{"id":57040,"date":"2025-07-09T07:00:00","date_gmt":"2025-07-09T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56638"},"modified":"2026-09-28T10:04:25","modified_gmt":"2026-09-28T16:04:25","slug":"los-relingos-ensayos-sobre-los-mercados-de-pulgas-y-otros-artefactos-inutiles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57040","title":{"rendered":"Los relingos. <em>Ensayos sobre los mercados de pulgas y otros artefactos in\u00fatiles<\/em>"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\">Apolog\u00eda de la basura<\/h2>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>La vida, all\u00ed, ser\u00eda f\u00e1cil, ser\u00eda simple. Todas las obligaciones, todos los problemas que implica la vida material hallar\u00edan una soluci\u00f3n natural.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Georges Perec, <em>Las cosas<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muebles, ropa, cuberter\u00eda o bisuter\u00eda son algunos de los campos sem\u00e1nticos que existen para cada una de las cosas que habitan al interior de una casa, aunque al final de su vida \u00fatil todo se arrumba en el amplio grupo del cachivache, la ch\u00e1chara y el trebejo. As\u00ed empieza y termina todo, supongo, con un cambio de denominaci\u00f3n que altera el curso de su existencia. En el universo de los objetos cotidianos, cuando el espacio ya no da m\u00e1s, el primer paso para quienes a\u00fan pueden darse el lujo de tener cuartos extra o de servicio es trasladar all\u00ed sus excedentes particulares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras que los suburbios del primer mundo disponen del s\u00f3tano y el \u00e1tico para guardar sus esqu\u00eds de invierno, palos de golf y cofres que encierran maldiciones milenarias, versiones modernas de la caja de Pandora, zonas menos espaciosas se conforman con un ap\u00e9ndice dom\u00e9stico que no sirve para habitar, sino para contener: un intersticio que suele estar al final del jard\u00edn o del patio, en ocasiones en una esquina de la azotea y al que nos referimos en diminutivo para restarle importancia. Si las dimensiones del cuartito alcanzan las medidas de un armario o una rec\u00e1mara completa poco importa, porque en realidad le debe el nombre a su menospreciada tarea. Otros de los t\u00edtulos que recibe son <em>el cuarto de los tiliches<\/em>, <em>de atr\u00e1s<\/em> o de <em>hasta arriba<\/em>, ep\u00edtetos poco ingeniosos sobre su uso o ubicaci\u00f3n. Quienes vivimos en un departamento atiborramos cl\u00f3sets y repisas, y cuando llegan a su l\u00edmite echamos en falta la austeridad de la vida monacal. Las grandes ciudades y sus problemas de espacio han logrado capitalizar este dilema con el surgimiento y la renta de mini bodegas, que no son otra cosa que una visi\u00f3n corporativa del cuartito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mucho de lo que acumulamos se fabrica con un fin utilitario y cuando no cumple m\u00e1s su funci\u00f3n, pasa a formar parte de las filas de objetos en reposo. Los adornos, que por definici\u00f3n no poseen una labor efectiva y tienen como \u00fanico objetivo embellecer, suelen ser los principales candidatos. En mi casa de la infancia, el cuarto que actuaba como almac\u00e9n se reg\u00eda bajo el lema \u201cesto es de antes de que t\u00fa nacieras\u201d, y por varios a\u00f1os llegu\u00e9 a pensar que lo \u00fanico que no databa de antes de mi nacimiento era yo. Entre otro mont\u00f3n de miscel\u00e1neas porquer\u00edas, hab\u00eda regalos que nunca supimos d\u00f3nde poner, como ceniceros con formas vegetales o floreros demasiado rid\u00edculos que sospecho pasaron por varias manos igual de confundidas antes de llegar a nosotros, torres en precario equilibrio con los adornos de Navidad y varios a\u00f1os de manualidades escolares para el d\u00eda de las Madres. Hay muchos textos esperando ocurrir sobre la cantidad de residuos que producen las efem\u00e9rides.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Limpiar y vaciar el cuartito en aras de una vida minimalista u ordenada es una odisea que emerge con las mudanzas, las vacaciones de verano, la llegada de nuevos integrantes a la familia o el arribo de la adolescencia. Y aunque escombrar es un evento que busca liberar espacio, suele acarrear nuevos inquilinos que, como los adolescentes en crecimiento, demandan su propio sitio. No solo en los \u00e1lbumes fotogr\u00e1ficos se puede ver el paso del tiempo y conocer las costumbres de una \u00e9poca, tambi\u00e9n en los a\u00f1os de amontonamiento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Junto con las limpiezas surge el eterno \u201c\u00bfy si me quedo con esto?\u201d. En nombre del \u201cpara algo me puede servir\u201d y del \u201cme recuerda este gran e irrepetible momento\u201d he conservado apuntes y libros de texto de materias que nunca volver\u00e9 a cursar, recortes de peri\u00f3dico cada d\u00eda m\u00e1s amarillos, calcetines desparejados y pel\u00edculas en formatos que ya es imposible ver. Varias veces he estado a punto de convertirme en uno de esos acumuladores de los que advierten los programas para insomnes, pero el sentido com\u00fan (casi siempre ajeno) y la falta de espacio (casi siempre m\u00eda) me han metido en cintura para vender, regalar o tirar todo lo que no utilizo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Saber en qu\u00e9 momento debo deshacerme de algo es un asunto que me preocupa m\u00e1s de lo que me gustar\u00eda admitir. Camisetas con hoyos, tenis con la punta despegada y bolsas ligeramente deste\u00f1idas est\u00e1n entre aquello que todav\u00eda utilizo, pero no s\u00e9 hasta cu\u00e1ndo. Hasta que al dar un paso deje atr\u00e1s la suela o en el momento en el que mi brazo encuentre una salida alternativa a la manga, me respondo. Es la condici\u00f3n previa a la devastaci\u00f3n absoluta lo que me llena de angustia. Cada cierto tiempo, aparece una noticia escandalosa de quienes descartan su ropa despu\u00e9s de usarla una vez. En el extremo opuesto, estamos quienes conservamos prendas desde nuestro \u00faltimo estir\u00f3n, que ocurre aproximadamente al salir de la secundaria. Aunque llevaban varios a\u00f1os guardados, tuve un desprendimiento tard\u00edo de mis juguetes, porque me daba tristeza abandonar para siempre esa parte de mi vida infantil. Fue mi mam\u00e1 quien procedi\u00f3 a reubicarlos de manera permanente. Entre sus razones estaban el recordatorio de que yo no se los voy a heredar a mis hijos, ella no va a ser abuela y que, en sus palabras, su cuartito no es infinito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uso pasta para dientes sensibles, me truena el hombro izquierdo cuando giro el brazo, tengo tres diagn\u00f3sticos diferentes para el dolor de mu\u00f1ecas y, cuando empec\u00e9 a correr, desarroll\u00e9 fascitis plantar que, supe despu\u00e9s, es un padecimiento com\u00fan entre los corredores <em>amateur<\/em>.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La l\u00f3gica de la acumulaci\u00f3n funciona como los achaques: asuntos que dejamos para despu\u00e9s y permanecen ah\u00ed, a pesar de nosotros mismos, hasta que su presencia se hace evidente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este momento hay toneladas de chatarra flotando en el espacio, basura en la zona abisal del mar, generaciones enteras que a\u00fan no nacen, pero ya cuentan con pl\u00e1sticos microsc\u00f3picos integrados en la cadena de adn. Dan ganas de no tener cosas nunca m\u00e1s y limitarse a una existencia por \u00f3smosis.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debido al estilo de vida hura\u00f1o y poco aseado que desarrollan los casos m\u00e1s severos de quienes lo sufren, el trastorno psiqui\u00e1trico de la acumulaci\u00f3n compulsiva se conoce popularmente como <em>s\u00edndrome de Di\u00f3genes<\/em>. El nombre en realidad resulta un error antit\u00e9tico o un chiste malo, pues es lo opuesto a la doctrina que Di\u00f3genes practic\u00f3 toda su vida, ajena a las posesiones materiales. La relaci\u00f3n con nuestras cosas ocurre entre los extremos de ambas tendencias: la del ascetismo absoluto y la del s\u00edndrome bautizado err\u00f3neamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una de las explicaciones para conservar algo es, en estricto sentido, monetaria. Nunca he conocido a nadie que le arregle el cable a la plancha o cambie la resistencia quemada de la tostadora si entre sus planes est\u00e1 comprar una nueva. S\u00e9 que existe un tipo de persona que desarma todo lo que se descompone con la esperanza de arreglarlo o al menos de poder armarlo otra vez. De esta manera, conozco algunos electrodom\u00e9sticos con alma de Frankenstein, como un horno para molletes con un cable de secadora y una l\u00e1mpara cuya base es un jarr\u00f3n. Otro motivo detr\u00e1s de la acumulaci\u00f3n es el apego sentimental al que obligan los regalos poco acertados, pero bien intencionados, las herencias de poca monta o las curiosidades que pasaron de mano en mano. Repartidos en diferentes zonas estrat\u00e9gicas, encuentro objetos que no necesariamente adquir\u00ed yo, que muchas veces ni siquiera me gustan, pero que la culpa me obliga a conservar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El costo de salvaguardar algo de la purga casera es que inevitablemente se vuelve anticuado y cuando se pierde o se rompe, la b\u00fasqueda de su reemplazo o sus partes comienza en un recorrido por los remates, los distribuidores fraudulentos y las leyendas de \u201cmodelo descontinuado\u201d, \u201csin existencia\u201d y \u201cconsulte a su proveedor\u201d. La supervivencia de aquello que conservamos eventualmente evoluciona en una expedici\u00f3n entre los tianguis de fierros viejos, que funcionan como deshuesaderos de lo que no es posible hallar en otra parte. Alguna vez fui testigo de c\u00f3mo alguien compraba una boquilla para su esn\u00f3rquel y varias veces me he sorprendido a m\u00ed misma buscando enseres tan espec\u00edficos como una repisa para la puerta del refrigerador o empaques para alg\u00fan termo de medidas imposibles. Lo que aparece rara vez es la pieza necesaria, m\u00e1s bien se trata de equivalentes descompuestos que se transforman en refacciones emergentes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de los lugares donde lo usado encuentra su par, es el tianguis de las Torres. Ubicado al oriente de la Ciudad de M\u00e9xico, provoca confusiones con otros tianguis hom\u00f3nimos a varios kil\u00f3metros de distancia. El que conozco recibe su nombre por las torres de alta tensi\u00f3n repartidas a lo largo del camell\u00f3n sobre el que s\u00e1bados y domingos, y de manera cada vez m\u00e1s frecuente entre semana, se instalan los puestos. Va del trecho que corre entre Avenida Tl\u00e1huac y Canal de Chalco, aunque cuando la concurrencia es mucha, ocupa varias cuadras de ambas avenidas. Para atravesarlo \u2014o para buscar los precios que bajan a la segunda o tercera vuelta al final del d\u00eda, o frente a la amenaza de conseguirlo m\u00e1s barato en otro lado\u2014 se necesita pericia al caminar, maldad en la mirada y astucia en el regateo. Como oasis en el desierto, ocasionalmente aparece lo que fuiste a buscar, lo que no pensabas que fuera a existir, pero espera pacientemente, camuflado entre figuritas de pl\u00e1stico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si no se toman en cuenta las filas de coches a los lados de la banqueta, los techos de pl\u00e1stico o el olor a basura, del tianguis de las Torres se puede hablar como las gu\u00edas de turistas hablan de varios museos: por sus dimensiones kilom\u00e9tricas, el p\u00fablico numeroso y su acervo diverso, es recomendable no verlo todo en un d\u00eda, usar calzado c\u00f3modo y ser cuidadoso con las propias pertenencias. El recorrido funciona como el de las salas en muchas exposiciones, es posible seguir el sentido l\u00f3gico que dicta la circulaci\u00f3n o ir a contracorriente si la multitud lo permite. Tambi\u00e9n se puede ir directo al grano hacia un puesto en espec\u00edfico como quien visita el Louvre con la \u00fanica finalidad de tomarse una foto con la Mona Lisa en el fondo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras que los grandes almacenes aceleran la obsolescencia de las novedades que venden, las Torres, junto con muchos otros mercados de usado, interrumpen el paso natural del tiempo con d\u00e9cadas de artefactos pasados de moda, alargando su vida \u00fatil en un limbo a medio camino de su uso original y el basurero. Cada \u00e9poca produce objetos condenados a desaparecer o a reinventar su uso. Los ceniceros de los coches, por ejemplo, se han convertido en portavasos o cajones emergentes de morralla, como heraldos de que la parafernalia que acompa\u00f1aba a los fumadores es una especie en v\u00edas de extinci\u00f3n. As\u00ed, en las Torres aparecen sillas a la venta que a\u00fan funcionan como sillas, copas como copas o l\u00e1mparas como l\u00e1mparas, pero tambi\u00e9n contenedores de leche convertidos en macetas, planchas de hierro usadas como pisapapeles o portavasos hechos de disquetes. Hace unos d\u00edas, vi un mueble para tel\u00e9fonos fijos con un espacio para la caduca Secci\u00f3n Amarilla, anunciado como mesita de centro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La anticuaria y acumuladora profesional Lara Maiklem escribi\u00f3 una serie de reflexiones sobre sus hallazgos al escarbar en diferentes r\u00edos, campos, playas y jardines ingleses. Especialmente, narr\u00f3 sus descubrimientos en los m\u00e1rgenes del T\u00e1mesis y, al mismo tiempo, elabor\u00f3 una gu\u00eda con consejos y rutas. Como los gambusinos en la fiebre del oro, el secreto est\u00e1 en tener paciencia y disposici\u00f3n para sortear las adversidades clim\u00e1ticas. Sus recomendaciones funcionan tambi\u00e9n para salir airoso entre la pepena callejera. Procurar la b\u00fasqueda cuando la marea est\u00e1 baja, pero aprovechar la marea alta que remueve los bancos de arena y saca a flote tesoros ocultos no es muy diferente de evitar las horas m\u00e1s concurridas en un tianguis, sin dejar de poner atenci\u00f3n a lo que sacuden las multitudes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En estricto sentido, quien escarba una playa o las orillas de un r\u00edo normalmente no va en busca de refacciones para la licuadora y m\u00e1s bien se abandona al azar caprichoso de lo que arrastre la marea, aunque de vez en cuando existan b\u00fasquedas m\u00e1s espec\u00edficas que otras. En 1997, un barco carguero de fichas de Lego naufrag\u00f3 cerca de la costa de Cornualles y aproximadamente cinco millones de piezas cayeron al mar. La cuenta de Twitter Lego Lost at Sea se encarga de documentar los bloques de Lego recuperados, que se han vuelto una leyenda entre los coleccionistas. Mi amiga Alicia me cuenta que en Gales y algunos pueblos playeros con casas m\u00e1s bien antiguas, las personas adornan sus ventanas con figuritas o miniaturas promocionales de marcas de cerveza. Le pregunto si se trata de una tradici\u00f3n brit\u00e1nica, pero no sabe. Es posible que los ingleses solo sean adeptos a exhibir sus juguetes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hasta el siglo xix, muchos historiadores comenzaron a apreciar los objetos ordinarios que navegan en el T\u00e1mesis: peines de madera del periodo isabelino, pedazos de pipas de arcilla del siglo xviii o alfileres hechos a mano. En muchas ocasiones nada de esto se conserva, \u00fanicamente se documenta y regresa al cauce del r\u00edo. M\u00e1s que el descubrimiento material, lo valioso es la historia que cuenta. Un poco de esto ha quedado en la arqueolog\u00eda urbana de encontrar monedas, tuercas o botones en alguna caminata y recoger conchas a la orilla del mar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Igual que las diferencias ontol\u00f3gicas que existen entre las posiciones del <em>pitcher<\/em> y el <em>catcher<\/em>, una cosa es visitar un mercado de pulgas para comprar, como una opci\u00f3n econ\u00f3mica, y otra asistir para vender, como forma de subsistencia. Quienes no venden ni compran invariablemente adquieren la condici\u00f3n de exploradores o turistas que deambulan entre los productos milagro que prometen curar la calvicie, la ti\u00f1a y hasta el c\u00e1ncer, los puestos de cervezas y fritangas, y la fayuca a precio de saldo. Pese a su utilidad y actual atractivo tur\u00edstico, mercados como el de las Torres, en el discurso medi\u00e1tico y cierto imaginario popular, est\u00e1n condenados a ser hoyos de miseria y sus participantes a nacer, crecer, reproducirse y morir en la basura. Si la vida alrededor cumple con el m\u00ednimo en los estudios socioecon\u00f3micos o no se representa con extrema sordidez, pareciera que hay poco qu\u00e9 decir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mala fama del comercio informal aparece desde la <em>Historia general de las cosas de la Nueva Espa\u00f1a, <\/em>el tratado monumental con el que Fray Bernardino de Sahag\u00fan tradujo para el imperio de Carlos V el territorio reci\u00e9n conquistado. El gremio de los mercaderes constitu\u00eda una clase social aparte, ubicada solamente por debajo de los grandes se\u00f1ores. El oficio inclu\u00eda ser esp\u00edas, viajeros y tramposos condecorados que regateaban casi por deporte. En la historia de las religiones, debe existir alg\u00fan paralelismo entre los dioses dedicados al comercio, ligeros de pies y r\u00e1pidos de labia, pues en el pante\u00f3n griego la deidad venerada por los comerciantes era Hermes, asociado tambi\u00e9n al fraude y la falsificaci\u00f3n. Su locuacidad al hablar y su esp\u00edritu taimado se ataviaban con sandalias aladas y un caduceo, no muy alejado del b\u00e1culo con el que se representaban los mercaderes aztecas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un falso contacto en el cable de mi tostadora vieja provoc\u00f3 un conato de incendio y me revel\u00f3 dos verdades que en el fondo ya sab\u00eda: la importancia de no acumular vejestorios y que no pertenezco a la especie habilidosa que arregla sus electrodom\u00e9sticos. Parcialmente se debe a que soy muy in\u00fatil, pero tambi\u00e9n a que cada d\u00eda es m\u00e1s sencillo adquirir un nuevo ejemplar que reponer una de sus partes. Todo por servir se acaba y acaba por no servir, dice un refr\u00e1n popular. No todo lo que descartamos resurge en los mercados de segunda mano, mucho simplemente se va para no volver jam\u00e1s. Queda arrumbado en un rinc\u00f3n de la memoria, junto con la marcaci\u00f3n de los tel\u00e9fonos de disco y rebobinar los casetes con un l\u00e1piz.\u00a0<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/FM11945.jpg\" alt=\"Portada de &quot;Los relingos&quot;, Ana de Anda. Colecci\u00f3n Tierra Adentro, FCE, 2024.\" class=\"wp-image-56639\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Portada de &#8220;Los relingos&#8221;, Ana de Anda. Colecci\u00f3n Tierra Adentro, FCE, 2024.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">Puedes comprar el libro <a href=\"https:\/\/elfondoenlinea.com\/Detalle.aspx?ctit=9786071686527\">aqu\u00ed<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Apolog\u00eda de la basura La vida, all\u00ed, ser\u00eda f\u00e1cil, ser\u00eda simple. Todas las obligaciones, todos los problemas que implica la vida material hallar\u00edan una soluci\u00f3n natural. Georges Perec, Las cosas Muebles, ropa, cuberter\u00eda o bisuter\u00eda son algunos de los campos sem\u00e1nticos que existen para cada una de las cosas que habitan al interior de una &#8230; <a title=\"Los relingos. Ensayos sobre los mercados de pulgas y otros artefactos in\u00fatiles\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=57040\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Los relingos. 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