{"id":54137,"date":"2024-01-02T07:00:00","date_gmt":"2024-01-02T13:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54137"},"modified":"2025-06-24T19:25:25","modified_gmt":"2025-06-24T19:25:25","slug":"mundo-anclado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54137","title":{"rendered":"Mundo anclado"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Mundo anclado es una novela coral de casi 400 p\u00e1ginas en las que cinco voces en cinco tiempos dislocados reconstruyen a manera de memorias, diario testimonios, cartas, poemas y un peculiar diccionario de piedras el misterio del asesinato de la joven estudiante de letras, M\u00e9lida Are\u00fasa.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Para H\u00e9ctor Espinosa P\u00e9rez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>In memoriam<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Para Luis y Miriam<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>In memoriam<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Para Daniela Barajas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>In memoriam<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">JULI\u00c1N SEGOVIA \u2013 DESHORAS (I)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo cuando sol\u00eda despertarme a deshoras para escribir lo que fuera, di\u00e1logos entre dos mimos reci\u00e9n jubilados, canciones de cuna para mu\u00f1ecas de pl\u00e1stico, cuentos de ancianos que no quer\u00edan irse a la cama, la p\u00e1gina doscientos veinticinco de una novela coral que cambiar\u00eda al mundo. Me gustaba comenzar con la frase: \u201cY as\u00ed las cosas\u201d, como si fuera la conclusi\u00f3n de un largo viaje; la historia arrancaba en un momento de serenidad con mi vida ya conforme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00fan lo hago.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Son las cuatro y media de la ma\u00f1ana, hace a\u00f1os que no escribo de manera seria, tengo un trabajo que odio y que no me da para vacacionar en el Caribe, pero me sigo despertando a deshoras, pese a la ruina social y amorosa que es mi vida, me sobresalto con una idea inquietante: consejos de escritura para los j\u00f3venes creadores, discursos de recepci\u00f3n de un premio importante, adivinanzas postapocal\u00edpticas. Hubo un tiempo en el que decid\u00ed ignorarlas y me pasaba la noche en un rinc\u00f3n del cuarto fingiendo que mov\u00eda con la mente las manecillas de mi reloj descompuesto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y as\u00ed las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">O podr\u00eda escribir que el caso sigue abierto, que a\u00fan no han identificado al verdadero responsable, o a la verdadera responsable, qu\u00e9 s\u00e9 yo. A estas alturas no s\u00e9 nada, o casi nada, s\u00f3lo que la encontr\u00e9 adentro de la tina, recostada como si se hubiera quedado dormida al tomar un ba\u00f1o. Se me escapa el principio. Son colores y gritos apagados. El motor dej\u00f3 de sacudirse, las llaves cuchichearon, de la puerta emergi\u00f3 un pie inseguro, un zapato lustroso que al bajar pis\u00f3 un grillo. Y el grillo dej\u00f3 de cantar. Hab\u00eda pocas estrellas en el cielo. Era una de esas noches nubladas en las que Marte parece un avi\u00f3n envuelto en llamas. Cruj\u00edan las ramas al ritmo de mis pasos. Noche de ruinas chamuscadas, flotaba en c\u00edrculos el humo de una chimenea de campo hacia el terreno vecino, el que una vez fue nuestro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero me estoy adelantando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Chirri\u00f3 la madera podrida de las vigas, estaba helada la cer\u00e1mica del piso, dos pasos al frente, seis a la derecha. Todas las luces estaban encendidas con excepci\u00f3n de la \u00faltima, al fondo del pasillo. Flotaba un vapor culposo al interior del recinto, mi sombra se introdujo en la sombra embotellada de esa casa vac\u00eda; nos mezclamos en oscuridades polvorientas. Suspiramos. Tent\u00e9 la pared del ba\u00f1o, sent\u00ed el interruptor viscoso, y en ese mismo instante o un instante despu\u00e9s de presionarlo, vi mi mano manchada de sangre, sangre vieja, sangre color marr\u00f3n. Segu\u00ed las gotas al piso de cer\u00e1mica, donde hab\u00eda huellas sanguinolentas de un calzado menos elegante que el m\u00edo, uno m\u00e1s peque\u00f1o y tosco. Alrededor ca\u00edan delgados r\u00edos rojizos, el blanco ahuesado de la tina estaba tambi\u00e9n embarrado de sangre, era una imagen parecida a la bandera de Inglaterra. No s\u00e9 si antes o despu\u00e9s encontr\u00e9 la pastilla de jab\u00f3n machacada, como si alguien la hubiera apretujado, alguien tenso, alguien que sufr\u00eda, alguien que la dej\u00f3 caer en cualquier sitio, porque su cuerpo sin vida se desmoron\u00f3 al siguiente instante. Fueron tres disparos, p\u00f3mulo, frente y mejilla, tres estruendos. Y el hombre vestido de etiqueta que era yo, el hombre que encontr\u00f3 ese cuerpo con el cr\u00e1neo reventado por las balas, se dej\u00f3 caer adentro de la tina, en la sangre de aquella mujer a la que alguna vez crey\u00f3 haber amado.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Antes de interrogarme he de devolverle un poco de orden al pasado, muchos a\u00f1os atr\u00e1s, cuando \u00e9l ya no era joven y ella s\u00ed, cuando \u00e9l ten\u00eda miedo y ella no, cuando \u00e9l la mir\u00f3 de lejos y ella lo mir\u00f3 de vuelta, y ninguno de los dos sonri\u00f3, pero pienso que si se lo tuviera que contar ahora a un extra\u00f1o a\u00f1adir\u00eda el detalle de una sonrisa, o una media sonrisa. Lo cierto es que a mi edad uno se va quedando solo. A mi edad uno ya no encuentra a qui\u00e9n contarle estas cosas. El recuerdo de M\u00e9lida Are\u00fasa, a estas alturas, me causa m\u00e1s cansancio que dolor, pese a que durante un tiempo la mera menci\u00f3n de su nombre o de una palabra parecida a su apellido me provocara v\u00e9rtigos y azarosas taquicardias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Habl\u00e9 con ella por primera vez en el pasillo de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras de la UNAM, en el \u00e1rea com\u00fan del primer piso a la que algunos llaman El Aeropuerto. Seg\u00fan los profesores m\u00e1s \u00f1o\u00f1os porque ah\u00ed se reun\u00edan los pachecos \u201ca viajar\u201d, aunque jam\u00e1s vi a nadie fumar marihuana en esa zona tan desprotegida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ocurri\u00f3 en ese tiempo que ahora llamo \u201cmi juventud\u201d, cuando yo, seg\u00fan esto, estaba ahorrando para un fantasioso viaje a Europa que jam\u00e1s realizar\u00eda. Ten\u00eda un puesto de libros viejos en El Aeropuerto, ediciones p\u00e9simas que me daba verg\u00fcenza que se empolvaran en el librero de mi casa y que pod\u00eda venderle a un precio excesivo a los fresitas de la Facultad. Los t\u00edtulos pretenciosos y las portadas on\u00edricas me llenaban el bolsillo al final de la jornada, aunque el dinero casi siempre me lo gastaba en cahuamas que me beb\u00eda en el Rocabar y muy pocas de mis ganancias las cambiaba a euros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Rocabar, por esos a\u00f1os, era una leyenda universitaria para los estudiantes que hab\u00edan dejado la carrera trunca, como yo, como Cuautli, como el sabio Vallejo. Eran unas escaleras ocultas a un lado del Centro de Estudios para Extranjeros donde la seguridad universitaria no vigilaba o hac\u00eda la vista gorda y uno pod\u00eda emborracharse en paz. A la fecha, hay quien todav\u00eda lo llama el Corredor Bonifaz Nu\u00f1o porque fue el poeta quien mand\u00f3 construir ese pasaje para que fuera m\u00e1s sencillo trasladar los libros de la Imprenta Universitaria a la gran Biblioteca Central. A ese tugurio invit\u00e9 a M\u00e9lida Are\u00fasa a tomar una cerveza el d\u00eda que nos conocimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella no beb\u00eda alcohol ni caf\u00e9. Me lo dijo casi como l\u00ednea introductoria cuando nos presentamos. Mi puesto de libros estaba al otro lado de las escaleras, junto a los viejitos otom\u00eds que hac\u00edan una fortuna vendiendo chicles en per\u00edodo de ex\u00e1menes y las chicas de Pedagog\u00eda que ofertaban sushi universitario; las pobres rara vez vend\u00edan m\u00e1s de una o dos bandejas, el resto se les echaba a perder y ten\u00edan que tirarlo, cosa que los grupos ecologistas ve\u00edan con malos ojos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora que lo pienso, con m\u00e1s cansancio que dolor, tal vez la \u00fanica raz\u00f3n por la que M\u00e9lida Are\u00fasa repar\u00f3 en mi presencia fue porque eran las seis de la tarde y el sushi universitario de las pedagogas ya empezaba a desprender un aroma f\u00e9tido. Are\u00fasa resping\u00f3 la nariz como si alguien le acabara de mentar la madre y se dio media vuelta, tras la cual le fue inevitable verme detr\u00e1s de mi puestito de libros viejos. Creo que se interes\u00f3 por uno de Paul Auster, maestro de los t\u00edtulos presuntuosos, y el tono chill\u00f3n de las ediciones de bolsillo de Anagrama la imant\u00f3 a mis dominios. Como buen vendedor, me limit\u00e9 a mirarla feo y a esperar hasta el \u00faltimo instante para recomendarle un ejemplar. Le tend\u00ed, con cara de pocos amigos, <em>Los diarios del ron<\/em> de Hunter S. Thompson y ella lo rechaz\u00f3 diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Yo no bebo alcohol ni tomo caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me qued\u00e9 paralizado y devolv\u00ed el libro al recuadro correspondiente, donde alguien hab\u00eda rayoneado la frase: \u201cEn caso de Apocalipsis, puto el que quede\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los dos nos re\u00edmos al mismo tiempo. Al ponerme de buen humor, me vi orillado a confesarle que mis libros eran una farsa. Malas traducciones. Ediciones imprecisas. Dos jovencitos con gafas de pasta que merodeaban por el puesto se hicieron los desentendidos. Su fuga me hizo gracia y cre\u00ed que ya era momento de presentarme.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Soy Juli\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hice un necio adem\u00e1n con la mano, un gesto que har\u00eda unade esas personas que, sin hablar franc\u00e9s, exclama cosas como <em>Voil\u00e1!<\/em> o <em>Oulala<\/em>!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Are\u00fasa se present\u00f3 de nombre completo y me cont\u00f3 que estudiaba Letras Alemanas. Ya estaba por hablarle de alg\u00fan autor rebuscado de las oscuras letras germanas cuando me interrumpi\u00f3 para preguntarme si pod\u00eda sentarse conmigo. Al parecer ten\u00eda que esperar hasta las diez de la noche a que su madre pasara por ella y no sab\u00eda muy bien qu\u00e9 hacer durante las cuatro horas de tiempo muerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Te puedo ayudar a vender tus libros malos \u2013me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me recorr\u00ed para hacerle hueco en la banquita y se sent\u00f3 demasiado cerca, lo que result\u00f3 en un inicio inc\u00f3modo y despu\u00e9s aletargante. Hubo m\u00e1s suspiros que silencio en ese par de horas que pasamos juntos custodiando mi puestito de libros. S\u00f3lo logramos venderle a una profesora dicharachera <em>Opiniones de un payaso<\/em> de Heinrich B\u00f6ll, una novela que ignoro por qu\u00e9 abunda entre los libros de segunda mano. Le compart\u00ed a Are\u00fasa una teor\u00eda al respecto (en mi opini\u00f3n nadie en el mundo lo hab\u00eda le\u00eddo, pero el t\u00edtulo era tan bueno que segu\u00edan imprimiendo ejemplares) antes de decirle que a las ocho sol\u00eda recoger mi puesto para irme a beber al Rocabar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se me ocurri\u00f3 proponerle que me acompa\u00f1ara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Puedes tomar un t\u00e9 o un Gatorade \u2013le dije.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yo, como de costumbre, me comprar\u00eda una cahuama y tal vez una anforita de ron para al rato. Are\u00fasa acept\u00f3 casi aliviada. Era evidente que las horas que faltaban para que la recogiera su madre la apesadumbraban. Me ayud\u00f3 a guardar mis libros en esa mochila enorme que jam\u00e1s me llevar\u00eda a Europa\u00a0 y caminamos juntos, como dos amigos de la infancia, por el pasillo de la facultad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya en el Rocabar no tardaron en aparecer Vallejo y Cuautli. Surg\u00edan por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, como si mi presencia fuera el conjuro que invocara sus almas en pena. Vallejo ven\u00eda de su clase de Franc\u00e9s Medieval, una materia que hab\u00eda cursado tres veces sin resultados satisfactorios. Llevaba ocho a\u00f1os intentando terminar la carrera. Cuautli ven\u00eda de trabajar en el metro. Tocaba la guitarra y cantaba cumbias melancolizadas en el primer tramo de la l\u00ednea verde. Viv\u00eda al d\u00eda, sacaba unos trescientos pesos con los que se pagaba un cuartucho de cobro cotidiano en el Centro, seis tacos de canasta y las cervezas que nos beb\u00edamos en el Rocabar hasta que nos llov\u00eda, nos daba sue\u00f1o o nos corr\u00eda la seguridad universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se los present\u00e9 a Are\u00fasa como \u201cmis amigos\u201d y los dos se extra\u00f1aron, pues nunca antes hab\u00edamos calificado la inercia dips\u00f3mana que nos reun\u00eda cada tarde como una amistad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00c9l es Vallejo, estudia Letras Francesas \u2013dije. Vallejo torci\u00f3 una sonrisa ir\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Y \u00e9l es Cuautli, toca la guitarra y escribe poemas que siempre se le pierden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Are\u00fasa los salud\u00f3 sin estremecimientos. Ellos se quedaron cabizbajos, bebiendo en silencio, como sol\u00edan hacer cuando se aparec\u00eda una mujer bonita. Me vi obligado a conducir la pl\u00e1tica, a darles vida a esos t\u00edteres inm\u00f3viles que no sent\u00edan la m\u00e1s m\u00ednima curiosidad el uno por el otro. Cont\u00e9 la historia del ray\u00f3n y de los jovencillos fil\u00f3sofos a los que ahuyent\u00e9 de mi puesto. Relat\u00e9 la noche en la que convencimos a Cuautli de que la novela <em>1984<\/em> jam\u00e1s hab\u00eda existido. Dije de Vallejo lo poco que sab\u00edamos de \u00e9l, que era un decadente decimon\u00f3nico extraviado en el siglo XXI cuyo \u00fanico punto de humanidad era su gusto ingobernable por los bimbu\u00f1uelos Bimbo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Antes de estudiar Letras Francesas, Vallejo intent\u00f3 ser ingeniero \u2013dije.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c9l respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013No mames.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como no sab\u00eda casi nada de Are\u00fasa, tras mencionar que otra vez se les hab\u00eda podrido el sushi universitario a las pedagogas, aprovech\u00e9 para preguntarle de d\u00f3nde ven\u00eda cuando nos encontramos en El Aeropuerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013De por ah\u00ed \u2013dijo se\u00f1alando a lo alto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para mi incierta fortuna, Are\u00fasa, al igual que Vallejo y Cuautli en compa\u00f1\u00eda de mujeres bonitas, tambi\u00e9n era una persona de pocas palabras. Me beb\u00ed lo que quedaba de mi cahuama a modo de turbochela y me sum\u00e9 al silencio precavido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La turbochela era un ritual de fraternidad gringa que aprend\u00ed en tercero de secundaria. Consist\u00eda en destapar la cahuama, agitarla cubriendo la boquilla con el dedo, empinarla a noventa grados y met\u00e9rtela a la boca para que un litro de cerveza te entrara al organismo sin que tu es\u00f3fago pudiera rechazarlo. Algunos vomitaban acto seguido, lo m\u00e1s com\u00fan era que te lastimara la zona derecha del cerebelo y te hiciera creer que llevabas tres noches bebiendo vodka. Como yo ya no era un ni\u00f1o, el resto de la cahuama ni siquiera me mare\u00f3. Era una medicina indispensable para que me diera la gana tolerar al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Are\u00fasa me observ\u00f3 asqueada y, sin mirar la hora, dijo que ya se ten\u00eda que ir. Cuautli se levant\u00f3 a la par y cre\u00ed que le hab\u00eda nacido de otra vida un anticuado gesto de caballerosidad. Grit\u00f3 que iba a mear y se fue sin prestarnos atenci\u00f3n. Me levant\u00e9 de un salto y le propuse a Are\u00fasa que me visitara cuando quisiera en El Aeropuerto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Si no estoy ah\u00ed \u2013le dije\u2013, seguro estoy ac\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Chido \u2013dijo estamp\u00e1ndome un beso indiferente en el cachete.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le dio tambi\u00e9n uno a Vallejo y baj\u00f3 las escaleras hacia el Circuito universitario, donde me imaginaba que estar\u00eda su madre a bordo de una vagoneta de se\u00f1ora, esperando a su princesita mientras escuchaba Horizonte o una estaci\u00f3n de radio \u00f1o\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Est\u00e1 muy chida tu rurru \u2013me dijo Vallejo. No lo contradije y abr\u00ed la anforita de ron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013\u00bfYa te la\u2026 ac\u00e1? \u2013pregunt\u00f3 revoloteando sus ojitos miopes, dando a entender que hablaba de sexo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013S\u00f3lo una vez, hace mucho \u2013ment\u00ed y cambi\u00e9 de tema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfDe qu\u00e9 hablamos despu\u00e9s? De lo de siempre: teor\u00edas conspiranoides de geopol\u00edtica, la banca inglesa, la dominaci\u00f3n jud\u00eda, algoritmos cibern\u00e9ticos del FBI. Cuautli regres\u00f3 silbando una cumbia guapachosa y, sin mujeres a la vista, actu\u00f3 como de costumbre, es decir, se puso a decir pendejadas como merolico. Que si la poes\u00eda brasilera le llevaba ciento veinte a\u00f1os de ventaja a la mexicana, que el gran problema de M\u00e9xico a nivel deportivo era que no ten\u00edamos negros, que quer\u00eda escribir un an\u00e1lisis estructuralista de las canciones de Jos\u00e9 Jos\u00e9 y, entre otras cosas, dijo que mi rurru, o sea Are\u00fasa, se hab\u00eda ido con el eminente fil\u00f3logo Emilio Baz\u00e1n, que tanto a Cuautli como a m\u00ed nos hab\u00eda dado clase en la carrera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Deb\u00eda tener casi ochenta a\u00f1os nuestro profesor, pero seg\u00fan Cuautli, de camino al ba\u00f1o, los vio en la Pasarela bien abrazaditos y se fueron de la mano hacia el volvo color verde que Baz\u00e1n ten\u00eda en el estacionamiento de profesores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013No entiendo nada \u2013dije bebi\u00e9ndome de sopet\u00f3n mi anforita.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Pasarela era el pasillo exterior de la Facultad de Filosof\u00eda y Letras donde muchos otros que tampoco terminaron la carrera y yo nos dedicamos durante los primeros cuatro a\u00f1os de estudios a ver mujeres a la distancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Ya te la bajaron \u2013se burl\u00f3 Vallejo. Cuautli acompa\u00f1\u00f3 su carcajada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013Ac\u00e9ptalo, Juli\u00e1n, el pinche Baz\u00e1n es mejor partido que t\u00fa, est\u00e1 bien ruco, pero tiene salario de investigador SNI.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comenzaron a enhebrar teor\u00edas a mis expensas sobre los cientos de miles de pesos que deb\u00eda ganar Emilio Baz\u00e1n si sumabas su salario, sus prestaciones, sus becas y las regal\u00edas de sus libros. Entre los m\u00edos, en esa mochila que nunca me llevar\u00eda a Europa, ten\u00eda a la venta uno de su autor\u00eda. Era un manual de teor\u00eda literaria que me daba rabia por reduccionista. Y entonces pens\u00e9 que tal vez Are\u00fasa no se hab\u00eda acercado a mi puesto por la pestilencia del sushi podrido, ni porque hubiera algo destacable en mi persona, sino porque se encontr\u00f3 con esa edici\u00f3n y le da\u00f1\u00f3 el orgullo cuando dije que los libros que vend\u00eda eran una mierda, porque entre \u00e9stos estaba uno de su amante, novio, esposo. Qui\u00e9n sabe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rebat\u00ed las burlas dici\u00e9ndoles que lo m\u00edo con Are\u00fasa no era nada serio y que ella pod\u00eda acostarse con quien quisiera y yo tambi\u00e9n. Vallejo y Cuautli siguieron chingando, compar\u00e1ndome con el eminente fil\u00f3logo Emilio Baz\u00e1n, hasta que decid\u00ed dar por terminada la noche y volver a mi casa a no hacer nada, otra vez, por quinto a\u00f1o consecutivo.<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2024\/01\/Jpeg-Mundo-anclado-full-400x600.jpg\" alt=\"Portada de &quot;Mundo anclado&quot;, de Alejandro Espinosa Fuentes. Ediciones contrabando, 2023.\" class=\"wp-image-54141\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Portada de &#8220;Mundo anclado&#8221;, de Alejandro Espinosa Fuentes. Ediciones contrabando, 2023.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mundo anclado es una novela coral de casi 400 p\u00e1ginas en las que cinco voces en cinco tiempos dislocados reconstruyen a manera de memorias, diario testimonios, cartas, poemas y un peculiar diccionario de piedras el misterio del asesinato de la joven estudiante de letras, M\u00e9lida Are\u00fasa.&nbsp; Para H\u00e9ctor Espinosa P\u00e9rez In memoriam Para Luis y &#8230; <a title=\"Mundo anclado\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54137\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Mundo anclado\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":56839,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[282],"tags":[603,479,604,605,180,606],"ppma_author":[2783],"class_list":["post-54137","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-adelanto","tag-ciudad-universitaria","tag-escritor","tag-facultad-de-filosofia-y-letras","tag-julian-segovia","tag-novela","tag-puesto-de-libros","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2783,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"alejandro-espinosa-fuentes","display_name":"Alejandro Espinosa Fuentes","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Alejandro","last_name":"Espinosa Fuentes","user_url":"","job_title":"","description":"(Ciudad de M\u00e9xico, 1991) Narrador, poeta, editor, traductor y ensayista. Estudi\u00f3 la carrera de Letras Hisp\u00e1nicas en la UNAM, la maestr\u00eda en la Universidad Complutense de Madrid y el doctorado en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid. Ha publicado los libros <em>Los designios del imaginero<\/em> (2012) y <em>Agenbite of inwit<\/em> (2018). Ganador del Premio Nacional de Novela \u201cJos\u00e9 Revueltas\u201d por <em>Nuestro mismo idioma<\/em> (FETA, 2015) y el Premio Nacional de Cuento \u201cJulio Torri\u201d 2019 por <em>Son\u00e1mbulos<\/em>. En 2023 public\u00f3 su tercera novela <em>Mundo anclado<\/em> (NitroPress, pr\u00f3logo de Enrique Vila-Matas). Ha colaborado en diversas antolog\u00edas como <em>Covid: Narrativa mexicana joven, desde y contra la pandemia<\/em> (FCE, 2021) y <em>La lectura al centro: 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/em> (UNAM, 2022), as\u00ed como en la revista <em>Quimera, Barcarola, El Universal, Exc\u00e9lsior,Tierra Adentro y Luvina<\/em>. Como editor ha elaborado las antolog\u00edas narrativas <em>Lo fant\u00e1stico no existe<\/em> (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2020), <em>De narcos a luchadores<\/em> (Contrabando, 2019) y <em>El misterio de los seres espaciales<\/em> (Deliria, 2023). Es profesor de literatura en la UNAM y en Literaria: Centro Mexicano de escritores. 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