{"id":48164,"date":"2022-09-01T07:00:25","date_gmt":"2022-09-01T12:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=48164"},"modified":"2026-10-27T12:53:41","modified_gmt":"2026-10-27T18:53:41","slug":"encuentrame-afuera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=48164","title":{"rendered":"ENCU\u00c9NTRAME AFUERA"},"content":{"rendered":"<p>PARQUES LINEALES<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Qu\u00e9 hermosa la polic\u00eda montada, la miel de maple, el guardabosques, una fila de caballos que tira con fuerza, como si me deslizara en trineo, por las calles de Montreal. Es invierno y camino sin mirar a ning\u00fan lado. Me dirijo a prisa hacia el departamento que alquilo en Rosemont, el antiguo barrio de mi hermano. Tiene balc\u00f3n, piso de madera, un asador: lo suficiente para hacer una vida y, sin embargo, lo \u00fanico que me agrada es contemplar desde ah\u00ed el estadio ol\u00edmpico. Soy fan deNadia Com\u0103neci y una de esas personas que usa cupones de descuento en el supermercado. Mis vecinos, como buenos canadienses, no usan botas dentro del hogar, las dejan en el pasillo. No imaginan que a veces, cuando subo las escaleras, las miro \u2014inspecciono las agujetas, el forro, las levanto r\u00e1pido\u2014. Poco saben de m\u00ed. Yo tengo una forma de saber c\u00f3mo son.<\/p>\n<p>Avalancha en la lengua. Llego a casa por fin con mi bolsa del s\u00faper llena de fruta y caramelos. Ah\u00ed est\u00e1 Tiago, mi compa\u00f1ero de departamento. Insiste en hacer para los dos, con su escobita, un lugar habitable. Vino de S\u00e3o Paulo, es un prometedor astrof\u00edsico. Tiene sue\u00f1os. Proyectos. Lo saludo breve:<\/p>\n<p>\u2014Gracias por limpiar.<\/p>\n<p>Y me apresuro al cuarto.<\/p>\n<p>Lo primero que hago es desnudarme, botar la ropa entre los platos sucios que se acumulan junto a la cama. No me molesto en recoger los pa\u00f1uelos usados, los envoltorios de condones, los corazones de manzana que le dan a la habitaci\u00f3n un olor \u00e1cido y se descomponen poco a poco. Tengo fastidio y me tiro sobre el edred\u00f3n a ver mi mapa anexo a la <em>Gu\u00eda Michelin<\/em> de la ciudad.<\/p>\n<p>Con plum\u00f3n rojo se\u00f1al\u00e9 las \u00e1reas verdes, esas que le gustan mucho a mi hermano, experto en parques, fascinado desde siempre por el pasto, las flores, las ardillas, por los zapatos de nieve que nunca, bajo ning\u00fan pretexto, habr\u00edamos usado en M\u00e9xico. Fulminado por su necesidad buc\u00f3lica, se hizo el <em>quebecois<\/em> diez a\u00f1os. Despu\u00e9s se fue no s\u00e9 a d\u00f3nde. \u00c9l sale de escena, yo aparezco. Hice el equipaje y vine al pa\u00eds del norte solo despu\u00e9s de que se marchara. El pretexto una beca, mi tesis sobre inmigraci\u00f3n franc\u00f3fona, siglo XVIII: algo que nunca, nadie, va a leer.<\/p>\n<p>El mapa muestra dos cosas: las zonas de ox\u00edgeno puro y las de asfalto. Ver los trazos de Montreal es ver una parte de mi familia. Montreal, como mi familia, me produce sospechas: nada bueno puede ofrecer un sitio que se congela a\u00f1o con a\u00f1o, que se convierte en un refrigerador mohoso, lleno de conservas. Lo miro con cuidado, desde Longueuil hasta Dollard-Des-Ormeaux y pienso vaya nombres impronunciables, vaya ciudad tan fea, de l\u00edneas perfectas, llena de gente alta. De pronto ya tengo bruxismo, el papel a medio mil\u00edmetro de la cara, como si eso pudiera ayudarme, acercarme a lo que quiero.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda sin hallazgos. El mapa en el suelo. Voy a la ventana. El estadio ah\u00ed, iluminado. Abajo la calle. Exhalo. Imagino que alguien pasa y me sostiene la mirada, un par de ojos lascivos que me invitan a perderme\u00a0en los senderos del jard\u00edn bot\u00e1nico, oscuros antes de la hora de cierre, pero se van los minutos, nadie pasa.<\/p>\n<p>Creo que es momento. Una dosis no me vendr\u00e1 mal. En el tel\u00e9fono, mensajes pendientes de mam\u00e1 y la asesora de tesis. Los ignoro. Voy directo a la galer\u00eda y deslizo los retratos de Olivier, mi sobrino, un ni\u00f1o de la provincia de Quebec, mitad mexicano, mitad le\u00f1ador. Desaparecido tambi\u00e9n, junto a mi hermano y su esposa. Me arrastro a la cama, paso las fotos una por una: brazo fracturado, diente de leche, raquetas. La mand\u00edbula se relaja. Disfruto ampliar con los dedos, hay detalles muy peque\u00f1os al fondo y los miro bien. Por fin la avalancha sale, mi aliento sobre el colch\u00f3n. Mi sobrino a sus cinco a\u00f1os, a los seis a\u00f1os, a los tres meses de nacido. Mi sobrino salud\u00e1ndome con su manita p\u00e1lida. Lo miro y pienso: se parece a m\u00ed, no a mi hermano, tiene mi cabello y mis ojos, los hoyuelos que se me forman al sonre\u00edr.<\/p>\n<p>Cuando termino de ver las fotos ya es de noche, nada ha cambiado, sigo a solas. Me muerdo los labios. No me dar\u00e9 por vencido todav\u00eda. Ma\u00f1ana seguir\u00e9 buscando. El resto del invierno y lo que venga despu\u00e9s. Planeo con mucho detalle lo que har\u00e9: algo hermoso ser\u00e1. Y me dan escalofr\u00edos. Aqu\u00ed no hay calefactor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Me despierta el pitido de las gr\u00faas quitanieves que retroceden y avanzan sobre la avenida. Las conducen haitianos, musulmanes. A veces los saludo, intercambiamos palabras como si fu\u00e9ramos amigos. Ellos saben de anonimato. Mi\u00e9rcoles, media semana, ayer beb\u00ed. Una botella de vino blanco entera. Eso quiere decir sensaci\u00f3n de fracaso, decir nadie estuvo en casa, comparti\u00f3 su cuerpo con el m\u00edo, hoy vulnerable, poco cubierto. Voy con retraso, la asesora me va a matar con su serm\u00f3n,\u00a0me intoxicar\u00e1 si no me tempero r\u00e1pido bajo el agua. Uso los mismos calcetines de ayer, le robo a Tiago cereal, germen de alfalfa: lo como a pu\u00f1os. Imagino lo que podr\u00eda decir a un guardia forestal, a un gendarme: si es un crimen ser un hombre que desayuna solo, se\u00f1or, si es un crimen ser alguien que se peina el cabello con cera frente al espejo porque desea entender la belleza contempor\u00e1nea, entonces, le dir\u00eda, venga por m\u00ed.<\/p>\n<p>La sed me invade mientras bajo las escaleras, los vecinos se fueron. Hay rituales de todos los d\u00edas: tener la lengua seca, abrir la puerta de acero del edificio, salir a la intemperie. Es dif\u00edcil. El viento es dif\u00edcil, pero necesario. Entre el departamento y la parada de autob\u00fas hay un jard\u00edn de ni\u00f1os. A veces mi paso coincide con la clase de educaci\u00f3n f\u00edsica. Voy siempre encorvado de fr\u00edo, pero los ni\u00f1os pueden darle vueltas al patio, subir las manos como si estuvieran dise\u00f1ados para la temperatura. Hoy no hay nadie, sin embargo. Algunos d\u00edas, cuando paso por aqu\u00ed, imagino a Olivier hacer deporte. Quiz\u00e1 la escuela que est\u00e1 en el cruce de la Vingt-cinqui\u00e8me Avenue y el Boulevard era la suya. No puedo asegurarlo.<\/p>\n<p>Junto monedas y hago fila. El autob\u00fas llega pronto. Elijo uno de los asientos de atr\u00e1s. Cuando el chofer pisa el acelerador, giro la cabeza y contemplo un detalle, algo de lo que no me hab\u00eda percatado: ninguna reja circunda la escuela, entre el patio de nieve y la calle no se interpone nada. Nadie se roba a los ni\u00f1os en Quebec, dec\u00eda mi hermano, en Montreal todo est\u00e1 bien.<\/p>\n<p>Me muerdo las u\u00f1as hasta llegar al sem\u00e1foro.<\/p>\n<p>Atravieso a paso r\u00e1pido el estacionamiento del campus universitario. Est\u00e1 lleno de estudiantes de posgrado internacionales, coeficientes que se arruinan por el tabaco y el exceso de libros, los llevan de un lado a\u00a0otro, son j\u00f3venes, disfrutan las bicicletas. Aqu\u00ed hay espacio para todos. Me excuso con mi asesora de tesis, su oficina huele a avellanas.<\/p>\n<p>\u2014Nicole, estoy atorado con el cap\u00edtulo.<\/p>\n<p>\u2014No desistas, <em>Alfons\u00f3<\/em> \u2014me dice.<\/p>\n<p>Es <em>Alfonso<\/em>, sin acento, le quiero decir, pero de inmediato suelta un \u201cno perdamos el tiempo\u201d, me sepulta bajo una pila de art\u00edculos que fotocopi\u00f3 para m\u00ed. Tan pronto abre la boca da nombres, fechas, su voz es la de un pato que da vueltas en c\u00edrculo, nunca se agota. Me tenso de a poco en la silla de cuero, olvido los graznidos, no puedo dejar de pensar en el patio del jard\u00edn de ni\u00f1os, en la reja, cu\u00e1l ser\u00eda la diferencia si hubiera una reja entre el patio y la calle. Eso es lo m\u00e1s importante, no me interesa leer, a nadie le importa el siglo XVIII, ni siquiera noto cuando Nicole cambia el tema y comienza a hablar de su divorcio, como cada vez que estoy aqu\u00ed. Levanto los ojos. Es vieja, est\u00e1 sola, qu\u00e9 desgracia, el marido la dej\u00f3 despu\u00e9s de cuarenta a\u00f1os juntos. Me gustar\u00eda ofrecerle un pa\u00f1uelo, darle una lata de galletas, hacer que de una vez por todas me deje en paz.<\/p>\n<p>\u2014D\u00e9sol\u00e9, madame \u2014le digo\u2014, pero tengo que recoger a mi hijo en la escuela, hoy vamos a la pista de hielo.<\/p>\n<p>\u2014Saludos a tu beb\u00e9 \u2014me dice.<\/p>\n<p>Le sonr\u00edo. Yo soy uno de los pocos estudiantes que la escucha y llega acicalado a la oficina; eso basta para que piense que soy padre y tengo ocupaciones, para que me deje entregarle incompleto el avance. Est\u00e1 convencida de que el omega 3 de las avellanas la volver\u00e1 joven, se conforma con las fotos de Olivier que le mando en momentos apropiados, me responde con corazones.<\/p>\n<p>En el pasillo no soporto el cuchicheo de los estudiantes. El c\u00famulo de informaci\u00f3n me arrastra y me obliga\u00a0a encerrarme en el ba\u00f1o. Tengo una paletita de cereza en la boca y me bajo los pantalones. Extiendo mi mapa. Dieciocho parques en tres meses, varias visitas a cada uno y todav\u00eda pocas pistas, qu\u00e9 ganas de arrancarme los ojos, no puedo creer que haya llegado el invierno, de ser verano todo ser\u00eda claro, habr\u00eda color, pero tengo que conformarme. Tranquilo, me digo, vas a terminar la tesis, mam\u00e1 va a estar orgullosa de ti. Me atraganto la risa. Por supuesto, por primera vez orgullosa de m\u00ed. Mam\u00e1 diciendo, <em>tambi\u00e9n est\u00e1s en Montreal como tu hermano, qu\u00e9 bueno, hasta que decides hacer algo de tu vida<\/em>. Es como si la escuchara ahora. Y si pudiera responder, dir\u00eda: esto es lo que hago de mi vida: selecciono un parque cercano a la ruta transcanadiense, el Parc Jarry, con la ilusi\u00f3n de recorrerlo entero, agotarme los m\u00fasculos trot\u00e1ndolo. Encontrar\u00e9 algo, le dir\u00eda, ya ver\u00e1s.<\/p>\n<p>Un estudiante toca la puerta del cub\u00edculo con urgencia, me insulta, dice que ya me tard\u00e9. Da igual. Hace mucho que termin\u00e9, pero me quedo m\u00e1s tiempo solo para disgustarlo. Imagino los adoquines del parque, sus formas hexagonales; deliro como heroin\u00f3mano ansioso de piquetes. Cuando est\u00e9 ah\u00ed voy a respirar fuerte para que no se me baje la presi\u00f3n: el aire de esta ciudad me da asma; el r\u00edo Saint Laurent, conjuntivitis. Aborrezco sentarme en bancas congeladas a comer pechuga de pollo y ar\u00fagula en un <em>tupperware<\/em>, el tenedor fr\u00edo chocando con mis dientes.<\/p>\n<p>Es la \u00fanica forma de seguir la b\u00fasqueda: en los parques hay ni\u00f1os. Desde las bancas los miro. Hay padres, en los parques, que aman sin condici\u00f3n. Y los miro tambi\u00e9n. Salgo del ba\u00f1o y ni siquiera le hago caso al estudiante enfurecido, diarreico de notas al pie.<\/p>\n<p>\u00c9l no tiene nada; yo dos cosas: fotos y parques.<\/p>\n<p>Tengo que hacerme sentir.<\/p>\n<p>Olivier, el cabello rubio, corto al ras.<\/p>\n<p>Sentir. Como si pudiera, yo, ser algo que no soy. Que no ser\u00e9. Nunca. Perd\u00f3n, mam\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El lunes tormenta de nieve. Encerrados Tiago y yo sin hablar, fumando en extremos contrarios. El martes, alerta de cat\u00e1strofe meteorol\u00f3gica, sopa instant\u00e1nea, doscientas lagartijas. El mi\u00e9rcoles ya parece otra era. Nos gastamos junto al asador, en ropa deportiva. Y el jueves la ciudad bombardeada, en calma, nada en el cielo, imposible saber el rencor que se oculta bajo las superficies, la forma en que mis m\u00fasculos se atrofian. Tres d\u00edas y ya me quiero morir.<\/p>\n<p>Coucou, les amis! Es hora de marcharse. A las dos de la tarde monto el autob\u00fas de la Societ\u00e9 de Transport, reaparezco. Entro de puntitas al bosque. Parque La Fontaine y tengo un gorro bolchevique puesto, me doy asco, es rid\u00edculo, no estoy en Siberia, pero luzco como bailar\u00edn de danza cl\u00e1sica, Anna P\u00e1vlova, un especialista, Olga Korbut en la viga de equilibrio. No puedo resbalar. El parque est\u00e1 cubierto de blanco, es como Disneylandia en glaciaci\u00f3n, es complejo recorrerlo. Los trabajadores palean la nieve, despejan los senderos, buscan concentrados un tesoro. Tenemos la piel reseca. No ocultamos la ambici\u00f3n.<\/p>\n<p>Los trabajadores del ayuntamiento ganan poco y, como yo, desean la primavera. Al aproximarme me interesa su trabajo, por nimio: mover nieve es in\u00fatil si va a derretirse, si llega cada vez m\u00e1s y m\u00e1s. A principios de abril cortar\u00e1n setos, mantendr\u00e1n el pasto.<\/p>\n<p>No puedo evitarlo, me acerco a uno y le pregunto si le puedo dar unas paladas a la nieve.<\/p>\n<p>Me muestro ansioso, a veces uno se debe al cuerpo.<\/p>\n<p>\u2014Si usted quiere, patr\u00f3n \u2014me dice.<\/p>\n<p>\u2014Deme ac\u00e1.<\/p>\n<p>Hundo la pala, necesito trabajar los brazos, estirar los dorsales, solo as\u00ed, alguien, me notar\u00e1. Me concentro, apenas levanto el brazo me siento ni\u00f1o otra vez con mi hermano, excavando en el jard\u00edn para enterrar a nuestro foxhound reci\u00e9n muerto, siguiendo por la banqueta para llegar al otro lado de una avenida congestionada, no respetando los sem\u00e1foros en verde, moli\u00e9ndonos los ojos a pu\u00f1etazos. Recuerdo y el hielo cae, estalla, forma un relieve. Me acelero como si estuviera en el casino. Podr\u00eda hacer esto toda la vida, me digo, no escuchar, no hablar con nadie. No es imposible sudar a doce grados bajo cero.<\/p>\n<p>Una vez que re\u00fano el calor suficiente devuelvo la pala. El hombre tiene un mostacho.<\/p>\n<p>\u2014Me gusta su gorro \u2014dice\u2014, yo tambi\u00e9n voto por la izquierda.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, patr\u00f3n \u2014le digo limpi\u00e1ndome la frente.<\/p>\n<p>Como si fu\u00e9ramos el mismo.<\/p>\n<p>Me alejo. Busco caramelos en el bolsillo del abrigo, me pongo los guantes. Dej\u00e9 de sentir las manos en esta ciudad hace tanto. Me cuesta llevarme los dulces a la boca. No quiero recordar m\u00e1s. Si lo hago voy a regresar al trabajo f\u00edsico hasta que me ardan los antebrazos, acabar\u00e9 con toda la nieve de la provincia.<\/p>\n<p>Si regresara y le dijera al hombre que compr\u00e9 el gorro ruso en una tienda lujosa, en uno de los t\u00faneles subterr\u00e1neos, entre Square Victoria y Bonaventure, me odiar\u00eda. Suelo pasear a veces por esos t\u00faneles, conectan varias estaciones de metro, est\u00e1n llenos de tiendas, caf\u00e9s, museos. No hace falta la intemperie ah\u00ed. Soy un topo, a oscuras, entre la gente. Uso la tarjeta de cr\u00e9dito una que otra vez.<\/p>\n<p>Voy a trote. Hay sol, a pesar de todo. Doscientos metros, cardio, tengo que comprarme unas nuevas botas pronto, ya agot\u00e9 las que tengo. Escucho el ladrido de un perro, giro la cabeza de inmediato: es id\u00e9ntico al de nuestro peque\u00f1o foxhound. \u00bfQu\u00e9 es esto? Enfoco la mirada. Una mujer casta\u00f1a le avienta un <em>frisbee<\/em> al perrito. \u00c9l va, vuelve fren\u00e9tico, dejando huellas. Hay un ni\u00f1o, tambi\u00e9n. El hijo. Ah\u00ed est\u00e1. Una inspecci\u00f3n. No se parece a Olivier, es moreno. El perro, concluyo, no se parece al foxhound, es un labrador. El semblante del ni\u00f1o, sin embargo, se parece al m\u00edo. A\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Y me provoca acercarme, hacer comentarios sobre el clima, ganarme su complicidad, decir yo tambi\u00e9n tuve un perro como este, era en\u00e9rgico, nos daba cari\u00f1o, pero me quedo plantado en los adoquines, las manos en pu\u00f1o. De qu\u00e9 sirve salir si la distancia entre nosotros nunca se diluye. Ojal\u00e1 pudiera aproximarme al ni\u00f1o \u2014calculo que tiene siete a\u00f1os\u2014 y darle consejos para andar sobre la nieve. C\u00f3mo es hacer eso con un hijo, quiero saber. Estar en la feria. Caramelos de an\u00eds, menta en la boca del padre y el beb\u00e9, algod\u00f3n de az\u00facar. El cuerpo me invita al avance, pero me bloqueo. Persiste el paleo de la nieve, a lo lejos, todav\u00eda, como un taladro.<\/p>\n<p>Un hombre alto se acerca, hace lo que yo no. Tiene barba. Es bello y besa a la mujer, carga al ni\u00f1o en hombros. El ni\u00f1o mira directo al sol, levanta el brazo y enseguida, el dedo \u00edndice. El padre muestra la direcci\u00f3n, se van todos, yo me quedo. Me dan n\u00e1useas. Debajo del abrigo estoy h\u00famedo.<\/p>\n<p>Y es ah\u00ed cuando escupo, uno por uno, los caramelos.<\/p>\n<p>Sobre la nieve son rojos, azules. Ya no son m\u00edos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Frente a la m\u00e1quina expendedora de jugos en la estaci\u00f3n Berri-UQAM. No voy a pasar a la universidad, comer\u00a0avellanas, pretender que leo en la biblioteca del campus hasta que me ardan los ojos. Solo quiero un jugo y meto dinero a la m\u00e1quina. Hay naranjas frescas dentro, la gente pasa. Las frutas se deslizan por una banda, son cortadas, me entregan un l\u00edquido caro y lujoso. No es temporada, no es mi pa\u00eds.<\/p>\n<p>Un verano, a los seis, Olivier visit\u00f3 M\u00e9xico, mam\u00e1 se ca\u00eda del gusto, a pesar de que no pod\u00eda comunicarse con \u00e9l, ni con mi cu\u00f1ada, porque no hablaban espa\u00f1ol. Mientras mam\u00e1, su nuera y su hijo, traducci\u00f3n mediante, beb\u00edan martinis, me dejaron llevar a Olivier de paseo. El d\u00eda entero para nosotros. Los jueguitos del centro comercial, la tienda de bicicletas. Quise comprarle una, verlo moverse r\u00e1pido por las banquetas de la Colonia del Valle. Luego McDonald\u2019s, nuggets, chocolate, nuestro amor por la diabetes y el cart\u00f3n. Me jal\u00f3 de la pierna: \u2014Alfons\u00f3, ven, ven\u2014 hasta los t\u00faneles de pl\u00e1stico. No he podido olvidar su exhibici\u00f3n de urgencia, su necesidad de alberca de pelotas, como si fuera un adicto al cigarro con s\u00edndrome de abstinencia, igual que su padre.<\/p>\n<p>Imposible negarse a las peticiones de un ni\u00f1o. Lo dej\u00e9 entrar a los toboganes, irse, una y otra vez, pero lo perd\u00ed de vista sin darme cuenta, las papas rebosando grasa mientras los ni\u00f1os, todos menos \u00e9l, sal\u00edan de la boca del tobog\u00e1n y volv\u00edan a esconderse. No pude introducirme en el laberinto de t\u00faneles, me abrumaba no encontrarlo entre el pl\u00e1stico sucio y lleno de g\u00e9rmenes. Los brazos en par\u00e1lisis, el ojo izquierdo sali\u00e9ndose de la cuenca. Un momento de distracci\u00f3n y todo hab\u00eda cambiado. Hice preguntas, di caracter\u00edsticas. Ninguno de los ni\u00f1os lo hab\u00eda visto. Pens\u00e9 salir del restaurante y atravesar a toda prisa Insurgentes hasta el Parque Hundido. Quiz\u00e1 estar\u00eda ah\u00ed, se lo habr\u00eda llevado alg\u00fan hombre.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico nada est\u00e1 bien, le respond\u00eda yo a mi hermano, en M\u00e9xico te pueden robar lo que sea.<\/p>\n<p>Olivier, escapado de mi vista, se habr\u00eda ido con alguien, pens\u00e9, habr\u00eda recordado alguno de los parques de Montreal, sucumbido por la promesa del verde. Ese alguien lo habr\u00eda llevado en un auto fuera de la ciudad, le habr\u00eda dado un caramelo, despu\u00e9s maniatado. En una caba\u00f1a, me dije. S\u00ed, a mitad del bosque. Y lo peor: le habr\u00eda hecho cosquillas.<\/p>\n<p>No sucedi\u00f3 as\u00ed. Alguien me inform\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Ah\u00ed est\u00e1 su hijo.<\/p>\n<p>Olivier hab\u00eda ido al ba\u00f1o por su cuenta. Regresaba descalzo hacia m\u00ed. Una escena de reencuentro en un McDonald\u2019s, kil\u00f3metros de separaci\u00f3n, a\u00f1os, d\u00e9cadas, un cuerpo contra el otro, un abrazo, la voracidad de las u\u00f1as enterr\u00e1ndose en la playerita a rayas.<\/p>\n<p>\u2014No te vayas sin pedir permiso, \u00bfde acuerdo?<\/p>\n<p>Le acerqu\u00e9 el jugo.<\/p>\n<p>\u2014Debes tener sed.<\/p>\n<p>Lo inclin\u00e9 contra su boca. Me lo arrebat\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Yo puedo tomar solo.<\/p>\n<p>Y lo mir\u00e9 beber, volviendo en m\u00ed.<\/p>\n<p>Lo hizo de un trago. Era de naranja.<\/p>\n<p>La gente apurada pasa por todas partes en esta conexi\u00f3n de metro. Nadie quiere perder el siguiente tren. La m\u00e1quina chirr\u00eda y el jugo cae r\u00e1pido al vasito reciclable. Me desquicia, algunas veces, todav\u00eda, pensar en aquella tarde. En la posibilidad del cuidado. Necesito llenarme, golpearme el pecho con satisfacci\u00f3n, saciar. Palear nieve es complejo, requiere energ\u00eda y afrenta.<\/p>\n<p>Tomo el jugo a prisa, me inclino hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Tiro el vasito al piso de la estaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me integro a la multitud.<\/p>\n<p>En el metro acidez estomacal. Un grupo de adolescentes molesta a una estudiante musulmana como si ocultara un <em>kal\u00e1shnikov<\/em> en su bolsa. La asesora acaba de enviarme un mensaje, me pide el avance, interesada en migraciones, notas al pie, no la soporto a veces, su labial caro en la foto miniatura me provoca enterrarla en la nieve. Prochaine station, una anciana me pide que le ceda el asiento a pesar de todos los espacios disponibles. Lo hago, me acomodo junto a las puertas, me miro la barba en el reflejo, nunca la recorto. Le env\u00edo a la asesora una foto de Olivier con el brazo roto: perd\u00f3n, Nicole, se cay\u00f3 de las escaleras, estoy triste, pero avanzando en la tesis, te llevo el cap\u00edtulo la pr\u00f3xima semana.\u00a0\u201cPero mon Dieu, cuida a ese beb\u00e9\u201d escribe ella.<\/p>\n<p>Me encanta que se preocupe. Le voy a comprar un frasco de avellanas.<\/p>\n<p>\u2014Ya te vas a la <em>yihad<\/em>, terrorista \u2014le dicen a la estudiante.<\/p>\n<p>Nadie la ayuda.<\/p>\n<p>Me r\u00edo con estr\u00e9pito. Diez segundos, quince. Nicole me ha tomado en serio una vez m\u00e1s. Un veneno. Contamino el espacio. Medio minuto y no puedo parar. Los estudiantes y la chica de velo giran, bajan el volumen, se olvidan de su juego de p\u00faberes, apenas les sale la barba, pero yo <em>in crescendo<\/em>, intoxicado.<\/p>\n<p>Imb\u00e9ciles. Nunca escribir\u00e1n una tesis, lo s\u00e9, a lo mucho van a llegar a la prisi\u00f3n local.<\/p>\n<p>Miro a la chica un momento. Cuando llegamos a la estaci\u00f3n Laurier sale del vag\u00f3n disparada, se abre paso con el bolso a cuestas y se aleja corriendo.<\/p>\n<p>Yo bajar\u00e9 en la siguiente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ciudad sin mapa no es ciudad. \u00c1reas verdes sin ciudad, qu\u00e9 son: un bosque. Y yo, uno solo con mi mapa, pero no vine como turista, a pesar de que los <em>quebecois<\/em> se\u00a0detienen, me interrumpen el flujo de pensamiento, \u201ctout va bien, t\u2019es perdu?\u201d. No estoy perdido, idiotas, estoy pensando. Cada vez m\u00e1s tiempo fuera, mirando los restaurantes cerrados. La gente va en zigzag desconcertada, el viento les tira las orejeras. Estoy en el antiguo distrito financiero, chocolate en la bolsa y s\u00e9 que no puedo equivocarme esta vez.<\/p>\n<p>Camino pr\u00f3ximo a la reja de malla y paso el pu\u00f1o por el metal hasta sentir los nudillos. Entro al parque, busco los toboganes y las ruedas giratorias como un perro que identifica trozos de carne en alg\u00fan sitio y no sabe qu\u00e9 direcci\u00f3n tomar. Entonces al fondo, entre los \u00e1rboles, los encuentro. Me apresuro. Resbalo. Casi me orino. Golpeo mi tel\u00e9fono con los dedos, funciona mal con el clima. Recorro las fotos, las he estado viendo en casa, regresivo, identificando sitios. Y al ver el pasamanos frente a m\u00ed, lo s\u00e9: Olivier estuvo aqu\u00ed. A los cinco a\u00f1os se colg\u00f3 de \u00e9l y le tomaron una foto.<\/p>\n<p>Mi presi\u00f3n a tope, el vaho, la escarcha sobre mi pelo. Ninguna duda.<\/p>\n<p>El pasamanos desgast\u00f3 su pintura y ahora est\u00e1 lleno de car\u00e1mbanos. Boxeo hasta demolerlos. Quiero sentir el metal, el mismo que \u00e9l toc\u00f3 con urgencia, recorrerlo sin guantes, como si lo preparara con magnesia para ayudarle a subir, como si \u00e9l fuera un gimnasta de la barra alta, mejor que Nadia Com\u0103neci. El metal congelado me quema, pero eso es fascinante, quemarse por dentro e incluso por fuera es sentir algo. Me voy a la calle dici\u00e9ndome: mi cuerpo puede derretirlo todo.<\/p>\n<p>Soy alguien otra vez.<\/p>\n<p>Euf\u00f3rico, me pierdo entre las conexiones del metro. Quiero pista de hielo, filo, patines, helada. Quiz\u00e1 Montreal no est\u00e1 tan mal despu\u00e9s de todo. Pago unos d\u00f3lares y me descalzo.<\/p>\n<p>Deme esos patines de cuero, buen canadiense, s\u00e9 c\u00f3mo hacer esto, lo practiqu\u00e9 muchas veces en la pista de hielo de Buenavista.<\/p>\n<p>Liso, blanco es Quebec.<\/p>\n<p>Acelero, no tengo frenos, busc\u00e1ndolo como si se me hubiera perdido entre la gente, ese hijo m\u00edo, tan r\u00e1pido, mejor que yo, experto en las artes del fr\u00edo. No conozco la contenci\u00f3n, un hallazgo es suficiente para volcarme todo. Mis patines hieren la superficie, soy un esquiador y nada me importa. Las se\u00f1ales de modere la velocidad, el \u201cMonsieur, arretez!\u201d no es una advertencia. Quieren estar tranquilos, no saben nada: no han visto a un hombre perderse, sin aliento, en s\u00ed mismo. Y dos me derriban sobre la pista con todo el peso de sus cuerpos, mi sien impacta contra la superficie lisa y entonces el freno, la sangre.<\/p>\n<p>Esto, mesdames et messieurs, es el hielo.<\/p>\n<p>Estar vivo.<\/p>\n<p>Sobre un tronco partido una joven me aplica agua oxigenada, no es necesario, arde. El polic\u00eda me entrega una multa, me recrimina el comportamiento.<\/p>\n<p>\u2014Haga lo que quiera \u2014le digo\u2014, yo lo pago, solo quiero volver a casa con mi hijo.<\/p>\n<p>Tomo un taxi hasta Rosemont, subo las escaleras, todo duele, Tiago est\u00e1 en su cuarto. Me echo en la cama, saco el chocolate del bolsillo, se tritur\u00f3, eso me decepciona, el paladar se me qued\u00f3 g\u00e9lido, sabor a metal. Quisiera no pensar en otra cosa que no sea el \u00e9xito, pero Tiago golpea la puerta y me interrumpe, ojal\u00e1 se fuera. \u00bfQu\u00e9 es esta vez? \u00bfEl recibo de la luz? \u00bfEl del gas? No se lo perdono.<\/p>\n<p>Recorro los tres metros de habitaci\u00f3n sin molestarme en limpiar ni un poco, sin modificar nada. Abro y \u00e9l se queda paralizado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero qu\u00e9 te pas\u00f3, est\u00e1s bien?<\/p>\n<p>\u2014Me ca\u00ed de la bicicleta \u2014digo se\u00f1al\u00e1ndome la herida con los dedos en forma de pistola.<\/p>\n<p>Y \u00e9l no sabe qu\u00e9 decir, mira enseguida la habitaci\u00f3n, toda la suciedad que le muestro. La exposici\u00f3n de mi intimidad, las manzanas.<\/p>\n<p>Me dice que viene su novia para cenar lasa\u00f1a y que me invitan. Yo digo que no tengo hambre. \u00c9l se calla un momento, pero despu\u00e9s tartamudea que nos hacen falta platos en la cocina y que, si no me molesta, \u00e9l lava los que tengo en el cuarto. Le digo que s\u00ed, te los dejo en el fregadero.<\/p>\n<p>Cierro la puerta, abro las persianas y miro la torre del estadio. No comprendo c\u00f3mo Tiago pretende descifrar los misterios del universo si se la pasa extra\u00f1ando el mar y a su madre, si tiene esa novia tan anodina que es id\u00e9ntica a \u00e9l, casi gemelos, casi incesto. Me dan asco.<\/p>\n<p>Estar\u00e9 bien solo, por mi cuenta toda la noche, me digo, pero m\u00e1s tarde, cuando siento hambre, me arrepiento de no haber aceptado la invitaci\u00f3n. Escucho a la pareja prender el horno, chocar las copas, re\u00edr en una ceremonia dom\u00e9stica que probablemente tambi\u00e9n hac\u00eda mi hermano en alguna de estas cuadras cuando Olivier estaba dormido en su casa de los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>La novia y Tiago se meten al cuarto, y se meten las lenguas. Me paso todo el rato escuchando sus gemidos sentado en el piso. Me pico los ojos.<\/p>\n<p>A veces pienso: Tiago es mi \u00fanica familia en Montreal, compartimos sala, cocina, nos acompa\u00f1amos, dormimos en el mismo hogar. No me basta. Olivier no est\u00e1 aqu\u00ed y \u00e9l es la \u00fanica familia que importa. Una notificaci\u00f3n en mi tel\u00e9fono me dice que ma\u00f1ana es su cumplea\u00f1os. Ocho ya. Tan pronto.<\/p>\n<p>Una foto suya: gorrito, confetti. Acaricio la pantalla.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando ya no hay ruido, voy a la cocina.<\/p>\n<p>Tiago me dej\u00f3 un trozo de lasa\u00f1a, una nota pegada en la mesa: \u201cMej\u00f3rate\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es su cumplea\u00f1os y me paseo tarde por las calles. Entregu\u00e9 el avance, m\u00e1s temprano com\u00ed pastel en una cafeter\u00eda. Quiero celebrar, qu\u00e9 importa la tarjeta de cr\u00e9dito, puedo pedir prestado. Mezclo ginebra con cerveza, una tras otra, fumo, no me limito. Es necesario. Me explotar\u00e9 este d\u00eda mientras viva. Estoy en un sitio en Le Village, la zona gay de la ciudad, e intercambio miradas. Aqu\u00ed nadie lleva abrigo, los cuerpos musculosos recuerdan el verano, se olvidan de los veinte grados bajo cero.<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil seducir hombres si est\u00e1s en el lugar indicado, llegar a su altura, decir qu\u00e9 est\u00e1s bebiendo, vienes muy seguido aqu\u00ed. Percibir su olor a le\u00f1a. Alabar las camisas a cuadros. Me quedo bailando un rato solo, mirando en todas direcciones. Kylie Minogue, genial. <em>No puedo vivir si vivir es sin ti<\/em>, dice Mariah Carey. Me gusto a veces, algunos d\u00edas.<\/p>\n<p>Un cruce de miradas cerca de la barra y conozco a Adrien entre luces. Es alto, de cabello corto, lleva puesta una playera con la carita deNadia Com\u0103neci, tiene la mezcla de timidez y arrojo que amo.<\/p>\n<p>Es para m\u00ed. Me abro paso hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>A los diez minutos salimos a trompicones del bar y nos subimos a un taxi. En el asiento trasero nos abrazamos, nos damos calor, la ciudad se refleja azul en los vidrios polarizados, la radio encendida, como si hubiera pasado otras veces, con el mismo cuerpo, a las cuatro de la ma\u00f1ana. El taxista nos echa una mirada, lo desafiamos con dientes vamp\u00edricos. Brillamos de vez en vez.<\/p>\n<p>Bajamos en la entrada del edificio, \u00e9l casi en cuatro. Subimos las escaleras y nos tropezamos con las botas de los vecinos.<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana las encontrar\u00e1n revueltas, buscar\u00e1n poner orden.<\/p>\n<p>Abro la puerta del hogar a oscuras, jalo del brazo a Adrien hasta la habitaci\u00f3n, hacemos ruido, no guardamos la carcajada. Ning\u00fan espacio para la charla. Los platos sucios, las fotocopias.<\/p>\n<p>Lo miro, contra mi edred\u00f3n sucio lo empujo, le bajo los pantalones, voy contra \u00e9l. Miel de maple. Eres t\u00fa el que est\u00e1 solo, \u00bfno es cierto? Polic\u00eda montada. Peque\u00f1o criminal. Adrien gime, necesita. Lo manipulo, le lamo la espalda con mi lengua seca. Hacha. Nos encontramos a mitad del bosque. Le\u00f1ador.<\/p>\n<p>Trineo.<\/p>\n<p>Le doy todo. Mis horas de soledad.<\/p>\n<p>Me vac\u00edo. Exhalamos. Ya est\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La luz horas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Estoy crudo. Apesto. Voy al ba\u00f1o y me enjuago la boca.<\/p>\n<p>Al regresar, Adrien se pone la ropa a prisa, se acerca a mi espejito, se pasa los dedos por la cara.<\/p>\n<p>\u2014No quiero ser viejo \u2014me dice.<\/p>\n<p>Es tan feo como los estudiantes de la universidad, ya no lo reconozco. Busco mis pantalones y me los pongo, pero quiero creer que no va a marcharse, que se quedar\u00e1 un poco m\u00e1s, o mucho tiempo m\u00e1s, que llegaremos alg\u00fan d\u00eda a escoger muebles juntos, que viajaremos, haremos planes.<\/p>\n<p>Le junto la ropa, lo ayudo a vestirse, le acomodo los botones y el pelo.<\/p>\n<p>\u2014Me tratas igual que mi padre. Basta.<\/p>\n<p>Y mi mano se detiene a medias. La garganta se atora. No respondo.<\/p>\n<p>Su frase me acompa\u00f1a m\u00e1s tarde, al anudarme las botas. Y despu\u00e9s, mientras bajamos hacia la entrada. Lo contemplo de reojo y lo s\u00e9: envejecer\u00e1 cuando menos se lo imagine, se le ir\u00e1 el cuerpo, pobre tipo, jam\u00e1s tendr\u00e1 hijos. Al mirar en el pasillo el reguero de botas de todos los tama\u00f1os, algunas m\u00e1s peque\u00f1as que otras, el barandal sucio de la escalera, s\u00e9 que yo tampoco los tendr\u00e9. Quiero cepillarme los dientes hasta acabar con el esmalte, lo har\u00e9 apenas vuelva. Me repugnan mi necesidad de sexo, los agujeros de mi ropa. Siempre espero que ellos no se den cuenta de que existen, que no miren de m\u00e1s la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Domingo. Es necesario recomenzar, como siempre. Abro la puerta y \u00e9l sale, pero antes de irse, de perderse en la calle nevada, me pregunta:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn qu\u00e9 parte de la ciudad estamos?<\/p>\n<p>\u2014En Rosemont, la Petite-Patrie.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 clima \u2014me responde\u2014. No puedo esperar a que cambie.<\/p>\n<p>Se pone los guantes y se aleja. No intercambiamos n\u00fameros. No volver\u00e9 a verlo.<\/p>\n<p>Me ba\u00f1o bajo el chorro del agua.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jean Drapeau, Maissoneuve, Ren\u00e9 Levesque, Jardin Botanique, \u00cele de la Visitation y yo, Parc des Rapides, todos ellos, Complexe Environnemental Saint Michel, todo este tiempo y queda uno solo. Quiero estrellarme la cabeza contra el vidrio. El autob\u00fas me aleja de las calles del centro y me bota en el parque Mont Royal, el m\u00e1s grande de la ciudad. Una curva. El parque es una monta\u00f1a. Por ah\u00ed, en la ventana, los turistas chinos, los miradores panor\u00e1micos, binoculares que funcionan con\u00a0tres monedas. Casi nadie viene hasta ac\u00e1 en invierno, pero es fin de semana. Miro atento la se\u00f1alizaci\u00f3n. Y solicito la parada. De pronto ya estoy a mitad de una carretera vac\u00eda. A lo lejos puedo ver la ciudad entera, los rascacielos.<\/p>\n<p>Vago entre \u00e1rboles. S\u00e9 exactamente a d\u00f3nde voy: al Lago de los Castores. Y confirmo: ciudad falsa, sitio an\u00e9mico. Ning\u00fan castor, ning\u00fan pato. Un lago artificial hecho por arquitectos. Mi hermano crey\u00e9ndose en la Arcadia sin conocer el terreno. Encuentro una zona de acampar y me tiro al suelo. El lago no queda lejos, puedo verlo desde aqu\u00ed. Las familias se han reunido para comer s\u00e1ndwiches y beber whisky. Escucho las risas de los ni\u00f1os, est\u00e1n por all\u00e1: se lanzan bolas de nieve y llevan puestos, algunos, gorros de crochet.<\/p>\n<p>Entre los manteles de cuadros y los \u00e1rboles sin hojas hay un ni\u00f1o rubio, su cabello de la misma textura que el de Olivier: rizado al frente, lacio a los costados.<\/p>\n<p>Un \u00e1ngel, un alce. El sabor de la sangre en las enc\u00edas.<\/p>\n<p>Sentirlo es recordar que la herida de mi sien todav\u00eda no cicatriza. La tienda de bicicletas, mi necesidad fren\u00e9tica de ir a todas partes con \u00e9l, tan agitados, el padre y el hijo que nunca fuimos. Ni seremos. Eso arde. Quiz\u00e1 mi hermano est\u00e1 en Siberia. En el fondo, lo resiento por muchas cosas desde el principio. Ya desde ni\u00f1o sab\u00eda yo que terminar\u00edamos en pozos distintos. \u00c9l en el pozo de la familia y el orgullo de mi madre. Yo aqu\u00ed. Mi hermano me quit\u00f3 la conexi\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3xima, la \u00fanica posibilidad que ten\u00eda de cuidar a alguien m\u00e1s peque\u00f1o de alguna forma. Ahora bufo, rasco el hielo con las u\u00f1as. Sigo al ni\u00f1o de cabellos rizados. Tampoco es mi hijo. Pienso en la reja del kindergarten, en el pasamanos, la pala de nieve y las gr\u00faas. Perdedor. No hay fotocopia que te salve. Extraigo el mapa del bolsillo y lo hago\u00a0trizas. Ac\u00e1 ya no hay ciudad. A qu\u00e9 vine. Cuando regrese a M\u00e9xico har\u00e9 un trabajo mediocre, ser\u00e9 lavaplatos, me olvidar\u00e9 de todo, Nicole nunca volver\u00e1 a saber de m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014J\u2019sais ce que tu fais! Cochon!<\/p>\n<p>Alguien llega, me empuja, no me da tiempo de reaccionar. Es una mujer. Dice, como todos los canadienses, que va a llamar a la polic\u00eda. Que sabe lo que estoy haciendo. Me acusa de ver a su hijo de forma insistente, desde que estaba patinando hasta que arm\u00f3 su mu\u00f1equito de nieve.<\/p>\n<p>La miro desde abajo, no le creo.<\/p>\n<p>\u2014No hablo franc\u00e9s, se\u00f1ora. Soy turista \u2014le digo en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Y prefiero imaginar lo improbable: los gendarmes del siglo XVIII, caballos, una escena de ejecuci\u00f3n, la horca.<\/p>\n<p>Se\u00f1or guardabosques, venga por m\u00ed.<\/p>\n<p>La mujer llama con aspavientos a todos los padres de familia.<\/p>\n<p>Ellos preguntan qu\u00e9 ocurre. No tardan mucho.<\/p>\n<p>Un hombre me toma del abrigo y me patea, inspecciona mis bolsillos.<\/p>\n<p>Otro lo secunda. Un tercero me da un pu\u00f1etazo.<\/p>\n<p>La nieve es dura, no s\u00e9 qu\u00e9 hacer, pero no opongo resistencia.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s, incluso sonr\u00edo.<\/p>\n<p>Porque es la primera vez durante toda mi estancia que alguien me nota, quiere saber de m\u00ed.<\/p>\n<p>Y eso me hace sentir alguna cosa.<\/p>\n<p>Me escurre la saliva r\u00e1pido, los trozos de mi mapa quedan regados en la escarcha. Me parten la boca y aun as\u00ed, desde el suelo, sigo mirando hacia donde juegan los ni\u00f1os, todav\u00eda busc\u00e1ndolo. Qu\u00e9 podr\u00eda decir.\u00a0Ense\u00f1ar las fotos. El cabello de su hijo, fue eso, es id\u00e9ntico al del m\u00edo y perd\u00f3n, no tengo excusas. Est\u00e1 muerto, decir. Se ahog\u00f3 en este mismo lago, soltar. Soltar todo eso como un animal ante la punta de un fusil, la cabeza a punto de estallar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PARQUES LINEALES &nbsp; Qu\u00e9 hermosa la polic\u00eda montada, la miel de maple, el guardabosques, una fila de caballos que tira con fuerza, como si me deslizara en trineo, por las calles de Montreal. Es invierno y camino sin mirar a ning\u00fan lado. Me dirijo a prisa hacia el departamento que alquilo en Rosemont, el antiguo &#8230; <a title=\"ENCU\u00c9NTRAME AFUERA\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=48164\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre ENCU\u00c9NTRAME AFUERA\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":61331,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[625],"tags":[5544,3647,20,5949,5950,754,5951,5952,5953],"ppma_author":[2885],"class_list":["post-48164","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-notas","tag-adelanto","tag-canada","tag-cuento","tag-encuentrame-afuera","tag-libro","tag-migracion","tag-montreal","tag-parques-lineales","tag-premio-nacional-de-cuento-joven-comala-2020","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2885,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"cristian-lagunas","display_name":"Cristian Lagunas","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Cristian","last_name":"Lagunas","user_url":"","job_title":"","description":"Cristian Lagunas (Metepec, 1994) es licenciado en Letras Hisp\u00e1nicas por la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana. Ha recibido las becas del Fondo para la Cultura y las Artes del Estado de M\u00e9xico (2014) y de la Fundaci\u00f3n para las Letras Mexicanas (2018-2020), en el \u00e1rea de narrativa. Curs\u00f3 el Programa de Escritura Creativa en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2020."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/48164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=48164"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/48164\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":62241,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/48164\/revisions\/62241"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/61331"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=48164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=48164"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=48164"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=48164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}