{"id":46453,"date":"2022-04-13T07:00:09","date_gmt":"2022-04-13T12:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46453"},"modified":"2026-10-28T10:16:12","modified_gmt":"2026-10-28T16:16:12","slug":"un-rescate-para-sinbad-setenta-anos-de-la-partida-de-gilberto-owen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46453","title":{"rendered":"Un rescate para Sinbad: setenta a\u00f1os de la partida de Gilberto Owen."},"content":{"rendered":"<p>Una ma\u00f1ana cualquiera, ya entrado el segundo a\u00f1o de peste, cientos de Sinbads yacen sobre las camas revueltas; otros no han despertado del sue\u00f1o de los justos, las marcas se bifurcan y luego se erigen desde las capas de mugre. Son todas distintas, se colman de culpa y abandono. Las costillas expuestas envuelven el continente frugal, lo que queda de est\u00f3mago, para luego disolverse en espuma que todo extingue. Cada momento y la suma de los segundos augura un fin al estrellarse el alba contra las islas \u00e1ridas de la piel desnuda de quienes hemos sido tocados por la noche y cuyas mareas nos han dejado sin viaje de retorno. Los capitanes se quedan varados, antes del alba, los fantasmas \u2014que luego de la Luz devienen pesadillas\u2014 pululan desde el silencio. Sinbad lo sabe, tiene presente que todo capit\u00e1n \u2014toda pirata\u2014 se expone a quedar varado ante la neblina, densa y ambarina como un jaibol, o dulce, pero finalmente embriagadora, \u201cborracho de ron y silencios, me deja la memoria a la deriva\u201d. Antes del <em>black out<\/em> \u2014como bien lo expone Mar\u00eda Moreno\u2014, Owen nos regal\u00f3 l\u00edneas para quienes emergemos cada ma\u00f1ana, incluso en las largas madrugadas de alcohol y abandono, una luz ante el dolor y sus oquedales.<\/p>\n<p>Mitad irland\u00e9s, mitad tarasco, alusi\u00f3n a la que siempre regresaba con orgullo, Gilberto Owen siempre fue fiel a las transfiguraciones y a las m\u00faltiples l\u00edneas trazadas geom\u00e9tricamente desde la m\u00edstica personal hasta la felicidad, corta pero abrazadora, que el amor, los viajes y hasta el desvelo del alcohol lo acercaron hacia nuestra mirada. Hay que decirlo, Owen no le tuvo miedo a las im\u00e1genes, su pluma lo llev\u00f3 a viajes extraordinarios donde la libertad siempre fue sitiada por sus propias c\u00e1rceles: el desasosiego y el sentirse en falta ante el desconocimiento de su po\u00e9tica. Como los marineros errantes, en ocasiones el haber sido m\u00e1s invisible \u2014fantasmal\u2014 provocaba cierta tranquilidad, como en alguna ocasi\u00f3n lo confesar\u00eda un a\u00f1o antes de morir a su m\u00e9dico de cabecera y compa\u00f1ero de cofrad\u00eda en los Contempor\u00e1neos, El\u00edas Nandino. (Quirarte, 2005: 80). Quien naciera el 13 de mayo de 1904 en El Rosario, Sinaloa, sostuvo en su interior el deseo constante de encallar en distintas voces, distintos puertos.<\/p>\n<p>Como lo admiten los que han navegado a su lado \u2014como Al\u00ed Chumacero, Jaime Garc\u00eda Terr\u00e9s, Tom\u00e1s Segovia, Vicente Quirarte, Roxana Elvridge-Thomas\u2014 si bien ha sido el escritor m\u00e1s desconocido del grupo, en las generaciones posteriores, la llama po\u00e9tica siempre nos lleva a su lado, y con \u00e9l, m\u00e1s que al viaje inici\u00e1tico, nos invita a una traves\u00eda hacia el interior, debajo de las capas de quienes podemos ser y que, sin embargo, renunciamos para mirar extasiados el c\u00f3mo la espuma deslava los vestigios de quienes hemos sido: el fuego purifica los restos para mostrarnos la imagen restante de la uni\u00f3n entre la vig\u00eda y el sue\u00f1o que en ocasiones deviene et\u00edlico. El tambi\u00e9n autor de la novela experimental, a veces poema en prosa, <em>Novela como nube <\/em>tuvo siempre la delicadeza de invitar a sus embarcaciones a aquellas plumas que en la intimidad lo entend\u00edan todo. Ya se sabe, m\u00e1s all\u00e1 del amor desatado por la desnudez del cuerpo que nos embelesa, probablemente para quienes somos orientadxs por las sirenas en las profundidades, el lugar m\u00e1s feliz, y quiz\u00e1 donde todas las sombras que nos habitan hayan quedado proyectadas, sea delante de nuestros libros, de la magnificencia de quien nos dice en la plena soledad las penas que tambi\u00e9n \u00e9l o ella han vivido:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Yo, en alta mar de cielo<\/p>\n<p>estrenando mi c\u00e1rcel de jamases y siempres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dentro de ti, la casa, sus palmeras, y su playa, el mal ag\u00fcero de los pavos reales,<\/p>\n<p>jaibas bibliopiratas que amueblaban sus guaridas con mis versos,<\/p>\n<p>y al fondo el amarillo amargo mar de Mazatl\u00e1n<\/p>\n<p>por el que soplan r\u00e1fagas de nombres.<\/p>\n<p>Mas si gritan el m\u00edo responden muchos rostros que yo no<\/p>\n<p>conoc\u00eda<\/p>\n<p>o que borr\u00f3 una esponja calada de minutos,<\/p>\n<p>como el de ese p\u00e1rvulo que esta noche se siente solo e \u00edntimo<\/p>\n<p>y que suele llorar ante el retrato<\/p>\n<p>de un gambusino rubio que se quem\u00f3 en rosales de sangre al mediod\u00eda. (Owen, 1996: 71)<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dentro de las alusiones que ya discut\u00eda en un principio, se encuentran justamente las librescas o, mejor dicho, aquellas que se relacionan directamente con el amor que Owen siempre jur\u00f3 a sus poetas y c\u00f3mplices, amigos de los que encumbr\u00f3 un estallido por compartir el alba, la palabra y el azogue.\u00a0 Esas c\u00e1rceles que ten\u00edan que ver con no ser el poeta triunfal en su Bagdad olvidadiza \u2014como siempre denomin\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico\u2014 tambi\u00e9n encontraban el matiz de libertad con las correspondencias entre sus amigos: Cuesta, Villaurrutia, Gorostiza, Novo y Nandino, en M\u00e9xico, Jorge Zalamea Borda, en Bogot\u00e1. Toda relaci\u00f3n epistolar tiene algo de fantasmag\u00f3rica, como si en la comunicaci\u00f3n nuestras voces se desplegaran entre susurros y ectoplasma: todo se observa est\u00e1tico y, de repente, nuestras memorias se encuentran en ese mismo lugar, compartiendo el dolor de la partida, la angustia del fracaso. Por supuesto que las numerosas cartas dispuestas a Clementina Otero y aquellas erigidas hacia sus amigos son muestra del g\u00e9nero literario que deriva a veces prosa, generalmente l\u00edneas po\u00e9ticas que podr\u00edan volverse tomos, como lo expone Jaime Garc\u00eda Terr\u00e9s: \u201cla diluida cat\u00e1strofe que lo asediaba, nos ha privado de aquellas notas y versiones, as\u00ed como de la mayor parte de una prosa epistolar que debi\u00f3 de haber sido copiosa, y que se antoja llena de su habitual impulso po\u00e9tico de claves para entenderlo mejor\u201d (Garc\u00eda, 1980: 25). La mayor\u00eda de sus cr\u00edticos, incluidos Terr\u00e9s y Quirarte, desnudan el hecho de que su llama se eleva con los umbrales de visi\u00f3n y las m\u00faltiples im\u00e1genes impregnadas al mismo tiempo de las citas y las plumas que incluso comenz\u00f3 a traducir sobre todo durante su estancia en Filadelfia, de acuerdo con una de las \u00faltimas cartas dirigidas a Reyes: Emily Dickinson, Val\u00e9ry, William Carlos Williams, Blake, entre otras resonancias pr\u00f3fugas del esnobismo tan asentado despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n mexicana y que cargaron la pluma de quien posara para Roberto Montenegro en 1927. Ante la b\u00fasqueda infinita capaz de llevarnos al instante de palpar el hallazgo, cuyo brillo refleje la melancol\u00eda que sentimos mientras la leche se derrama y las nubes pasan sobre nuestro rostro jugando a ser viejas por la sombra, no hay m\u00e1s que buscar tales reflejos en otros ojos, en otros libros. Tom\u00e1s Segovia sostiene que en la obra de Owen las alusiones librescas no pueden separarse de los acontecimientos: quiz\u00e1 una siempre se nutre de la otra:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Vemos entonces que otro rasgo de ese estilo, las constantes alusiones librescas, que podr\u00eda parecer menos necesario, es cuando menos eficaz para la creaci\u00f3n de este ambiente. No s\u00f3lo porque esas alusiones contrabalancean la confesi\u00f3n directa y personal (lo cual despu\u00e9s de todo podr\u00eda ser superficial) sino precisamente, me parece, por la raz\u00f3n mucho m\u00e1s profunda y compleja de que nos sit\u00faan de entrada en mundo donde esa poes\u00eda quiere hacernos vivir: un mundo donde los libros y los acontecimientos no pueden separarse , porque el sentido de esos libros o, dicho de otra manera, el sentido de la poes\u00eda es justamente el mismo que el poeta trata de instaurar en el momento preciso en los que leemos, la consagraci\u00f3n de los lugares y los acontecimientos [\u2026] No se trata, una lo vemos, de que la vida sea libresca; son m\u00e1s bien los libros los que est\u00e1n invadidos, obsesionados por la vida. Es lo contrario de una vida poetizada: una poes\u00eda viviente. (Segovia, 2001: 22-23)<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El hallazgo literario siempre se nutre de la experiencia de la lectura que toca, mediante los tercetos y el verso, el punto que nos une dentro del ritmo po\u00e9tico, del que rezuma \u201csuprema elegancia espiritual\u201d, como Quirarte lo sostiene. As\u00ed, frente a los m\u00faltiples espejismos y visiones, lo cierto es que no hay imagen po\u00e9tica que perdure intacta sin haber tocado en carne la granada y el azogue, la vida en sus m\u00faltiples experiencias que conforman aquel crisol del que las letras de los Contempor\u00e1neos se iluminaron hasta su extinci\u00f3n c\u00e1rnica.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 Owen sea el poeta que haya comprendido la dimensi\u00f3n del amor m\u00e1s all\u00e1 de sus formas cl\u00e1sicas; como bien lo admite Quirarte: \u201ctuvo la nobleza necesaria para ejercer el dif\u00edcil oficio de la amistad\u201d. Si lo pensamos detenidamente, no puede existir tal, si acaso nuestra mirada no se reconoce mediante los ojos de la complicidad, y puede que la literatura \u2014una vez m\u00e1s\u2014 haya logrado que las voces, incluso fantasmales, y los recuerdos \u2014cada vez m\u00e1s lejanos desde las comarcas parceras o las calles impolutas norteamericanas\u2014 unieran por momentos a los amigos convertidos a veces en tripulaci\u00f3n, y otras, en m\u00f3rbidos cantos de sirenas. Por supuesto que su aventura latinoamericana no fue menos intensa, en ocasiones inquietante. Todo espejismo es on\u00edrico y el deseo de quedarse instalado en esa ingravidez es muchas veces los que nos devuelve el alivio de regresar, pero si acaso no existe a qui\u00e9n encontrar en el puerto, es posible que el estado ideal sea viajar, antes que sentirse est\u00e1tico.<\/p>\n<p>En Bogot\u00e1 sucedieron muchas cosas, adem\u00e1s de su boda con Cecilia Salazar y el nacimiento de sus hijos, comenz\u00f3 una carrera en el periodismo, pero los fantasmas no cesaron y, de pronto, Sinbad volvi\u00f3 contra sus pe\u00f1ascos, como lo relata Quirarte a prop\u00f3sito de un viaje que hizo a Colombia para encontrar los vestigios de aquella embarcaci\u00f3n en aguas del sur, pues: \u201cEl marinero que se fue en busca de otros puertos, ya no oye, pero s\u00ed que habla\u201d, y su voz toma cuerpo mediante los testimonios de los amigos colombianos:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>En 1934 Owen parece muy atractivo en <em>El tiempo<\/em>, como lo demuestran los art\u00edculos citados, as\u00ed como lo que incluye Luis Mario Schneider en la hemerograf\u00eda de las Obras de Owen. De pronto, estas colaboraciones cesan. En esos momentos, Owen viv\u00eda del periodismo y, por la experiencia que sus lectores tienen de \u00e9l cuando se enfrentaba a alguna tarea, su actividad era febril y compulsiva. \u00bfC\u00f3mo explicarse esa interrupci\u00f3n s\u00fabita de un trabajo que ocupa permanentemente la primera plana del suplemento <em>Lecturas dominicales<\/em>? La explicaci\u00f3n me la dio Fernando Charry Lara, en un almuerzo que tuvimos [\u2026] Y Charry evoc\u00f3, con su memoria cort\u00e9s y aguda, a Owen como traductor de cables internacionales para la United Press. Lo recuerda tambi\u00e9n, a las horas de asueto, en el Caf\u00e9 Victoria, cuartel general de los poetas piedracielistas, aislado, en mesa aparte, absorto en sus lecturas, con una taza de caf\u00e9 que en realidad conten\u00eda aguardiente Cundinamarca. Doble violaci\u00f3n e incitaci\u00f3n al desorden, si se piensa, primero, que Owen beb\u00eda \u2014y fuerte\u2014 por la ma\u00f1ana; segundo, que en Bogot\u00e1 era muy mal visto que alguien pidiera una bebida criolla. (Quirarte, 1991: 46)<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pasaron casi diez a\u00f1os, Owen se exili\u00f3 as\u00ed mismo, deambulando ya entonces entre los fantasmas y, desde luego, la vanguardia, las tertulias y las m\u00faltiples fiestas y llamadas hacia el calor ambarino, firma en 1942 su <em>Bit\u00e1cora de febrero<\/em>, <em>Simbad el varado,<\/em> y regresa por instantes a su Ciudad. La Bagdad lo acoge entre los tequilas, las noches en el Cabaret Leda y los comienzos de la enfermedad y se reencuentra con Clementina, que como bien delinea Quirarte: \u201cs\u00f3lo para mirarse mutuamente fantasmas, con un aire de haber sido y s\u00f3lo estar ahora\u201d, y regresa para irse a la \u00faltima parada, el viaje sin retorno.<\/p>\n<p>Ciertamente, la idea de inmovilidad denota la idea de infierno personal, puede que el deseo de regresar a la patria que ya no era aquella que dej\u00f3 d\u00e9cadas atr\u00e1s no fuera tan fuerte como el deseo de flotar entre claroscuros, en todo caso quedarse imantado por los hallazgos y los juegos en los que se encuentran los dedos, tambi\u00e9n la lengua. La ma\u00f1ana del 9 de marzo, Sindbad encall\u00f3, y tras la ceguera y los achaques, su cuerpo se qued\u00f3 flotando entre las nubes de dos ciudades equidistantes cuya uni\u00f3n ya solamente se dibuja por la figura del poeta melanc\u00f3lico cuyo fantasma siempre regresa al puerto sinaloense.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p>Tal vez ma\u00f1ana el sol en mis ojos sin nadie,<\/p>\n<p>tal vez ma\u00f1ana el sol,<\/p>\n<p>tal vez ma\u00f1ana,<\/p>\n<p>tal vez.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y siempre, las generaciones se empe\u00f1an en perseguir fantasmas. Y en este segundo a\u00f1o de la peste, es posible que de alguna forma lo seamos de quienes nos desprendimos hace un par de a\u00f1os. El rescate siempre es el hallazgo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una ma\u00f1ana cualquiera, ya entrado el segundo a\u00f1o de peste, cientos de Sinbads yacen sobre las camas revueltas; otros no han despertado del sue\u00f1o de los justos, las marcas se bifurcan y luego se erigen desde las capas de mugre. Son todas distintas, se colman de culpa y abandono. 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Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad\nde Filosof\u00eda y Letras de la UNAM y Doctora en Sociolog\u00eda por la\nUniversidad Aut\u00f3noma Metropolitana-Azcapotzalco. Realiz\u00f3 una\nestancia de investigaci\u00f3n en la Universidad de Buenos Aires y ha\npublicado art\u00edculos y rese\u00f1as en revistas como Este Pa\u00eds, Pliego\n16, Fundaci\u00f3n, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad,\n\u00c9cfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la\nFundaci\u00f3n de Letras Mexicanas en el \u00e1rea de ensayo y en 2019\nfue Becaria Fonca en el \u00e1rea de ensayo. 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