{"id":54189,"date":"2024-01-17T07:00:00","date_gmt":"2024-01-17T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54189"},"modified":"2025-06-24T19:38:45","modified_gmt":"2025-06-24T19:38:45","slug":"el-canto-del-gallo-ronco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54189","title":{"rendered":"El canto del gallo ronco"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la ma\u00f1ana el gallo ronco la despert\u00f3. Abri\u00f3 los ojos y se acomod\u00f3 la falda roja. De la mesa de madera tom\u00f3 la taza de peltre y bebi\u00f3 el pinole remojado en agua. Se asom\u00f3 a la puerta, vio los granos de ma\u00edz en el suelo, y el olote descubierto, desnudo, despojado de sus granos amarillos. Las gallinas com\u00edan pic\u00e1ndose las cabezas entre s\u00ed. Mariquita rio, y se tap\u00f3 la boca. A lo lejos, la bicicleta azul oxidada de su t\u00edo \u201cEl Pel\u00f3n\u201d<em> <\/em>se atoraba entre las piedras. Dej\u00f3 de re\u00edr, entr\u00f3 de nuevo a la casa. Abri\u00f3 la puerta de la estufa y meti\u00f3 un pedazo de ocote muy grande que ol\u00eda a pino. Lo observ\u00f3 arder. Las llamas saltaron, y las cenizas cayeron junto a sus pies.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>Al\u00edtate Maiquita<\/em>, ya lleg\u00f3 t\u00edo \u2014le grit\u00f3 su mam\u00e1, mientras met\u00eda las gallinas al corral.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ni\u00f1a se puso los lentes que le hab\u00edan regalado los <em>chabochis<\/em>, hombres que hac\u00edan ex\u00e1menes de la vista gratis a los ni\u00f1os y ancianos. Su t\u00edo entr\u00f3 a la casa, llevaba puesto un paliacate rojo que cubr\u00eda su nariz y boca. Hab\u00eda regresado de la ciudad, m\u00e1s cambiado, con una camisa azul brillante, la cual tra\u00eda bordada en la espalda la imagen de la virgen de Guadalupe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mariquita subi\u00f3 a la bicicleta y se aferr\u00f3 a la camisa de su t\u00edo. Tras recostar su mejilla en la imagen bordada, pens\u00f3 en el ni\u00f1o de ojos entrecerrados bajo los pies de la virgen. Se aferr\u00f3 fuerte a la espalda del hombre y tambi\u00e9n agach\u00f3 la mirada como el ni\u00f1o. Sinti\u00f3 el viento helado en su rosto. Otra vez no ir\u00eda a la escuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entr\u00f3 a la casa del t\u00edo, y mir\u00f3 al santo en la cabecera de la cama: una figura de yeso, descarapelada, un hombre con t\u00fanica blanca y verde que sosten\u00eda un palo de madera. Pens\u00f3 en su padre, quien antes de morir llevaba consigo un palo para defenderse de aquellos que lo hab\u00edan \u201ctableado\u201d, por rehusarse a trabajar sin paga. Su t\u00edo entr\u00f3 a la habitaci\u00f3n y con voz ronca y gruesa le orden\u00f3: \u00abM\u00e9tete debajo de la cama, ya sabes d\u00f3nde. Ahorita llegan m\u00e1s tarde por nosotros\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se meti\u00f3 debajo de la cama y quit\u00f3 la madera que cubr\u00eda el hoyo que estaba en el piso. Entr\u00f3 en la tierra. Vio de nuevo las venas del \u00e1rbol, las ra\u00edces de las que a veces se agarraba fuerte; e imaginaba c\u00f3mo las hojas se mov\u00edan al igual que su cuerpo estrujado por su t\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su t\u00edo entr\u00f3 al hoyo, despu\u00e9s de ella. Le arranc\u00f3 la falda roja y ella la vio caer bajo sus pies. Se sinti\u00f3 como el olote despojado de sus granos, como una mazorca roja, desechada, inservible por estar agusanada. A Mariquita el gusano voraz la perfor\u00f3, le roy\u00f3 la carne y todas sus almas. Su t\u00edo se march\u00f3. Ella se qued\u00f3 inerte como una ra\u00edz, oculta, con la hojarasca de su inocencia palpitando entre sus piernas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de unas horas, su t\u00edo regres\u00f3, golpe\u00f3 muy fuerte la madera que cubr\u00eda el hoyo y desde afuera le grit\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Lev\u00e1ntate, \u00bfPa\u2019<em> <\/em>qu\u00e9 te duermes? Te voy a llevar a que ayudes a cortar las florecitas de amapola. \u00c1ndale, ap\u00farate, antes de que anochezca\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mariquita y su t\u00edo avanzaron por un camino hasta llegar a la carretera. En la curva se observaba una capilla peque\u00f1a. Adentro de esa casa blanca y abarrotada se distingu\u00eda un santo y una vela encendida. Una camioneta roja se acerc\u00f3 a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014S\u00fabete, Pel\u00f3n. \u00bfY esa ni\u00f1a? \u2014pregunt\u00f3 el hombre de la camioneta mientras encend\u00eda un cigarro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Es la Mariquita, mi sobrina, la traigo pa\u2019<em> <\/em>que jale en la amapola \u2014contest\u00f3 \u201cEl Pel\u00f3n\u201d, mientras acariciaba la nuca de Mariquita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ni\u00f1a sinti\u00f3 que la nariz le ard\u00eda por el olor a hierba quemada, mariguana. Pens\u00f3 en el ocote, y tambi\u00e9n en el olor de la camisa de su t\u00edo, en el olor de la virgen, de ese pecho tatuado que a veces aplastaba su cuerpo. Sinti\u00f3 asco y miedo. Su coraz\u00f3n palpit\u00f3 como la vela de la capilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegaron al lugar. Un hombre, cuyo rostro no pudo ver porque lo tra\u00eda cubierto con una capucha, le entreg\u00f3 una navaja y le explic\u00f3 lo que ten\u00eda que hacer con las flores rojas. No entendi\u00f3 lo que dijo, y se qued\u00f3 viendo la calavera pintada en su gorro. Record\u00f3 la cara de su padre, cuando lo descubri\u00f3 calcinado en la pastura, en el corral de su casa. \u00abNo <em>entes Maiquita<\/em>, ese no es tu padre\u00bb, escuch\u00f3 de nuevo la voz de su madre, como si esas palabras le estuvieran picoteando la cabeza. Otra vez se vio a s\u00ed misma correr hacia el cad\u00e1ver que llevaba una hebilla en el cinto, la cual su padre compr\u00f3 en la ciudad, una rueda de plata con la imagen de ese gallo ronco que la despertaba todas las ma\u00f1anas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mariquita cerr\u00f3 el pu\u00f1o y sinti\u00f3 el filo de la navaja en uno de sus dedos. Ninguno de los ni\u00f1os \u00a0que estaban en la fila volte\u00f3 a verla. Se acomod\u00f3 en la \u00faltima hilera frente a una flor e imit\u00f3\u00a0lo que hac\u00eda el ni\u00f1o de enseguida. Comenz\u00f3 a cortar la flor, vio como le sal\u00eda un l\u00edquido blanco y pegajoso, y pens\u00f3 en su sabor agr\u00edo. A su mente lleg\u00f3 otra vez ese lugar oscuro, debajo de la cama de su t\u00edo, adentro de la tierra; se vio a s\u00ed misma al igual que el ni\u00f1o de ojos entrecerrados cargando el peso de un cuerpo que se sub\u00eda a ella a la fuerza; se vio observando esa imagen de la virgen en la camisa tirada a un lado de su cuerpo desnudo, a esa virgen que nunca hizo nada por defenderla. Se vio con las piernas pegajosas de ese l\u00edquido blanco que hab\u00eda brotado de su t\u00edo. Y ella, como la virgen, la santa que no habla, no grit\u00f3; no se defendi\u00f3 porque tuvo miedo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Regres\u00f3 de nuevo a su realidad. Apret\u00f3 la navaja. Estaba decidida: le contar\u00eda todo a su madre; por fin, al igual que el gallo ronco, hablar\u00eda. Como las gallinas, alzar\u00eda el pico para clavarlo sobre la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su t\u00edo se acerc\u00f3 a ella y en tono de burla le dijo: \u00abV\u00e1monos, Mariquita, ya termin\u00f3 la escuela\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la ma\u00f1ana el gallo ronco la despert\u00f3. Abri\u00f3 los ojos y se acomod\u00f3 la falda roja. De la mesa de madera tom\u00f3 la taza de peltre y bebi\u00f3 el pinole remojado en agua. 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