{"id":54530,"date":"2024-03-07T07:00:00","date_gmt":"2024-03-07T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54530"},"modified":"2025-06-24T20:22:54","modified_gmt":"2025-06-24T20:22:54","slug":"el-sex-appeal-de-la-totoaba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54530","title":{"rendered":"El <em>sex appeal<\/em> de la totoaba"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Eres una minita de oro, Azu.<br>Yahaira lo dec\u00eda as\u00ed, con ese aire de seguridad que proven\u00eda de su propia convicci\u00f3n de que era una gran mujer de negocios. Y a ojos de Azucena, que segu\u00eda manteniendo su trabajo de intendencia para las instalaciones de los laboratorios que la universidad hab\u00eda instalado en San Felipe, era cierto. Algo m\u00e1s deb\u00eda saber Yahaira de la vida desde que hab\u00eda empezado a cruzar al otro lado, desde que regresaba cargada: a veces de billetes verdes, a veces de fayuca que vend\u00eda en el tianguis ocasional de la calle principal o en la cajuela de su carro, estacionada cerca de la playa. Todo mundo parec\u00eda buscarla, a ella y a sus cargamentos aromatizados con la vainilla, la canela y la lavanda de las velas de la Ross y la Marshall\u2019s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena se apresur\u00f3 a quitarse el uniforme de trabajo. La gruesa tela del overol azul marino la hac\u00eda transpirar profusamente durante la jornada, pero le resultaba conveniente porque cubr\u00eda su cuerpo casi por completo. Apenas dejaba a la vista sus mu\u00f1ecas y cuello, donde su condici\u00f3n bicolor era casi imperceptible. Se enfund\u00f3 en una camiseta negra entallada, llena de pedrer\u00eda brillante en los hombros y en una fina l\u00ednea a los costados que acentuaba la cintura y desembocaba en la cadera. Se subi\u00f3 los pantalones blancos de spandex y calz\u00f3 unas plataformas que le aportaron casi cinco cent\u00edmetros de estatura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfNo te vas a morir de calor?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yaha lo preguntaba desde la comodidad de su vestidito corto sin mangas, sus tacones altos y abiertos, su facilidad para pasearse en un traje de ba\u00f1o diminuto cuando iban a la playa abarrotada cualquier domingo. Todos los viernes recib\u00eda la misma pregunta y todos los viernes se negaba a responder. S\u00ed, era obvio que le dar\u00eda calor; no, no estaba dispuesta a cambiarse.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El rojo \u00edgneo del atardecer se extend\u00eda sobre la bah\u00eda mientras Yahaira conduc\u00eda hacia el bar con la esperanza de que estuviera lleno de gringos porque hab\u00eda Baja Mil: los <em>racers <\/em>y sus pu\u00f1os de d\u00f3lares, su af\u00e1n por pagarle las cervezas a las mujeres que se cruzaran por ah\u00ed, su b\u00fasqueda de la consabida \u201cfiesta mexicana\u201d. Habl\u00f3 de sus ganas de agarrarse a un gringo de brazotes gruesos y espalda ancha que le diera tres vueltas en el aire y pudiera cargarla, de enrollarse con un hombre al que no sintiera que iba a romper en dos si se sub\u00eda a montarlo con todas las ganas. Quer\u00eda un gringo cachondo de cuello grueso, dijo, como <em>The Rock<\/em> o <em>Magic Mike<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena se re\u00eda compar\u00e1ndolos con el cuellito enclenque de Flavio que hac\u00eda ver su cabeza como un objeto pesad\u00edsimo y sus bracitos l\u00e1nguidos, que parec\u00edan cansarse con solo cargar la consola que llevaba para poner m\u00fasica en cuanto andurrial se lo permit\u00eda. A pesar de todo, Flavio ten\u00eda dos caracter\u00edsticas a las que Azucena no quer\u00eda renunciar: ten\u00eda el don de besar bien y nunca insist\u00eda en desvestirla. Incluso cuando se encerraban en el asiento de atr\u00e1s de su van, incluso cuando la hab\u00eda penetrado, Flavio sab\u00eda que la blusa de Azucena era un l\u00edmite infranqueable y no hab\u00eda rastro de que le importara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014A ti que te gustan todos flacos, los chinos te encantar\u00edan. Ser\u00edas un hit, Azucena. Hazme caso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena agradeci\u00f3 que llegaran al bar. No quer\u00eda entrar nuevamente en la conversaci\u00f3n sobre que Flavio no le gustaba, sino que no le molestaba estar con \u00e9l. Tampoco le gustaban los chinos, pero Yahaira nunca lo entender\u00eda porque ten\u00eda una facilidad pasmosa para quitarse la ropa y mostrar lo que pod\u00eda ofrecer a sus 26 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tan pronto entraron al local, Yaha se dirigi\u00f3 sin dudar a uno de los banquitos de la barra y se acomod\u00f3 junto a un grupo de <em>racers<\/em> que hablaban a gritos. Sus risas inundaban el lugar y para Azucena tuvo todo el sentido, porque los gringos llegaban y se adue\u00f1aban de los espacios como si fueran suyos, como lo hac\u00edan con las mujeres del puerto, con los terrenos frente a la playa, con las carreteras. El desprecio se instal\u00f3 en su gesto mientras contemplaba c\u00f3mo rodeaban ya el banquito de Yahaira y pens\u00f3 en que justo as\u00ed se ver\u00eda una escena de <em>bukake<\/em> si hubiera pornograf\u00eda de osos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014A m\u00ed tambi\u00e9n me cagan. Por m\u00e1s que pongo canciones, no se escucha ni madres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sonri\u00f3 al escuchar la c\u00f3mplice voz de Flavio y se dio vuelta para abrazarlo. Contemplaron la escena del cortejo entre risas y cervezas desde la esquina detr\u00e1s de la consola. Como si de su rockola personal se tratara, Flavio pon\u00eda las canciones que ella quer\u00eda, siempre y cuando mantuviera los vasos de pl\u00e1stico llenos de Tecate helada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sonaba <em>Tatuajes<\/em> en la voz triste y apesadumbrada de Joan Sebastian cuando Flavio le pidi\u00f3 que lo acompa\u00f1ara a fumar. Lo que el bar ofrec\u00eda como \u201cterraza\u201d era en realidad un estacionamiento de terracer\u00eda donde se acomodaban los coches, medianamente protegidos por un alambre de p\u00faas a media altura que indicaba el l\u00edmite. M\u00e1s all\u00e1, el desierto ba\u00f1ado por la tenue luz del cuarto menguante se desplegaba hacia el horizonte. Ambos sab\u00edan que salir ah\u00ed era la culminaci\u00f3n del pre\u00e1mbulo que se desarrollaba durante la primera parte de la noche: la mano de Flavio en su espalda baja cuando estaban de pie y en el muslo cuando estaban sentados, su forma de acariciarle la nuca mientras \u00e9l satisfac\u00eda sus deseos musicales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se escondieron entre un par de pickups para besarse a sus anchas. Recargada en la portezuela, con la pierna derecha rodeaba la cadera de Flavio y lo acercaba a ella, al tiempo que \u00e9l se aferraba a sus nalgas con ambas manos y emit\u00eda un ligero bufido al rozarle el cuello con los labios. Para Azucena siempre era dif\u00edcil acostumbrarse al primer acercamiento, ese en el que percib\u00eda el aroma acre y extra\u00f1o del aliento de Flavio y se preguntaba por qu\u00e9 insist\u00eda en pasar sus noches con alguien cuyo olor no la volv\u00eda loca, con alguien con quien siempre terminaba fingiendo el cl\u00edmax porque sab\u00eda que esa forma arr\u00edtmica y desprovista de toda cadencia de meterle los dedos jam\u00e1s lograr\u00eda nada. Pero entonces \u00e9l rumiaba un \u201cqu\u00e9 rica est\u00e1s, no mames\u201d que a ella le hac\u00eda pensar en todo el deseo contenido que ten\u00eda \u00e9l, como si estar con ella fuera un premio del que no se sintiera merecedor, como si llegara a su casa agradecido con la vida por haber podido estar con una mujer de ese calibre, como si no se la creyera porque ella, Azu se reconoc\u00eda en ese momento como una diosa absoluta y eso la excitaba m\u00e1s, mucho m\u00e1s, que cualquier mano experta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A lo lejos percibi\u00f3 la risa de Yaha, que se mezclaba con las fr\u00e1giles embestidas de Flavio. Sus manos descansaban sobre la l\u00e1mina en espera de sentir la descarga que le permitiera dejar de gemir. Caminaban juntos ya de vuelta a la entrada trasera del bar cuando Flavio la jal\u00f3 del brazo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfNo es tu amiga?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena fij\u00f3 la vista en un coche cuya moci\u00f3n parec\u00eda probar la resistencia de los muelles y vio en el interior el torso desnudo de Yahaira montando a un gringo en el asiento del copiloto. Sin ocultar su alegr\u00eda, confes\u00f3 que le daba gusto que su amiga hubiera logrado su cometido porque a eso hab\u00eda venido al bar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Esa morra se ve que es candela, \u00bfno? Mis compas dicen que seguro se sabe unos truquitos bien buenos porque se nota que a todo se atreve.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La alegr\u00eda se esfum\u00f3 de golpe. El rubor le calentaba las mejillas cuando agach\u00f3 la cabeza fingiendo hurgar en su bolso porque la envidia es una de las sensaciones m\u00e1s dif\u00edciles de ocultar. Encendi\u00f3 un cigarro mientras escuchaba las sesudas reflexiones de Flavio al respecto y lo interrumpi\u00f3 cuando iniciaba una conversaci\u00f3n que se perfilaba para ahondar en lo buena que estaba Yaha.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues dile a tus compas que ah\u00ed luego se las presento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en el bar, Azucena soport\u00f3 un par de canciones m\u00e1s y le pidi\u00f3 a Flavio que le dijera a su amiga que la esperaba en el coche. Se sent\u00f3 a fumar en la cajuela del Tercel contemplando la llanura y el vac\u00edo, la belleza en los accidentes del terreno y su asimetr\u00eda, sus manchones de arbustos y su textura r\u00edspida y pedregosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Hay cosas que son bonitas, aunque nos ense\u00f1en que son feas\u2014 dijo cuando sinti\u00f3 que Yahaira se acercaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00fabete al carro, morra. Te llevo a tu casa porque ya andas bien peda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el camino escuch\u00f3 a detalle c\u00f3mo era cogerse a un gringo fortach\u00f3n. Yaha no escatimaba en detalles ni en consejos sobre c\u00f3mo subirse en ellos, c\u00f3mo bajarse, c\u00f3mo despedirse sin que hubiera bronca porque qui\u00e9n sabe cu\u00e1nta chingadera se meter\u00edan, dec\u00eda, pero los cabrones eran insaciables. Azucena pensaba en que su amiga estaba llena de esa seguridad que no solo parec\u00eda garantizarle que nada le suceder\u00eda nunca, sino que, efectivamente, le daba la cualidad de atreverse a todo. Era un s\u00faper poder. Que todo le valiera madres era, en definitiva, un s\u00faper poder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfCu\u00e1ndo tienes vuelta al otro lado?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014La pr\u00f3xima semana. \u00bfTe vas a animar?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No s\u00e9. Puede. \u00bfSacas mucha feria?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yahaira habl\u00f3 el resto del camino sobre los pormenores de sus finanzas. Explic\u00f3 que en una pasarela a los chinos les pod\u00eda sacar hasta 600 d\u00f3lares de propinas, adem\u00e1s de los 500 que le daba el cartel por llevar un cuarto de kilito deshidratado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfCruzas malilla?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014No, mensa. Estuviera yo pendeja. Llevo buche porque los chinos ya lo pagan como si fuera coca, pero nom\u00e1s es pescado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena pens\u00f3 en los comerciales del radio sobre la totoaba y el delito federal. Tambi\u00e9n pens\u00f3 en que a cualquier cosa le dec\u00edan as\u00ed, como quemar llantas viejas en un predio fuera equivalente a matar a una persona y que la ley nunca pensaba c\u00f3mo ten\u00eda que arregl\u00e1rselas la gente para sacar un dinerito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Ya si quieres sacar billete en serio, en los privados con los chinos sacas hasta tres mil de una. Ah\u00ed s\u00ed hay que hacer otros jales, pero con uno que me avent\u00e9, pagu\u00e9 el Tercel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfY as\u00ed de <em>full service<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues s\u00ed. Pero es una en la vida. Nom\u00e1s hay que cerrar poquito los ojos y pensar que est\u00e1s en otro lado. Pero qui\u00e9n sabe, igual y t\u00fa le agarras el gusto porque te gustan los vatos \u00f1angos, si no creas que no te vi con el Flavio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Todav\u00eda no he dicho que lo vaya a hacer, Yaha. Nom\u00e1s estoy preguntando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Y est\u00e1 bien. No es pa\u2019 todas y no todo mundo tiene lo que se necesita. Si t\u00fa no te animas ni a andar en camiseta, qu\u00e9 vas a querer que los chinos te vean en calzones. Y qu\u00e9 tonta, porque las cosas raras los vuelven locos: t\u00fa sacar\u00edas mucho m\u00e1s de 600.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No era la afirmaci\u00f3n, sino la risa. La maldita risa de Yahaira, que parec\u00eda disfrutar que su amiga fuera el bicho raro, la del defecto, la que ubicaran no por la perfecci\u00f3n de su culo, como a ella, sino por sus manchas en la piel. Yaha no estaba m\u00e1s buena, solo no era diferente. Y lo sab\u00edan ambas, pensaba Azucena, y sab\u00edan que en otras circunstancias ella podr\u00eda entrar al bar y ser la que recibiera los tragos gratis, las miradas lascivas y las invitaciones al estacionamiento. Los amigos de Flavio tambi\u00e9n podr\u00edan hablar de ella sin el corolario ese de que siempre andaba tapada hasta el cuello, porque ella tambi\u00e9n ser\u00eda capaz de todo si no viviera en un mundo en cuya mirada se encontrara con el asco recurrente de la incomprensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La duda bull\u00eda en la cabeza de Azucena durante el domingo de resaca hasta que el lunes, a media faena y despu\u00e9s de calcular que tendr\u00eda que trabajar 40 jornadas para sacar lo de una noche con los chinos, le envi\u00f3 un mensaje a Yaha. S\u00ed. Ir\u00eda con ella. Tambi\u00e9n ir\u00eda con ella a comprar un conjunto con encaje que la hiciera verse m\u00e1s presentable, m\u00e1s profesional: un <em>push up bra<\/em> y unos <em>cheekies<\/em> con lacitos, no har\u00eda la vulgaridad de llevarse una tanga directamente. Tal vez hasta unos tirantitos de esos que llegaban hasta la pierna y unas medias. Tal vez buscar\u00eda detalles florales en el encaje y se planchar\u00eda el pelo; se pondr\u00eda u\u00f1as de <em>gelish <\/em>en un color vibrante y unas pesta\u00f1as de sal\u00f3n, de las que se colocan de una en una.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cruzaron por Mexicali a Calexico el viernes en la ma\u00f1ana. En la frontera dijeron lo de siempre, lo que dicen todas para evitar m\u00e1s preguntas. <em>We\u2019re going shopping<\/em>, enunci\u00f3 Yaha con la perfecci\u00f3n de un acento ensayado al practicar la misma frase hasta el aburrimiento. Y tampoco ment\u00eda del todo: ten\u00edan previsto que las maletas regresaran llenas tras su paso por los <em>outlets<\/em> californianos; el espacio ocupado por el cuarto de kilo de buche se convertir\u00eda en botes cremas de noche, de d\u00eda, del cabello, de las estr\u00edas y de la celulitis. A ese viaje le iban a sacar dinero a la ida y a la vuelta, calcul\u00f3 Azu, porque no hay mayor ingenuidad que la que se alimenta de esperanza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El desierto enmarcaba ambos lados de la recta infinita que las conduc\u00eda al norte. Azucena pensaba en c\u00f3mo cambiaba la forma de las piedras con solo atravesar la frontera, porque aqu\u00ed ya no encontraba las enormes rocas redondas apiladas unas sobre otras, sino formaciones piramidales que a todas luces eran m\u00e1s \u00e1ridas. Era un desierto m\u00e1s inh\u00f3spito que el suyo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yahaira conduc\u00eda obedeciendo las instrucciones del navegador que se orientaba con el GPS de su tel\u00e9fono. Cada vez que cruzaba para encontrarse con los chinos, recib\u00eda una direcci\u00f3n distinta de alg\u00fan caser\u00f3n en las pocas zonas medianamente <em>fancys <\/em>de Calexico, porque aqu\u00ed no era San Diego ni Los \u00c1ngeles, no exist\u00edan los barrios de ricos aut\u00e9nticos, sino solo unas casas muy grandes que rentaban quienes ven\u00edan a hacer negocios al Golfo. Azucena escuchaba las explicaciones de su amiga sinti\u00e9ndose diminuta, como si los tres a\u00f1os de diferencia de edad fueran en realidad d\u00e9cadas que la separaran de una mujer de verdad. Abr\u00eda grandes los ojos ante las explicaciones de Yaha y su manera de dominar el espacio. Cuando se atrevi\u00f3 a preguntar, la respuesta la hizo sentir a\u00fan m\u00e1s peque\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Las primeras veces que vine tambi\u00e9n me trajo una amiga, Ch\u00edo. Igual y a ti no te toc\u00f3 conocerla. Era m\u00e1s grande, yo ten\u00eda 20 y ella como 25. Ven\u00edamos juntas hasta que un gringo viejo se la llev\u00f3 a vivir a Phoenix.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una se\u00f1ora bajita y canosa abri\u00f3 la puerta. Les habl\u00f3 en espa\u00f1ol para mostrarles la rec\u00e1mara donde pod\u00edan asearse antes de presentarse con los se\u00f1ores. Azucena se recost\u00f3 en la cama mientras Yahaira se ba\u00f1aba y contempl\u00f3 las vigas de madera del techo alto de la habitaci\u00f3n. Ella tambi\u00e9n podr\u00eda acostumbrarse a eso, a viajar por Estados Unidos, a tener un cuarto con alfombra y un cl\u00f3set con puertas de espejo. Ir y venir no parec\u00eda tan complicado y, qui\u00e9n sabe, a lo mejor s\u00ed era una aut\u00e9ntica mina de oro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yaha le planch\u00f3 el pelo hasta que un lacio liso y perfecto alcanz\u00f3 a cubrirle media espalda. Lo mismo hizo con su propia cabellera. Sobre los ojos dispers\u00f3 un abanico de sombras que iban desde el blanco aperlado en la zona contigua al lagrimal hasta un negro intenso hacia el lado de la sien y eligi\u00f3 para s\u00ed misma la paleta de rosas y violetas. En ambas utiliz\u00f3 el labial rojo mate. Azucena sac\u00f3 de la bolsa el conjunto negro de lencer\u00eda y se dirig\u00eda al ba\u00f1o cuando Yahaira la interrumpi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014C\u00e1mbiate aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfPor?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Porque si te da pena conmigo, con los chinos no vas a poder. Desv\u00edstete, Azucena<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena se quit\u00f3 los pantalones con evidente molestia. Lejos de sentirlo como una orden, no iba a permitir que Yaha la retara as\u00ed, tan abiertamente, porque ella tambi\u00e9n era capaz, ella tambi\u00e9n pod\u00eda ser atrevida. No era ninguna mojigata y tambi\u00e9n se sab\u00eda unos truquitos, pens\u00f3. Sinti\u00f3 el tenue sudor de sus manos cuando decidi\u00f3 desnudarse del todo para despu\u00e9s colocarse los calzones y el sost\u00e9n de encaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfContenta, morra?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Muy.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> Se cubrieron con sendas batas de poli\u00e9ster que aspiraba a parecer seda. Azucena recorri\u00f3 su brazo con la palma de la mano y se detuvo en los detalles de flores de la amplia manga derecha. Antes de salir de la habitaci\u00f3n, Yahaira la tom\u00f3 del brazo y le pidi\u00f3 que abriera la boca. Deposit\u00f3 una pastilla y le alcanz\u00f3 una botella de agua.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014As\u00ed se aguanta mejor. Vas a ver.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un hombre alto resguardaba la puerta de dos hojas que daba acceso al sal\u00f3n. Le susurr\u00f3 algo al o\u00eddo a Yahaira, que se limit\u00f3 a responder en espa\u00f1ol que lo hab\u00eda entregado al llegar. Yahaira se quit\u00f3 la bata y enderez\u00f3 la espalda. Azucena imit\u00f3 el gesto en un torpe intento por ignorar su propia verg\u00fcenza. Quiso cubrirse el torso, pero era demasiado tarde: la mirada del hombre permanec\u00eda detenida en su pecho con un gesto que, para su sorpresa, distaba mucho del desagrado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Bienvenidas. Ya las esperan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entraron tomadas de la mano una detr\u00e1s de la otra y caminaron por el pasillo que se formaba entre dos hileras de sillas dispuestas para formar una especie de pasarela casera. Azucena cont\u00f3 14 chinos, adem\u00e1s del guardia y otro tipo que tambi\u00e9n parec\u00eda mexicano. Camin\u00f3 atr\u00e1s de Yaha e imit\u00f3 los movimientos. Sobre la mesa del fondo descansaba una charola con botellas cuyas etiquetas jam\u00e1s hab\u00eda visto y unos vasos de cristal con figuras labradas a los lados. La m\u00fasica se mezclaba con los incomprensibles gritos de los hombres que soltaban aullidos y jadeos mientras se apretaban la entrepierna. Vio sus trajes de colores apagados, sus camisas abiertas y sus corbatas a medio anudar y supuso que la vida de esos pobres tipos deb\u00eda ser aburrid\u00edsima fuera de esa casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>Let me introduce you to my beautiful friend, the human totoaba\u2014<\/em> dijo Yaha d\u00e1ndole entrada mientras aplaud\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cuerpo de Azu, tenso al principio, empezaba a alfojarse dominado por una ola de calor, mitigada solo por la tenue brisa generada por los silbidos de los hombres en las sillas. Sinti\u00f3 su cuerpo flotar, invadido por una delicadeza que la hac\u00eda contonearse como las sirenas en las profundidades, como si sus brazos y su cabello no estuvieran sujetos a la gravedad de la Tierra. El roce de las miradas desprovistas de repugnancia la recorr\u00eda desde los tobillos hasta los hombros. Esas mismas miradas la abrazaban as\u00ed, llenas de deseo, del deseo que se merec\u00eda porque ellos s\u00ed alcanzaban a entender su belleza, a leer la hermosura en lo raro, en lo diferente, en lo \u00fanico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las manos de Yaha danzaban sobre ella y compartieron caricias, besos, risas. \u201cTe lo dije\u201d, le susurraba al o\u00eddo mientras los billetes que le lanzaban los chinos segu\u00edan cayendo a sus pies. Azucena cerraba los ojos y apretaba los pu\u00f1os para sentir el peso de todo lo que podr\u00eda comprar al d\u00eda siguiente: la ropa, las cremas, los maquillajes y las cosas bonitas que decorar\u00edan su casa. Comprar\u00eda m\u00e1s calzones lindos como esos, m\u00e1s lacitos y m\u00e1s encajes para no volver a meterse en el horrendo uniforme ni trapear un piso m\u00e1s. Era el fin de los ba\u00f1os hediondos, de los laboratoristas prepotentes, de que le juntaran los minutos de retardos para descontarle horas enteras. Ella, como Yaha, tambi\u00e9n sabr\u00eda sonre\u00edr y darse los lujitos que se le antojara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u2014Room! Room! Room!<\/em> \u2014 gritaban los chinos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella, como Yaha, tambi\u00e9n pod\u00eda tener un Tercel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Azucena accedi\u00f3 con la naturalidad de quien conoce lo que le espera. Yahaira le pregunt\u00f3 con un gesto si estaba segura y Azu le gui\u00f1\u00f3 un ojo pensando en que la amaban. La adoraban. Se asumi\u00f3 como la <em>human totoaba <\/em>y ese era su s\u00faper poder. Los cinco hombres que la acompa\u00f1ar\u00edan estaban a sus pies, dispuestos a pagar, se dijo, mucho m\u00e1s de tres mil, y ser\u00eda una noche. Despu\u00e9s de eso, todo ir\u00eda para arriba, como lo hab\u00eda hecho Yaha y, antes, Ch\u00edo. En esa genealog\u00eda de la superaci\u00f3n personal para ella tambi\u00e9n hab\u00eda lugar porque aqu\u00ed no era la del vitiligo, aqu\u00ed era la sirena afrodis\u00edaca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tan pronto entraron a la habitaci\u00f3n, los cinco hombres se desvistieron y se arrodillaron frente a ella. Uno de ellos se puso de pie y suavemente desliz\u00f3 sus bragas hasta que ella se las sacudi\u00f3 de los pies. Con la misma parsimonia ritual, retir\u00f3 el broche de su sost\u00e9n y le bes\u00f3 el cuello. Coloc\u00f3 su mano derecha en el pecho izquierdo y recorri\u00f3 la l\u00ednea de sus nalgas con el \u00edndice de la mano izquierda. Azucena se alegr\u00f3 al pensar que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil de lo que hab\u00eda pensado, que los chinos ten\u00edan costumbres distintas y tal vez cog\u00edan con suavidad. Pens\u00f3 en Flavio y contempl\u00f3 la posibilidad de que no fuera cultural, sino algo com\u00fan a los hombres enjutos. El hombre dej\u00f3 de acariciarla y se gir\u00f3 para mostrar la erecci\u00f3n a sus acompa\u00f1antes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>Sooo big! Ta chaod\u00e0!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>Youy\u00f2n! It works! It works!\u2014<\/em>&nbsp; respondieron dos de ellos al un\u00edsono.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre la tom\u00f3 de la mano y la acost\u00f3 sobre la alfombra. De rodillas junto a su rostro, llev\u00f3 la boca de Azucena hacia su miembro en tanto el resto se transformaban en una masa amorfa de manos y lenguas que le recorr\u00edan la piel. Alguno m\u00e1s lam\u00eda las plantas de sus pies y le chupaba los dedos hasta provocarle una risilla. El hombre eyacul\u00f3 sobre ella y se retir\u00f3 con una reverencia de cabeza. Otro m\u00e1s se coloc\u00f3 en la misma posici\u00f3n que el anterior cuando Azu repentinamente sinti\u00f3 unos labios sobre su propio sexo. La sensaci\u00f3n distaba mucho de ser desagradable y abri\u00f3 las piernas, relajada todav\u00eda por la languidez qu\u00edmica que la manten\u00eda en una especie de enso\u00f1aci\u00f3n. Pensaba en que bien podr\u00eda dedicarse a eso los a\u00f1os que tuviera el cuerpo para hacerlo, trabajar un fin de semana al mes, poner una segunda o unos saldos en la calle principal y no preocuparse nunca m\u00e1s por cumplir con un horario que no fuera el que ella misma dictara. Quiz\u00e1s en alguna salida se encontrar\u00eda con un gringo viejo como el de Ch\u00edo y lograra instalarse definitivamente de este lado de la frontera, se dijo. Quiz\u00e1s ser\u00eda incluso uno de estos magnates chinos el que se la llevara a vivir lejos, lej\u00edsimos de esta nada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Extasiada por la imagen de una casa californiana con pisos de madera y grandes ventanales, se dej\u00f3 llevar sin percatarse del pleito que se gestaba entre los cuatro que a\u00fan esperaban su turno. El volumen de las voces en chino alcanzaba ya a ser un grito. Despert\u00f3 del trance a punto del orgasmo, cuando sinti\u00f3 el filoso contacto de unos dientes sobre su cadera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>My turn! My turn!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La delgada membrana que divide el placer del dolor empez\u00f3 a rasgarse lentamente. Azucena no supo cu\u00e1l de los cuatro exig\u00eda su turno, pero ninguno se retiraba de su cuerpo. Fue cuando trat\u00f3 de levantarse que descubri\u00f3 que la sujetaban con fuerza y la aprisionaban contra el piso. Ninguno buscaba ya una felaci\u00f3n: dos de ellos se bat\u00edan por meter la cara entre sus piernas mientras los otros se sentaron sobre sus brazos para lamerle los pechos y el abdomen, con la fruici\u00f3n de quien se apresura a que no se le derrita una paleta. Azu trat\u00f3 de defenderse a patadas pero la masa de los otros pesaba sobre ella. Los chinos, ajenos a sus alaridos y a su desesperada forma de pedir ayuda, segu\u00edan aferrados a su piel delicada y multicolor en un trance tan animal como voraz. El volumen de la m\u00fasica de la habitaci\u00f3n contigua parec\u00eda aumentar conforme invocaba el nombre de Yahaira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las lenguas se convirtieron en colmillos y las yemas, en garras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de sentir la piel despedazada y expuesta al calor de la sangre que escurr\u00eda, Azucena extra\u00f1\u00f3 por un instante el peculiar aroma de Flavio.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u2014Eres una minita de oro, Azu.Yahaira lo dec\u00eda as\u00ed, con ese aire de seguridad que proven\u00eda de su propia convicci\u00f3n de que era una gran mujer de negocios. Y a ojos de Azucena, que segu\u00eda manteniendo su trabajo de intendencia para las instalaciones de los laboratorios que la universidad hab\u00eda instalado en San Felipe, era &#8230; <a title=\"El sex appeal de la totoaba\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54530\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre El sex appeal de la totoaba\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":56791,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[19],"tags":[857,858,859,450,860,861,862,863,864],"ppma_author":[2817],"class_list":["post-54530","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","tag-azucena","tag-chinos","tag-desierto","tag-estados-unidos","tag-gringos","tag-outlets","tag-sex-appeal","tag-totoaba","tag-yahaira","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2817,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"ana-fuente","display_name":"Ana Fuente","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"","last_name":"","user_url":"","job_title":"","description":"Estudi\u00f3 la licenciatura en Lengua y Literaturas Hisp\u00e1nicas en la UNAM. 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