{"id":54910,"date":"2024-05-27T07:00:00","date_gmt":"2024-05-27T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54910"},"modified":"2026-10-06T10:22:38","modified_gmt":"2026-10-06T16:22:38","slug":"memoria-olfativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54910","title":{"rendered":"Memoria olfativa"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:40px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">En el delicado y misterioso entramado que se teje en nuestro cuerpo, el sentido del olfato y la memoria tienen un v\u00ednculo estrecho. Gracias a que la am\u00edgdala y el hipocampo (las regiones cerebrales encargadas de procesar las emociones y los recuerdos, respectivamente) est\u00e1n conectadas con la nariz, tenemos memoria olfativa. Este magn\u00edfico puente que une la am\u00edgdala, el hipocampo y la nariz, nos permite viajar en el tiempo, al identificar un aroma de nuestra infancia; tambi\u00e9n, es el encargado de que nuestro coraz\u00f3n brinque al reconocer el perfume de un ser amado, o que nuestros ojos se llenen de l\u00e1grimas al percibir un olor que cre\u00edamos que estaba perdido para siempre. En la biblioteca afectiva de cada persona hay cientos de botecitos que contienen destilados de los olores que m\u00e1s atesoramos: aquella vela con extracto de pachul\u00ed que alumbr\u00f3 tantas noches en nuestra habitaci\u00f3n; el jab\u00f3n de rosas, que recuerda a los cachetes suaves de las abuelas; la humedad del cl\u00f3set de blancos, que remite a una casa de la infancia; el aroma de aquella crema que utilizamos al inicio del verano, que marc\u00f3 nuestras vidas para siempre.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Hay algunos momentos en la vida que se sienten como un gran caleidoscopio que revela un sinf\u00edn de posibilidades de manera simult\u00e1nea. Una corazonada toma posesi\u00f3n del cuerpo y en apenas un segundo, todo, absolutamente todo, cobra sentido. Uno de mis profesores m\u00e1s queridos de la licenciatura aseguraba que existen dos o tres momentos de esta \u00edndole, en la vida de cada persona, aunque yo creo que para quienes ejercitamos el m\u00fasculo de la creatividad, estas peque\u00f1as epifan\u00edas suceden con m\u00e1s frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">El verano en que me mud\u00e9 a Nueva York para estudiar una maestr\u00eda en Poes\u00eda, atraves\u00e9 una ruptura amorosa que me dej\u00f3 en la ruina emocional durante varios meses. El calor del verano me ahogaba. Los dos o tres conocidos que ten\u00eda en la ciudad pronto se mudar\u00edan de regreso a su ciudad natal. Me encontraba frente a una soledad insondable y, a la vez, incre\u00edblemente emocionante, aunque, de tan grande, a menudo me hac\u00eda sentir perdida en un laberinto de oscuridad que parec\u00eda no tener salida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Por las noches, las piernas me punzaban, cubiertas de picaduras de mosquitos. Daba vueltas en mi cama sin poder dormir, entre la tristeza, la comez\u00f3n y la humedad que me ce\u00f1\u00eda la garganta. El olor de las tuber\u00edas del ba\u00f1o tampoco ayudaba; necesitaba un remedio r\u00e1pido y econ\u00f3mico, si quer\u00eda mitigar ese tremendo tufo que tomaba posesi\u00f3n de mi cuarto por las noches. A los pocos d\u00edas de llegar, me dirig\u00ed a la tienda de la esquina de mi casa y compr\u00e9 un Febreze de lavanda, para lidiar con el mal olor. Este aroma a lavanda sint\u00e9tica me acompa\u00f1\u00f3 durante meses de profunda aflicci\u00f3n y se convirti\u00f3 en un peque\u00f1o oasis olfativo para mis penas. Cada vez que ol\u00eda ese perfume tan poco sofisticado, creado seguramente por un grupo de ingenierxs en un laboratorio con luces blancas, me invad\u00eda un sentimiento inexplicable: un amasijo de \u00e9xtasis sensorial, con un regusto de verg\u00fcenza. Por m\u00e1s que intentaba cubrir el olor a ca\u00f1o con las part\u00edculas de lavanda sint\u00e9tica, detr\u00e1s estaba siempre el olor a desag\u00fce viejo, igual de n\u00edtido que mi tristeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">\u00bfPor qu\u00e9 insistimos en cubrir lo que nos incomoda? \u00bfAcaso no ser\u00edamos personas m\u00e1s plenas, con mucho m\u00e1s vigor, si no desperdici\u00e1ramos esa energ\u00eda vital en intentar cambiar el estado natural de las cosas? Por el momento no tengo la respuesta a estas preguntas, pero algo en el fondo de mi ser me dice que est\u00e1n \u00edntimamente relacionadas con la sociedad hiperconsumista en la que vivimos, obsesionada con nuestra imagen.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Un olor nunca denota una sola cosa, como ejemplifica magistralmente Leila Guerriero, en una de sus columnas compiladas en <em>Teor\u00eda de la gravedad:<\/em><\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era un perfume: era el aroma que tienen los vestidos y las medias y las cajitas de m\u00fasica y los polvos de maquillaje \u2014y las cajas con fotos y los rosarios de primera comuni\u00f3n y las im\u00e1genes de yeso de la Virgen Ni\u00f1a\u2014 (\u2026): el aroma de mi abuela.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Este pasaje refleja la esencia polis\u00e9mica y profundamente po\u00e9tica del olor. El aroma, al igual que el poema, nunca es una sola cosa: siempre remite a una multiplicidad de afectos y situaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Hay algo hermosamente inefable que une ambas cosas (poes\u00eda y aroma): una hermandad basada en la fugacidad y en la capacidad de abrir portales hacia aquello que de otra suerte ser\u00eda incomunicable. Cuando leo un poema que me cala por dentro y reconfigura mi forma de ver el mundo, percibo un efecto similar al del reconocimiento de un recuerdo olfativo. Ambos procesos son sumamente \u00edntimos y acontecen, al menos para m\u00ed, en el plano de la intuici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi cabeza se estremece con todo el olvido.<br>Intento decir c\u00f3mo todo es otra cosa.<br>Hablo, pienso.<br>Sue\u00f1o sobre los tremendos huesos de los pies.<br>Siempre es otra cosa, una<br>sola cosa cubierta de nombres.<br>Y la muerte pasa de boca en boca<br>con la leve saliva,<br>con el terror que siempre hay<br>en el fondo informulado de una vida.<span id='easy-footnote-1-54910' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54910#easy-footnote-bottom-1-54910' title='Para leer el poema completo: https:\/\/poesia.uc.edu.ve\/herberto-helder\/'><sup>1<\/sup><\/a><\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Este poderoso fragmento, del poeta portugu\u00e9s Herberto Helder<span id='easy-footnote-2-54910' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54910#easy-footnote-bottom-2-54910' title='Este es un peque\u00f1o corte comercial para hacerle una menci\u00f3n honor\u00edfica a Sebasti\u00e1n, mi amigo del alma, quien me regala las mejores referencias literarias y f\u00edlmicas. Leila y Helder no habitar\u00edan el espacio de este ensayo si no fuera por \u00e9l.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, apunta de manera precisa lo que mencionaba anteriormente: a pesar de las limitantes del lenguaje, el poeta hace un intento por enunciar aquello que de otra forma quedar\u00eda innombrado. El poema se convierte en el medio m\u00e1s adecuado para enunciar la falta de un lenguaje que registre cabalmente la experiencia humana. La magia de la poes\u00eda reside en que el poema existe a pesar de esa limitaci\u00f3n. No hay nada m\u00e1s po\u00e9tico y rebosante de vida que la existencia <em>a pesar de<\/em>, aunque esta afirmaci\u00f3n debe tomarse con una pizca de sal, cuando se trata de experiencias de vida que han sido pol\u00edticamente marginadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">No me sorprende que Leila Guerriero haya utilizado el mismo mecanismo ret\u00f3rico que Helder, para hablar del olor del perfume de su abuela. La negaci\u00f3n es una v\u00eda f\u00e9rtil para nutrir el campo sem\u00e1ntico de lo indecible. \u00bfCu\u00e1ntas veces, ante la indecisi\u00f3n, no nos han recomendado enunciar aquello que NO queremos? El poder del <em>no<\/em> puede ser tan en\u00e9rgico como el del <em>s\u00ed<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Al empezar la maestr\u00eda, me parec\u00eda contraintuitivo no escribir sobre mi reciente ruptura. Intent\u00e9 escribir varios poemas que acabaron conmigo; tomando una copa de vino y llorando sola en mi estudio. Una rabia insondable me tomaba presa cada vez que rele\u00eda las versiones que plasmaban tan toscamente la ruptura. En ellas, mis palabras hac\u00edan lucir a mi expareja como un villano malvado, que ten\u00eda la moral tan corrompida como un asesino serial. En el fondo, yo sab\u00eda que eso no era cierto: mi expareja era un ser humano con sus propios traumas, deseos y limitaciones, quien, a pesar del da\u00f1o que sus acciones me causaron, me hab\u00eda regalado de los momentos m\u00e1s bellos de mi vida. Este enfrentamiento conmigo misma me hizo pensar en el tipo de escritora que quer\u00eda ser, y decid\u00ed nunca m\u00e1s escribir de una persona para humillarla o degradarla moralmente. Curiosamente, una vez que empec\u00e9 a hacer las paces con mi dolor, mis poemas comenzaron a acercarse m\u00e1s a los poemas que admiraba: aquellos que problematizan y reflejan la complejidad de la realidad humana de manera honesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">As\u00ed que, lecci\u00f3n aprendida: el tiempo lo cura <em>casi <\/em>todo, incluso la miop\u00eda que se desata cuando estamos inmersxs en una emoci\u00f3n. S\u00e9 que hay personas que pueden escribir en el ojo del hurac\u00e1n, pero ese no ha sido mi caso hasta ahora.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">As\u00ed como mi recorrido po\u00e9tico en Nueva York comenz\u00f3 con el olor a Febreze, para Andr\u00e9 Aciman la vida comenz\u00f3 \u201cen alg\u00fan lugar con el olor a lavanda\u201d. En el ensayo que forma parte del libro <em>Alibis, <\/em>el escritor italoestadounidense describe su deseo inconmensurable por encontrar un perfume que replicara el olor a lavanda de su infancia. Para Aciman, la b\u00fasqueda de la \u201clavanda ideal\u201d es una pesquisa f\u00fatil, aunque inevitable, ya que en el fondo sabe que el olor que tanto anhela est\u00e1 enterrado en el tiempo, junto con las tardes de su infancia en las que sus pap\u00e1s le aplicaban el aceite esencial que le confer\u00eda una calma sin igual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Este entendimiento no lo detiene de pasar tardes en las perfumer\u00edas probando distintos modelos de fragancias con despuntes de lavanda. La esperanza de dar con la nota exacta es suficiente para continuar con la misi\u00f3n olfativa. Para quienes sufrimos la condena del s\u00edndrome del recuerdo nost\u00e1lgico, ensayos como el de Andr\u00e9 Aciman son un abrazo al coraz\u00f3n: textos que convierten la ausencia del tiempo pasado en una pulsi\u00f3n creativa.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Pienso en la mujer que fui aquel verano en que llegu\u00e9 a Nueva York y me invade una ternura inmensa. Atravesar esa temporada fue definitivamente un reto enorme en mi vida, las personas que estuvieron cerca de m\u00ed lo saben. A\u00fan tengo muchas cosas que aprender y me he tropezado varias veces en el camino, pero conf\u00edo en que mi capacidad para atravesar la oscuridad es infinita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Siempre he pensado que escribir es una forma de hacer las paces con nosotrxs mismxs. Si no vivimos, nos equivocamos y cambiamos; no tenemos de qu\u00e9 escribir. As\u00ed como si no quitamos las ramas que cubren el coraz\u00f3n, no hay espacio para que florezcan emociones nuevas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-justify wp-block-paragraph\">Una nostalgia c\u00e1lida me ti\u00f1e al escribir las \u00faltimas palabras de este ensayo que solo pudo gestarse gracias al paso del tiempo. Es domingo de Pascua por la noche. La primavera se empieza a manifestar lentamente despu\u00e9s de un invierno largo y sumamente arduo. En agosto cumplir\u00e9 dos a\u00f1os en esta hermosa y compleja ciudad. Pienso, una vez m\u00e1s, en aquella mujer que fui al llegar a Nueva York. Hay pocas certezas en mi vida, pero algo que puedo afirmar sin titubeos es que, aquel verano, el Febreze de lavanda me salv\u00f3 la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el delicado y misterioso entramado que se teje en nuestro cuerpo, el sentido del olfato y la memoria tienen un v\u00ednculo estrecho. Gracias a que la am\u00edgdala y el hipocampo (las regiones cerebrales encargadas de procesar las emociones y los recuerdos, respectivamente) est\u00e1n conectadas con la nariz, tenemos memoria olfativa. 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