{"id":55645,"date":"2024-11-22T07:00:00","date_gmt":"2024-11-22T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55645"},"modified":"2026-09-30T10:45:49","modified_gmt":"2026-09-30T16:45:49","slug":"sobre-el-menonita-zen-de-carlos-velazquez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55645","title":{"rendered":"Sobre <em>El menonita zen<\/em>, de Carlos Vel\u00e1zquez"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una entrevista para Librotea, nuestro autor menciona que parte del proceso para la creaci\u00f3n de un compilado de relatos consiste en escribir un texto inicial al cual se le enganchar\u00e1n el resto, como si se tratara de los vagones de un tren. Esta analog\u00eda se adec\u00faa perfectamente para la lectura de una colecci\u00f3n de cuentos. El lector deber\u00e1 de entrar a cada vag\u00f3n para encontrarse con los personajes que lo habitan, as\u00ed como para entender la unidad de un libro de esta naturaleza. A continuaci\u00f3n hablar\u00e9 de esos acoples (personajes, situaciones, espacios, entre otros aspectos generales) que unen el mecanismo ferroviario que hoy nos trae Carlos Vel\u00e1zquez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pareciera que la brevedad y la fluidez de cada relato se imponen como l\u00edmites, muros donde han de acabarse esos mundos, por fortuna siempre hay una grieta por la cual se puede ver m\u00e1s lejos. A base de lo lac\u00f3nico, de adjetivaciones escasas o, mejor dicho, precisas, se le hace honor al realismo sucio \u2014subg\u00e9nero en el que yo colocar\u00eda, entre otros, a este libro\u2014. De<em> El menonita zen<\/em> sedesprende un universo \u00fanicamente digno para una urbe ca\u00f3tica, que apremia la inmediatez y las prisas, como lo es la Ciudad de M\u00e9xico. No todos los relatos tienen por espacio la capital, pero hay que reconocer que solo ah\u00ed pueden nacer cierta clase de situaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta ciudad, como un buen monstruo lovecraftiano, posee las bondades de la polifon\u00eda. Hay quienes, por medio de novelas, han dado vida a las m\u00faltiples voces de la Ciudad de M\u00e9xico. Pero Carlos Vel\u00e1zquez toma un pu\u00f1ado de esas voces para echarlas como semillas a la tierra del cuento. Desde el subsuelo de la m\u00fasica brota un primer relato que germina solamente en este lugar donde hay gente para todo, quiero decir, que all\u00e1 hay gente para abarrotar un concierto, sin importar cu\u00e1l sea el g\u00e9nero musical. Con esto en cuenta, entramos al primer vag\u00f3n: \u201cEl fantasma de Coayaquist\u00e1n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encontraremos la historia del m\u00fasico que se consagra tras el suicidio. Los protagonistas son dignos para esta situaci\u00f3n: el suicida Alex Mazapunk; Clau, la fan\u00e1tica; y Sabino, un fot\u00f3grafo cubre conciertos, paseador de perros, catador de orines de lisiado y, en ocasiones, investigador de lo paranormal. La estirpe de este relato pertenece, en un inicio, a lo romantic\u00f3n, luego se vuelca a lo c\u00f3mico, a la cr\u00edtica social, luego a lo paranormal. Extra\u00f1amente cierra de forma apacible. Sin embargo, todo esto es solo culpa de Alex Mazapunk, un espectro de p\u00e9simo humor con el que lector deber\u00e1 lidiar. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A continuaci\u00f3n entramos al vag\u00f3n de la desgracia. La bendita desgracia nos da siempre de qu\u00e9 hablar. Una vez saliendo de punks suicidas y de maletas llenas de recuerdos de <em>groupies<\/em>, nos toparemos con lo siguiente: Rafael, un hombre ejemplar, tomar\u00e1 el oficio del payaso. Si la f\u00f3rmula de Ch\u00e9jov para el cuento perfecto es: \u201cun hombre va al casino, se vuelve millonario, regresa a casa y se suicida\u201d, Vel\u00e1zquez parece tomar la f\u00f3rmula y replantear: \u201cun hombre conoce al amor de su vida, no logra concebir y adopta el oficio del payaso\u201d; a su vez, tambi\u00e9n toma el c\u00f3digo. El relato habla de la humillaci\u00f3n. En determinado momento parece reescribir en breve el mito b\u00edblico de Ca\u00edn y Abel, pero con m\u00e1s desgracia y m\u00e1s injusticia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los personajes son Rafael, Edgardo y Maru, un tr\u00edo amoroso pol\u00e9mico que cuaja la humillaci\u00f3n, en ocasiones lo aberrante. Realmente no puedo decir m\u00e1s sobre \u201cEl c\u00f3digo del payaso\u201d, tal vez porque me atrever\u00eda a cerrarlo como la historia de un Van Gogh moderno. Quiz\u00e1s, con desgracia lo digo, porque hay \u201c[\u2026] gente cuya felicidad se finca en la infelicidad de los dem\u00e1s\u201d (p. 58), y ustedes, lectores, muy probablemente sean felices despu\u00e9s de leer este cuento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los vagones de <em>El menonita zen<\/em> siempre cuelga una soga, por si se requiere el suicidio.&nbsp; Una de las formas m\u00e1s extravagantes para hacerlo es convertirse en director de una disquera independiente. Una vez m\u00e1s, la Ciudad de M\u00e9xico se planta como el escenario adecuado, el espacio donde flota perfectamente el asunto del cuento \u201cDiscos Unidos S. A. de C. V.\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En lo personal me agradaron las menciones de Steve Albini y de Jack Endino. Para un fan\u00e1tico de Nirvana y de las producciones del sello Sub-Pop, que se hizo notar en la d\u00e9cada de los noventas, estos gui\u00f1os resultan placenteros. Con estos evidentes casos del \u00e9xito gringo, el fracaso que se sugiere en \u201cDiscos unidos S. A. de C. V.\u201d queda esclarecida. Tambi\u00e9n nos deja una lecci\u00f3n, por as\u00ed decirlo, una que nos ense\u00f1a que la muerte es un premio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSci fi ranchera\u201d es el texto que sale de la urbe capitalina y se plantea, como lo sugiere el t\u00edtulo, en un espacio rural. La situaci\u00f3n es la siguiente: marcianos contra rancheros. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s podr\u00eda enfadar a unos personajes <em>cuasi-rulfianos<\/em> que el hurto de una vaca, el patrimonio de muchos en las comunidades de provincia? Imag\u00ednense que a Serpentina, la vaca del cuento \u201cEs que somos muy pobres\u201d, de Rulfo, se la lleva un platillo volador y no las aguas de un r\u00edo. Pues aqu\u00ed el monstruo lovecraftiano se asienta en los cielos, se esconde tras luces y se viste con la ropa de los pobladores que cuidan por la noche a su ganado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00daltimamente he subido de peso y en lugar de lamentarme o correr directo al gimnasio, creo que me beneficiar\u00eda si viajara en el vag\u00f3n de la protagonista de \u201cLa fitness montacerdos\u201d. Este es uno de los pin\u00e1culos en <em>El menonita zen.<\/em> El lector tendr\u00e1 que lidiar con personajes por dem\u00e1s complejos, extravagantes, derruidos por la vida moderna. De entre todos los personajes de este libro, Kendra, la montacerdos, es la \u00fanica que va a terapia, y eso que su situaci\u00f3n es min\u00fascula a comparaci\u00f3n de las de los otros. Ella rompe todo canon est\u00e9tico de la belleza y es esto su mayor problema que, aunado al alcohol, no deja m\u00e1s que excelentes an\u00e9cdotas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa fitness montacerdos\u201d deja leerse como una<em> Odisea<\/em>, un largo viaje donde las latitudes acrecientan la calidad del relato. Al fin y al cabo, quien la pasar\u00e1 mal es la gente de gimnasio que, seg\u00fan Kendra: \u201cMuy mamados muy mamados pero bien pinches nacos\u201d (p. 143).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alargu\u00e9 la lectura durante dos d\u00edas porque cre\u00ed que merec\u00eda tomarme el tiempo que suele requerir una novela. Para enga\u00f1arme, hice una lectura lenta y sesuda. Pudieron ser m\u00e1s d\u00edas, pero \u201cBiograf\u00eda de un hombre es su color de piel\u201d se alza en lo que, a mi parecer, podr\u00eda ser el mejor relato en este libro. En realidad todos son de gran estirpe, pero este me cautiv\u00f3, pues soy fiel seguidor de la mundana vida de los m\u00fasicos talentosos, adictos, incomprendidos, y, sobre todo, de los pactos f\u00e1usticos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cLa biograf\u00eda de un hombre es su color de piel (La accidentada y prieta historia de Yoni Requesound)\u201d tiene una estructura parecida a la de esos documentales que sol\u00edan transmitir en VH1. Se retrataban el \u00e9xito, las ca\u00eddas y la gloriosa resurrecci\u00f3n de atormentados roqueros. En este vag\u00f3n se viaja en compa\u00f1\u00eda de los Requesounds y se observa al genio, Yoni Requesound, el que: \u201cSe puso a practicar con el instrumento hasta dominarlo. En eso consiste el trato diab\u00f3lico. En entregarte en cuerpo y esp\u00edritu para convertirte en artista\u201d (p. 199). Este magn\u00edfico cuento habla de c\u00f3mo el color de piel y la industria de la m\u00fasica desaparecieron a un hombre talentoso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegamos a la parte final, a la locomotora donde, aunque el relato diga lo contrario, viajan el Pana y Boni, el menonita zen. Aqu\u00ed encontramos la reescritura de un Siddartha Gautama menonita y bebedor de Tonay\u00e1n. El texto se traslada de edificios abandonados, a colonias menonitas, a centros de yoga y meditaci\u00f3n, a circos y a la frontera con los Estados Unidos. \u201cEl menonita zen\u201d relata la iluminaci\u00f3n del esp\u00edritu que Hermann Hesse hubiera querido plasmar en su<em> Siddartha<\/em>. Sobre todo, es el que jala toda esa maquinaria de cuentos que demuestran la gran calidad de Carlos Vel\u00e1zquez, un escritor capaz de entrelazar con humor la podredumbre humana y sus tragedias de una forma sublime.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una entrevista para Librotea, nuestro autor menciona que parte del proceso para la creaci\u00f3n de un compilado de relatos consiste en escribir un texto inicial al cual se le enganchar\u00e1n el resto, como si se tratara de los vagones de un tren. 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En 2022 fue beneficiario del PECDA Zacatecas."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/55645","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=55645"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/55645\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":60350,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/55645\/revisions\/60350"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/56783"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=55645"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=55645"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=55645"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=55645"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}