{"id":55328,"date":"2024-09-26T07:00:00","date_gmt":"2024-09-26T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55328"},"modified":"2026-10-02T10:44:24","modified_gmt":"2026-10-02T16:44:24","slug":"con-los-oidos-abiertos-la-palabra-que-se-escucha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55328","title":{"rendered":"Con los o\u00eddos abiertos: la palabra que se escucha"},"content":{"rendered":"\n<blockquote class=\"wp-block-quote has-text-align-right is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>La manera m\u00e1s profunda de entrar en un ser,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>sigue siendo escuchar su voz,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>comprender el canto mismo de que est\u00e1 hecho.<\/em><\/p>\n<cite>Marguerite Yourcenar<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>para Sof\u00eda Violeta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquella verdad com\u00fan pronunciada por San Juan, que afirma que en el principio fue el verbo, est\u00e1 meditada en clave teologal. Porque, para el evangelista, Dios era la palabra dicha; el misterio hecho verbo y creaci\u00f3n. Sin embargo, en t\u00e9rminos humanos, en el principio fue la escucha. Pues el viaje de todo <em>ser<\/em> comienza y termina en el silencio. El silencio que no solo es el territorio de la nada, el terror, el olvido o el desamparo, sino tambi\u00e9n es el reino de la generosa escucha. Todo se escucha en el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora sabemos, por ejemplo, que el o\u00eddo de un nonato \u2014o los mecanismos sensoriales y cerebrales de la audici\u00f3n\u2014 se encuentra desarrollado practicante en su totalidad m\u00e1s o menos en la treintava semana de gestaci\u00f3n; y que el sonido (la palabra oral, por ejemplo) es capaz de traspasar la piel \u2014el <em>yo<\/em> es poroso\u2014 para arribar y reverberar en los o\u00eddos embrionarios. As\u00ed, todo nonato comienza desde ese momento, aun instalado en el acu\u00e1tico, silencioso y prisionero \u00fatero, a absorber el sonido del lenguaje mediante la escucha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, si se me permite la expresi\u00f3n: ah\u00ed, en esa zona del <em>no-ser<\/em>, comienza todo. Todo, en t\u00e9rminos culturales. Es el g\u00e9nesis del <em>ser<\/em>; el inicio del tiempo humano; la raigambre del fen\u00f3meno del lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, nacer es romper el silencio; la nada. Venimos del silencio y al silencio nos encaminamos. La primera bocanada de ox\u00edgeno \u2014ese gas intangible, incoloro y sumamente reactivo\u2014 nos har\u00e1 abrir la boca, expandir\u00e1 violentamente nuestros pulmones, y exhalaremos la primera palabra. Una palabra \u2014un canto\u2014 hecho de llanto. Es el sonido que anuncia nuestra presencia en esta vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Luego, a los pocos minutos del parto, ser\u00e1 el turno de los ojos. De abrir los ojos. Aunque tendremos que esperar entre dos o tres meses para lograr controlar el iris y enfocar con claridad; y cerca de un a\u00f1o para comenzar a reconocer y simbolizar la descollante luz al despuntar el alba, la calma hermosa de nuestra madre, los bellos y dom\u00e9sticos rostros de las personas, el prodigio y la fascinaci\u00f3n de nuestro propio cuerpo en movimiento, la curiosidad de las sombras, la soledad, las cosas de este mundo\u2026 Y habr\u00e1n de pasar varios a\u00f1os m\u00e1s \u2014y la tenaz ayuda de otros humanos\u2014 antes de que seamos capaces de posar nuestros ojos sobre las palabras escritas en el papel y descodificarlas. Y aun m\u00e1s antes de lograr leerlas plenamente y en silencio, \u201crecogiendo indicios y construyendo sentido\u201d, dir\u00eda Graciela Montes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s \u2014ahora s\u00ed\u2014 llegar\u00e1 el verbo. Entre los doce y dieciocho meses de edad, un beb\u00e9 comenzar\u00e1 a abandonar poco a poco el \u00e1mbito gutural y de la onomatopeya para ingresar al complejo, entrometido, bullanguero, caudaloso, colorido y sonoro mundo de la palabra dicha. Aprender a abrir la boca. A articular el lenguaje. A decir palabras propias, \u00fanicas, tonales y t\u00edmbricas. <em>Palabras aladas<\/em> que se llevar\u00e1 el implacable viento (<em>verba volant<\/em>) y que la gravedad har\u00e1 desaparecer en el negro e inmensurable oc\u00e9ano que es el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y no se diga los a\u00f1os que nos tomar\u00e1 articular nuestro cuerpo (o\u00eddos, boca, ojos, piel\u2026), evolucionar el esp\u00edritu, asumir el peso de la civilizaci\u00f3n, moldear el pensamiento (por ejemplo, entre otras muchas cosas, en el dominio de la gram\u00e1tica y la sintaxis, que contempla los vericuetos de la palabra), respirar <em>el aroma del tiempo<\/em>\u2026 hasta conseguir plasmar nuestras propias ideas cargadas de sentido mediante palabras escritas. Y todav\u00eda un poco m\u00e1s, para hacer posible el prodigio de la metamorfosis de la lectura, es decir: ficcionar a partir de las ficciones que hemos le\u00eddo. Convertirnos en plumas humanas, hasta unir varias p\u00e1ginas dentro de un continente que llamaremos texto. Porque de la ficci\u00f3n surge la vida \u2014no es casual que Scheherezade haya quedado embarazada a la mitad de la historia, nos recuerda Rom\u00e1n Gubern\u2014, y de la vida brota la ficci\u00f3n. Plasmar nuestras literaturas escritas. El universo de la creaci\u00f3n art\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y en todo este largo proceso (biol\u00f3gico, biogr\u00e1fico, comunicativo, ling\u00fc\u00edstico, espiritual y racional) somos acompa\u00f1ados por otros seres humanos vivos y muertos \u2014\u201cescuchamos con los ojos a los muertos\u201d, reza el verso de Quevedo\u2014, que nos han antecedido en el prolongado devenir hist\u00f3rico y acumulativo que llamamos cultura. Y el enigma de la escucha siempre est\u00e1 presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese trayecto, la primera persona ser\u00e1 nuestra madre. De ah\u00ed que se nombre \u201clengua materna\u201d a la primigenia lengua aprendida (escuchada) durante la infancia. Una lengua constitutiva, que nos moldea el esp\u00edritu y la conciencia. Posteriormente, en el camino, vendr\u00e1 la escuela, que nos guiar\u00e1, instruir\u00e1, deformar\u00e1 y adoctrinar\u00e1, en las habilidades de las pr\u00e1cticas ling\u00fc\u00edsticas a las que nos hemos venido refiriendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, cuando menos en la \u00faltima centuria, los Estados y las sociedades han derrochado recursos econ\u00f3micos y humanos en el c\u00e1ndido empe\u00f1o de que sus habitantes y ciudadanos dominen las habilidades que implica el lenguaje: hablar, leer, escribir y escuchar. Desde la m\u00e1s tierna infancia nos ense\u00f1an \u2014o cuando menos eso se intenta\u2014 a ejercitarnos en las formas de la palabra. Quiz\u00e1, sobre todo, en la palabra que se lee.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfPero qu\u00e9 sucede con aquella que se escucha? \u00bfPor qu\u00e9 no se nos ense\u00f1a a escuchar, si todo lenguaje, como hemos visto, esta constituido en su conjunto por aquellas palabras que se dicen, leen, escriben y escuchan?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se trata, considero, de un fen\u00f3meno multifactorial. En primera instancia, quiz\u00e1 se excluye de la educaci\u00f3n b\u00e1sica la necesidad de ser entrenado en la escucha o, m\u00e1s bien, de aprender a escuchar, porque no se logra vislumbrar con claridad el borde que existe entre o\u00edr y escuchar. O\u00edr es un fen\u00f3meno f\u00edsico; escuchar, un acto del pensamiento (como leer, hablar y escribir), que conlleva sus propias dificultades. Lo mismo sucede entre ver y mirar. O entre recordar y rememorar. Rememorar es hacer memoria con pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otro lado (entre los muchos otros prejuicios en torno a la escucha), se suele pensar que escuchar es un acto impl\u00edcito, conocido, t\u00e1cito, pasivo y cotidiano; que acontece con el simple hecho de, como canta la m\u00e1xima, \u201cparar oreja\u201d. Quiz\u00e1 se piense esto porque, a diferencia de la boca o los ojos, que se pueden cerrar, los o\u00eddos siempre permanecen abiertos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Aprender a escuchar<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Carlos Lenkersdorf (Berl\u00edn 1926 \u2013 Ciudad de M\u00e9xico 2010) fue un fil\u00f3sofo y ling\u00fcista que vivi\u00f3 durante casi veinte a\u00f1os entre la comunidad de los tojolabales mayas de la meseta comiteca, en la regi\u00f3n de Los Altos de Chiapas. Ah\u00ed, a trav\u00e9s de la escucha, aprendiendo la lengua y poco a poco, se <em>tojolabaliz\u00f3<\/em>. En 2008 public\u00f3 el libro <em>Aprender a escuchar<\/em>, en el que re\u00fane una serie de reflexiones, tentativas y problem\u00e1ticas acerca de la idea y el fen\u00f3meno de la escucha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el libro, Lenkersdorf comienza advirtiendo que escuchar es la mitad olvidada de la lengua; que la lengua se cre\u00f3 para dialogar; que el dialogo es imposible sin la escucha; y que sin escucha no es posible el entendimiento. Adem\u00e1s, enfatiza que escuchar es un acto consciente y voluntario. Leer, escribir, hablar y escuchar son verbos que, parafraseando al novelista Daniel Pennac, no soportan el imperativo. Por ello, obligar a alguien a hablar (o a escuchar, o a amar) es un acto de perversi\u00f3n. Una forma de la tortura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero volviendo al trayecto del desarrollo biol\u00f3gico e intelectual de los humanos, a cualquier padre o madre emociona las primeras palabras dichas por su peque\u00f1a hija o hijo, y las atesora en el arc\u00f3n de su memoria. Porque la convenci\u00f3n suele considerar al acto de hablar como la primera manifestaci\u00f3n del pensamiento y del sano crecimiento. Pero se olvida un breve detalle: un beb\u00e9 intenta hablar porque previamente ha escuchado y quiere dialogar con eso escuchado (las palabras, los sonidos, las im\u00e1genes, el mundo\u2026 porque podemos escuchar con el cuerpo entero). La escucha antecede al decir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, Lenkersdorf reflexiona acerca de c\u00f3mo, aunque sabemos \u201cescuchar\u201d (incluso desde antes de nacer, como se ha dicho), no somos buenos \u201cescuchadores\u201d. Porque el acto de escuchar es un proceso que integra una serie de elementos que no surgen de forma aut\u00f3noma en el individuo. Por otra parte, en Occidente \u2014y, por consiguiente, en las culturas hegem\u00f3nicas\u2014 se valora poco y se sabe menos acerca del fen\u00f3meno de la escucha; escuchar desempe\u00f1a un papel subordinado al hablar (hablar \u201cbien\u201d, por ejemplo, es s\u00edmbolo de liderazgo e inteligencia); existen cosmovisiones, pero no <em>cosmoaudiciones<\/em>; se pondera la cultura del espect\u00e1culo, vinculada a lo visual, que abona al culto del provecho y al individualismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque escuchar va en contra de lo utilitario; es lo contrario a lo fuerte, a lo veloz, a la grandeza, a la altura\u2026 Por eso, cuando se quiere acallar a alguien, se grita; se sobrepone, se alza la voz, se levanta el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Lenkersdorf, la escucha tiene que ver con el <em>otro<\/em>. Yo dir\u00eda, m\u00e1s bien, con el <em>t\u00fa<\/em> \u2014evocando a Franz Fanon en su obra <em>Piel negra, m\u00e1scaras blancas<\/em>\u2014. <em>T\u00fa<\/em>, que tienes rostro, nombre, historia, cuerpo, esperanza, saberes\u2026 Escuchar es un compromiso de entrega con el <em>otro<\/em> y con lo <em>otro<\/em> (pues todo en este mundo es susceptible de ser escuchado: las plantas, el tiempo, la hierba, las sociedades, el mar, las culturas, el viento, los animales\u2026).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escuchar es tambi\u00e9n un reto, pues supone entender al <em>otro<\/em> desde su propia perspectiva y respetarlo. Eso, adem\u00e1s de complejo, requiere de empat\u00eda, igualdad, horizontalidad,<em> emparejamiento<\/em> (noci\u00f3n que Lenkersdorf aprendi\u00f3 del contexto tojolabal; por cierto, el \u201cab\u2019al\u201d de la palabra tojolabal, en maya significa \u201clengua escuchada\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A prop\u00f3sito de esto, Marguerite Yourcenar apunta: \u201cAlgunos lectores se buscan en lo que leen y no ven nada m\u00e1s que a ellos mismos\u201d. Del mismo modo, hay escuchadores que se buscan en el <em>otro<\/em> y no escuchan nada m\u00e1s que a ellos mismos. Porque para ver (escuchar) al <em>otro<\/em> se necesita respeto, paciencia, reconocimiento (no tolerancia, noci\u00f3n cargada de condescendencia y de velado desd\u00e9n), apertura, humildad, cercan\u00eda, mirar <em>la solitaria voz humana<\/em>\u2026 Adem\u00e1s, quien escucha debe hacer un esfuerzo consciente por aprender a callarse, desmontar la imagen estereotipada del <em>otro<\/em>, despojarse de prejuicios, abandonar miedos, suprimir odios, disminuir la obsesi\u00f3n por la autoestima y el egocentrismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La figura del enemigo, por ejemplo, se construye a partir de la no-escucha. Porque, cuando se escucha a alguien, en ese instante deja de ser un enemigo. Si hablar \u201ces existir absolutamente para el otro\u201d (volviendo a Fanon), escuchar deber\u00eda implicar lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lenkersdorf, a quien los tojolabales llamaron \u201chermano Carlos\u201d, aprendi\u00f3 de la <em>cosmoaudici\u00f3n<\/em> de dicho pueblo: si yo hablo, t\u00fa me escuchas. No como un imperativo, sino como una d\u00edada. Como una relaci\u00f3n bidireccional, dial\u00e9ctica, participativa que, con sus intervalos de silencio, trabaja por turnos sin la existencia de un polo dominante. Porque alrededor de cada palabra existe un silencio.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Un conjunto de oyentes<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escuchar supone mirar al <em>otro<\/em>. Sentir al <em>otro<\/em>. Requiere concentraci\u00f3n y conciencia; atender con el cuerpo entero a quien nos habla. La voz humana, como la m\u00fasica, es \u201caire sonoro\u201d. Y como todo sonido, cuando es percibido por el o\u00eddo humano, desata \u201cun proceso creativo del pensamiento\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed lo apunta el gran pianista y director de orquesta Daniel Barenboim en su libro <em>La m\u00fasica despierta el tiempo<\/em>. Barenboim sostiene que es posible desarrollar un \u201co\u00eddo pensante\u201d, pues la escucha es audici\u00f3n m\u00e1s pensamiento. Para escuchar es necesario echar a andar todos los recursos intelectuales a nuestra disposici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por su parte, para el fil\u00f3sofo coreano Byung Chul Han, nuestra creciente focalizaci\u00f3n en el ego, as\u00ed como el sostenido narcisismo, son las mayores causas que nos impiden escuchar. En su obra <em>La expulsi\u00f3n de lo distinto<\/em>, sostiene que el internet es \u201cuna caja de resonancia del yo aislado\u201d en la que nadie escucha, \u201cque reprime los espacios de silencio y de soledad\u201d. Hablar tiene que ver con el yo; escuchar, con el <em>t\u00fa<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, como en cualquier ley de la belleza, los humanos hemos dise\u00f1ado mecanismos para que los opuestos o los distintos se re\u00fanan, reconcilien y encuentren sus m\u00ednimos comunes compartidos. Esa es, quiz\u00e1, la tentativa: reintroducir la escucha y el di\u00e1logo entre las comunidades. Porque, para conocerse a uno mismo, no hay que dividir, sino unir. <em>Somos gente de concilio<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Byung, escuchar es \u201cuna invitaci\u00f3n para que el <em>otro<\/em> hable\u201d; es un arte; es \u201cquedar a merced del <em>otro<\/em>\u201d y entra\u00f1a una dimensi\u00f3n pol\u00edtica, pues implica la participaci\u00f3n activa de ambos dialogantes. Adem\u00e1s, conlleva la presencia de un \u201coyente hospitalario\u201d que aliente al hablante y funcione como una caja de resonancia. Pues, para Han, el o\u00eddo es como una herida (un laberinto): \u201cLa herida es la apertura por la que entra el <em>otro<\/em>. Es tambi\u00e9n el o\u00eddo que se mantiene abierto para el <em>otro<\/em>\u201d. Para el pensador coreano, en el futuro existir\u00e1 una profesi\u00f3n: el <em>oyente<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, la escucha nos libera de m\u00faltiples ataduras y prisiones culturales, intelectuales, hist\u00f3ricas y pol\u00edticas; nos acerca, mediante la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica con el <em>otro<\/em> \u2014la <em>dial\u00e9ctica del t\u00fa<\/em>, parafraseando a Franz Fanon\u2014, a distintas posibilidades o perspectivas no enfocadas; nos aproxima a la otredad, nos desaliena; nos aleja del fundamentalismo; acontece la revelaci\u00f3n. Ejercemos respeto que el interlocutor devuelve; aprendemos de los otros; nos hermana y borra hostilidades. Triunfa la dignidad humana y creamos v\u00ednculos; nos ejercitamos en el di\u00e1logo, el debate y el contrapunteo; revaloramos el conflicto y aparecen la convivencia y la noci\u00f3n de comunidad. Pues, como bien apunta Byung Chul Han: una comunidad es un conjunto de oyentes.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>El tiempo del <em>otro<\/em><\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como se ha dicho, escuchar es la clave del di\u00e1logo y, por tanto, del entendimiento y la convivencia. Pero cuando no se ejerce la escucha entre las culturas y las sociedades, se corre el riesgo de que las estructuras verticales, autoritarias, imperativas, binarias, maniqueas e impositivas se fortalezcan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como sociedad, como humanos, ejercitarnos vitalmente en la escucha y pensar en ella como \u201cun tiempo bueno; porque es el tiempo del <em>otro<\/em> que crea comunidad\u201d (Byung), es tal vez lo \u00fanico que podr\u00e1 salvarnos del intento de cualquier poder por perpetuarse; de la violencia y la barbarie que vulneran la paz social y la dignidad humana; de los <em>ismos<\/em> que se robustecen; de los mundos edificados y basados en el odio, la codicia, el consumo y la desconfianza en el <em>otro<\/em>; de las sociedades ruidosas gobernadas por <em>yos<\/em> fuertes y superlativos, y por seres iguales e intercambiables que viven sin dolor y que aborrecen lo distinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo prefiero (volviendo una vez m\u00e1s a Fanon) \u201cedificar [mediante la escucha] el mundo del <em>T\u00fa<\/em>\u201d. Porque la palabra (dicha, escrita, le\u00edda y escuchada) siempre supone una elecci\u00f3n, una conciencia. \u00bfEs posible amar si no se ha escuchado hablar del amor? La palabra es una forma de ser, pensar y estar en el mundo. Las palabras importan y est\u00e1n por todas partes. Hay escritos por doquier. Hay rostros y palabras que no han sido escuchadas; palabras omitidas en \u201cel callado mundo de los otros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEstoy escuchando\u2026\u201d, confiesa Svetlana Alexi\u00e9vich. \u201cCada vez me convierto m\u00e1s en una gran oreja, bien abierta, que escucha a otra persona\u201d. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bien podr\u00eda el prodigio y el misterio de la escucha proporcionarnos una v\u00eda para la reflexi\u00f3n y el pensamiento en torno al valor que conlleva escuchar las solitarias e \u00edntimas voces humanas; a la importancia que tiene abandonar nuestro peque\u00f1o <em>yo<\/em> prisionero para darle forma al silencio; a la necesidad de abrirnos al alma humana para reconocer mediante el di\u00e1logo las \u201cnecesidades mutuas\u201d y los modelos alternativos; a la fascinaci\u00f3n que implica aprender a escuchar las tonalidades de la tierra y las culturas, que nos recuerdan que somos seres sonoros capaces de establecer acuerdos y conciertos; al impulso por ejercitarnos en las voces de la libertad, la dignidad humana y la memoria; a saber percibir con el cuerpo entero el aroma del tiempo; al hecho de vivir nuestra fugaz permanencia en el mundo con los o\u00eddos abiertos\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La manera m\u00e1s profunda de entrar en un ser, sigue siendo escuchar su voz, comprender el canto mismo de que est\u00e1 hecho. 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Escritor y editor. Estudi\u00f3 Historia en la FFyL de la UNAM y m\u00fasica en la Escuela Nacional de M\u00fasica. Autor del libro Las anforitas ocultas y antologador de la colecci\u00f3n Santa Mar\u00eda la Ribera. De autores y calles (UNAM). Su m\u00e1s reciente colaboraci\u00f3n fue para la antolog\u00eda Lados B (Editorial Nitro-Press). 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