{"id":46740,"date":"2022-10-20T07:00:40","date_gmt":"2022-10-20T12:00:40","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46740"},"modified":"2026-10-27T12:49:20","modified_gmt":"2026-10-27T18:49:20","slug":"manifiesto-por-una-literatura-que-piensa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46740","title":{"rendered":"Manifiesto por una literatura que piensa"},"content":{"rendered":"<p>Escribir un manifiesto, cuya pretensi\u00f3n atemporal es tan potente como la literatura, implica pronunciar que lleg\u00f3 el momento de hacer una declaraci\u00f3n. Todo manifiesto conlleva un sentido de urgencia. Y, por lo tanto, no siempre se puede distinguir entre lo que proclama y su momento. Un manifiesto anuncia, programa. Es un acto imperativo que busca dinamitar el presente para impregnarlo con la simiente del futuro, es decir una mezcla entre intervenci\u00f3n inmediata con lo que se imagina sobre el porvenir.<\/p>\n<p>Un manifiesto hoy, en pleno siglo XXI, es un gesto anacr\u00f3nico. Estoy convencida, sin embargo, de la potencia combativa de la literatura. Entre los reg\u00edmenes est\u00e9ticos y las formas de representar o pensar la realidad, el discurso literario tiene (a\u00fan) un car\u00e1cter incisivo La literatura incomoda, gusta y disgusta; se publicita, se olvida en estantes o en bodegas; se consume o se vive. Pero su fortaleza no est\u00e1 en su ciclo (re)productivo o comercial, sino en su capacidad de articular verdades.<\/p>\n<p>Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de hacer un diagn\u00f3stico del empobrecido o virtuoso estado actual de la literatura o de elaborar una cr\u00edtica sobre el tipo de escritura que hoy est\u00e1 en boga (aunque apenas se lea y muchas veces los lectores sean una aguja en un pajar),lo que busco manifestar son siete principios (n\u00famero completamente arbitrario y, \u00a0ajeno a una confluencia fant\u00e1stica) sobre lo que concibo como la literatura pensante, la cual implica atravesar los impasses de la raz\u00f3n y analizar realmente; ir en contra de todo lo que cre\u00edamos definido y delimitado como \u201cdiscurso literario\u201d.<\/p>\n<p><em>1.- La literatura es una forma de pensamiento<\/em><\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n no es inocente, aunque s\u00ed elemental. Pone en la misma l\u00ednea y campo a un r\u00e9gimen est\u00e9tico y a un proceso mental y subjetivo. Esto quiere decir que, a trav\u00e9s de las palabras elaboradas de una cierta manera, los sujetos somos capaces de articular (a trav\u00e9s de ellas, del lenguaje y el sentido) lo que de otra manera ser\u00edan pensamientos informes, sin cuerpo. Y, m\u00e1s all\u00e1 de esto, implica que hay que leer literatura no meramente como una forma de entretenimiento, de comunicaci\u00f3n o de registro testimonial sino, m\u00e1s bien, como pensamiento y para crear otras formas de <em>c\u00f3mo <\/em>pensar (nunca de <em>qu\u00e9 <\/em>pensar).<\/p>\n<p><em>2.- La literatura tiene su propio lenguaje y es capaz de crear conceptos, l\u00f3gicas, formas, figuras y estructuras<\/em><\/p>\n<p>Lo dicen quiz\u00e1s mejor que nadie los ling\u00fcistas que estudian las funciones del lenguaje, pero entre las diversas funciones para las que lo utilizamos, hay tambi\u00e9n una una espec\u00edficamente po\u00e9tica o est\u00e9tica.<\/p>\n<p>La literatura tiene la peculiaridad de usar como materia prima un material que se usa para muchas otras cosas: el lenguaje. La funci\u00f3n po\u00e9tica del idioma tiende a orientarse hacia el mensaje mismo, ya que es un fin y no un medio para otra cosa.<\/p>\n<p>Gracias al lenguaje, la literatura crea conceptos, l\u00f3gicas, formas, figuras y estructuras propias. Se reh\u00fasa a tener solo una funci\u00f3n comunicativa, argumentativa, filos\u00f3fica, hist\u00f3rica o ling\u00fcista-ret\u00f3rica. La literatura es una esfera separada; su especificidad es la de un espacio en el que se estructura una forma particular de pensar y un cierto uso de la palabra.<\/p>\n<p><em>3.- La literatura est\u00e1 en di\u00e1logo o en contradicci\u00f3n con (y no se subsume o se lee a trav\u00e9s de la lente de) otras teor\u00edas (la historia, la filosof\u00eda, la pol\u00edtica, etc.)<\/em><\/p>\n<p>Si asumimos que la literatura, desde la funci\u00f3n po\u00e9tica, crea conceptos, l\u00f3gicas, formas, figuras y estructuras, entonces no es una pobre indefensa que requiere leerse a trav\u00e9s de la lente de [inserte el nombre de su teor\u00eda favorita de moda]. Aunque, por otro lado, tampoco se trata de dilucidar, desde el narcisismo literario, c\u00f3mo funciona la teor\u00eda de la literatura, ya que nos llevar\u00eda solamente a una suerte de metaliteratura, puramente autorreferencial.<\/p>\n<p><em>4.- La literatura reflexiona permanentemente acerca de su quehacer, su forma, los procesos y la materialidad de la escritura<\/em><\/p>\n<p>El quehacer reflexivo de la literatura es permanente y, a su vez, sus formas siempre est\u00e1n cambiando y est\u00e1n en movimiento. Esto no significa que se cree una teor\u00eda para explicar y justificar sus procedimientos. Ser\u00e1n los acontecimientos de cada \u00e9poca, los cambios en las formas sensibles de ver y clasificar los saberes los que dicten sus formas de reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>5.- La literatura que piensa no es ni una teor\u00eda dada ni un punto de partida para el pensamiento, sino una pr\u00e1ctica en movimiento y, simult\u00e1neamente, un pensamiento n\u00f3mada<\/em><\/p>\n<p>No se trata de que la literatura establezca una serie de enunciados fijos o de axiomas que servir\u00edan como puntos de partida para toda pr\u00e1ctica futura. Al contrario, se trata de que, en su labor, en su movimiento, vaya labrando sus restos en forma de letras y tierras, que bien podr\u00edamos llamar &#8220;lituratierra&#8221;. Por lo que considero que la literatura no es (o no deber\u00eda ser) identitaria, ni sobre la vida de un autor o sus circunstancias, sino que deber\u00eda avocarse a pensar su tr\u00e1nsito, la subjetividad, su decir y su pensamiento n\u00f3mada que siempre se articula con las palabras que tomamos prestadas, en cada iteraci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>6.- El tiempo de la literatura es el de lo hist\u00f3ricamente atemporal <\/em><\/p>\n<p>Toda obra literaria est\u00e1 ubicada tanto en la historia (asumiendo su lugar en la tradici\u00f3n y la l\u00ednea de continuidad) como en una instancia atemporal (en donde no hay identidad, no hay causas ni efectos). T.S. Eliot conceb\u00eda a la tradici\u00f3n literaria como un orden total e indivisible; dec\u00eda que cada nueva obra de arte viene a irrumpir en el orden de toda la tradici\u00f3n literaria y requiere que se reajuste el campo entero para poder incluirla.<\/p>\n<p>Esto quiere decir que, desde el presente, cada nueva obra, acomoda retroactivamente la tradici\u00f3n <em>entera<\/em>. A su vez, no se puede negar que hay una tradici\u00f3n, una historia, que enriquece a cada obra, pero que no lo predetermina ni dicta una causalidad. La literatura es atemporal en el sentido en el que rechaza cualquier imposici\u00f3n preexistente de la historia u otros discursos.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, crea verdades y las verdades son eternas. La literatura sigue su propia tradici\u00f3n en donde la imaginaci\u00f3n no est\u00e1 atada a la episteme actual, sino a un af\u00e1n y deseo de volver a empezar, de modificar y moldear formas de pensamiento, proyectando posibilidades alternativas a las que ya existen.<\/p>\n<p><em>7.- La literatura no tiene atributos<\/em><\/p>\n<p>Como escritores y lectores estamos condicionados por el contexto extraliterario (econ\u00f3mico, pol\u00edtico, social, psicol\u00f3gico, f\u00edsico, etc.). Desde que surgi\u00f3 la noci\u00f3n de autor\u00eda y los libros se empezaron a comercializar, lo que se vende en muchos libros es el nombre del autor, su nacionalidad, su pertenencia a una minor\u00eda (o mayor\u00eda), el g\u00e9nero literario, la relevancia inmediatista del texto o su discusi\u00f3n sobre el tema de coyuntura.<\/p>\n<p>A pesar de que se proclam\u00f3 hace a\u00f1os \u201cla muerte del autor\u201d, parece que la publicidad no se ha enterado y sigue siendo la piedra angular de la identidad de la obra literaria. Y m\u00e1s cuando tantos autores est\u00e1n obsesionados con ensayar incansablemente acerca de su propio yo y de su narcisismo que no mira m\u00e1s all\u00e1 de sus narices.<\/p>\n<p>Lo extraliterario frecuentemente invisibiliza el verdadero pensar literario porque conlleva ciertas expectativas y se adapta a ciertos reg\u00edmenes de la verdad y del poder. Pero tampoco se trata de deshacerse de \u00e9l, sino de asumirlo para pensar c\u00f3mo no funciona, c\u00f3mo no corresponde y c\u00f3mo es posible fracturar las condiciones de producci\u00f3n de la literatura.<\/p>\n<p>Las formas literarias de pensamiento no reh\u00fayen simplemente de su geograf\u00eda, de su espacio de enunciaci\u00f3n, de su condici\u00f3n pol\u00edtica o de su identidad; pueden atravesar esas categor\u00edas para que dejen de asfixiar sus formas. Los llamados or\u00edgenes (atributos) deben destejerse, sobre todo, si tomamos en cuenta que, para poder escribir, es necesario crear una forma de escribir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escribir un manifiesto, cuya pretensi\u00f3n atemporal es tan potente como la literatura, implica pronunciar que lleg\u00f3 el momento de hacer una declaraci\u00f3n. Todo manifiesto conlleva un sentido de urgencia. Y, por lo tanto, no siempre se puede distinguir entre lo que proclama y su momento. 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