{"id":52466,"date":"2023-07-11T12:46:59","date_gmt":"2023-07-11T18:46:59","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=52466"},"modified":"2026-10-28T18:22:12","modified_gmt":"2026-10-29T00:22:12","slug":"solo-amamos-lo-que-no-poseemos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=52466","title":{"rendered":"Solo amamos lo que no poseemos"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los aparadores de las librer\u00edas apareci\u00f3 en 1923 <em>La prisonni\u00e8re<\/em>, el tomo m\u00e1s reciente, en ese momento, de<em> En busca del tiempo perdido<\/em> \u2014otras traducciones la presentan como <em>A la busca del tiempo perdido<\/em>\u2014. Era una obra que esperaban quienes hab\u00edan le\u00eddo los otros tomos \u2014en la divisi\u00f3n contempor\u00e1nea de siete, \u00e9ste es el quinto, con <em>Por el camino de Swann<\/em>, <em>A la sombra de las muchachas en flor<\/em>, <em>El mundo de Guermantes<\/em> y <em>Sodoma y Gomorra <\/em>como sus precedentes\u2014. La esperaban, adem\u00e1s, porque apenas mes y medio antes de terminar 1922 Marcel Proust hab\u00eda fallecido. Fue el primer tomo que apareci\u00f3 despu\u00e9s de su muerte, quedaban otros dos a\u00fan por publicar. &nbsp;<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"396\" height=\"600\" src=\"http:\/\/172.19.16.29\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/800px-Proust_La_Prisonniere_1923-396x600-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-60762\" srcset=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/800px-Proust_La_Prisonniere_1923-396x600-1.jpg 396w, https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/wp-content\/uploads\/2023\/07\/800px-Proust_La_Prisonniere_1923-396x600-1-198x300.jpg 198w\" sizes=\"auto, (max-width: 396px) 100vw, 396px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\"><em>\u00c0 la recherche du temps perdu Proust La Prisonniere 1923<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La obra que hab\u00eda indagado en la capacidad de la memoria y el arte por reconstruir el pasado, que con un estilo novedoso hac\u00eda que los olores y las sensaciones despertaran recuerdos, a trav\u00e9s de la memoria sensible, y con ellos la obra se va entretejiendo. As\u00ed Proust construy\u00f3 un narrador que naci\u00f3 en un momento indeterminado de finales del siglo XIX \u2014nunca, en ninguno de los siete tomos, es posible asegurar con precisi\u00f3n la edad del narrador; se puede afirmar, por ejemplo, que no naci\u00f3 antes de 1879 porque en <em>Por el camino de Swann<\/em>, en<em> Un amor de Swann<\/em>, en el que cuenta acontecimientos anteriores al nacimiento del narrador y de Guilberte, la hija de Swann, se menciona la inundaci\u00f3n de Murcia, acaecida ese a\u00f1o\u2014 y quien aspira a convertirse en escritor, aunque ese objetivo se ve constantemente aplazado. Ese narrador se nos presenta como un ni\u00f1o que sufre porque su madre no le da un beso en la primera parte del primer tomo \u2014despu\u00e9s que el narrador se ha estado rebujando en la cama por treinta cuartillas, esas primeras p\u00e1ginas que son la prueba del lector: si aguantas leer a ese hombre que rememora diversas camas y habitaciones acostado mientras trata de quedarse dormido, entonces es posible leer los siete tomos\u2014 y que conforme avanza la novela nos va mostrando m\u00e1s rostros de s\u00ed mismo y de la sociedad en la que se desenvuelve a la que aspira a pertenecer \u2014sobre todo, la aristocracia que en la Tercera Rep\u00fablica empezaba a conocer su decadencia\u2014. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es conocida la historia del mal recibimiento que tuvo en 1913, cuando se public\u00f3 el primer tomo, edici\u00f3n que corri\u00f3 por cuenta del propio Proust; del arrepentimiento que tuvo Andr\u00e9 Gide al haberla rechazada y luego aceptado reeditar el primer tomo y el resto de la obra en Gallimard. Diez a\u00f1os despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de<em> Por el camino de Swann <\/em>cambiaron las tornas. Marcel Proust obtuvo el premio Goncourt en 1919 con <em>A la sombra de las muchachas en flor <\/em>\u2014galard\u00f3n que fue duramente cuestionado, tanto por la edad del autor como por los temas de la novela, m\u00e1xime cuando la obra que qued\u00f3 en segundo lugar era sobre la Gran Guerra, de la cual, el a\u00f1o anterior, Francia acababa de salir vencedora\u2014. La novela, editada por Gide en Gallimard, era le\u00edda: el esc\u00e1ndalo del premio y de los chismes que muchos cre\u00edan detectar en los personajes de la misma y que pod\u00edan vincular con personas del gran mundo eran solo un par de las causas por las que se interesaban en la obra proustiana. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 18 de junio de 1922 falleci\u00f3 el autor, quedaban por publicar tres partes de la novela. Los lectores se cuestionaban si, en efecto, antes de su muerte, las hab\u00eda concluido. En la expectaci\u00f3n de lo que alcanz\u00f3 a escribir fue que apareci\u00f3 <em>La prisionera<\/em>. El tomo m\u00e1s \u00edntimo, hasta ese momento, en los anteriores el narrador, aunque llegaba a actuar, su proceder era, m\u00e1s que nada la de un testigo, un testigo que aspiraba a pertenecer al gran mundo. En \u00e9ste el narrador ya es visitante asiduo de los salones, incluso pide consejos de moda a la duquesa de Guermantes, y mantiene a Albertine Simonet viviendo con \u00e9l. Es el \u00fanico en el que el narrador se atreve a darse un nombre a s\u00ed mismo: &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En cuanto recobraba la palabra dec\u00eda: \u00abMi\u00bb&nbsp;o \u00abquerido m\u00edo\u00bb, seguidos uno y otro por mi nombre de pila, lo que, si adjudicar\u00e1 al narrador el mismo nombre que el autor de este libro, hubiera dado \u00abmi Marcel\u00bb, \u00abmi querido Marcel\u00bb.&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es la m\u00e1s \u00edntima porque en ella habla de la intrincada relaci\u00f3n que entabl\u00f3 con Albertine. Se ha discutido mucho qui\u00e9n fue, o quienes, el modelo para ella: sobre todo se ha planteado al joven ch\u00f3fer y secretario de Proust: Alfred Agostinelli, quien tuvo que soportar la reclusi\u00f3n en Par\u00eds, de la que huy\u00f3 para morir en un accidente en un avi\u00f3n; los paralelismos con el personaje son claros. Pero, haya sido \u00e9l el modelo o no, Proust abominaba de esas cuestiones extraliterarias \u2014<em>En este libro donde no hay ni un solo hecho que no sea ficticio, donde no hay un solo personaje con \u00abclave\u00bb, donde todo ha sido inventado por m\u00ed seg\u00fan las necesidades de mi demostraci\u00f3n <\/em>[\u2026], escribi\u00f3 en <em>El tiempo recobrado<\/em>\u2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El narrador, aunque confiesa su admiraci\u00f3n hacia varias mujeres del universo de la novela, solo llega a amar a dos: Gilberte Swann y Albertine Simonet. Por la primera siente una fascinaci\u00f3n que lo atrae desde <em>Por el camino de Swann<\/em>, cuando la ve y ella, desde el jard\u00edn de la casa de su padre, le hace una se\u00f1a obscena. Luego, en el mismo tomo, el joven narrador y Gilberte juegan en los Campos El\u00edseos, juegos en los que se mezcla el divertimento infantil y el naciente deseo. A Albertine el narrador nos la muestra en <em>A la sombra de las muchachas en flor<\/em>, es una de esas muchachas que en un principio aparecen casi indiferenciadas unas de otras, pero que pronto se vuelve el centro de atenci\u00f3n del narrador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Proust a lo largo de todo <em>En busca del tiempo perdido<\/em> construye paralelismos para hacer \u00e9nfasis en los planteamientos, de todo tipo, que presente en la obra. El personaje de Albertine no es la excepci\u00f3n y tampoco lo es su relaci\u00f3n con el narrador. Esa complicada relaci\u00f3n, el estira y afloja que la define tiene su antecedente en la relaci\u00f3n entre Swann y Odette de Cr\u00e9cy en el primer tomo de la obra. El narrador, como el amigo de sus padres, termina enamorado de una mujer que no es su tipo. As\u00ed, la narraci\u00f3n que en el primer tomo parece desconectada del narrador mismo, puesto que ocurre antes que hubiera nacido cobra total sentido con <em>La prisionera<\/em>, las tribulaciones del enamorado Swann resultaron un antecedente de las del narrador, que son un eco, un eco distorsionado; ambos conciben el amor como una posesi\u00f3n y, por consiguiente, aspiran a controlar a quien aman. Pero Albertine no es Odette, no es la <em>cocotte <\/em>cuyos amantes mantienen viviendo en un hotel y que sabe vestir a la moda; por el contrario, es el narrador quien viste a Albertine y es \u00e9l quien la tiene viviendo en su apartamento, una vida secreta y oculta a sus amigos \u2014quienes ignoran que ella habite all\u00ed\u2014 y que preocupa a la madre del narrador puesto que ella quiere que se case pero no con ella, dado su origen de clase inferior.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y a pesar de mantenerla consigo, de saberla dormida en la habitaci\u00f3n de al lado, que hac\u00eda todo lo que estaba en sus manos por boicotear posibles encuentros con amantes, y he aqu\u00ed su horror, porque no solo sent\u00eda celos de los hombres sino, y sobre todo, de las mujeres, el narrador confesaba no amarla. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es que quisiera a Albertine y lo sab\u00eda. El amor es quiz\u00e1 la propagaci\u00f3n de esos remolinos que como consecuencia de una emoci\u00f3n mueven el alma. Algunos hab\u00edan removido mi alma por entero cuando Albertine me hablara en Balbec de la se\u00f1orita Vinteuil, pero estaban ahora en calma.&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una calma falaz, en cuanto que el narrador no se preocupa m\u00e1s que por saber d\u00f3nde se encuentra ella, qu\u00e9 hace y con qui\u00e9n. Y es por esa raz\u00f3n que ella empieza a mentir y a callar:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo lo que ella me hubiera confesado f\u00e1cilmente, con mucho gusto despu\u00e9s, cuando \u00e9ramos buenos camaradas, dej\u00f3 de brotar en cuanto creyera que yo la amaba o sin siquiera pensar en el nombre del amor. Hab\u00eda adivinado un sentimiento inquisitivo que quiere saber. Sufre. Sin embargo, al saber y trata de saber m\u00e1s.&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed el narrador va construyendo su teor\u00eda del amor, en la que la imposibilidad de posesi\u00f3n es parte fundamental; teor\u00eda que se ve contrastada no solo con la relaci\u00f3n entre el narrador y Albertine, sino entre el bar\u00f3n de Charlus y Morel, por quien, cuando lo rechaza, est\u00e1 dispuesto a aceptar sin chistar la humillaci\u00f3n de ser expulsado de casa de los Verdurin, escena que a pesar de s\u00ed mismo atestigua el narrador. Un arist\u00f3crata, hombre del gran mundo que en otras circunstancias no hubiera aceptado ese trato por parte de burgueses. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En esa tensi\u00f3n, entre poseer y la imposibilidad de poseer por entero a una persona, es que se desarrolla la relaci\u00f3n entre Albertine y el narrador, \u00e9l la quiere mantener en su apartamento, vigilada, convertida en una prisionera, siendo \u00e9l mismo carcelero y prisionero de la pasi\u00f3n. Una pasi\u00f3n que se apacigua y parece desaparecer mientras ella est\u00e1 d\u00f3cil y a su disposici\u00f3n \u2014tanto que \u00e9l cree ya no amarla\u2014 y que se acrecienta cada vez que ella hace el esfuerzo por escaparse. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A decir verdad, cuando empezaba a mirarla como un \u00e1ngel musical, maravillosamente patinado y que me alegraba poseer, no tardaba en hacerse me indiferente. Me aburr\u00eda muy pronto a su lado, pero esos instantes duraban poco. S\u00f3lo se ama aquello en lo que se busca algo inaccesible, solo se ama lo que no se tiene y muy pronto me volv\u00eda a dar cuenta de que no pose\u00eda Albertine.&nbsp;<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los aparadores de las librer\u00edas apareci\u00f3 en 1923 La prisonni\u00e8re, el tomo m\u00e1s reciente, en ese momento, de En busca del tiempo perdido \u2014otras traducciones la presentan como A la busca del tiempo perdido\u2014. 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