramos, sino porque nos reafirma que no somos nosotros los que estamos ah\u00ed, que por m\u00e1s abajo que nos encontremos, siempre habr\u00e1 alguien peor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fotograf\u00eda pone una barrera entre el testigo y el protagonista, separa al curioso del documentador: nos permite ser \u00fatiles, da la sensaci\u00f3n, otra vez, de que estamos \u201chaciendo algo\u201d. Una de las quejas m\u00e1s comunes hoy en d\u00eda, en que las fotograf\u00edas y los videos de tragedias, abusos policiales y asaltos abundan, es el papel del fot\u00f3grafo, al que se le acusa de s\u00f3lo limitarse a observar y no involucrarse. Ya Kevin Carter sufri\u00f3 los embates de quienes dec\u00edan que, en lugar de s\u00f3lo\u00a0disparar luz sobre el buitre que acecha a un ni\u00f1o fam\u00e9lico, debi\u00f3 hacer algo, intervenir, pero tomar un rol activo en los sucesos no es cosa f\u00e1cil la mayor\u00eda de las veces. Documentar es algo, participar es otra cosa: nos gusta dejar testimonio de que estuvimos ah\u00ed, pero no ser la noticia.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tomar una fotograf\u00eda nos permite aportar nuestro granito de luz a la sensible monta\u00f1a de la justicia, sentir que estamos haciendo algo m\u00e1s que s\u00f3lo ver, pero sin exponernos demasiado. Quiz\u00e1 pensemos que al documentar, evidenciamos, y que un problema visibilizado se encuentra m\u00e1s proclive a ser resuelto, aunque no siempre resulte de esa forma. Susan Sontag se\u00f1alaba que tantas fotograf\u00edas que muestran el horror, con la intenci\u00f3n de provocar desasosiego en el espectador, y que de esa incomodidad nazca la acci\u00f3n, acaban por crear el efecto contrario: nos desensibilizan, ya no sentimos indignaci\u00f3n al verlas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El internet, en buena parte, ha ayudado a acceder a este tipo de material y a lograr que los j\u00f3venes se escandalicen m\u00e1s ante una mala actuaci\u00f3n en su serie favorita que ante un descabezado. Por ejemplo, en las \u00e9pocas de la preparatoria, mis amigos y yo frecuent\u00e1bamos, adem\u00e1s de sitios con contenido er\u00f3tico (quiz\u00e1 con la misma frecuencia con que nos lo hab\u00edan prohibido nuestros padres) una p\u00e1gina dedicada exclusivamente a mostrar fotograf\u00edas de accidentes. El sitio (www.rotten.com) se divid\u00eda en secciones: accidentes, suicidios con arma y linchamientos; las galer\u00edas sub\u00edan de tono conforme se adentraba m\u00e1s uno. Era una especie de juego entre nosotros tildar de cobarde a quien comenzara a voltear la mirada despu\u00e9s de un tiempo, porque necesit\u00e1bamos refrendar nuestra juventud, valent\u00eda y arrojo (nuestro estar vivos) por medio del presenciar la muerte de otros sin chistar; que el cuerpo, tan encerrado en sus l\u00edmites morfol\u00f3gicos conocidos, no nos horrorizara al desbordarse, cuando se sal\u00eda de esa forma humana y se transformaba en meros trozos de carne sobre el lienzo del asfalto, nos dotaba de un car\u00e1cter de arrojo, de frialdad que entonces asoci\u00e1bamos con valent\u00eda y madurez. Las fotograf\u00edas, la mayor\u00eda de las ocasiones, eran tomadas por los param\u00e9dicos, oficiales de polic\u00eda y testigos, casi nunca por reporteros, e incluso se recib\u00edan colaboraciones, por lo que algunos de nosotros, yo incluido, comenzamos a asistir a clases armados con c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas (en mi caso una Kodak de rollo, con flash integrado) y recorrer las calles de la escuela al paradero de camiones con m\u00e1s lentitud, dispuestos a captar nuestra visi\u00f3n de la muerte, a ser los primeros en capturar el momento preciso del caos; jug\u00e1bamos a ser Robert Capa y quer\u00edamos ser testigos y cazadores de ese momento inefable en que el cuerpo deja de ser la persona y existe una ruptura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si Paul Auster se\u00f1ala que en vida un hombre y su cuerpo son sin\u00f3nimos, y que es la muerte la que los separa (este es el cuerpo de fulano de tal, pero ya no es \u00e9l; ahora est\u00e1 afuera de este cuerpo; estamos viendo al alma desnudarse de su vestidura de carne y m\u00fasculos), nosotros quer\u00edamos ver el momento de la desnudez \u00faltima, ese segundo donde se puede presenciar algo que le est\u00e1 reservado al interior. Una de las cosas que me parec\u00edan m\u00e1s curiosas de las fotograf\u00edas de dicho sitio, ahora que lo recuerdo, es que, a pesar de lo violento de algunas muertes, siempre se cubr\u00eda con un cintillo negro los ojos de las v\u00edctimas, si es que todav\u00eda los conservaban. Quiz\u00e1, como con el abismo, si uno se asoma mucho tiempo a unos ojos vac\u00edos de vida, estos terminan por mirarnos tambi\u00e9n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay algo de misterioso en la muerte, algo que atrae a gran parte de los j\u00f3venes. En <em>Stand by me<\/em>, la pel\u00edcula de Rob Reiner basada en la novela <em>The body<\/em>, de Stephen King, por ejemplo, es un cad\u00e1ver el que une a un grupo de ni\u00f1os y motiva su viaje: la presencia de la muerte como rito inici\u00e1tico a la madurez, a la valent\u00eda. Recordaba alguna vez, en una pl\u00e1tica con un amigo, que cuando era ni\u00f1o hab\u00eda dos cosas que no se me permit\u00eda ver en revistas o pel\u00edculas: desnudos y asesinatos. Sin embargo, la tolerancia de mis padres era mayor para con los asesinatos, ficticios o reales, que para con un acto sexual o un desnudo parcial: mis padres colocaban sobre mis ojos la cinta negra del \u201cvolt\u00e9ate, no veas eso\u201d, para protegerme de escenas indeseadas, aunque a\u00f1os despu\u00e9s, en compa\u00f1\u00eda de amigos, emparejar\u00eda el marcador al ver la famosa pel\u00edcula <em>Traces of Death<\/em>, una recopilaci\u00f3n de asesinatos, suicidios, mutilaciones y linchamientos grabados por curiosos y compilados por un personaje an\u00f3nimo. Quitarse la sensibilidad a pedacitos, volver a casa un poco menos ni\u00f1o, seg\u00fan nosotros: demostrarnos que la muerte no nos asustaba porque era algo ajeno, algo a lo que le sac\u00e1bamos la vuelta con facilidad. Que la sangre no es tan espesa como dicen y se traga con facilidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero sangre somos y a la sangre volveremos, ad nauseaum. No es, quiz\u00e1, el l\u00edquido por s\u00ed mismo lo que horroriza a las personas, sino el envase que la contiene, el s\u00edmbolo que dibuja en su ca\u00edda, en el escape del cuerpo. La sangre, si se le mira contenida en un tubo de ensayo, no transmite la sensaci\u00f3n de ruptura, de corte, de violencia; ver una mancha de sangre sobre la lona de un ring es aceptable, no horroriza a nadie afecto a los deportes de contacto, pero ese mismo l\u00edquido se resignifica si se coloca sobre una superficie ajena, como el concreto o las v\u00edas del metro. Una mancha de sangre en la calle, sobre el pavimento, casi siempre es s\u00edmbolo de violencia, ruptura, de algo negativo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mam\u00e1, por citar un caso, recuerda con especial afectaci\u00f3n la muerte de uno de mis t\u00edos abuelos, \u201cla sangre corr\u00eda por toda la cuneta, como un r\u00edo chiquito\u201d, narra, y luego hace hincapi\u00e9 en los peligros de beber en la calle y caminar a altas horas de la noche sobre el arroyo vial, elementos presentes en aquel deceso. \u201cYa si alguien quiere tomar\u201d, remata cada que saca a colaci\u00f3n aquella an\u00e9cdota, \u201cque lo haga en su casa, donde no le pasar\u00e1 nada\u201d. Un acto que siempre le ha parecido negativo, como lo es el beber, le parece menos ominoso, y sobre todo de mucho menor riesgo, si se lleva a cabo en espacios cerrados. Adentro. \u201cEl que no quiera ver visiones, que no ande de noche\u201d, recita con tono casi prof\u00e9tico al hablar de aquel accidente, y as\u00ed da por terminada cualquier explicaci\u00f3n al respecto. Es decir, que no ande afuera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero sucede que hay gente que s\u00ed quiere ver visiones y las busca, aunque la mayor\u00eda de las veces sin \u00e9xito alguno. Ya que mis amigos y yo nunca pudimos encontrar un accidente lo suficientemente \u201cfotografiable\u201d, fotog\u00e9nico a la inversa (que luciera en imagen peor de lo que luc\u00eda en vivo) pero aun as\u00ed dese\u00e1bamos colaborar en aquel sitio de internet, decidimos volcarnos a otra de las secciones: los casos paranormales. Fue entonces que adquir\u00ed la costumbre de robar por las noches el carro de mis hermanos mayores y salir con uno de mis amigos de la preparatoria, que adem\u00e1s era mi vecino, a recorrer las calles en busca de los sitios supuestamente embrujados del pueblo, para tener evidencia de alg\u00fan fen\u00f3meno paranormal y as\u00ed catapultarnos a la fama, al menos entre la comunidad que visitaba aquella p\u00e1gina. Tom\u00e1bamos el auto, un Topaz 94 color negro, transmisi\u00f3n autom\u00e1tica, y recorr\u00edamos uno a uno los sitios que la gente se\u00f1alaba como malditos: una vieja casa abandonada, un teatro en ruinas, una unidad habitacional totalmente vac\u00eda. Busc\u00e1bamos all\u00e1 afuera el vac\u00edo, el silencio que no ten\u00edamos all\u00e1 adentro en el hogar. El resultado fue el mismo en cada una de las salidas: fotograf\u00edas de viejas construcciones abandonadas, con fondo oscur\u00edsimo, y m\u00e1s bien borrosas y desenfocadas, pero nada que pudiera calificarse de paranormal. La \u00fanica fotograf\u00eda donde aparec\u00eda algo medianamente inexplicable fue la \u00faltima que tom\u00e9: una neblina delgada flotaba al ras de los cimientos en una de las casas que visitamos, pero en una noche donde ni siquiera hac\u00eda fr\u00edo. Al revelarlas, y descubrir aquella toma, me di cuenta de que no era lo suficientemente buena para la p\u00e1gina, pero s\u00ed para persuadirme de continuar aquella b\u00fasqueda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c\u00bfY qu\u00e9 tanto haces en la calle?\u201d, preguntaba mi mam\u00e1 cuando me ve\u00eda salir, a lo que yo contestaba que s\u00f3lo andaba por ah\u00ed sin rumbo, platicando con mi amigo. \u201c\u00bfY no es algo que puedas hacer aqu\u00ed en la casa?\u201d, reviraba, quiz\u00e1 sospechosa de mis actividades, pero mi respuesta era siempre negativa. \u201cAlgo has de andar haciendo, si lo vas a hacer a la calle es porque aqu\u00ed no puedes, porque de seguro es algo malo\u201d. Porque para ella, ama de casa, mujer hogare\u00f1a, la casa es un sitio seguro, de costumbres sacras y benignas, donde se est\u00e1 a salvo, se come y se duerme bien, y la calle es su ant\u00edtesis.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es incre\u00edble cu\u00e1nta gente muere en la calle, por las razones m\u00e1s diversas y de las formas m\u00e1s variadas. Incre\u00edble, tambi\u00e9n, la cantidad de gente que duerme en la calle y que hace el amor en la calle. 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Coordinador del Taller de Creaci\u00f3n Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (R\u00edo arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de M\u00e9xico, 2020, menci\u00f3n honor\u00edfica en el Certamen Literario Laura M\u00e9ndez de cuenca 2018) y Especies carism\u00e1ticas (Premio Nacional  de Cuento Juan Jos\u00e9 Arreola 2023). Tambi\u00e9n es autor de los libros de cr\u00f3nica Tren suburbano (Malpa\u00eds, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo menci\u00f3n honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la cr\u00f3nica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibarg\u00fcengoitia) y del libro de ensayos <em>Basado en hechos reales<\/em> (Casa Bons\u00e1i, 2025). \n\nBecario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de M\u00e9xico (2018) en el \u00e1rea de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comit\u00e9 de premiaci\u00f3n del Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay 2020, as\u00ed como en los comit\u00e9s de selecci\u00f3n de est\u00edmulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor.\n\nHa publicado cuento, poes\u00eda, cr\u00f3nica, ensayo, rese\u00f1a y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, as\u00ed como en las antolog\u00edas De narcos a luchadores (Contrabando, Espa\u00f1a, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilaci\u00f3n de Bernardo Barrientos Dom\u00ednguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el n\u00famero especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y  el n\u00famero especial sobre cr\u00f3nica: La cr\u00f3nica, el arte de narrar, de La Jornada.  Es egresado de la Licenciatura en ense\u00f1anza de ingl\u00e9s, de la UNAM."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57057","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=57057"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57057\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":60297,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/57057\/revisions\/60297"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/60296"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=57057"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=57057"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=57057"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=57057"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}