{"id":54163,"date":"2024-01-10T07:00:00","date_gmt":"2024-01-10T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54163"},"modified":"2025-06-24T19:30:00","modified_gmt":"2025-06-24T19:30:00","slug":"escribir-para-romper-el-hechizo-resena-de-el-jardin-de-los-idolos-de-georgina-moctezuma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54163","title":{"rendered":"Escribir para romper el hechizo Rese\u00f1a de <em>El jard\u00edn de los \u00eddolos <\/em>de Georgina Moctezuma"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s que otro g\u00e9nero, el ensayo es un lugar id\u00f3neo para los so\u00f1adores que escriben. Tierra f\u00e9rtil para la imaginaci\u00f3n desbordada, la tradici\u00f3n ensay\u00edstica recurre al onirismo como fuente inagotable de curiosidad. Desde Montaigne, cada ensayista ha postulado sus propias alucinaciones como materia invaluable para descifrar los misterios de la vida. Es inevitable no voltear a ver a Freud y los proyectos vanguardistas del siglo XX que expurgaron en los sue\u00f1os los caprichos del inconsciente. Sin embargo, me parece irrelevante plantear aqu\u00ed una lectura psicoanal\u00edtica de <em>El jard\u00edn de los \u00eddolos<\/em>, la \u00f3pera prima con la que Georgina Moctezuma (Puebla, 1987) obtuvo el Jos\u00e9 Luis Mart\u00ednez en 2022. Propongo, en cambio, hablar del v\u00ednculo entre glosa y narrativa, actos inseparables en la prosa reflexiva de corte literario. Este libro es muestra de que el sue\u00f1o no s\u00f3lo bebe de la fantas\u00eda sino tambi\u00e9n de la palabra que lo explica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dividido en cinco apartados \u2013\u201cEl jard\u00edn de los \u00eddolos\u201d, \u201cImaginer\u00eda ligera\u201d, \u201cLas reliquias\u201d, \u201cEscucho con mis ojos a los muertos\u201d y \u201cVaciar la casa de mi abuela\u201d\u2013, <em>El jard\u00edn de los \u00eddolos<\/em> est\u00e1 escrito con peculiar urgencia: desvelar los secretos de una ciudad por medio de la magia. Puebla es el escenario donde el pasado acecha a la narradora, una mujer que busca en sus templos la correspondencia con las lealtades entre ella y las mujeres de su familia. Los recuerdos que guarda una madre acerca del jard\u00edn de los \u00eddolos donde pas\u00f3 su infancia, llevan a su hija a hacer memoria por medio de sus pasos. El prop\u00f3sito que persigue la narradora desde el inicio apuntala la tesis del libro: indagar en un pasado remoto \u2013el jard\u00edn de los \u00eddolos prehisp\u00e1nicos\u2013 entreverado en las ruinas del proyecto colonial que sent\u00f3 las bases de la Angel\u00f3polis desde su fundaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muchas veces he caminado por mi ciudad buscando el jard\u00edn de los \u00eddolos. Mi madre me habl\u00f3 de aquel lugar. De acuerdo con sus relatos, aquel terreno era un bosque. Un manantial formaba un estanque y alrededor hab\u00eda fresnos, eucaliptos y \u00e1rboles de pirul que tend\u00edan sus ramas hacia abajo, buscando el agua. Yac\u00edan tambi\u00e9n, enterradas, peque\u00f1as estatuas de piedra, \u00eddolos prehisp\u00e1nicos que, seg\u00fan mi madre, eran aut\u00e9nticos. De todas sus an\u00e9cdotas, esa era mi favorita y, aunque entiendo que ese lugar ya no existe, siempre quise saber d\u00f3nde estaba. He seguido su rastro en mapas, fotograf\u00edas y cr\u00f3nicas, he preguntado a aquellas personas mayores a las que tanto les gusta contar historias de la ciudad. Nadie ha podido darme una respuesta definitiva.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El relato sigue la cadencia lenta de los sue\u00f1os. Avanza de a poco, insinu\u00e1ndose l\u00facidamente en la pesquisa gracias a la capacidad de Moctezuma de contarnos breves pasajes de mitos protagonizados por personajes conocidos: Asclepio, Tl\u00e1loc, Circe, Odiseo, Eur\u00eddice, Huemac. Conocemos tambi\u00e9n historias fant\u00e1sticas interpretadas por monjas insurrectas que se amotinan para escapar de las reglas dictadas por sus pares masculinos; historias de mujeres hechiceras y rebeldes, como la de la mulata Soledad que escapa de San Juan de Ul\u00faa en un barco dibujado en los muros de la c\u00e1rcel, o la de Mar\u00eda de Jes\u00fas de \u00c1greda y sus poderes m\u00e1gicos relacionados con la bilocaci\u00f3n usados para huir de su celda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cImaginer\u00eda ligera\u201d, la narradora habla de su propio encierro en la ciudad. Su abuela y su madre se distinguen y se oponen a ella por nunca tener miedo, o al menos no confesarlo, como lo hace la autora. La distancia generacional entre unas y otra queda m\u00e1s clara cuando sus amigas acuden a ella para contarle sus sue\u00f1os, por lo general, escenarios donde son v\u00edctimas de hombres sin rostro que las besan o abrazan y cuyas caricias resultan inquietantes. La palabra que despeja las pesadillas de las m\u00e1s j\u00f3venes se vuelve, entonces, un modo de resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tono intimista de los primeros dos apartados postula la rebeld\u00eda como una forma de romper con el v\u00ednculo familiar. La narradora se inicia en la desobediencia la primera vez que le habla de amor a alguien; m\u00e1s tarde nos enteramos de que esa relaci\u00f3n no funcion\u00f3 y que tuvo que abortar, con todos los peligros que esto implica en una ciudad donde a\u00fan no se despenaliza el aborto. La narradora lucha contra los valores morales de la sociedad poblana, y el aborto, al no ser legal, resulta por tanto una pr\u00e1ctica no s\u00f3lo de alto riesgo sino tambi\u00e9n una suerte de ritual clandestino en detrimento de su salud, que debe realizar por medio de remedios caseros:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tom\u00e9 las dosis tal como le\u00ed las instrucciones de un manual en l\u00ednea. Era viernes, tres de la tarde. Reci\u00e9n hab\u00eda llegado de la escuela. Me acost\u00e9 fingiendo que ten\u00eda migra\u00f1a. Puse cuatro pastillas debajo de mi lengua hasta que empezaron la fiebre, la diarrea y los escalofr\u00edos. <em>Una vez que empiezas, tienes que llevar la interrupci\u00f3n hasta el final. <\/em>Tres horas despu\u00e9s tom\u00e9 cuatro pastillas m\u00e1s y juro que escuchaba como en altavoz el choque de mis muelas, mi mand\u00edbula retorci\u00e9ndose hasta que ya no pude hablar. Tres horas despu\u00e9s, con cuatro pastillas m\u00e1s debajo de la lengua, intent\u00e9 no hacer ning\u00fan ruido, quedarme quieta mientras escuchaba en el delirio la voz de mi abuela, arrull\u00e1ndome entre las paredes de la fiebre. <em>Eres valiente, Georgina. <\/em>Y despu\u00e9s la voz de mi madre, mucho m\u00e1s dulce, dici\u00e9ndome <em>valiente. <\/em>Hasta que me qued\u00e9 dormida. A medianoche so\u00f1\u00e9 que me pon\u00eda el uniforme y sal\u00eda a la escuela corriendo en la lluvia.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como sucede en la relaci\u00f3n con su abuela y su madre, la ciudad implica para Moctezuma otra lealtad peligrosa. Si Georgina, tal como se lo coment\u00f3 alguna vez su abuela, significa \u201cMujer de la tierra\u201d, la autora camina entonces por la ciudad para deshacer el embrujo que la ata a sus calles. Escribir es otra manera de envalentonarse y domar la adversidad. Escribir como caminar, pasear en la prosa como si uno so\u00f1ara. En este sentido, el tercer apartado, \u201cLas reliquias\u201d, da cuenta de que quien escribe sobre una ciudad fundada en el sincretismo, debe saber que el cuerpo est\u00e1 de por medio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de hablar de la costumbre at\u00e1vica que involucra el entierro de su propio cord\u00f3n umbilical para que su due\u00f1a no se aleje del lugar donde naci\u00f3, en este mismo apartado la autora hace referencia a las disecciones extraoficiales que hicieron algunos devotos en el cad\u00e1ver de san Sebasti\u00e1n de Aparicio, del que hurtaron \u00f3rganos y pedazos de piel antes de preservar sus restos en el templo que lleva su nombre. Tambi\u00e9n se menciona el caso de Manuel Fern\u00e1ndez de Santa Cruz, el obispo que leg\u00f3 a las monjas agustinas su coraz\u00f3n antes de morir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro se compone tambi\u00e9n de alusiones a las fisuras de tiempo que se suponen ocultas en las calles de Puebla. Nos encontramos con Hugo Leicht y el damero de las calles trazadas por \u00e1ngeles, la torre de la catedral que sirve de cobijo a una sirena varada que subyace debajo del templo, antiguas casonas que evocan un pasado lleno de tensiones entre la magia como pr\u00e1ctica ancestral y los ritos cat\u00f3licos instaurados desde la Colonia. La inclusi\u00f3n de estos pasajes ins\u00f3litos da cuenta de una ciudad llena de historias, labrada con an\u00e9cdotas de doble ra\u00edz: ind\u00edgena y cristiana. Debemos su conocimiento al trabajo de la narradora, que no s\u00f3lo se pierde en la ciudad, sino que adem\u00e1s se emplea en el Archivo Hist\u00f3rico de la Catedral de Puebla. Su labor como archivista es tal vez uno de los momentos m\u00e1s interesantes del libro, pues la vemos interactuando con documentos escritos que van del siglo XVI al XIX.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de ser archivista, la narradora tambi\u00e9n dice que es profesora, \u201cuna profesora que escribe\u201d. Aunque desafortunadamente nunca la vemos dando clase (lo que hace que la menci\u00f3n quede fuera de lugar), lo cierto es que, gracias a esta relaci\u00f3n \u00edntima con textos antiguos, la escritura para ella sirve de puente simb\u00f3lico entre pasado y presente, mientras que la lectura involucra un estado mental cercano al misticismo, como se ve por momentos durante el relato en los que entra en un estado de trance, alucina lo que lee con fervor y asombro:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una empieza a echar mano de todos los recursos disponibles en cada expediente [\u2026] se prestan ojos como si se prestaran o\u00eddos, pues cuando conversamos con otro tambi\u00e9n desciframos lo que sucede al margen de la voz. As\u00ed puede distinguirse si quien asent\u00f3\u0301 una declaraci\u00f3n fue el mismo informante (de su pu\u00f1o y letra), si se trata de una carta, de una cuenta o de un recado, o si corresponde a la caligraf\u00eda procesal de un secretario o un amanuense.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como la lectura, el acto de escribir tambi\u00e9n puede alterar la realidad que nos circunda. El famoso verso de Francisco de Quevedo, \u201cescucho con mis ojos a los muertos\u201d, da t\u00edtulo al apartado donde Moctezuma aprovecha la sinestesia del poeta espa\u00f1ol para hablar de su trabajo en el archivo diocesano. El trabajo documental va m\u00e1s all\u00e1 del que desempe\u00f1a cualquier pale\u00f3grafo. Antes bien, lleva a la autora a reflexionar sobre su propio encierro y salir de la torre donde trabaja para mirar a la gente que pasa por ah\u00ed, en un interesante ejercicio propio de la microhistoria. La narradora retrata, en un \u00edmpetu similar al que lee en los documentos antiguos, la cotidianidad de la que es testigo y parte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los legajos clericales no son usados aqu\u00ed \u00fanicamente en su sentido de documento hist\u00f3rico, sino como evocaci\u00f3n de un pasado legendario inscrito a su vez en los muros de la ciudad. Me animar\u00eda a decir, incluso, que los archivos en <em>El jard\u00edn de los \u00eddolos<\/em> funcionan como umbral a otras dimensiones espaciotemporales. Es posible encontrar visos fant\u00e1sticos en la narraci\u00f3n ensay\u00edstica de Moctezuma: un compilado de historias que involucran documentos y las realidades que \u00e9stos recogen, siempre en busca de un elemento inusual que conduzca su presente a ese tiempo misterioso de los textos antiguos. Hechizo inquebrantable que surte efecto una vez que se lee en voz alta, la escritura es para ella el veh\u00edculo que la mueve tanto por medio de citas de cronistas de la talla de Von Humboldt y Sahag\u00fan, como entre an\u00e9cdotas personales y pasajes b\u00edblicos que combinan las supersticiones cristianas con los ritos prehisp\u00e1nicos, dos tradiciones que sobreviven en una ciudad cuya identidad est\u00e1 bien cimentada en hechos extraordinarios pasados por el tamiz de lo sagrado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A estas alturas, queda clara la obsesi\u00f3n que apremia la escritura de Georgina Moctezuma: el gusto por lo oculto en medio de una atm\u00f3sfera enrarecida, llena de secretos y herencias ocultas. Las reflexiones que se producen a lo largo del ensayo, del que entramos y salimos con sutileza gracias a su fragmentaci\u00f3n, nos proveen de una experiencia cercana a la intimidad del arrobo m\u00edstico, un momento privado en que el cuerpo entero participa del rapto sensorial de esta clase de episodios. El relato pasa de la realidad tangible, donde la narradora trabaja en el Archivo y aborta muy joven, a esa otra en la que vuelve a contar momentos de su infancia en compa\u00f1\u00eda de su abuela.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cVaciar la casa de mi abuela\u201d, el \u00faltimo apartado del libro, la narradora describe un juego de su infancia que consist\u00eda en hacerse peque\u00f1a y adentrarse en su mandil hasta reconocer los objetos en el interior. La abuela representa el v\u00ednculo con la magia y la ruptura del hechizo que une a la narradora con las mujeres de su familia. Como parte del duelo, la ni\u00f1a Georgina adquiere la capacidad de transformarse por medio de la magia, el juego y la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Atada a los valores de una ciudad conservadora, su b\u00fasqueda es la de una mujer joven que intenta desligarse del influjo del pasado y de los mandatos sociales que encerraron a sus predecesoras en sus propias prisiones invisibles: la feminidad como una construcci\u00f3n social, la ciudad y sus peligros, el pasado familiar del que hereda pr\u00e1cticas de anta\u00f1o por medio de las palabras que son, al mismo tiempo, enfermedad y ant\u00eddoto, como los sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia de las mujeres que narra Georgina Moctezuma en <em>El jard\u00edn de los \u00eddolos<\/em>, incluida la suya, comparten \u201cla voluntad para controlar sus apetitos, pasiones y deseos [\u2026] la \u00fanica opci\u00f3n que ten\u00edan para ser libres, un acto de rebeld\u00eda velada\u201d. El trance, la enso\u00f1aci\u00f3n y la escritura son maneras de escapar, sublevarse, romper el hechizo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAs\u00ed es como quise leer esta ciudad en la que estoy encerrada \u2014mi laberinto\u2014, a trav\u00e9s de lo que subyace y palpita en sus im\u00e1genes, en el paisaje, los edificios, las historias y las calles; interpretar los s\u00edmbolos como instrumento de defensa, mi propio <em>vade retro<\/em> contra la maldici\u00f3n que me impide salir\u201d, podr\u00eda leerse como ep\u00edteto de una autora poblana cuyo primer libro ha sentado las bases de una obra con la que podemos so\u00f1ar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s que otro g\u00e9nero, el ensayo es un lugar id\u00f3neo para los so\u00f1adores que escriben. Tierra f\u00e9rtil para la imaginaci\u00f3n desbordada, la tradici\u00f3n ensay\u00edstica recurre al onirismo como fuente inagotable de curiosidad. 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