{"id":56037,"date":"2025-03-04T07:00:00","date_gmt":"2025-03-04T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56037"},"modified":"2025-04-23T17:22:17","modified_gmt":"2025-04-23T17:22:17","slug":"el-ladrar-de-los-lobos-marinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56037","title":{"rendered":"El ladrar de los lobos marinos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dejo cabellos por todas partes. En casa no se notaba tanto por la alfombra que cubre el suelo de mi rec\u00e1mara, pero aqu\u00ed sobre el piso color crema del hospital es evidente que se me cae. Tengo cinco meses ya bajo el tratamiento mensual de la ciclofosfamida que adem\u00e1s de debilitarme el pelo, est\u00e1 moderando el comportamiento err\u00e1tico de mi sistema inmune que por equivocaci\u00f3n ataca a mis c\u00e9lulas sanas. Luego de estos meses los marcadores del lupus eritematoso sist\u00e9mico que padezco se\u00f1alan mejor\u00eda, aunque a\u00fan no alcanzo las metas. El mismo lupus tambi\u00e9n provoca que el pelo se me caiga, pero solo en su etapa m\u00e1s activa, mientras mejora es la ciclofosfamida la que me jode la cabellera y lo hace suavemente, un cabello, dos, cinco o treinta, a la vez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entr\u00e9 de nuevo al hospital ayer por la tarde. No me siento tan mal ni estoy tan grave como en septiembre que tron\u00f3 el brote violento con el que me diagnosticaron. Esta vez se trata de una infecci\u00f3n en las v\u00edas urinarias, pero como el tratamiento en el que estoy mantiene la respuesta inmunol\u00f3gica de mi cuerpo anulada, una infecci\u00f3n como esta puede hacer estragos en el lento camino trazado para dormir al lobo que me a\u00falla por dentro. De los cuatro inmunosupresores que tomo, la ciclofosfamida es el m\u00e1s poderoso. Me lo aplican mensualmente por medio de un cat\u00e9ter que en general me ponen en el pliegue del codo. La aplicaci\u00f3n dura aproximadamente cuatro horas: en la primera me pasan un medicamento antivomitivo, luego por espacio de dos horas me perfusionan la ciclofosfamida y la \u00faltima hora se la dedican a otro medicamento, el mesma, que se supone protege a la vejiga del impacto que el inmunosupresor causa en ella. Luego de cinco sesiones, y aun con la protecci\u00f3n, mi vejiga tiene una infecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A los pocos d\u00edas de la aplicaci\u00f3n del mes de enero empec\u00e9 a sentir molestias, adem\u00e1s de las esperadas. La ciclofosfamida es un medicamento feroz, un tipo de quimioterapia que se emplea para tratar el lupus grave y algunos tipos de c\u00e1ncer. En general me provoca dolor de cabeza intenso, ascos, n\u00e1useas y a veces v\u00f3mito en los d\u00edas posteriores a la aplicaci\u00f3n. Al paso de los d\u00edas los malestares cesan y solo permanece una sensaci\u00f3n rara en la boca que modifica el sabor de las cosas que ingiero. Eso y lo del pelo. En noviembre, a los d\u00edas de la perfusi\u00f3n, amanec\u00ed con la cara hinchada. Los ojos, nariz, p\u00f3mulos, los labios. Me ve\u00eda al espejo y encontraba algo parecido a los memes de los perritos que son picados por una abeja. La cara permaneci\u00f3 inflamada y enrojecida por algunas horas y despu\u00e9s fue bajando la reacci\u00f3n dejando tras de s\u00ed la marca del eritema malar, la lesi\u00f3n cut\u00e1nea cl\u00e1sica del tipo de lupus que tengo: una erupci\u00f3n en la piel de la cara que forma una mariposa con las dos alas abiertas en cada mejilla, unidas en el puente de la nariz. Sin embargo, luego de la aplicaci\u00f3n de enero sent\u00ed un cansancio brutal y el cuerpo cortado. M\u00e1s tarde vino la fiebre, el ardor y las ganas constantes de orinar aunque mi vejiga estuviera vac\u00eda. Esos s\u00edntomas los conozco bien, hace poco m\u00e1s de una d\u00e9cada, cuando trabajaba dirigiendo la cocina de La Contra, un restaurante en el centro de Ensenada, con frecuencia lidi\u00e9 con la cistitis.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese tiempo laboraba de pie durante muchas horas. Usaba el trabajo intenso como un medio para paliar el duelo de la muerte de mi padre. Mucho despu\u00e9s comprend\u00ed la estrategia, habitual en mi familia, de la adicci\u00f3n al trabajo para el manejo de aquello que nos desborda. Para benepl\u00e1cito de los clientes y de los due\u00f1os del restaurante por igual, pasaba el d\u00eda entero en la cocina, adem\u00e1s de que ese ritmo de trabajo descabellado es com\u00fan en el medio restaurantero. No com\u00eda bien a pesar de estar en contacto con la comida y los ingredientes todo el tiempo. De probar de sal las preparaciones disfrazaba el hambre y no ten\u00eda presente lo de tomar dos litros de agua diarios. Tomaba alcohol diariamente eso s\u00ed, vino, cerveza. \u00bfC\u00f3mo se pudo mantener en funcionamiento la maquinaria corporal bajo esas condiciones? Quiz\u00e1 por eso ahora truena y a\u00falla el lobo. La cistitis recurrente de aquel entonces era provocada por una bacteria llamada <em>Escherichia coli<\/em>. Que si la anatom\u00eda femenina favorece la contaminaci\u00f3n, que si la pobre ingesta de agua. Cita con el ur\u00f3logo, un examen general de orina que confirme la infecci\u00f3n y un par de antibi\u00f3ticos durante una semana: una c\u00e1psula y dos pastillas cada ocho horas. Los inc\u00f3modos s\u00edntomas desaparec\u00edan durante el tratamiento y al cabo de los siete d\u00edas regresaban. El m\u00e9dico entonces ped\u00eda un urocultivo con antibiograma que se\u00f1alaba con detalle la naturaleza de la bacteria y la sensibilidad o resistencia a un listado de antibi\u00f3ticos. Ya con ese examen en mano, el ur\u00f3logo indicaba el medicamento infalible para acabar con la bacteria y poder regresar a la vida ajetreada de la cocina sin molestias. As\u00ed aprend\u00ed a tomar agua de un modo constante y a pedir el urocultivo ante la primera sensaci\u00f3n de incomodidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema esta vez fue que la infecci\u00f3n se me declar\u00f3 en domingo, cuando no hay laboratorios cl\u00ednicos abiertos en la ciudad y me sent\u00eda tan inc\u00f3moda que la reumat\u00f3loga, que me atiende el lupus y sigue de cerca mi sintomatolog\u00eda, decidi\u00f3 recetar antibi\u00f3ticos: la c\u00e1psula de nitrofuranto\u00edna y las pastillas de fenazopiridina que colorean de anaranjado mi orina. Para el lunes que ped\u00ed el urocultivo no hab\u00eda traza de ninguna bacteria que cultivar. Sin embargo, a los d\u00edas de terminar la semana del tratamiento para la infecci\u00f3n, los s\u00edntomas regresaron: el viejo cuento de la cistitis de la cocinera que fui. Esta vez el laboratorio arroj\u00f3 informaci\u00f3n diferente, se trataba de <em>Salmonella enterica<\/em>, una bacteria del tracto intestinal que con frecuencia infecta las v\u00edas urinarias de pacientes inmunocomprometidos como yo y que suele ser muy resistente a medicamentos orales. Debido a su resistencia, al estado adormecido de mi sistema inmune y al punto en el que me encuentro en el tratamiento del lupus, mi doctora resolvi\u00f3 internarme para aplicar un antibi\u00f3tico intravenoso y monitorear la evoluci\u00f3n de cerca, no fuera a ser que la infecci\u00f3n despertara un nuevo brote de lupus.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras leo a Anne Boyer contar las adversidades de transitar el tratamiento contra el c\u00e1ncer de mama que relata en su libro <em>Desmorir, una reflexi\u00f3n sobre la enfermedad en un mundo capitalista<\/em> (2021), me entero que la ciclofosfamida, medicamento con el que tambi\u00e9n le trataron su c\u00e1ncer, es \u201cuna variante medicalizada de un arma qu\u00edmica desarrollada por Bayer con el nombre de LOST, conocido tambi\u00e9n como gas mostaza\u201d. Dice la autora que durante la Primera Guerra Mundial el LOST inund\u00f3 el frente de guerra de nubes de un gas color amarillo y que su uso como arma se volvi\u00f3 ilegal en 1925. Seguro la farmac\u00e9utica despu\u00e9s de haber invertido dinero y esfuerzo en su fabricaci\u00f3n hubo de encontrar otra manera de usar la f\u00f3rmula del gas t\u00f3xico. Antes de leer a Boyer hab\u00eda investigado sobre sus efectos secundarios: infertilidad, deformidades y muerte fetales, infecciones y c\u00e1ncer en la vejiga y el ri\u00f1\u00f3n, p\u00e9rdida del pelo y del apetito sexual, entre otras. La reumat\u00f3loga al hablarme del tratamiento para controlar el brote de lupus de septiembre me habl\u00f3 de las n\u00e1useas y el v\u00f3mito, pero omiti\u00f3 mencionar los otros efectos que yo encontr\u00e9 en internet. Intent\u00f3 llamarme la atenci\u00f3n por andar googleando por mi cuenta arguyendo que las dudas del tratamiento las deber\u00eda tratar en el consultorio y no en la computadora. Que si no mencion\u00f3 los impactos del medicamento era para evitar espantarme, adem\u00e1s de que yo ya no tengo \u00fatero y por tanto posibilidad alguna de embarazarme, como si eso me absolviera de conocer qu\u00e9 le hace el medicamento a los cuerpos donde se interna. Que si bien los riesgos de infecci\u00f3n y c\u00e1ncer son reales, en la raz\u00f3n de costo-beneficio la ciclofosfamida ayuda m\u00e1s de lo que jode. Y que s\u00ed, el cabello se me iba a caer aunque, dijo ella, no a todos los pacientes se les cae por completo. Intent\u00f3 llamarme la atenci\u00f3n, digo yo, porque al final estuvimos de acuerdo en que es necesario que como paciente investigue y lea aunque sin alarmarme mucho. El lupus es un padecimiento complejo porque su sintomatolog\u00eda est\u00e1 muy individualizada. Hay cosas que generalmente les ocurren a casi todos los pacientes, pero el c\u00f3mo le ocurren depende de cada paciente, y por consiguiente el c\u00f3mo se trata se convierte en un proceso individual. El hecho es que el sistema inmune ataca a las c\u00e9lulas sanas del cuerpo pero a cu\u00e1les ataca y en qu\u00e9 momento, hace a la enfermedad diferente en cada persona. Por lo tanto, informarse y leer, la conversaci\u00f3n constante entre el reumat\u00f3logo tratante y su paciente se vuelven estrategias necesarias. Mantenemos un di\u00e1logo constante y buena parte del tratamiento est\u00e1 basado en la informaci\u00f3n cl\u00ednica que genero al observar c\u00f3mo cambia y c\u00f3mo se siente mi cuerpo. Al menos me siento escuchada, a diferencia de la experiencia que tuve hace un par de a\u00f1os mientras buscaba tratarme la endometriosis. Los ginec\u00f3logos que visit\u00e9 observaban el endometrioma del ovario en el monitor del ultrasonido y ya quer\u00edan operar sin hacer estudios de endometriosis infiltrativa. Por eso ahora googleo e investigo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reumat\u00f3loga tambi\u00e9n elabor\u00f3 que el m\u00e1ximo poder curativo de la ciclofosfamida se alcanzaba a los seis meses de tratamiento. Despu\u00e9s de ese lapso de tiempo el da\u00f1o que puede causar supera los beneficios que puede traer. As\u00ed que solo estar\u00e9 seis meses bajo su aplicaci\u00f3n. Ya van cinco. De los seis marcadores meta que nos planteamos al inicio del tratamiento hasta ahora hemos alcanzado tres. Un cuarto est\u00e1 muy cerca de llegar a su objetivo y dos m\u00e1s han estado fluctuantes sin declarar una tendencia real. Si esta infecci\u00f3n llegara a complicarse podr\u00eda despertar al lobo que hemos logrado a medias tranquilizar. Si se despierta, ya no tendr\u00e9 oportunidad de calmarlo con la ciclofosfamida y tendr\u00e9 que probar con un medicamento a\u00fan m\u00e1s fuerte. Esas son las razones para regresar al hospital.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando la doctora recibi\u00f3 los resultados del urocultivo me llam\u00f3 por tel\u00e9fono para decirme que deb\u00eda internarme cuanto antes. Ten\u00eda apenas un par de d\u00edas tomando la c\u00e1psula y las pastillas anaranjadas, que aunque no acababan con la bacteria, s\u00ed disimulaban los s\u00edntomas. Volver al hospital sin sentirme mal se me hac\u00eda una p\u00e9sima movida, a pesar de entender bien el por qu\u00e9 de la decisi\u00f3n m\u00e9dica. Me encontraba a punto de reintegrarme a trabajar en la bodega de vino en el Valle de Guadalupe, de la que he tenido que ausentarme en lo que me recupero. Estaba preparada para volver. Pero a donde vuelvo es al hospital. Una semana, el ciclo del antibi\u00f3tico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de mis mayores pesares de la hospitalizaci\u00f3n es la comida. Algo que la ciclofosfamida me hace, y que no he encontrado explicaci\u00f3n ni en el libro de Boyer ni en google, es que se mete con mis papilas gustativas. Las cosas no me saben igual. Es un medicamento que act\u00faa a lo largo del mes de diferentes formas, no comprendo bien el metabolismo de su absorci\u00f3n. A las horas de su aplicaci\u00f3n llega el dolor de cabeza, el asco y los v\u00f3mitos. Los siguientes dos o tres d\u00edas me deja fuera de combate, sin energ\u00eda y con una neblina mental parecida al umbral posterior de una migra\u00f1a intensa. Entre los diez y quince d\u00edas de su aplicaci\u00f3n, la cuenta de leucocitos, las c\u00e9lulas de la sangre que suelen defenderte de agentes infecciosos externos, se hallan en la cuenta m\u00e1s baja del mes y eso me hace vulnerable a infecciones oportunistas. Despu\u00e9s de los quince d\u00edas la cosa se normaliza y me siento digamos, medianamente bien. Pero el gusto se queda alterado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asco inicial me quita el apetito, la comida me da n\u00e1usea. Las frutas y las verduras crudas, as\u00ed como los caldos desnudos no dan problema. Se conservan fieles a su sabor, saben a lo que deben de saber. Podr\u00eda comer solo fruta en los d\u00edas malos, pero a veces hasta la fruta la vomito, aunque no me d\u00e9 asco. Con el resto de la comida algo pasa en mi boca. Se siente como un velo que recubre la lengua y el interior de las mejillas. Una capa fina y viscosa que solo las frutas atraviesan. A veces la sopa de fideos, mi favorita, se vuelve ins\u00edpida. El pescado adquiere un sabor met\u00e1lico insufrible en los d\u00edas malos, pero tolerable en los buenos. Con el pollo pasa algo interesante, no tolero las partes del pollo que sol\u00edan gustarme m\u00e1s, el muslo y la alita. Solo soporto la pechuga, que siempre malmir\u00e9 por ser tan seca y desabrida. Creo que no hab\u00eda comido tanta pechuga empanizada como en el \u00faltimo medio a\u00f1o desde que era ni\u00f1a. Con la carne roja no he tenido tanto l\u00edo, bien asada con sus dorados de Maillard, pasa bien. Los guisados me cuestan trabajo, pero me esmero cocinando en casa para sobrellevar esos vericuetos con creatividad y sabores delicados que no me despierten el asco.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el hospital la comida no es naturalmente apetitosa. Adem\u00e1s de que es baja en sal. Como cocinera s\u00e9 que la sal no es el \u00fanico agente que empuja el sabor de los ingredientes, aunque s\u00ed el m\u00e1s usado. Las hierbas, las especias, las semillas tostadas, hay tanto recurso del que no echan mano en el hospital. Y algo que a lo largo de estos meses de tratamiento he observado es que en esa cocina se usa mucho el pimiento morr\u00f3n. Yo no ten\u00eda nada en contra del pimiento morr\u00f3n hasta que la ciclofosfamida trajo el asco a mi vida. El puro olor del chile dulce me retuerce de asco. Yo no era as\u00ed. Pero ahora lo detesto. Cuando la doctora me telefone\u00f3 para decirme que deb\u00eda ingresar al hospital a tratarme la infecci\u00f3n, mi primer pensamiento fue el de armarme de bocadillos que pudiera llevar conmigo de un modo clandestino para no pasar hambre: nueces, gomitas, fruta seca. Fui a El Roble, la tiendita cara de la colonia, a abastecerme y al hacer fila para pagar observ\u00e9 que alguien hab\u00eda dejado en la cinta de la caja registradora un bote de medio litro de leche Jersey y un gansito como apartando su lugar. La persona frente a m\u00ed brinc\u00f3 el turno del due\u00f1o de la leche porque no aparec\u00eda, pero antes de que me atendieran se acerc\u00f3 un viejecillo de manos curtidas por el trabajo o por el sol o por ambos. Con la mano derecha sosten\u00eda con una pinza una pieza de pan dulce, un bizcocho recubierto de mermelada de fresa y revolcado en coco rallado. Le acerqu\u00e9 una bolsa de papel: tome, se\u00f1or. Dej\u00f3 en alg\u00fan rinc\u00f3n de la estanter\u00eda el gansito que cambi\u00f3 por el pan, pag\u00f3 la leche y el pan dulce y yo empec\u00e9 a llorar sin saber muy bien por qu\u00e9. Llor\u00e9 mientras pagaba, llor\u00e9 camino a casa y mientras hac\u00eda la mochila para llevar cosas al hospital tambi\u00e9n llor\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora estoy atada a una manguera delgada por medio de un cat\u00e9ter. A trav\u00e9s de ella cada ma\u00f1ana van a introducir a mi cuerpo el ertapenem, el antibi\u00f3tico intravenoso, diluido en un bote de soluci\u00f3n salina. Me toman los signos vitales seis veces al d\u00eda. Un d\u00eda s\u00ed y otro no me toman una muestra de sangre para monitorear las c\u00e9lulas hem\u00e1ticas y corroborar que el lupus no despierta. El segundo d\u00eda de mi estancia la doctora me obtur\u00f3 el cat\u00e9ter, de modo que me liber\u00f3 de la manguera y del perchero de donde cuelga durante una parte del d\u00eda. Me conectan de nuevo por espacio de una hora cada ma\u00f1ana mientras el medicamento corre de lo alto del perchero hacia la vena en el interior de mi codo izquierdo. As\u00ed puedo moverme con libertad despu\u00e9s del antibi\u00f3tico y mitigar la lentitud con la que pasan las horas. Puedo tambi\u00e9n taparme un poco sin tener que estar acostada bajo las cobijas de la cama de hospital: me pongo una sudadera y me acerco a la ventana. Desde la habitaci\u00f3n se puede ver el sol caer en el mar detr\u00e1s de las gr\u00faas portuarias y por la noche, aunque no se ven, se escuchan los ladridos de los lobos marinos que est\u00e1n en el puerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Traje algunos libros pero me entra una culpa fea de tirarme a leer por horas cuando tengo pendientes por hacer. Tampoco me pongo a hacer los pendientes. Caigo en cuenta de que estoy enmuinada. El llanto en la fila del mercado caro de la colonia ahora parece enojo. Es que el lupus me raciona la energ\u00eda. Me la merma. Hay d\u00edas en los que no puedo de cansancio y hacer dos o tres actividades durante el d\u00eda me genera mucho agotamiento. Esos d\u00edas me cuesta salir a caminar, si me muevo muy r\u00e1pido todo se oscurece, necesito sentarme. Otros d\u00edas me siento bien, no todo es penumbra. Esta nueva din\u00e1mica de la administraci\u00f3n de la energ\u00eda me impulsa a darle otro valor a mi tiempo y a mi disposici\u00f3n para hacer e ir. Esta semana antes del resultado del urocultivo y sin s\u00edntomas de la infecci\u00f3n me sent\u00eda bien, plane\u00e9 mi regreso al rancho, hice listas de pendientes. Pero estoy enferma y ahora encerrada en esta habitaci\u00f3n de hospital haciendo berrinche.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La segunda noche logr\u00e9 meditar media hora antes de dormir. Mientras repet\u00eda mentalmente un mantra con los ojos cerrados, se asomaron cosas a la oscuridad que se instala al bajar los p\u00e1rpados. Siluetas con profundidad de campo, oscuro sobre m\u00e1s oscuro. Y all\u00e1 en lo profundo un punto verde, una luz. Mientras mi mente repite el mantra pienso en otra palabra y me pregunto c\u00f3mo sabe mi mente qu\u00e9 recita y qu\u00e9 pienso. \u00bfSe dar\u00e1 cuenta de que al pensar en una palabra ajena al mantra no estoy recitando mal el verso, sino que se trata de otra palabra? \u00bfC\u00f3mo las distingue? \u00bfCon colores, con tipograf\u00edas o tama\u00f1os diferentes? \u00bfUnas las piensa m\u00e1s bajito que las otras? Entonces me doy cuenta que arruino por completo el sentido de la meditaci\u00f3n pensando que pienso y trato de silenciarme. El rayo verde vuelve a aparecer y me atraviesa. Me quedo dormida sin darme cuenta y amanezco de un inusitado buen humor. Avena con canela, papaya, pl\u00e1tano y manzana de desayuno. No tengo queja de la comida, de todos modos me administro las nueces que traje a escondidas. Montserrat, la enfermera que ha cuidado de m\u00ed en varias ocasiones durante este proceso, me ayuda a pedirle a la cocina una sopa con pollo y verduras para la comida. Adem\u00e1s me mandan una tortilla y una rebanada de aguacate, no puedo estar mejor atendida. Me cambia el semblante y aunque siga en bata de hospital me atrevo a trabajar desde la habitaci\u00f3n, hacer un par de llamadas por zoom y tachar pendientes de la lista. Luego me visitan las amigas y me traen alivio, golosinas, cosas para leer y entretenerme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al tercer d\u00eda me cambian de lugar el cat\u00e9ter. Con la nueva posici\u00f3n puedo doblar los dos codos y as\u00ed s\u00ed puedo peinarme. Con una sola mano no alcanzaba a colocarme la liga en el pelo y ten\u00eda que traerlo suelto. Desde que enferm\u00e9 casi no lo llevo suelto. El cabello me cambi\u00f3 tanto en estos meses. No lo he perdido por completo, probablemente porque siempre tuve mucho pelo, pesado, tanto que hac\u00eda que me dolieran los brazos de mantener en alto el chongo que me confeccionaba para las lecciones de danza a las que asist\u00eda de adolescente. En septiembre, cuando tron\u00f3 el brote violento y tuve que entrar al hospital con la piel del cuerpo ulcerada, no pude ba\u00f1arme en regadera durante algunos d\u00edas. El primer ba\u00f1o bajo el chorro de agua se sinti\u00f3 tan bien. En esa ocasi\u00f3n, mientras me lavaba el pelo se me quedaron en las manos mechones de cabello que juntos parec\u00edan tener el tama\u00f1o de un tlacuache. Una bola inmensa. Ese fue el lupus. M\u00e1s tarde los inmunosupresores detuvieron la ca\u00edda en masa, pero empezaron a adelgazar el volumen de pelo, a cambiar su textura. A dejarlo caer despacito, constante. De pronto pod\u00eda ver el cuero cabelludo asomarse de rincones insospechados frente al espejo. Cuando cambi\u00e9 las ligas de siempre por las liguitas que usaba para rematar las trenzas acept\u00e9 el hecho de que perd\u00eda el cabello. El enorme chongo que sol\u00eda hacerme se convirti\u00f3 en un molotito apenas sostenido por una liga de dos cent\u00edmetros de di\u00e1metro. Minimolote que ya puedo peinarme aqu\u00ed en el hospital con las dos manos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La doctora me dice que si los signos siguen bien y no presento s\u00edntomas podr\u00e9 irme al quinto d\u00eda siempre y cuando contin\u00fae el ciclo del antibi\u00f3tico afuera del hospital por medio de inyecciones. Me emociono y no dejo de meditar por la noche. Todo va bien hasta que el cuarto d\u00eda la reumat\u00f3loga analiza las biometr\u00edas hem\u00e1ticas. La cuenta de leucocitos est\u00e1 por los suelos, es esa ventana del mes que la ciclofosfamida me deja vulnerable. Es riesgoso cambiar el r\u00e9gimen del antibi\u00f3tico y salir a la vida all\u00e1 afuera donde hace un fr\u00edo interesante y abundan virus invernales. Menos mal que la noticia me agarra de buen humor y con dotaci\u00f3n de gomitas. Pasar\u00e9 aqu\u00ed el fin de semana y tendr\u00e9, si todo sale bien, una semana de descanso antes de los siguientes ex\u00e1menes de laboratorio en preparaci\u00f3n para la \u00faltima perfusi\u00f3n de la ciclofosfamida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dejo cabellos por todas partes. En casa no se notaba tanto por la alfombra que cubre el suelo de mi rec\u00e1mara, pero aqu\u00ed sobre el piso color crema del hospital es evidente que se me cae. Tengo cinco meses ya bajo el tratamiento mensual de la ciclofosfamida que adem\u00e1s de debilitarme el pelo, est\u00e1 moderando &#8230; <a title=\"El ladrar de los lobos marinos\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=56037\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre El ladrar de los lobos marinos\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":56410,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[317],"tags":[318,319,320,321],"ppma_author":[2900],"class_list":["post-56037","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cronica","tag-gastronomia","tag-hospitales","tag-lupus","tag-medicamentos","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2900,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"ismene-venegas","display_name":"Ismene Venegas","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"Estudi\u00f3 Gastronom\u00eda en la Universidad del Claustro de Sor Juana y lider\u00f3 las cocinas del Restaurante La Contra en Ensenada, y El Pinar de Tres Mujeres en el Valle de Guadalupe; es autora del libro Lengua Partida (2021) editado por Graf\u00f3grafxs-UAEM y coautora, junto a Paula Pijoan, del libro Plantas nativas comestibles de Baja California (2018) editado por Culinary Art School y la Secretar\u00eda de Cultura de Baja California. Textos suyos han aparecido en publicaciones como Peri\u00f3dico de Poes\u00eda, Low-Fi Ardent\u00eda, Pez Banana, Revista Graf\u00f3grafxs, entre otras."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56037","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=56037"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56037\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":56504,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/56037\/revisions\/56504"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/56410"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=56037"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=56037"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=56037"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=56037"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}