{"id":54153,"date":"2024-01-11T07:00:00","date_gmt":"2024-01-11T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54153"},"modified":"2025-06-24T19:30:56","modified_gmt":"2025-06-24T19:30:56","slug":"el-tigre-bajo-la-cama-la-sensualidad-malefica-de-guadalupe-duenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54153","title":{"rendered":"El tigre bajo la cama: la sensualidad mal\u00e9fica de Guadalupe Due\u00f1as"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cYo nac\u00ed malvada\u201d, afirm\u00f3 Due\u00f1as en cierta entrevista. Pero la verdad de uno nunca basta, as\u00ed que esta condici\u00f3n hubo de confirmarla otra escritora: \u201cEres tan mala como uno de los personajes de tus cuentos\u201d, le ech\u00f3 en cara nada menos que In\u00e9s Arredondo, su compa\u00f1era becaria del Centro Mexicano de Escritores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se sabe que Due\u00f1as le contest\u00f3 a Arredondo con un puntual\u00edsimo \u201cS\u00ed\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n Arredondo tildar\u00eda a Due\u00f1as de \u201cfantasiosa\u201d, a causa de cierta historia que contaba Guadalupe: su padre cazaba gatos con un rifle y luego los cocinaba en cacerolas que la madre deb\u00eda, m\u00e1s tarde, desinfectar. A este se\u00f1alamiento, Due\u00f1as le respondi\u00f3: \u201cMis cuentos no son sino un pedazo de mi coraz\u00f3n\u201d. Lo que equival\u00eda a darle la raz\u00f3n a Arredondo. \u00bfO qu\u00e9 es el proceso de escritura si no una cirug\u00eda a coraz\u00f3n abierto?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Insistir\u00e9 en el l\u00e9xico quir\u00fargico para referirme a mi experiencia con la factura de cuentos: algunos llegan por parto natural y otros precisan de ces\u00e1rea, si bien la mayor\u00eda se alumbra prematuramente y muere del mismo modo; llegan \u201ccon el pulso tr\u00e9mulo\u201d, igual que la hermanita fallecida al nacer sobre la que Due\u00f1as nos cuenta en \u201cHistoria de Mariquita\u201d, su cuerpecito flotando en aguardiente y sosa c\u00e1ustica dentro de un frasco de chiles. (Similar, aunque un tanto m\u00e1s imp\u00fadico, es el destino de los buenos cuentos: rarezas que se paren o se extirpan, para luego presumirse en el formol de este o aquel premio literario.)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los cuentos de Due\u00f1as son, en efecto, fantas\u00edas de un coraz\u00f3n maldito en el mejor sentido; y, entre todos, el que mejor exhibe este car\u00e1cter es \u201cAl roce de la sombra\u201d, imbuido de eso que Baudrillard llam\u00f3 la energ\u00eda del \u201cprincipio del Mal\u201d, que no es moral sino \u201cde desequilibrio y de v\u00e9rtigo, un principio de complejidad y de extra\u00f1eza, un principio de seducci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfNo es v\u00e9rtigo, extra\u00f1eza y seducci\u00f3n lo m\u00ednimo que se espera de un cuento sobre una pobre hu\u00e9rfana a la que asesinan dos hermanas millonarias con un aristocr\u00e1tico gusto por el incesto?<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los escritores novatos disponemos de un pu\u00f1ado de generalizaciones en torno al quehacer \u2014manuales, gu\u00edas, dec\u00e1logos\u2014 que solo sirven para dos cosas: prepararnos para la inminente median\u00eda o adensar el enigma de nuestro oficio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la mala; es decir, en la pr\u00e1ctica, he aprendido que no es en las m\u00e1ximas ni en los aforismos donde uno encuentra un verdadero norte, sino en las observaciones m\u00e1s mundanas y los consejos menos eruditos que los maestros dejaron dispersos por ah\u00ed. Uno de mis favoritos, de la controvertida Flannery O\u2019Connor, dice: \u201cLa ficci\u00f3n opera a trav\u00e9s de los sentidos\u201d. Y es una frase a la que recurro a menudo; no solo para escribir cuentos, sino tambi\u00e9n para leerlos y valorarlos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Podr\u00edamos decir que un cuento <em>cumple<\/em> cuando su protagonista experimenta una transformaci\u00f3n; cuando la narraci\u00f3n compromete e intenta elucidar \u2014para insistir en la sabidur\u00eda de O\u2019Connor\u2014 \u201cel misterio de la personalidad humana\u201d. Pero, mejor a\u00fan, diremos que un cuento es <em>efectivo<\/em> cuando, adem\u00e1s, despliega recursos pros\u00edsticos que nos conducen a oler lo que se nos pide que escuchemos; cuando nos llevan a palpar lo que sugieren que veamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya desde su t\u00edtulo, \u201cAl roce de la sombra\u201d presenta una de las malicias que sostendr\u00e1n al relato: una sensualidad que, por desbordante, amalgama los sentidos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la escritura de Due\u00f1as, lo auditivo se somete a la gravedad, lo abstracto se torna corrosivo y lo material se sublima. De modo que un nombre puede \u201ccaer en la vida\u201d de la protagonista con un \u201ctintineo de joyas\u201d. Dos mujeres pueden bajar de una limusina \u201chechas fragancia\u201d y la m\u00fasica es capaz de tornarse \u201cderretida y espesa\u201d. A trav\u00e9s de una imaginer\u00eda hipersensorial, la suntuosidad del relato \u201cembriaga hasta [hacernos] da\u00f1o\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed consigue Due\u00f1as aquello que O\u2019Connor le atribu\u00eda al buen cuentista: \u201cCrear un mundo con peso y espacialidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAl roce\u2026\u201d comienza por introducir a la joven y hu\u00e9rfana Raquel durante un episodio de insomnio, acosada por \u201cel sudor y el espanto\u201d. En la tentativa por conciliar el sue\u00f1o, Raquel recrea su viaje en tren hacia el pueblo de San Mart\u00edn y recuerda tambi\u00e9n a <em>otro viajero<\/em> que conoci\u00f3 en el trayecto: oriundo del sitio al que ella se dirige y compa\u00f1ero de juegos en la infancia de las hermanas Moncada (Monina y la Nena, \u201cdeslumbrantes como carrozas, como palacios\u201d). En la hacienda de estas hermanas deber\u00e1 hospedarse Raquel por indicaciones de la monja a cargo del hospicio en que creci\u00f3. El cuento procede a mostrarnos las interacciones distantes, luego cordiales y cari\u00f1osas, entre Raquel y sus anfitrionas hasta desembocar en el descubrimiento de la relaci\u00f3n incestuosa entre las hermanas, que produce el ulterior asesinato de Raquel a manos de ellas. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya durante el trayecto, a Raquel se le advierte que se dirige a un pueblo \u201cdejado de la mano de Dios\u201d, tanto en el sentido figurado como en el literal: \u201cEs lamentable que a usted, tan jovencita, la hayan destinado a [San Mart\u00edn]: no hay nada que ver\u201d, le dice aquel <em>otro viajero<\/em> con quien comparti\u00f3 el vag\u00f3n. La elecci\u00f3n de palabras en este di\u00e1logo resulta magistral porque ense\u00f1a lo que es, por definici\u00f3n, el <em>foreshadowing <\/em>o presagio: Raquel se dirige precisamente al encuentro de su destino, malhadado porque ver\u00e1 lo que no debe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La literalidad del abandono de Dios puede hallarse en la descripci\u00f3n de cierta \u201ccapilla olvidada\u201d en las inmediaciones de la propiedad de Monina y la Nena, y que secretamente visitan ellas durante los paseos que suelen emprender luego de asistir a misa, en la iglesia del pueblo:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El musgo y la maleza asfixian el emplomado \u2014se nos advierte de dicha capilla\u2014, las ramas trepan por la espalda de Santa M\u00f3nica y anudan sus brazos polvorientos. La antigua estatua de San Agust\u00edn es un fantasma de tierra hundido hasta las rodillas. Las hojas se acumulan sobre el altar ruinoso.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este punto se destaca una sencilla nota de la autora: \u201cRaquel siempre tuvo de miedo de los santos\u201d. Y se perfila deliciosamente otro tipo de presagio: al final del cuento, el cuerpo Raquel yacer\u00e1 dentro de un pozo cubierto por una tarima y resguardado por un san Jos\u00e9 de piedra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La descripci\u00f3n, en Due\u00f1as, funge asimismo como caracterizaci\u00f3n. Se construye a los personajes al construir los espacios; es decir, se nos despliega la interioridad de las Moncada al mostrarnos la capilla: la fe abandonada, un sitio reconquistado por la naturaleza. Entendemos, entonces, la doble vida que llevan las hermanas, observantes de la religi\u00f3n en lo p\u00fablico, pero en lo privado, alejadas de Dios; su verdadera naturaleza se ha impuesto a sus creencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A Raquel, agobiada por \u201cla culpa de ser fea\u201d, se le caracteriza a trav\u00e9s de la mirada de las hermanas que, al conocerla, la rozan apenas \u201ccon sus dedos blanqu\u00edsimos\u201d. Due\u00f1as no desaprovecha la oportunidad de aleccionarnos sobre la importancia de cada palabra en un cuento, construyendo bidireccionalmente a sus personajes en un p\u00e1rrafo que, a un tiempo, afianza el car\u00e1cter esnob de las observadoras junto con la condici\u00f3n pasiva y vulnerable de la observada: &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con que reprobaci\u00f3n miraron [las Moncada] el traje negro que enfundaba su delgadez, c\u00f3mo condenaron sus piernas de p\u00e1jaro presas en medias de algod\u00f3n y cu\u00e1nto le hicieron sentir la timidez opaca de su mano tendida. Ante el desd\u00e9n [Raquel] quiso tartamudear una excusa por su miseria y estuvo a punto de alejarse; pero las encopetadas la detuvieron al leer la firma de la reverenda Madre\u2026 Entonces la miraron como si hubieran recibido un regalo\u2026<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A partir de ese momento, Raquel se transforma en \u201cuna princesa cuidada por dos reinas\u201d, colmada por ellas de \u201cincansable afecto\u201d: la alimentan con \u201cpanes diminutos\u201d y \u201ccompota de manzana\u201d; la procuran con lujosas ropas \u2014encajes, cachemiras, gasas\u2014, del mismo modo en que se ceba a un animal para el sacrificio o se atav\u00eda a la virgen que se ofrecer\u00e1 a un \u00eddolo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfEs una suerte de aquelarre lo que celebran Monina y La Nena cuando Raquel las sorprende \u201cpeor que desnudas, en el secreto de sus almas\u201d?<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cAl roce\u2026\u201d es un cuento que leo a menudo. Me lo receto como lecci\u00f3n y como acicate: as\u00ed es como se instila atm\u00f3sfera en un buen relato \u2014me digo\u2014; as\u00ed es como quisieras escribir y nunca escribir\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cada relectura, sin embargo, encuentro la posibilidad renovada de entenderlo o de abarcarlo. \u00bfEs un cuento de hadas, precautorio en su sadismo? \u00bfEs una f\u00e1bula proletaria que nos arenga sobre la perversi\u00f3n de la aristocracia y las clases altas? \u00bfEs el exorcismo que hace Due\u00f1as de la fantasmagor\u00eda impuesta en ella por una educaci\u00f3n ultracat\u00f3lica? \u00bfDe qu\u00e9 trata el cuento, ultimadamente?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el tema de los cuentos \u2014nos dice O\u2019Connor con toda raz\u00f3n\u2014 \u201ces inexpresable por inarticulable\u2026 Una historia es una forma de decir algo que no puede decirse de ninguna otra manera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una lectura reciente me lleva a observar en \u201cAl roce de la sombra\u201d cierta obviedad en el t\u00edtulo, y cedo a una tentaci\u00f3n prohibida: psicoanalizar el texto. \u00bfEs casualidad que contenga la palabra \u201csombra\u201d? \u00bfSer\u00eda posible repensar el cuento desde la Sombra arquet\u00edpica?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Sombra, seg\u00fan Jung, es todo aquello que no deseamos ser: lo propio que relegamos a ser lo otro. Se condensa en una personalidad alterna que desarrollamos paralela a la que mostramos; \u201cuna instancia psicol\u00f3gica negada que mantenemos aislada [pero que] termina configurando una especie de personalidad disidente\u201d y que, aun oculta, opera en nuestra vida consciente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Sombra es otro que es yo, y que, en apariencia, se toma libertades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfEs la Sombra de Raquel quien la conduce a abrir una puerta que no debe abrir, y a encontrarse a las Moncada en su \u201cestrafalario rito\u201d? \u00bfO son Monina y la Nena encarnaciones de la Sombra de Raquel: su deseo sexual contenido, aunado a su deseo de autoaniquilaci\u00f3n? Sabemos que el destino \u00faltimo de Raquel ser\u00e1 el \u201cagua podrida\u201d de un pozo: \u00bfSer\u00e1 que ella, como Narciso, muere a causa de confrontar aquello que desea? \u00bfO, viceversa, es Raquel la Sombra de las hermanas (la culpa que les devenga su perversi\u00f3n, personificada en el arquetipo que encarnaran ellas mismas en su juventud: v\u00edrgenes cat\u00f3licas e inocentes)?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&nbsp;\u201cUn cuento es bueno \u2014pondera O\u2019Connor\u2014 cuando [uno puede] seguir viendo m\u00e1s y m\u00e1s cosas en \u00e9l, y cuando, pese a todo, sigue escap\u00e1ndose de uno\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El incesto entre las Moncada \u2014de quienes se asegura que son \u201cse\u00f1oritas, no se\u00f1oras\u201d; es decir, solteronas\u2014 apenas es sugerido por Due\u00f1as. Antes bien, el lector no puede asegurar que sea <em>eso<\/em> lo que ocurre en el relato. La autora se esmera en la insinuaci\u00f3n v\u00eda la ambig\u00fcedad, refiri\u00e9ndose a \u201clo viscoso de marchitas tentaciones, de ausencias c\u00f3mplices\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asumimos que Raquel se encuentra a las hermanas interactuando al desnudo porque remira \u201csus escotes sin edad, sus om\u00f3platos salientes de cabalgaduras, su espantable espanto\u201d. Y porque a Raquel, educada por monjas, le inspira \u201casco\u201d el hecho de que las hermanas pasen \u201cde sobrias y adustas\u201d a \u201cmundanas y estridentes\u201d. Y porque las Moncada \u201c[caen] del sof\u00e1\u201d al verse descubiertas, y miran a Raquel con rabia e \u201cinclemente estupor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 la acci\u00f3n m\u00e1s n\u00edtida que se nos muestra es que las hermanas \u201cahondan\u201d cada una \u201cla fosa de su compa\u00f1era\u201d. Pero incluso este fraseo nos fuerza a echar mano del doble sentido \u2014de nuestra mente cochina\u2014 para confirmar el supuesto acto l\u00e9sbico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00eda incorrecto pensar que Due\u00f1as omite lo expl\u00edcito llevada por un sentido del decoro, o que se autocensura para evitarse los se\u00f1alamientos de las buenas conciencias literarias. Por el contrario, Due\u00f1as <em>encubre<\/em> los hechos de plano y efect\u00faa esta operaci\u00f3n del \u00fanico modo posible: <em>enmascarando<\/em> los hechos con s\u00edmbolos. No por nada llama \u201cestrafalario rito\u201d al supuesto acto sexual, siendo lo ritual casi siempre una reinvenci\u00f3n, una reordenaci\u00f3n o una inversi\u00f3n simb\u00f3lica. Resultado de ello es que se dota al relato de un misterio mayor, de un secreto como visto por el rabillo del ojo. Y \u201cel secreto \u2014nos dice Baudrillard\u2014 no debe ser develado, so pena de caer en una historia banal\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Due\u00f1as sabe cu\u00e1l efecto quiere producir, con este encubrimiento, en el lector. Por eso decide confiar en el poder de lo no dicho. Su decisi\u00f3n no es moral sino est\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De esto \u00faltimo derivo una lecciones para el aspirante a cuentista \u2014a escritor, en general\u2014: hay que saber qu\u00e9 callarse y cu\u00e1ndo; pero, m\u00e1s importante a\u00fan, hay que saber c\u00f3mo callarlo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><strong>*<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Miguel Sabido rememoraba cierta madrugada en que Due\u00f1as lo llam\u00f3 por tel\u00e9fono a fin de pedirle ayuda; un tigre se encontraba debajo de su cama, le dijo ella, y \u00e9l acudi\u00f3 de inmediato al domicilio para constatar la presencia del terso invasor (que era, supieron m\u00e1s tarde, propiedad del hermano de Guadalupe, afecto a la cacer\u00eda). Sabido se encontr\u00f3 con una Due\u00f1as aterrada, llorando sobre el colch\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena resulta llamativa por su involuntario simbolismo. \u00bfNo es as\u00ed, sorpresiva, prodigiosamente, como caen las historias en la vida del cuentista? \u00bfY no tienen, muchas de ellas, un car\u00e1cter felino (elusivo, arcano)?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Contra todo sentido com\u00fan, O\u2019Connor recomienda no saber qu\u00e9 suceder\u00e1 en una historia antes de empezar a escribirla: \u201cDeben \u2014aconseja a los aspirantes a cuentistas\u2014 tener la posibilidad de descubrir algo en sus propios cuentos. Si ustedes no lo consiguen, probablemente nadie m\u00e1s lo har\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicho de otro modo, O\u2019Connor aconseja escribir como se vive: a merced del misterio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1 tampoco debamos saber nunca <em>por qu\u00e9<\/em> escribimos, so pena de convertir nuestro oficio en una ocupaci\u00f3n banal.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:40px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Guadalupe Due\u00f1as, <em>Obras Completas<\/em>. M\u00e9xico: FCE, 2017.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Flannery O\u2019Connor, \u201cPara escribir cuentos\u201d. La Palabra y el Hombre, abril-junio 1990, no. 74, 99-108 pp.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Robert Blay, El encuentro con la Sombra: <em>El poder del lado oscuro de la naturaleza humana. <\/em>Barcelona, Espa\u00f1a: Kairos, 2001. Jean Baudrillard, <em>La Transparencia del Mal. <\/em>Espa\u00f1a: Anagrama, 1991.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cYo nac\u00ed malvada\u201d, afirm\u00f3 Due\u00f1as en cierta entrevista. Pero la verdad de uno nunca basta, as\u00ed que esta condici\u00f3n hubo de confirmarla otra escritora: \u201cEres tan mala como uno de los personajes de tus cuentos\u201d, le ech\u00f3 en cara nada menos que In\u00e9s Arredondo, su compa\u00f1era becaria del Centro Mexicano de Escritores. 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