{"id":55219,"date":"2024-08-07T07:00:00","date_gmt":"2024-08-07T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55219"},"modified":"2026-10-02T13:28:24","modified_gmt":"2026-10-02T19:28:24","slug":"reivindicacion-de-los-gatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=55219","title":{"rendered":"Reivindicaci\u00f3n de los gatos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puede que haya so\u00f1ado con el fuego. Alba, doblada entre mis pies, ahog\u00f3 m\u00e1s de un ladrido bajo el sofoco de la noche. Fueron las sirenas las que nos despertaron. Sal\u00ed de la cama como de un bochorno, seguido por los pasos nerviosos de la perra. Aura, dormida en otro cuarto, se manten\u00eda en silencio. Afuera, el estruendo agudo que se dilataba por la avenida era distinto al de una patrulla o una ambulancia: se trataba de un cami\u00f3n de bomberos. Abri\u00e9ndome paso entre la ceniza y mi modorra, alcanc\u00e9 a distinguir la fachada vecina de la que manaba el fuego apaciguado, nubes espesas avisando que no quedaba mucha destrucci\u00f3n por concretarse.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por la ma\u00f1ana, algunos vecinos y m\u00e1s de un transe\u00fante nos reunimos frente al port\u00f3n ennegrecido. La casa hab\u00eda dejado de rentarse un par de a\u00f1os atr\u00e1s, reducida a un cuadrado de silencio y polvo. Desconoc\u00edamos si su interior guardaba muebles o pertenencias que lamentar.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la terraza del techo me top\u00e9 con un tapiz de ceniza sobre los azulejos que llevan al b\u00f3iler. Not\u00e9 un recorrido que anticipaba el m\u00edo: pisadas delatoras alternadas en una hilera sobre el suelo opaco. No tard\u00e9 en encontrar al autor del camino de almohadillas. Te\u00f1ido de polvo oscuro, un gato me miraba con cierto soslayo \u2014casi curioso, casi displicente\u2014 desde sus redondos ojos verdes. Bajo la fina negrura ser\u00eda gris, rayado de estr\u00edas. Me dej\u00f3 acercarme unos cuantos pasos antes de que mi cercan\u00eda terminara por incomodarlo. Sin prisas, se sacudi\u00f3 para luego dar un par de brincos sobre la barda y desaparecer. Supuse que, hasta la noche previa, habr\u00eda estado viviendo en la casa abandonada. Fueron los leng\u00fcetazos del fuego los que lo obligaron a huir.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso lo llam\u00e9 Eneas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:35px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La casa de mi abuela era habitada, adem\u00e1s de por polvo y muebles viejos, por una familia de gatos que no hac\u00eda m\u00e1s que multiplicarse. Brotaban bajo las camas y tras los sillones como una suerte de espejismo peludo, un vapor algodonado que buscaba ganar espacio entre los recodos de las paredes. En alg\u00fan tiempo hubo m\u00e1s de una decena de ellos desfilando por los pasillos, desde el zagu\u00e1n hasta los cuartos. Varios no ten\u00edan nombre.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por esa multitud de gatos aprend\u00ed que el miedo es una de las muchas formas de la fascinaci\u00f3n. Un par de los felinos an\u00f3nimos, negros y de cuerpo breve, sol\u00edan aterrarme en las tardes infantiles que pas\u00e9 acompa\u00f1ando a la abuela. Como postrados en la esquina de una cornisa, me miraban desde el borde de la cabecera de la cama, fijos, pacientes. Carne tr\u00e9mula cobijada de oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Toda torsi\u00f3n es posible en el cuerpo de los gatos. Pocos organismos en el mundo se pasean por \u00e9l con una maleabilidad tan privilegiada como la suya. L\u00edquidos casi, espacio de orillas extensibles, aceptan nuevas formas y expanden su per\u00edmetro como si en el interior de su tegumento no residieran huesos ni cart\u00edlagos. Los gatos son un animal d\u00factil, un capricho de formas inagotables. Lo aprend\u00ed tambi\u00e9n en casa de la abuela. M\u00e1s de una vez compart\u00ed mi insomnio con los insectos que estridulaban desde el corral. Por la ventana, entre haces de luz que chocaban con el cristal como mensajes llegados de otro tiempo, sol\u00eda toparme con el contorno negro del par de gatos sin nombre. Despu\u00e9s de algunos brincos sol\u00edan detenerse a compartir quietud. Me miraban desde el marco antes de desaparecer.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una sombra l\u00e1bil, un contoneo de aire.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:35px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche que sigui\u00f3 a la primera visita de Eneas prepar\u00e9 un altar para su est\u00f3mago. Despu\u00e9s de cenar, camin\u00e9 a una tienda de abarrotes en busca de croquetas a granel \u2014m\u00e1s baratas de lo que me gustar\u00eda admitir por ac\u00e1\u2014. Cuando volv\u00ed a casa, bolsa y algunos sobres de carne en mano, las perritas olisquearon con recelo la comida ajena. Me vieron subir al techo como si estuviera cometiendo una traici\u00f3n.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La lealtad de los perros es la m\u00e1s transparente que existe. No la median condiciones o cl\u00e1usulas, ni existe la amenaza de llegar a perderla. Cuatro perras han pasado por la casa y con todas ha bastado la seguridad de una cama c\u00f3moda y un taz\u00f3n lleno para recibir la calidez de sus leng\u00fcetazos y la felicidad de su cola. Cuando rescat\u00e9 a Aura \u2014ciertamente se la rob\u00e9 a la calle mientras caminaba cerca de una estaci\u00f3n del tren\u2014 s\u00f3lo necesit\u00e9 sentarme sobre la acera para que corriera hacia mis muslos y se dejara mimar. No pasaron m\u00e1s de cinco minutos para que me dejara cargarla, lista para formar parte de ese secuestro benigno que llamamos domesticaci\u00f3n. Alba, la m\u00e1s joven, no tendr\u00eda m\u00e1s de dos meses de edad cuando acept\u00f3 los sillones de la casa como su nueva cama, tan satisfecha como despreocupada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pens\u00e9 que para ganarme la familiaridad de Eneas bastar\u00eda con la comida y la cama que improvis\u00e9. Pero la confianza de los gatos opera con un mecanismo distinto al de los perros. Por la ma\u00f1ana, al revisar el altar felino, constat\u00e9 con alivio que las croquetas se hab\u00edan terminado. La cama \u2014un pu\u00f1o de ropa que envolv\u00ed con una tela de algod\u00f3n\u2014 estaba llena de pelos grises. Un regusto a orina colonizaba el aire.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo Eneas estaba presente, excepto \u00e9l mismo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:35px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante buena parte de la historia moderna, se crey\u00f3 que los gatos dom\u00e9sticos se originaron de forma paralela a partir de los linajes de al menos cuatro subespecies de gatos silvestres distribuidas por diferentes partes de \u00c1frica, Asia Central y Europa. A inicios de siglo, los investigadores Carlos A. Driscoll y Stephen J. O&#8217;Brien, despu\u00e9s de darse un chapuz\u00f3n molecular en la historia del ADN de los felinos acompa\u00f1antes de la humanidad, descubrieron que los descendientes contempor\u00e1neos que residen en nuestras casas se originaron a partir de poblaciones de Medio Oriente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue hasta 2004 que un grupo de arque\u00f3logos descubri\u00f3 que la domesticaci\u00f3n felina fue anterior al florecimiento de los egipcios. Se encontr\u00f3, en medio de Chipre, una tumba de 9,500 a\u00f1os de antig\u00fcedad que conten\u00eda un cad\u00e1ver adornado por artilugios ceremoniales nada raros: herramientas de piedra, algunos trozos de hierro y conchas marinas. El hallazgo central fue un peque\u00f1o cuerpo que acompa\u00f1aba al humano en su silencio bajo tierra. Se trataba de un gato. Es probable que, vueltos mascotas, los felinos hayan llegado por primera vez al Mediterr\u00e1neo desde la costa levantina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dioses, cazadores, acompa\u00f1antes, los gatos se han hecho de un lugar privilegiado en la historia humana vali\u00e9ndose de un cinismo c\u00f3modo. Esa tierna desfachatez s\u00f3lo podr\u00eda encontrarse en seres que combinan misticismo y simpat\u00eda con tanta naturalidad.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:35px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasados los d\u00edas, Eneas hab\u00eda dejado de presentarse a comer al techo. Una tarde me lo encontr\u00e9 esper\u00e1ndome en la puerta de la casa mientras las perras ladraban desde el interior, recelosas y molestas. Pude verlo con el detalle que la fugacidad previa me hab\u00eda vedado. Era joven, no mayor al a\u00f1o de edad. Mi comida lo hab\u00eda hecho ganar peso. Bajo las estr\u00edas grises que le recorr\u00edan el lomo, un juego de cuatro guantecitos blancos le recubr\u00edan cada una de las patas. Apenas pasado un minuto comenz\u00f3 a maullar. Ten\u00eda hambre.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se acostumbr\u00f3 a esperar a que volviera del trabajo para exigir comida. Despu\u00e9s de saciarse \u2014ah\u00ed afuera, sobre la banqueta\u2014 no dudaba en desaparecer. Condicionado a su rutina, yo tambi\u00e9n me habitu\u00e9 al horario de sus tripas. De vez en vez se dejaba acariciar el lomo. Alguna otra, pude cargarlo unos segundos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue una tarde en la que cargaba una bolsa de croquetas caras cuando me enoj\u00f3 verlo fuera, impaciente y casi resentido por mi tardanza. Sus ojos verdes me miraron como si le debiera una explicaci\u00f3n y, al mismo tiempo, como si tampoco le interesara escucharla. No pude contener mi molestia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Estoy harto de que me trates como si fuera tu sirviente.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Miau \u2014contest\u00f3, y yo estuve de acuerdo en que no val\u00eda la pena hacer una escenita a media calle, pero mi despecho era m\u00e1s fuerte.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Desprecias mi compa\u00f1\u00eda pero no mi comida. S\u00f3lo te gusta mi mano cuando te llena el plato y apenas tragas te vas a no s\u00e9 d\u00f3nde y con no s\u00e9 qui\u00e9n, cabr\u00f3n. Eres un pat\u00e1n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me dio un zarpazo en el tobillo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Derrotado, me limit\u00e9 a servirle un pu\u00f1o de las croquetas finas. Comi\u00f3 como si no lo hubiera hecho en un par de semanas. Se fue cuando trat\u00e9 de acariciarlo. \u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:35px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El amor de los gatos es un triunfo doble. Se consigue, a diferencia de otros m\u00e1s fugaces y f\u00fatiles, tras un juego de distancias y recelos. No bastan los sobornos de la comida ni los enga\u00f1os del cari\u00f1o para bajar su guardia. Al contrario: todo servicio, regalo envenenado, pareciera ser una amenaza en contra de su libertad. Un candado, una restricci\u00f3n. El amor de los gatos se gana una vez que el cuidador y la mascota logran entenderse en la gram\u00e1tica de la autonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente de nuestra pelea, Eneas se acerc\u00f3 a mis pies y se dej\u00f3 mimar. Fue una concesi\u00f3n, quiz\u00e1 una disculpa. Desde entonces he tratado de comprender el c\u00f3digo de su humor. Cuando llegue el d\u00eda en el que al fin lo merezca, har\u00e9 que comparta casa con el par de perras que tanto le ladran \u2014y lo castrar\u00e9, despu\u00e9s de darle un ba\u00f1o y vacunarlo\u2014. Mientras tanto, espero. Su paso ingr\u00e1vido, de cierto modo, constituye una promesa que se renueva con el paso de los d\u00edas: ese vaiv\u00e9n es una forma de permanencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Puede que haya so\u00f1ado con el fuego. Alba, doblada entre mis pies, ahog\u00f3 m\u00e1s de un ladrido bajo el sofoco de la noche. Fueron las sirenas las que nos despertaron. Sal\u00ed de la cama como de un bochorno, seguido por los pasos nerviosos de la perra. 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