{"id":46455,"date":"2022-04-27T07:00:44","date_gmt":"2022-04-27T12:00:44","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46455"},"modified":"2026-10-23T11:05:54","modified_gmt":"2026-10-23T17:05:54","slug":"una-nota-para-sylvia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46455","title":{"rendered":"Una nota para Sylvia"},"content":{"rendered":"<p>Parece imposible, las se\u00f1ales siempre est\u00e1n presentes, tan min\u00fasculas para contemplarse y, sin embargo, dan cuenta de la forma en la que terminaremos este camino.<\/p>\n<p>Cada ma\u00f1ana, al calentar la tetera y observar por la ventana c\u00f3mo el alba anuncia otro d\u00eda, entre respiraciones y sonidos marinos, resucitamos, programadxs con las mismas instrucciones, las mismas quejas, los quehaceres infinitos.<\/p>\n<p>A veces, algunas chispas dan cuenta de nuestra resurrecci\u00f3n, por la noche hemos cambiado hasta de piel, las escamas microsc\u00f3picas sostienen alguno brillo en la mortaja, todav\u00eda invadida por el almizcle y las notas ambarinas de la leche de los sue\u00f1os; nuestras huellas plasman la traves\u00eda de aquella vida interior suspendida siempre en el corto lapso, en el que se crea el sue\u00f1o profundo; naufragamos entre los recuerdos y las vidas que no conocemos de manera plena, pero cuyas traves\u00edas exploramos, y cada viaje hacia el fondo del mar cuenta como un simulacro de lo que seremos.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, del choque del agua en las fr\u00edas costas de Massachusetts del 27 de octubre de 1932, un cuerpecito emergi\u00f3 de las profundidades para dialogar de manera suspendida con aquellas im\u00e1genes acuosas que perseguir\u00edan por siempre a Sylvia Plath.<\/p>\n<p>Cada nota que se ha escrito sobre la autora de la novela <em>La campana de cristal<\/em> (1963), comienza dialogando con la sombra que, a pesar de las d\u00e9cadas, no termina por diluirse: la decisi\u00f3n de terminar con su vida, los detalles que en cada relato se perfeccionan al punto de construir una imagen cuya atenci\u00f3n se centra en la escena final, como si su cuerpo solamente existiera en el instante, en el que decidi\u00f3 ahogarse con el calor del hogar, de manera que no pudiera resistirse al impulso de regresar al fondo marino y reposar ante la contemplaci\u00f3n del ocaso.<\/p>\n<p>Al haber vivido en esta \u00e9poca en la que cada minuto somos parte de nuestra extinci\u00f3n y al sobreexponernos continuamente ante la mirada sofocante y desconocida de las diversas redes sociales, la vida de Sylvia es una y otra vez penetrada, hasta el punto de sacarla de contexto.<\/p>\n<p>La mirada p\u00fablica posa su foco ante aquel retrato inusual dentro de la est\u00e9tica de lo maternal; en continuos balbuceos, la madeja se va alargando para encontrar una pista, alg\u00fan dato, una carta, los diarios, las entrevistas de aquellas personas que la vieron d\u00edas antes; los odios y complicidades con quienes teji\u00f3 su historia antes del mito, algo que suspenda su voluntad.<\/p>\n<p>Que nadie ose de terminar por sus propias razones con la vida, mucho menos siendo madre de ni\u00f1os. Por ello tenemos, miles de ojos carcomiendo cada a\u00f1o la misma historia, sin haberla le\u00eddo siquiera: se le juzga, se le ama, se le revictimiza, como una decisi\u00f3n pueril, dejando de lado su voluntad, su pasi\u00f3n, su deseo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Respiraci\u00f3n artificial<\/strong><\/p>\n<p>El lugar com\u00fan de las vidas que por distintas razones nos llenan de curiosidad se instala mediante la escritura de biograf\u00edas. La no ficci\u00f3n ha resultado ser un g\u00e9nero que siempre desata controversias, pero que sin duda, es no solamente una ganancia segura, sino tambi\u00e9n una forma de traer al presente aquella fantasmagor\u00eda que ha quedado varada en el lapso de la historia.<\/p>\n<p>Virginia Woolf, quien de muchas formas estuvo ligada a Sylvia, advert\u00eda que quiz\u00e1 la tarea del bi\u00f3grafo deba tomarse con mayor seriedad, incluso ante las libertades \u2014po\u00e9ticas o de la imaginaci\u00f3n\u2014 que hayan decidido tomarse junto a las constantes negociaciones o, incluso, la edici\u00f3n, la verificaci\u00f3n de los hechos o los fragmentos con los que se haya decidido acompa\u00f1ar al gran relato, al proceso de aquella escritura siempre en peligro de avivar o extinguir un legado, un brillo o sombra, como lo argumenta:<\/p>\n<blockquote><p>Al contarnos los hechos verdaderos, al separar lo peque\u00f1o de lo grande y dar forma al todo para que podamos percibir la silueta, el bi\u00f3grafo hace m\u00e1s para estimular la imaginaci\u00f3n que cualquier poeta o novelista, con excepci\u00f3n de los m\u00e1s grandes. Porque pocos poetas y novelistas son capaces de ese alto grado de tensi\u00f3n que estriba en darnos la realidad. Pero casi cualquier bi\u00f3grafo, si respeta los hechos, puede darnos mucho m\u00e1s que otro hecho para agregar a nuestra colecci\u00f3n. Puede darnos el hecho creativo; el hecho que sugiere y engendra. De esto tambi\u00e9n hay pruebas ciertas. Porque cu\u00e1n a menudo, cuando leemos y dejamos a un costado una biograf\u00eda, alguna escena contin\u00faa brillando, alguna figura pervive en las profundidades de la mente y hace que, cuando leemos un poema o una novela, sintamos un sobresalto de reconocimiento, como record\u00e1ramos algo que ya conoc\u00edamos (Woolf, 2012).<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En cada p\u00e1gina se posa una mota de polvo, alg\u00fan fragmento de lo que sabremos d\u00e9cadas despu\u00e9s fue la vida de qui\u00e9n logr\u00f3 desnudarnos con el pasar de las p\u00e1ginas, como si cada poema, cada ficci\u00f3n o ensayo desdoblaran mediante la voz literaria aquella presencia a la que reconocemos pasados los a\u00f1os; desde aquella primera vez, de aquel primer encuentro en donde nuestra imaginaci\u00f3n de cara a la po\u00e9tica hizo el resto.<\/p>\n<p>No hay nada m\u00e1s \u00edntimo que la lectura. Solamente nosotrxs reconocemos la asfixia ante la ausencia del padre, la tristeza de saberse incompleta, la risa chispeante al regresar de la mano de la autora a aquella adolescencia plagada de promesas, esa voz nos pertenece, tanto como los recuerdos del mimo materno, del olor de nuestra leche al amamantar a nuestra progenie, la humedad de los besos en zonas nada exploradas por las pr\u00e1cticas heteronormadas, las veces que hemos regresado al mismo poema para traer a nuestro lado aquella sombra tibia que se ha adelantado al naufragio.<\/p>\n<p>De pronto, una biograf\u00eda sale, alguien se ha dado a la tarea de recoger durante a\u00f1os toda clase de pedacer\u00eda, colecciones completas de notas, de hablar con quienes compartieron el sal\u00f3n de clases, la calle, las copas de madrugada, los besos; como si al morir se les diera el permiso de hurgar en nuestras cavidades, en los cajones y cuadernos: \u00bfacaso no hay derecho a los secretos?<\/p>\n<p>Pero como lo admite una de sus bi\u00f3grafas, Janet Malcom, con su c\u00e9lebre metabiograf\u00eda, <em>La mujer en silencio<\/em> (2017), un trabajo arqueol\u00f3gico y sumamente pulido sobre los hechos, as\u00ed como sobre las dem\u00e1s biograf\u00edas y testimonios de quienes rodearon a Victoria Lucas \u2014seud\u00f3nimo con el que firm\u00f3<em> La campana de cristal\u2014<\/em>: \u201cuna persona que muere a los treinta a\u00f1os en pleno desconcierto de una separaci\u00f3n, permanece fija para siempre en ese desconcierto\u201d.<\/p>\n<p>Si la muerte es un lugar com\u00fan \u2014siempre lo ha sido\u2014, c\u00f3mo dejar pasar la oportunidad de atestiguar mediante terceros aquel cierre de p\u00e1gina, y sobre todo cuando en realidad ya nada importa, s\u00f3lo lo que se ha dejado entre papeles y, quiz\u00e1s, la memoria de aquellxs con quienes compartimos la cama, el caf\u00e9, el ADN. Al final los muertos no pueden defenderse, son los restos que se vuelven la piedra bezoar, la corporalidad resultante, la inmanencia de aquello que no atestiguamos.<\/p>\n<p>En ese sentido, las biograf\u00edas resultantes de la vida de Plath, incluida la de Anne Stevenson, <em>Bitter Fame: A life of Sylvia Plath (1998), <\/em>permiten no solamente darle ox\u00edgeno a quien ha dejado a sus ni\u00f1os en otra habitaci\u00f3n, sino comprender en buena medida el significado de ser una escritora durante la Guerra Fr\u00eda, en medio de la doble moral tan aut\u00e9ntica de la cultura norteamericana.<\/p>\n<p>Cada testimonio, en conjunto con sus cartas y el c\u00famulo de su obra, construyen el paisaje sobre el que Sylvia deambul\u00f3 de Massachusetts a Nueva York y de ah\u00ed a Londres.<\/p>\n<p>Esa especie de educaci\u00f3n sentimental, en la que todo estaba permitido menos el efecto de entrop\u00eda que produce el deseo entre lxs cuerpos, el cual funciona como br\u00fajula para comprender la po\u00e9tica, as\u00ed como las necesidades y obsesiones de Sylvia, pero tambi\u00e9n las de quienes compartieron su \u00e9poca, como la propia Anne Sexton \u2014amiga y colega con quien comparti\u00f3 cocteles, lecturas y el deseo de respirar bajo el agua para siempre\u2014, Susan Sontag, Diane Di Prima, Joanne Kyger, entre muchas otras escritoras que experimentaron ante los atavismos culturales \u2014producto del coctel protestante, el petr\u00f3leo, el az\u00facar y la religi\u00f3n, mezclados\u00a0 con el trabajo\u2014, as\u00ed como el placer de orientar sus deseos desde su cuerpo y el precio, con el eterno diagn\u00f3stico de depresiones, des\u00f3rdenes mentales y episodios man\u00edaco depresivos, como lo comenta Malcom:<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<blockquote><p>La historia de su vida \u2014como ya han contado las cinco biograf\u00edas e innumerables art\u00edculos y estudios cr\u00edticos\u2014 es una historia representativa de las dos caras de los temerosos a\u00f1os cincuenta. Plath encarna de un modo vivo, casi emblem\u00e1tico, el car\u00e1cter esquizoide del per\u00edodo. Ella es el yo dividido por excelencia. El tenso surrealismo de los \u00faltimos poemas y el apagado realismo de su vida, propio de un libro para chicas (seg\u00fan la presentan los bi\u00f3grafos de Plath y los propios escritos autobiogr\u00e1ficos de \u00e9sta), son grotescamente incompatibles (Malcom, 2017).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p>Vale la pena, en medio de las voces y los tanques de ox\u00edgeno que cada biograf\u00eda dota a Sylvia, cuestionarnos abiertamente sobre el contexto y las dificultades para ser una artista y para reconocerse como tal; por supuesto, en t\u00e9rminos textuales, los quebrantos para crear una obra poco tienen que ver con \u00e9sta \u2014al final ella es la que habla entre susurros y gritos al viento\u2014; sin embargo, es justo decir que las dudas sobre el talento, la inteligencia \u2014sin duda la independencia econ\u00f3mica y corporal\u2014, sometieron a quienes vivieron esta \u00e9poca a un estado de tristeza y soledad, como lo observa Joanna Russ, quien tambi\u00e9n comparti\u00f3 este per\u00edodo, as\u00ed como las diversas etiquetas y fronteras para que emergiera su obra:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Una forma especialmente tr\u00e1gica de desmoralizaci\u00f3n tiene lugar cuando el mandato de no-ser-creadora no solo mina el tiempo, la energ\u00eda y la autoestima, sino que introduce de un modo tan intenso en las expectativas que una mujer tiene sobre s\u00ed misma que llega a constituir una quiebra tremenda de su identidad (Russ, 1983)<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, la mirada debiera centrarse en las condiciones en las que Sylvia pudo producir su obra, en su valor literario, en la potencia de su voz. Reconocerla desde ella misma produce el efecto de reconocernos desde nuestro propio naufragio y sabernos no a salvo, sino en la plena libertad de conducir nuestra respiraci\u00f3n hacia la direcci\u00f3n deseada, saborear el tiempo que deseemos hacerlo, sabernos capitanas del barco y reconocer la propia felicidad en la creaci\u00f3n, como lo indica Plath en el ensayo publicado en 1962, <em>Ocean 1212-W<\/em>:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>La respiraci\u00f3n es lo primero. Algo respira \u00bfMi propia respiraci\u00f3n? \u00bfLa respiraci\u00f3n de mi madre? No, es otra cosa, algo m\u00e1s grande, m\u00e1s lejano, m\u00e1s grave, m\u00e1s cansado. As\u00ed que floto un rato tras mis p\u00e1rpados cerrados; soy una peque\u00f1a capitana de barco, saboreo el tiempo del d\u00eda: arietes en el rompeolas, espuma de metralla sobre valientes geranios de mi madre, o el ssh-ssh adormecedor de una marisma inundada y resplandeciente; la marisma da vueltas perezosas a la arenilla de cuarzo del borde, amablemente, una se\u00f1ora que repasa las joyas. A lo mejor hab\u00eda un silbido de lluvia en la ventana, a lo mejor el viento estaba suspirando y probando los chirridos de la casa como teclas. Yo no me dejaba enga\u00f1ar. El pulso maternal del mar se re\u00eda de esas falsificaciones. Como una mujer profunda, escond\u00eda mucho; ten\u00eda muchas caras, muchos velos delicados, terribles. [\u2026] Muchas veces me pregunto qu\u00e9 habr\u00eda pasado si hubiese conseguido traspasar ese espejo \u00bfHabr\u00edan actuado mis branquias infantiles, la sal de mi sangre? Durante mucho tiempo no cre\u00ed ni en dios ni en Pap\u00e1 Noel, sino en las sirenas. Me parec\u00edan tan l\u00f3gicas y posibles como la rama quebradiza de un caballito de mar en el acuario del Zoo, o las rayas atrapadas en las ca\u00f1as de los pescadores domingueros que dec\u00edan obscenidades, rayas con formas de fundas de almohada vieja, con labios de mujer carnosos y t\u00edmidos. Y recuerdo a mi madre, tambi\u00e9n chica de mar, ley\u00e9ndonos a m\u00ed y a mi hermano \u2014que lleg\u00f3 m\u00e1s tarde\u2014 el Trit\u00f3n abandonado de Mathew Arnold [\u2026] V\u00ed que ten\u00eda la carne de gallina. No sab\u00eda por qu\u00e9. No ten\u00eda fr\u00edo \u00bfHab\u00eda pasado un fantasma? No, era la poes\u00eda. Una chispa salt\u00f3 de Arnold y me estremeci\u00f3, como un escalofr\u00edo. Ten\u00eda ganas de llorar; me sent\u00eda muy rara. Hab\u00eda descubierto una forma de ser feliz (Plath, 2017).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p><\/blockquote>\n<p>Seis d\u00e9cadas despu\u00e9s, la sensaci\u00f3n permanece intacta, es la poes\u00eda que, como el mar, al hacer contacto con nuestra piel nos lleva al centro de todo, al principio y final de nuestra voz, la misma que promete atravesar a generaciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Lady Lazarus<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong>Me gusta pensarla joven, siempre lo ser\u00e1, su voz tiene la nota resplandeciente de la juventud, quiz\u00e1 a punto de chocar, pero todav\u00eda con interrogantes, con la capacidad de extra\u00f1ar al grado de la nostalgia. Sabemos que resucit\u00f3 y nunca se mantuvo ajena a los diagn\u00f3sticos sobre su depresi\u00f3n, a su b\u00fasqueda incluso desde el quebranto.<\/p>\n<p>Quien ha padecido alguna enfermedad sabe la libertad que genera el diagn\u00f3stico, en parte por saber de manera certera lo que le ocurre a nuestras cuerpas, en parte por comenzar a convivir con esa otra corporalidad, como lo admite Anne Boyer en <em>Desmorir<\/em>: \u201ccomo los p\u00e1jaros que han sido liberados de contenido de su vuelo y como el t\u00e9 liberado, una persona que recibe un diagn\u00f3stico se ve liberada de los que una vez pens\u00f3 que era\u201d. Es seguir de cerca la forma en que Woolf observaba a las enfermedades, incluyendo la mental, como una forma de belleza, la manera en que el cuerpo visibiliza aquellos secretos, dolores, almizcles profundos. En general su producci\u00f3n po\u00e9tica y prosa la llev\u00f3 a una carrera s\u00f3lida en la que obtuvo distinciones como el premio \u00a0Glascok, la beca Fullbright con la que ir\u00eda a estudiar a Cambridge, y de forma p\u00f3stuma, en 1982, el Premio Pulitzer de poes\u00eda. Y, de nuevo, la sonrisa, tal como lo escribi\u00f3 en Lady Lazarus:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Este aliento agrio<\/p>\n<p>se esfumar\u00e1 un d\u00eda.<\/p>\n<p>Pronto, pronto la carne<\/p>\n<p>que el sombr\u00edo sepulcro se comi\u00f3<\/p>\n<p>estar\u00e1 en m\u00ed como en su casa<\/p>\n<p>y ser\u00e9 una mujer sonriente.<\/p>\n<p>Solo tengo treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Y, como el gato, siete ocasiones para morir.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No hace falta advertir el papel que ocup\u00f3 su viudo, porque igualmente cada retrato que Sylvia ofreci\u00f3 de su vida en com\u00fan con Hughes nos hace mirar el resto de la imagen, m\u00e1s all\u00e1 incluso de las notas cuya cabeza podr\u00eda ser parte de cualquier tabloide o hilo de <em>twitter<\/em>, lejos de los celos o las rabietas, y centrarnos m\u00e1s en la respiraci\u00f3n que ocasion\u00f3 la voz po\u00e9tica como ocurre en \u201cOuija\u201d, t\u00edtulo que nos lleva a la conversaci\u00f3n p\u00f3stuma entre Ted y Sylvia, un poeta sombr\u00edo que mantuvo en secreto su c\u00e1ncer terminal y que se despide con <em>Cartas de cumplea\u00f1os<\/em> (2013), del que se extrae su propia versi\u00f3n de \u201cOuija\u201d:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Te negaste a seguir con la Ouija. Nada<\/p>\n<p>de lo que se me ocurr\u00eda explicaba tu impresi\u00f3n y tu llanto. Tal vez,<\/p>\n<p>simplemente, hab\u00edas cazado un susurro que se me escap\u00f3,<\/p>\n<p>antes de que nuestro vaso se moviera, una d\u00e9bil y quieta voz:<\/p>\n<p>&lt;&lt;Vendr\u00e1 la fama. Especialmente para ti.<\/p>\n<p>La fama no puede evitarse. Y cuando llegue<\/p>\n<p>la habr\u00e1s pagado con tu felicidad,<\/p>\n<p>con tu marido y tu propia vida&gt;&gt;.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hughes sigui\u00f3 hablando con ella, eligi\u00f3 no el recuerdo vivo, sino los fantasmas, la Ouija sostuvo su conversaci\u00f3n hasta el momento en que se dej\u00f3 llevar por el gas t\u00f3xico del c\u00e1ncer en 1998, un d\u00eda despu\u00e9s del cumplea\u00f1os de Sylvia. Cada 11 de febrero, Plath vuelve, traspasa las siete vidas. Sylvia reencarna cada a\u00f1o: Lady Lazarus nos mirar\u00e1 por siempre desde su juventud. Su sonrisa es infinita.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Parece imposible, las se\u00f1ales siempre est\u00e1n presentes, tan min\u00fasculas para contemplarse y, sin embargo, dan cuenta de la forma en la que terminaremos este camino. 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Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad\nde Filosof\u00eda y Letras de la UNAM y Doctora en Sociolog\u00eda por la\nUniversidad Aut\u00f3noma Metropolitana-Azcapotzalco. Realiz\u00f3 una\nestancia de investigaci\u00f3n en la Universidad de Buenos Aires y ha\npublicado art\u00edculos y rese\u00f1as en revistas como Este Pa\u00eds, Pliego\n16, Fundaci\u00f3n, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad,\n\u00c9cfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la\nFundaci\u00f3n de Letras Mexicanas en el \u00e1rea de ensayo y en 2019\nfue Becaria Fonca en el \u00e1rea de ensayo. 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