{"id":54118,"date":"2023-12-22T09:51:37","date_gmt":"2023-12-22T15:51:37","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54118"},"modified":"2026-10-27T12:38:27","modified_gmt":"2026-10-27T18:38:27","slug":"casas-caidas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=54118","title":{"rendered":"Casas Ca\u00eddas"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">FUNERAL<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la esquina de nuestra calle se extiende el bald\u00edo, sembrado de teles descompuestas, sobras de comida y llantas que se recuecen al sol. Ah\u00ed no brota la mala hierba que, en otros terrenos, se alza con espinas y orgullo de conquistadora. Tampoco lo pepenan las hormigas, quienes lo rodean antes que atravesarlo. Las ara\u00f1as, gordas y tornasoladas, abandonan sus telas a medio hilar entre los desechos. Las moscas huyen no bien brotan de la carne podrida. Los vecinos solo se atreven a invadir lo de madrugada: arrojan sus trastos y se alejan sin mirar atr\u00e1s, apremiados por la n\u00e1usea o la culpa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada vivo aguanta la pestilencia del bald\u00edo, nada cuerdo resiste su pesadumbre. De modo que solo algo demente y sin vida har\u00eda de \u00e9l un sitio de esparcimiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Les juro que anoche vi ah\u00ed al fantasma del Loquito \u2014le dice uno de los ni\u00f1os del barrio a su grupo de amigos, todos entre ocho y once a\u00f1os\u2014. Andaba hurgando en la basura. Tra\u00eda sus gabardinas puercas de siempre, pero su cara m\u00e1s fea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00bfY qu\u00e9 esperabas?, \u00bfun fantasma guapo? \u2014le contesta otro\u2014. Me cae que eres rejoto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se refieren a Jaime \u201cMartillos\u201d Mart\u00ednez, a quien ellos renombraron el Loquito, sin importarles que contara ya con un apodo, acu\u00f1ado por nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No los juzgamos, sin embargo. Todo en el hombre apuntaba al desvar\u00edo. Frente al bald\u00edo permanec\u00eda atento a la basura; vigilaba a diario con la misma mirada tr\u00e1gica que tienen los santos de nuestra parroquia. Luego corr\u00eda hacia el bulevar para arrojarse sobre los coches, soltando alaridos, propagando la peste acendrada bajo sus cinco abrigos mugrientos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora que se habla de su muerte, \u201cun cami\u00f3n se lo llev\u00f3 de corbata\u201d, dicen las se\u00f1oras, los ni\u00f1os se aferran a su presencia. Van por el barrio preguntando por \u00e9l: qui\u00e9n era, qu\u00e9 le pas\u00f3. No tardan en venir a pedirnos que les contemos lo que sabemos. M\u00e1s nos vale prepararnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tendremos que desempolvar nuestras notas, releer el expediente a conciencia y repasar la historia otra vez:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el bald\u00edo sol\u00eda encontrarse la casa de Martillos \u2014diremos\u2014, venida abajo hace m\u00e1s de 30 a\u00f1os. Y la casa era enorme: le cab\u00edan todas las tragedias.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ya antes de que se mudara Martillos, los chicos vigil\u00e1bamos aquella casa y traduc\u00edamos sus desperfectos a horrores de lo m\u00e1s aparatosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el jardincito des\u00e9rtico del frente \u201chab\u00edan sepultado viva a una mujer\u201d, dec\u00edamos. Y bajo el sendero de ladrillo rojo que conduc\u00eda a la entrada, descansaban los restos de sus primeros habitantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La puerta de madera lloraba resina, l\u00e1grimas por los mil asesinatos cometidos ah\u00ed. Y el aldab\u00f3n osificado, con forma de pu\u00f1o, era en realidad una mano robada a un cad\u00e1ver y ba\u00f1ada de bronce.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre el umbral sobresal\u00eda un mascar\u00f3n penachudo que ten\u00eda la boca bien abierta, como si pegara de gritos. Y en el polvo de los ventanales, los fantasmas dejaban mensajes: <em>Puto, Buuu, 666<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los descarapelamientos de la fachada pod\u00edamos distinguir las siluetas de un cuchillo o una calavera. Y por debajo de la puerta susurraba el chifl\u00f3n: dec\u00eda \u201cfuneral\u201d, dec\u00eda \u201cfr\u00edo\u201d, dec\u00eda \u201cfantasma\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con sus muros calados, la casa se sosten\u00eda a duras penas. Parec\u00eda entercada en infligirnos su fealdad hostil, vigilante, acumulando leyendas igual que juntaba hojarasca en la cornisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El barrio nos llamaba \u201cla bolita del poste\u201d. Charlie Mendoza, de 10 a\u00f1os; To\u00f1ito Salazar y Juanjo Ramos, de nueve; \u00d3scar Soto y Julio Cruz, de 12; adem\u00e1s de otros dos que asegur\u00e1bamos tener once y medio para sentirnos cerca de \u00d3scar Soto, a quien consider\u00e1bamos l\u00edder por ser el primero al que le sali\u00f3 el bigote (el \u00fanico que ten\u00eda Nintendo y el m\u00e1s corpulento de la bolita).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cierta fotograf\u00eda que tom\u00f3 uno de nuestros padres, fechada el 13 de enero de 1995, da cuenta del gregarismo del grupo. Junto al poste, aparecemos uniformados con overoles de mezclilla azul y cangureras, a unos metros de la Casa Rosa y con nuestros ojos fijos en ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Congregados ah\u00ed los chicos debat\u00edamos las molestias de la pubertad: Los pelos. Las erecciones inoportunas. Los novedosos sue\u00f1os h\u00famedos, estelarizados por la hija del panadero, con 13 a\u00f1os reci\u00e9n cumplidos y los pechos esponjados de repente, como los panquecitos en el horno de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De ella est\u00e1bamos pendientes aquel mediod\u00eda de abril (brincaba la cuerda en la acera de enfrente, desen tendida del vaiv\u00e9n de sus atributos), cuando el traqueteo nos retrajo del ensue\u00f1o: el asfalto cimbrado al paso de un cami\u00f3n, Hermanos Salinas Mudanzas y Fletes. De este se baj\u00f3 un moreno de gorra verde que se encamin\u00f3 a la Casa Rosa, meti\u00f3 una llave en la cerradura y, sin miedo, abri\u00f3 la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo siguieron otros tres, con cinturones de herra-mientas y guantes de carnaza. El de la gorra comenz\u00f3 a darles instrucciones; pero cuando ellos le preguntaron, \u201c\u00bfde a c\u00f3mo la propina?\u201d, \u00e9l les contest\u00f3 que \u201cde ni un centavo\u201d, y se arm\u00f3 la bronca:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014<em>Oquei<\/em>, ust\u00e9 no <em>tiene<\/em> que aportar \u2014le dijo uno soltando la silla que cargaba\u2014. Pero nosotros tampoco <em>tenemos<\/em> que acomodarle sus triques.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Faltaba m\u00e1s \u2014dijo otro\u2014. A ver qui\u00e9n le echa la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Pues d\u00e9jenmelos ah\u00ed \u2014les grit\u00f3 el de la gorra\u2014. Total, \u00a1ni que estuviera yo manco!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y esa \u00fanica orden cumplieron. Sobre la banqueta aventaron el sof\u00e1, la cama y las cajas de cart\u00f3n, para luego subirse al tr\u00e1iler y salir despedidos entre claxonazos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El de la gorra puso manos a la obra. Se ech\u00f3 un costal al hombro y lo meti\u00f3 a la casa. Al salir se detuvo en el umbral y se vir\u00f3 lento para encararnos. Su talante era el de los limosneros, sol\u00edcito y resentido a un tiempo: parec\u00eda que nos ped\u00eda ayuda pero se odiaba por necesitarla. Moreno, corpulento, hench\u00eda los pectorales con el orgullo de los machos esculpidos por el trabajo f\u00edsico. Su musculatura impon\u00eda tanto como su mirada, que nos aventaba como un pie resuelto a aplastar pinacates.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comenz\u00f3 a lloviznar cuando el hombre retomaba el acarreo de sus pertenencias. Pero no se apresur\u00f3 a salvarlas del chaparr\u00f3n. Las fue metiendo sin prisa, manso, acostumbrado a perder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La \u00faltima caja, ablandada por el agua, se le desbarat\u00f3 en brazos y su contenido cay\u00f3 al suelo: tres martillos que azotaron con redoble de mala noticia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las lluvias eran motivo de ansiedad. Disparaban la venta de impermeabilizante. Recrudec\u00edan la sinusitis de nuestras abuelas. Anegaban la calle, vuelta espejo ondulante que duplicaba el relieve: los gatos en las azoteas, las rejas de los patios, el cableado el\u00e9ctrico y las jacarandas, infl\u00e1ndose y encogi\u00e9ndose como si aspiraran su perfume secreto (nadie m\u00e1s lo percib\u00eda).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los chicos cre\u00edamos que se inundaba porque las hojas y flores tapaban las coladeras, pero una breve investigaci\u00f3n en la biblioteca local nos sac\u00f3 del error. Emplazado entre cerros, sobre tierra que siglos atr\u00e1s alojara una laguna; mal construido a trav\u00e9s de las \u00e9pocas y peor planeado en cuanto a drenaje y uso de suelo; v\u00edctima de un volumen de precipitaci\u00f3n superior al de la media nacional y de asentamientos irregulares, nuestro pueblo acabar\u00e1 por ahogarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con sus barrios incongruentes, api\u00f1ados de casonas coloniales junto a casas en obra negra. Con sus antiguos palacetes, destripados por inmobiliarias que los rentan ahora como pensiones de coches. Con sus nuevas pocilgas de inter\u00e9s social, id\u00e9nticas y grises, apretuj\u00e1ndose en la cuadr\u00edcula que se expande en las afueras. Con su horizonte acuchillado por dos nuevas antenas de telecomunicaciones, Casas Ca\u00eddas se va despintando, en espera de que el mal tiempo lo remate.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adem\u00e1s de los cuentos que invent\u00e1bamos los muchachos, se o\u00edan los de nuestros mayores: que la Casa Rosa hab\u00eda sido un prost\u00edbulo de mala muerte \u201cy de muchas muertes\u201d, seg\u00fan dec\u00eda la due\u00f1a de la mercer\u00eda; o un dispensario donde \u201cse practicaban abortos\u201d, como dec\u00eda la tortera con un hilo de voz antes de persignarse; o una hacienda quemada por los Revolucionarios y \u201cen cuyos cimientos se hab\u00edan enterrado lingotes de oro\u201d, de acuerdo con la se\u00f1ora que atend\u00eda la farmacia. Pero en estos dimes y diretes se cifraba m\u00e1s la idiosincrasia regional que la propia historia de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante otra breve investigaci\u00f3n llevada a cabo en la hemeroteca, dimos con una leyenda de otro tipo: la Casa Rosa sol\u00eda conocerse como la Casa Roja, construida en la que entonces fuera la calle m\u00e1s distinguida del pueblo; era el insigne hogar de los Azpeitia, linaje de arquitectos, ingenieros y presidentes municipales. Los Azpeitia hab\u00edan construido el mercado, el cine, el teatro y el Palacio de Gobierno. Levantaron Casas Ca\u00eddas, por as\u00ed decirlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un reportaje de cierta gaceta ahora extinta, aparece una foto fechada en el a\u00f1o de 1945: dos Azpeitia, hermanos, posan durante la inauguraci\u00f3n de nuestro Palacio de Gobierno. El mayor sonr\u00ede, el menor lo intenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Uno de ellos era el padre de Jaime \u201cMartillos\u201d Mart\u00ednez.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la semana de la mudanza se oyeron los primeros chismes: el nuevo residente se apellidaba Azpeitia, seg\u00fan cierto tr\u00e1mite testamentario que Ifigenio S\u00e1nchez \u2014vecino nuestro y empleado del Registro Civil\u2014 extrajo de los archivos municipales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014La Casa Rosa era de su leg\u00edtima propiedad \u2014nos dice Ifigenio hoy, tan sorprendido como hace 30 a\u00f1os\u2014. El inmueble se cre\u00eda intestado y los del municipio ten\u00edan planes para demolerlo y construir en el predio sus nuevas oficinas postales. No contaban con que les cayera el tal Azpeitia Mart\u00ednez, ni con que les trajera sus papeles en regla para reclamar la casa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014A muchos nos extra\u00f1\u00f3 \u2014prosigue\u2014 que el tipo firmara con el apellido materno. M\u00e1s raro se nos hizo que fuera a meterse a esa covacha que ya andaba en las \u00faltimas. \u00bfQui\u00e9n en su sano juicio vivir\u00eda en un lugar as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo mismo nos pregunt\u00e1bamos los chicos.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:50px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"587\" height=\"1024\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/Portada-de-22Casas-cai\u0301das22-1-587x1024.png\" alt=\"Portada de &quot;Casas ca\u00eddas&quot; de Alberto H. Tizcare\u00f1o. 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Colecci\u00f3n Tierra Adentro, FCE. 2023.<\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Adquiere &#8220;Casas Ca\u00eddas&#8221; en el siguiente link: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a href=\"https:\/\/elfondoenlinea.com\/detalle.aspx?ctit=054023R\">https:\/\/elfondoenlinea.com\/detalle.aspx?ctit=054023R<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FUNERAL En la esquina de nuestra calle se extiende el bald\u00edo, sembrado de teles descompuestas, sobras de comida y llantas que se recuecen al sol. Ah\u00ed no brota la mala hierba que, en otros terrenos, se alza con espinas y orgullo de conquistadora. Tampoco lo pepenan las hormigas, quienes lo rodean antes que atravesarlo. 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Sus cuentos han aparecido en diversas revistas como Nexos, Luvina y Tierra Adentro."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=54118"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":62215,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54118\/revisions\/62215"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/58966"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=54118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=54118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=54118"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=54118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}