{"id":55684,"date":"2024-12-04T07:00:00","date_gmt":"2024-12-04T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55684"},"modified":"2026-09-30T10:40:41","modified_gmt":"2026-09-30T16:40:41","slug":"se-muere-de-algo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55684","title":{"rendered":"Se muere de algo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">A Cruz Estela por sus p\u00e9rdidas, <br>a Maira Col\u00edn que conoce de duelos,<br>a Hugo y a todos los amigos de<br>Enrique Serv\u00edn que lo extra\u00f1an.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>La vida cambia en un instante, en un instante ordinario<\/em>.<\/p>\n<cite>Joan Didion, <em>El a\u00f1o del pensamiento m\u00e1gico<\/em><\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A una mujer de cincuenta y tantos le avisan que su madre se cay\u00f3 y se rompi\u00f3 la cadera. La mujer acude al hospital para acompa\u00f1arla. Mientras la atienden los doctores, descubren que la octogenaria madre tiene c\u00e1ncer. Las siguientes semanas, la mujer presencia el deterioro y la agon\u00eda de su madre. Esta serie de eventos se han repetido, en l\u00edneas generales, por cientos si no es que por miles en muchos lugares del mundo. Una de las mujeres que lo sufri\u00f3 y acompa\u00f1\u00f3 a su madre en sus \u00faltimas semanas fue Simone de Beauvoir, quien consign\u00f3 toda la experiencia de la p\u00e9rdida de su madre en <em>Una muerte muy dulce<\/em> (<em>Une mort tr\u00e8s douce<\/em>, 1964).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Una muerte muy dulce <\/em>es el testimonio de una agon\u00eda. Beauvoir escribi\u00f3 apenas unos meses despu\u00e9s de la muerte de Fran\u00e7oise Brasseur la obra en la que consign\u00f3 el mes que fue desde la ca\u00edda de la mujer hasta su muerte, cuya causa, el c\u00e1ncer, la agonizante desconoci\u00f3 hasta el final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pocas obras indagan en la p\u00e9rdida de un ser querido como lo hace Beauvoir en <em>Una muerte muy dulce<\/em>. Se puede pensar en obras posteriores: el <em>Diario de duelo<\/em> de Rolland Barthes, escrito entre 1977, al momento de la muerte de su madre, y 1979; <em>El a\u00f1o del pensamiento m\u00e1gico<\/em>, publicado en 2005, y <em>Noches azules<\/em> del 2011 de Joan Didion, donde explora su duelo tras la repentina enfermedad de su hija y la muerte de su esposo; del 2006, <em>El olvido que seremos<\/em> del colombiano H\u00e9ctor Abad Faciolince, en el que cuenta la vida de su padre luego de que muri\u00f3 v\u00edctima de la violencia en su pa\u00eds; de Piedad Bonnett, <em>Lo que no tiene nombre<\/em>, de 2013, en el que la poeta trata de explicarse el suicidio de su hijo. Hay muchas m\u00e1s, por supuesto, pero estas cinco obras, junto con <em>Una muerte muy dulce<\/em>, han sido las que me han marcado y en las que he sentido acompa\u00f1ar a quien escribe en medio de su dolor \u2014entender que la escritura fue una forma en la que pudieron afrontar la p\u00e9rdida de un ser querido, que la escritura es una forma en la que se puede evitar abismarse en el dolor\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decir que la muerte es lo \u00fanico que tenemos seguro es una obviedad, que no por obvia deja de ser cierta. Tarde o temprano, nuestros corazones dejar\u00e1n de bombear sangre y el cerebro, esa galaxia dentro de nuestros cr\u00e1neos, apagar\u00e1 todas y cada una de sus neuronas. Y lo que un d\u00eda reconocimos bajo el pronombre de yo, ya no responder\u00e1 a ning\u00fan nombre. Del mismo modo, antes o despu\u00e9s habremos de conocer el dolor de la p\u00e9rdida: la madre, el padre, una hermana, un hermano, una amistad o la persona a la que amamos conocer\u00e1n la quietud de la tumba. Tan com\u00fan es, que Joseph Campbell lo considera uno de los tropos del camino del h\u00e9roe: la muerte del mentor \u2014y no es el \u00fanico tropo narrativo en el que la muerte de un ser querido del protagonista mueve la historia; ah\u00ed est\u00e1, por ejemplo, el infame de la mujer en la nevera\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nunca se est\u00e1 preparado para ese momento. Se pueden imaginar, idear formas de afrontar la muerte de alguien cercano, pero al momento en el que la muerte nos golpea, apenas si podemos reaccionar \u2014o la reacci\u00f3n se enfoca en resolver asuntos pr\u00e1cticos, o en continuar con las rutinas como si no hubiese pasado, porque las reacciones var\u00edan de persona a persona y dependen de las condiciones en las que ocurri\u00f3 la p\u00e9rdida\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En mi caso, el asesinato de Enrique Serv\u00edn fue ese momento. Me enter\u00e9 a la distancia, estaba en otro pa\u00eds. Los meses siguientes a su muerte, apenas pod\u00eda salir de la espiral que es el duelo. Una de las pocas cosas que me ayudaron fue la literatura. Le\u00ed, o volv\u00ed a leer, las obras en las que sab\u00eda se hablaba de la p\u00e9rdida de un ser querido. As\u00ed volv\u00ed a <em>Una muerte muy dulce<\/em>, una obra que hab\u00eda le\u00eddo por primera vez en 2009 \u2014entonces ten\u00eda veinticuatro a\u00f1os y la experiencia del duelo apenas si me era conocida o, mejor dicho, la conoc\u00eda de forma abstracta\u2014, pero, a inicios de 2020, estaba en medio del duelo, tratando de procesar que un amigo y mentor ya no estaba en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando desaparece un ser querido, pagamos el pecado de existir con mil a\u00f1oranzas desgarradoras. Su muerte nos devela su singularidad \u00fanica; se torna vasto como el mundo que su ausencia hace desaparecer para \u00e9l, y que su presencia hac\u00eda existir en su totalidad; nos parece que hubiera debido ocupar un lugar m\u00e1s importante en nuestra vida: en \u00faltima instancia ocuparla totalmente.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En mi caso, me enfrentaba a la p\u00e9rdida de una amistad de m\u00e1s de una d\u00e9cada y media; al vac\u00edo que dej\u00f3 en m\u00ed esa amistad se sumaba la violencia con la que ocurri\u00f3 su fin y el hecho de haberme encontrado a miles de kil\u00f3metros de Chihuahua. La \u00faltima vez que vi a Enrique fue cuando me llev\u00f3 al aeropuerto y me despidi\u00f3, nos abrazamos r\u00e1pido porque ten\u00eda que mover su carro del \u00e1rea de arribos; nunca pens\u00e9 que aquel abrazo ser\u00eda el \u00faltimo. En las semanas, en los meses despu\u00e9s de recibir la noticia, rememor\u00e9 ese abrazo, el recorrido en su Tsuru por la ciudad de Chihuahua hasta el aeropuerto; la tarde anterior cuando bebimos caf\u00e9 como tantas veces hab\u00edamos hecho en ese restaurante que a \u00e9l le gustaba frecuentar. Y trataba de encontrar sentido en las palabras dichas, en los gestos, pero no lo hubo. Quedaban, por una parte, aquellos hechos, la \u00faltima vez que lo vi en persona y las conversaciones que segu\u00ed teniendo con \u00e9l en l\u00ednea; por la otra, su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Simone de Beauvoir me ayud\u00f3 a entender que, a pesar del alienante dolor que padec\u00eda, no estaba solo; que la forma en la que padec\u00eda, a pesar de sus particularidades, hab\u00eda sido padecida por m\u00e1s personas. En<em> Una muerte muy dulce<\/em> empec\u00e9 a ver materializadas, expresadas en palabras, muchas de las emociones que sufr\u00eda. Por supuesto, las circunstancias eran diferentes, Enrique no muri\u00f3 en un hospital ni conoci\u00f3 la vejez \u2014la posibilidad de llegar a padecerla lo aterrorizaba\u2014 y yo no lo acompa\u00f1\u00e9 en su agon\u00eda. All\u00ed estaba volviendo a leer a Beauvoir, encontr\u00e1ndome con una mujer que descubre que perder\u00e1 a su madre.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Par\u00e9 un taxi. El mismo trayecto, el mismo oto\u00f1o tibio y azul, la misma cl\u00ednica. Pero entraba en otra historia: en lugar de una convalecencia, una agon\u00eda. Antes ven\u00eda aqu\u00ed a pasar unas horas neutras; atravesaba el <em>hall <\/em>con indiferencia. Los dramas acaec\u00edan detr\u00e1s de las puertas cerradas: nada se trasluc\u00eda. Desde ese momento, uno de esos dramas era el m\u00edo.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese drama, el drama de Simone que perder\u00e1 a su madre, Fran\u00e7oise, es el que conforma la obra: el acompa\u00f1amiento que una hija hace de su madre enferma, una mujer en sus ochenta a\u00f1os que ni siquiera sabe que va a morir a consecuencia de un c\u00e1ncer, que cree que est\u00e1 en el hospital solo por una ca\u00edda, una ca\u00edda donde se rompi\u00f3 la cadera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noticia sorprendi\u00f3 a las dos hijas de la enferma. Una madre enferma y a las puertas de la muerte no deja de ser un golpe, por mucho que se haya pensado que iba a pasar en un momento u en otro. La muerte de la madre es observada por la hija que es tambi\u00e9n escritora y fil\u00f3sofa. Como fil\u00f3sofa, la disecciona; como escritora, la pone en palabras.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No se muere de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Se muere de <em>algo<\/em>. Saber que mi madre por su edad estaba condenada a un fin pr\u00f3ximo no atenu\u00f3 la horrible sorpresa: ten\u00eda un sarcoma. Un c\u00e1ncer, una embolia, una congesti\u00f3n pulmonar: es algo tan brutal e imprevisto como un motor que se detiene en el aire. Mi madre alentaba al optimismo cuando impedida y moribunda afirmaba el precio infinito de cada instante; asimismo, su vano encarnizamiento desgarraba el velo tranquilizador de la superficialidad cotidiana. No existe muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia cuestiona al mundo. Todos los hombres son mortales: pero para todos los hombres la muerte es un accidente y, aun si la conoce y la acepta, es una violencia indebida.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fran\u00e7oise Brasseur sufre esa violencia indebida y su hija Simone de Beauvoir lo atestigua. Sin embargo, no deja de ser parad\u00f3jico que ella entra a la muerte sin saber el mal que la aqueja.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 hubiera ocurrido si el m\u00e9dico de mam\u00e1 hubiera detectado el c\u00e1ncer desde los primeros s\u00edntomas? Seguramente se lo hubiera combatido con rayos y mam\u00e1 hubiera vivido dos o tres a\u00f1os m\u00e1s. Pero ella hubiera sabido o por lo menos sospechado la naturaleza de su mal y hubiera pasado el fin de su existencia en medio de la angustia.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es ah\u00ed donde radica la dulzura a la que apunta el t\u00edtulo de la obra. Fran\u00e7oise muri\u00f3, pero no muri\u00f3 angustiada por el mal que la aquejaba. Al dolor f\u00edsico de la cadera rota y del c\u00e1ncer que se extend\u00eda en su cuerpo no se a\u00f1adi\u00f3 la angustia por saber que ese mal crec\u00eda dentro de ella. El padecimiento fue mucho, pero se circunscribi\u00f3 a su dimensi\u00f3n f\u00edsica. Esa es la muerte dulce de la que habla Beauvoir y a la que deber\u00edamos aspirar, una en la que la angustia estuviera desterrada y el dolor del cuerpo se redujera al m\u00ednimo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ignorar su mal evit\u00f3 a la madre padecer innecesariamente, pero, al mismo tiempo, les quit\u00f3 la posibilidad a las hijas de ser conscientes del poco tiempo que les restaba con ella, de acompa\u00f1arla y procurarle m\u00e1s atenci\u00f3n y cuidados.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que lamentamos, es que el error del m\u00e9dico no nos enga\u00f1ara tambi\u00e9n a nosotros; de otra manera nuestra preocupaci\u00f3n primordial hubiera sido la felicidad de mam\u00e1. [\u2026] Yo la hubiera visto m\u00e1s seguido y le hubiera inventado placeres.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queda el acompa\u00f1amiento de la moribunda, una moribunda que no sabe que lo es, quien sufre tanto su enfermedad como la atenci\u00f3n m\u00e9dica.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se hab\u00eda iniciado una carrera entre la muerte y la tortura. Yo me preguntaba c\u00f3mo se las arregla uno para vivir cuando un ser querido nos ha gritado en vano: \u00a1Piedad!<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piedad no llega, la muerte se posterga. \u201cDura tarea la de morir cuando se ama tanto la vida\u201d, escribe Beauvoir sobre la agon\u00eda de su madre en un juicio comprensivo, revelando lo que se plante\u00f3 al escribir esta obra. La escritora y fil\u00f3sofa se plantea entender la muerte, acompa\u00f1ar a su madre en ella, ser la voz que le habla y le grita al padre, como la voz po\u00e9tica del poema <em>Do not go gentle into that good night <\/em>de Dylan Thomas y cuyos versos iniciales son el ep\u00edgrafe de <em>Una muerte muy dulce<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cComprend\u00ed, a cuenta de m\u00ed misma y hasta la m\u00e9dula de los huesos, que en los \u00faltimos momentos de un moribundo se pudiera encerrar el absoluto\u201d. Fran\u00e7oise muere, Simone lo atestigua y lo consigna. La agon\u00eda desfigura a la madre, le imprime los sucesivos rostros de la muerte. Sin embargo: \u201cEra ella, todav\u00eda, y ser\u00eda para siempre su ausencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La madre muere, no hay ya forma en la que pueda volverse a relacionar con ella. \u201cEl tiempo se desvanece tras los que dejan este mundo; y mientras mi edad aumenta, mi pasado se contrae\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Simone de Beauvoir reconoce que a los ochenta a\u00f1os se es suficientemente viejo para morir y, sin embargo, la muerte de su madre no dej\u00f3 de afectarla, de dolerle. Para tratar de entender ese dolor, de comprender sus emociones mientras su madre mor\u00eda, es que escribi\u00f3 <em>Una muerte muy dulce<\/em>. Porque entendi\u00f3, tambi\u00e9n, que ese dolor que ella sufri\u00f3 era semejante al que otras personas han padecido, que el dolor que atestigu\u00f3 tambi\u00e9n era semejante al que miles de personas atestiguaron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cada persona procesa de manera diferente el duelo \u2014la atenci\u00f3n terap\u00e9utica nunca est\u00e1 de m\u00e1s\u2014, pero, en mi caso, la literatura me ayud\u00f3 a sobreponerme, a darme cuenta de que otras personas ya han pasado por el estado en el que me encontraba. Por eso es tan importante el testimonio de Simone de Beauvoir, <em>Una muerte muy dulce,<\/em> un testimonio bellamente escrito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Cruz Estela por sus p\u00e9rdidas, a Maira Col\u00edn que conoce de duelos,a Hugo y a todos los amigos deEnrique Serv\u00edn que lo extra\u00f1an. La vida cambia en un instante, en un instante ordinario. 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