{"id":46298,"date":"2022-07-14T07:00:28","date_gmt":"2022-07-14T12:00:28","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46298"},"modified":"2026-10-27T12:56:41","modified_gmt":"2026-10-27T18:56:41","slug":"lo-que-no-puede-o-debe-verse-lanzamiento-de-el-proyecto-de-la-bruja-de-blair","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=46298","title":{"rendered":"Lo que no puede o debe verse: lanzamiento de El proyecto de la bruja de Blair"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p>No me considero una persona afecta a las pel\u00edculas de terror, por lo tanto, son pocas las que he visto. Esta aversi\u00f3n se debe principalmente a que no me gusta estar asustado (me sorprende que haya gente a la que s\u00ed) y, para mi mala suerte, me he encontrado con varias pel\u00edculas que se concentran m\u00e1s en los sustos que en la historia. Adem\u00e1s, como desde ni\u00f1o soy sumamente supersticioso, tengo la sensaci\u00f3n de que lo que sucede all\u00ed en la pantalla, de alguna manera, me puede pasar a m\u00ed: el verlo es invocarlo. Entiendo, es algo rid\u00edculo, pero es quien soy. Sin embargo, despu\u00e9s de uno o dos d\u00edas de haber visto una pel\u00edcula de terror, logro comprender que no fue m\u00e1s que una pieza de ficci\u00f3n y hasta ah\u00ed, es todo: se acabaron los d\u00edas de ba\u00f1arme con los ojos abiertos y de mirar con p\u00e1nico por encima de mi hombro. Vuelvo a la normalidad.<\/p>\n<p>No obstante, esa barrera de ficci\u00f3n, esa peque\u00f1a capa protectora de saber que aquello \u201cno es cierto\u201d, se me desdibuja cuando la pel\u00edcula contiene la manoseada leyenda de \u201cbasada en hechos reales\u201d. Entonces, pienso, s\u00ed me puede pasar eso mismo, ser\u00eda plausible pensarlo: la frontera entre ficci\u00f3n y realidad es delgada y qu\u00e9 tal si a ese demonio de la pantalla se le ocurre viajar por la red de fibra \u00f3ptica y desembarcar en mi casa. Seg\u00fan mi l\u00f3gica, a esta colonia no llegan el agua ni el pavimento, pero s\u00ed arribar\u00e1 un esp\u00edritu tailand\u00e9s sin que le hayan dado la m\u00ednima instrucci\u00f3n de c\u00f3mo hacerlo. No tengo dudas de que este terror at\u00e1vico halla su origen en mi infancia, cuando me consideraba im\u00e1n de cada maldici\u00f3n posible.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, mam\u00e1 me cont\u00f3 la historia del comediante y locutor Arturo Manrique, <em>Panz\u00f3n Panseco<\/em>, a quien enterraron vivo, cosa que descubrieron hasta abrir el ata\u00fad y hallarlo lleno de ara\u00f1azos. La historia me dej\u00f3 noqueado. \u00bfY si viene a espantarme en la noche?, le pregunt\u00e9 a mi mam\u00e1, a lo que ella me respondi\u00f3 que, de volver a nuestro plano, Manrique tendr\u00eda mejores cosas que hacer que venir a espantarme precisamente a m\u00ed. Vaya egocentrismo, ahora lo entiendo, las primeras etapas de esta hipertrofia del yo que ahora me tiene escribiendo esto.<\/p>\n<p>Una vez confesado lo anterior (no tanto mi egocentrismo, sino el miedo que me caracteriza) me resulta extra\u00f1o que una de mis pel\u00edculas favoritas sea <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>. Y es extra\u00f1o porque, uno, es de terror, y dos, al principio estaba acompa\u00f1ada de una leyenda similar a aquella de \u201cbasada en hechos reales\u201d aunque mucho m\u00e1s contundente y feroz: esta pel\u00edcula es <em>real<\/em>. No pod\u00eda creerlo: iba a presenciar un caso <em>real <\/em>de fantasmas; hab\u00eda llegado el aval de todos mis miedos, hasta entonces tildados de irracionales por mi familia. Yo, como tantos otros en aquellos a\u00f1os, ca\u00ed en la trampa publicitaria y sufr\u00ed sin siquiera haber visto la pel\u00edcula porque, adem\u00e1s, a\u00fan no se estrenaba cuando supe que supuestamente era real.<\/p>\n<p>Ya para el momento de su estreno, <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em> contaba con numerosos seguidores, por el simple y sencillo hecho de que estaba sustentada por una fuerte campa\u00f1a publicitaria: lo que \u00edbamos a ver, aseguraban, eran las grabaciones <em>verdaderas<\/em> de un grupo de estudiantes que, luego de salir a investigar sobre la ya mentada bruja, desaparecieron sin dejar m\u00e1s rastro que un c\u00famulo de videos que alguien, despu\u00e9s, orden\u00f3 para mostr\u00e1rnoslos. Aquel miedo de \u201cme puede pasar a m\u00ed tambi\u00e9n\u201d, entonces, regres\u00f3 con inusitada fuerza. Yo, como tantos otros, no lo sab\u00eda, pero acababa de encontrarme con el g\u00e9nero llamado <em>found footage,<\/em> o metraje encontrado, en llano espa\u00f1ol: una ficci\u00f3n disfrazada de no ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si bien los antecedentes de esta pel\u00edcula (que vuelvo a ver con regularidad y siempre, sin importar qu\u00e9, me asusta) pueden hallarse, por ejemplo, en <em>Holocausto can\u00edbal<\/em>, considero necesario se\u00f1alar que no era, estrictamente hablando, un recurso narrativo \u201cnuevo\u201d: ya antes exist\u00eda el \u201cmanuscrito encontrado\u201d, un artilugio narrativo que data de hace ya varios a\u00f1os. En <em>Los prodigios m\u00e1s all\u00e1 de Thule<\/em>, de Antonio Di\u00f3genes, podemos hallar los or\u00edgenes de esto: \u00e9l aseguraba no ser el autor de la obra, sino solo su descubridor. A\u00f1os despu\u00e9s, Miguel de Cervantes Saavedra, en <em>El Quijote de la Mancha<\/em>, afirma que una parte del ya citado libro no es de su autor\u00eda, sino de un tal Cide Hamete Benengeli. En la portada de ambos libros bien podr\u00eda encontrarse aquella famosa leyenda de \u201cbasada en hechos reales\u201d, un etiquetado que nos indique a qu\u00e9 nos enfrentamos, un juego metatextual, pero, tambi\u00e9n, un posible recurso de defensa.<\/p>\n<p>Daniel Myrick y Eduardo S\u00e1nchez, escritores y directores de <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>, aprendieron a las mil maravillas la lecci\u00f3n de Cervantes: lo que vamos a ver (a leer) no es m\u00edo, s\u00f3lo lo encontr\u00e9. \u00bfQuejas, sugerencias, dudas? No, no es conmigo con quien lo ve, recl\u00e1mele a los autores. Ah, un momento, es cierto: est\u00e1n desaparecidos o, en el caso del Quijote, bien lejos. Cervantes padre del <em>found footage<\/em>, \u00bfqui\u00e9n lo dir\u00eda? Pero de qu\u00e9 no es padre aquel se\u00f1or sin una mano.<\/p>\n<p>Este juego metaficcional en la mentada pel\u00edcula sirve, s\u00ed, para adentrarnos m\u00e1s en la historia, para envolvernos, pero tambi\u00e9n funcion\u00f3 a la perfecci\u00f3n para justificar un trabajo m\u00e1s bien modesto en cuanto a dinero se refiere: la pel\u00edcula se grab\u00f3 con poco m\u00e1s de 60,000 d\u00f3lares. Es decir, estamos frente a un proyecto que supo poner todo a su favor, tanto la escasez monetaria como la falta de acceso a la informaci\u00f3n que sufr\u00eda el p\u00fablico en aquel entonces y que, por lo tanto, no nos permiti\u00f3 corroborar si de verdad aquello era <em>real<\/em>. Un proyecto as\u00ed, hoy en d\u00eda, no ser\u00eda tan f\u00e1cil de colocar en el p\u00fablico, al menos no con la consigna de que no es ficci\u00f3n. Eso lo saben sus directores y lo han comentado en numerosas ocasiones: <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em> fue posible s\u00f3lo en ese momento de la historia y es acaso irrepetible no como obra, sino como fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula, considero, es de una calidad suprema no s\u00f3lo por el filme en s\u00ed, sino por toda la construcci\u00f3n paralela que realizaron sus autores, quienes nos hicieron creer que, en realidad, eran unos meros Cervantes que dieron, por casualidad, con su Cide Hamete Benengeli. Nos hicieron creer que hab\u00edan hallado, no creado, y as\u00ed, \u00bfqui\u00e9n pondr\u00eda en duda lo que all\u00ed en la pel\u00edcula sucedi\u00f3? Y adem\u00e1s, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda quejarse de los malos encuadres, del sonido defectuoso, de la historia que a algunos les parece insostenible?<\/p>\n<p>Quien aprovecha su tiempo, sus limitaciones, y las pone a su favor, merece, para m\u00ed, una ovaci\u00f3n de pie. Quepa aqu\u00ed una segunda confesi\u00f3n: no me gustan las pel\u00edculas de terror, pero adoro los videojuegos de ese g\u00e9nero. \u00bfPor qu\u00e9? Lo ignoro, pero as\u00ed es. Mi favorito es <em>Silent Hill, <\/em>un juego que se desarrolla en un pueblo embrujado donde pocas cosas podemos ver a la distancia debido a la niebla que siempre inunda el lugar. Aplaudido por muchos como un recurso por dem\u00e1s ingenioso (vaya terror el que provocaba no saber qu\u00e9 hab\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la niebla), se trataba, en realidad, de una artima\u00f1a de los dise\u00f1adores para ocultar los escenarios que el juego todav\u00eda no cargaba. Como Myrick y S\u00e1nchez, los dise\u00f1adores aprovecharon las debilidades para convertirlas en fortalezas y, adem\u00e1s, lograron una historia que provoc\u00f3 m\u00e1s de una pesadilla entre toda la comunidad de jugadores porque, aunado a todo lo anterior, el protagonista, a diferencia de otros juegos del g\u00e9nero <em>survival horror<\/em> (como <em>Resident Evil y Alone<\/em> <em>in the dark)<\/em>, no era un militar entrenado o un detective feroz, sino simple y sencillamente un escritor con la mala suerte de caer en aquel pueblo infernal. Quiz\u00e1, otra vez, pens\u00e9 que eso me podr\u00eda pasar a m\u00ed, no por escritor ni mucho menos, sino porque, ya lo dije, pensaba que todo mal andaba busc\u00e1ndome y ah\u00ed hab\u00eda una historia donde el protagonista era un hombre com\u00fan y corriente.<\/p>\n<p>Pasaron los a\u00f1os y los juegos de terror siguieron apareciendo, con mayor o menor fortuna (como las pel\u00edculas que emulaban a <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>), y no hubo grandes sorpresas hasta que, en 2001, desembarc\u00f3 en Am\u00e9rica un videojuego japon\u00e9s de terror que volver\u00eda a cimbrar todo: <em>Fatal Frame<\/em>. No era aterrador s\u00f3lo por el juego en s\u00ed (que usaba a la perfecci\u00f3n el sonido, la jugabilidad, el apartado gr\u00e1fico y, sobre todo, la historia, plagada de fantasmas y demonios), sino porque en aquellos a\u00f1os a\u00fan estaba fresca la impresi\u00f3n causada por la pel\u00edcula de <em>El aro<\/em> (remake de <em>Ringu<\/em>, un filme japon\u00e9s basado en la novela de Koji Suzuki). Adem\u00e1s, el videojuego contaba con una leyenda de advertencia en el empaque: basado en hechos reales. Otra vez, me advert\u00edan (o esa era mi impresi\u00f3n), que eso me podr\u00eda pasar a m\u00ed.<\/p>\n<p>A pesar de que en aquellos a\u00f1os ya se hab\u00eda develado que esto suele ser un mero truco publicitario (<em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>, oh sorpresa, result\u00f3 ser un trabajo ficcional), aquel etiquetado volv\u00eda a hacer de las suyas en m\u00ed. Los creadores del videojuego llegaron a decir, en alg\u00fan momento, que s\u00f3lo hab\u00edan transformado una historia \u201creal\u201d en un videojuego, y que por el momento no pod\u00edan dar m\u00e1s detalles. Agregaron, eso s\u00ed, que ellos no eran los autores de la historia, sino que se la hab\u00edan encontrado y decidieron convertirla en videojuego. El manuscrito encontrado y el metraje encontrado daban la bienvenida a un nuevo miembro de la familia.<\/p>\n<p>Cervantes se hace pasar por un autor que no es Cervantes (potenciando el yo l\u00edrico a su m\u00e1xima expresi\u00f3n) y dice que el responsable es Cide Hamete Benengeli; Antonio Di\u00f3genes dice que no cre\u00f3 aquel texto, s\u00f3lo lo encontr\u00f3; Daniel Myrick y Eduardo S\u00e1nchez, a\u00f1os despu\u00e9s, afirman algo igual: estamos frente a autores que se esconden atr\u00e1s del narrador creado y ceden, as\u00ed, una parte de la \u201cgloria creativa\u201d a su yo l\u00edrico, es decir, abdican del narcicismo de signar una obra con el nombre propio, en aras, a veces, de un juego narrativo mayor, y nos aseguran que eso que estamos viendo es obra de alguien m\u00e1s, que ellos s\u00f3lo tuvieron la suerte de encontrarlo: toman distancia entre narrador y autor.<\/p>\n<p>Pero este apostatar de la autor\u00eda de un texto, de un material presentado, no es exclusiva de la ficci\u00f3n o, en todo caso, de la ficci\u00f3n pura. John Gibler, en <em>Una historia oral de la infamia<\/em> realiza, como se afirma en el pr\u00f3logo, un ejercicio de \u201canti Narciso\u201d: en ning\u00fan momento leemos una palabra suya, una frase de su autor\u00eda. El libro se compone de la disposici\u00f3n (arm\u00f3nica, por supuesto) de las distintas entrevistas que compil\u00f3 durante su investigaci\u00f3n. En apariencia, nada de lo que est\u00e1 en el libro es obra suya (todas las palabras pertenecen a los sobrevivientes del episodio de Ayotzinapa), pero podemos hallar su impronta entre l\u00edneas, en el sutil acomodo de las palabras: ah\u00ed, y no en otra parte, yace el autor. \u00c9l, como en su momento aseguraron Myrick y S\u00e1nchez, no invent\u00f3 nada, s\u00f3lo acomod\u00f3. El recurso es el mismo, aunque, claro, en un caso hablamos de ficci\u00f3n y en el otro de no ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>El juego, sin embargo, es casi id\u00e9ntico: estamos frente a autores que nos dicen \u201cyo no cre\u00e9 nada, esto lo he encontrado\u201d. Una aseveraci\u00f3n similar hacen ciertos autores cuando hablan del proceso para escribir sus obras: no son ellos quienes la han creado, sino alguien o algo m\u00e1s, una fuerza que s\u00f3lo fluy\u00f3 a trav\u00e9s de su pluma, acaso esa Voz Extra\u00f1a de la que habla Fabi\u00e1n Casas en el ensayo que lleva el mismo nombre. Se asumen, as\u00ed, como una suerte de m\u00e9diums que nos transmiten mensajes de otros, mensajes que s\u00f3lo \u201cencontraron\u201d. Analizado a profundidad, esto es el acto creativo: transmitir lo que \u201cotros\u201d dicen, aunque aseguremos que esos \u201cotros\u201d habitan fuera de nosotros, los no otros: somos meros amanuenses, copistas siempre de un tercero, de otras voces; el mecan\u00f3grafo que toma dictado y pasa a limpio.<\/p>\n<p>Si Gibler recogi\u00f3 testimonios y se dispuso a acomodarlos para lograr su intenci\u00f3n, podr\u00edamos hablar, quiz\u00e1, de una obra de tipo epistolar. Ya otras obras (de ficci\u00f3n casi siempre, insisto) hab\u00edan echado mano de este recurso. En <em>Dr\u00e1cula<\/em>, por ejemplo, hallamos (s\u00ed, hallamos) un c\u00famulo de testimonios ordenados por una mano invisible (y no esa que regula el mercado): nunca una sola palabra de un narrador omnisciente. Es decir, tanto en la obra de Gibler como en la de Stoker estamos frente a un manuscrito no hallado ni creado, sino acaso \u201carmado\u201d. En ambos casos (el de testimonios \u201cfalsos\u201d o \u201cverdaderos\u201d, en <em>Dr\u00e1cula<\/em> o <em>Historia oral de la infamia<\/em>) hallamos que la disposici\u00f3n lo es todo: ah\u00ed est\u00e1 al autor, en sus detalles, aunque ceda protagonismo a sus narradores, creados por \u00e9l mismo o reales. Es el titiritero que nunca vemos m\u00e1s que a trav\u00e9s de su trabajo.<\/p>\n<p>Estos juegos textuales donde el autor nos orilla a creer que estamos frente a algo \u201creal\u201d o, en todo caso, nos encamina a algo lo m\u00e1s \u201creal\u201d posible, no son exclusivos del <em>found footage<\/em> (o metraje encontrado) ni de su abuelo, el manuscrito encontrado. Marcel Schwob, en <em>Vidas imaginarias<\/em>, plantea un ejercicio de creaci\u00f3n que, acaso, se halle entre lo ficcional y lo no ficcional. A partir de personajes \u201creales\u201d, elabora historias \u201cno reales\u201d, en un trabajo que mucho tiene de ficci\u00f3n y por momentos pretende parecer no ficci\u00f3n. Ejercicios similares se aprecian, tambi\u00e9n, en la prosa de Juan Rodolfo Wilcock en <em>La sinagoga de los iconoclastas<\/em> y, de forma m\u00e1s reciente, en la pluma de Benjam\u00edn Labatut con <em>Un verdor terrible<\/em>. Estos libros, por poco, salen al mercado con aquella leyenda de \u201cbasados en hechos reales\u201d. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 en esas obras creemos, o al menos creo, estar frente a una pieza no ficcional o en todo caso no del todo ficcional? \u00bfQu\u00e9 me lleva a creer eso? \u00bfLa misma candidez que me hizo creer que <em>Panz\u00f3n Panseco<\/em> me atacar\u00eda apenas tuviera oportunidad?<\/p>\n<p>En el estudio introductorio a <em>Vidas imaginarias<\/em> se puede leer una afirmaci\u00f3n: \u201cFantasmas se ven con bastante frecuencia, pero con sombrero de tres picos, nunca\u201d. De fantasmas, as\u00ed en general, fantasmas (p\u00f3ngales usted, como la cola a un burro, los detalles que m\u00e1s le aterren), se habla mucho, \u00bfpero cu\u00e1ndo con tanto detalle, con tremenda precisi\u00f3n? Y es justo eso, los detalles (donde habita seg\u00fan dicen, el diablo), y la sucesi\u00f3n y disposici\u00f3n de estos, lo que dota a sus textos de una naturalidad pasmosa, de una suerte de etiquetado de \u201cbasado en hechos reales\u201d. Al fin y al cabo, \u00bfno son, todos los libros, algo basado en hechos reales, por m\u00e1s imaginarios que sean? Porque lo imaginario, como dice Piglia en <em>Blanco nocturno<\/em>, no es lo irreal, sino lo que es posible, aunque todav\u00eda no sea, y ah\u00ed, en esa proyecci\u00f3n al futuro, yace lo que existe y no existe: el fantasma.<\/p>\n<p>Schwob y sus ep\u00edgonos, es justo mencionarlo, construyen obras ficcionales con trazas de no ser del todo ficcionales, y para ello se valen de avales de veracidad, peque\u00f1os rasgos que nos hacen creer que lo que est\u00e1 ah\u00ed no es falso. Mencionan libros que nunca existieron, hablan de historiadores que jam\u00e1s pisaron este mundo, citan pasajes que pudieron, o no, existir, emplean traducciones irrastreables: usan herramientas que normalmente atribuimos a la no ficci\u00f3n y las resignifican al colocarlas en la ficci\u00f3n (Borges en este momento rasgu\u00f1a su ata\u00fad de la pura emoci\u00f3n). Colocan una etiqueta a productos que no necesariamente responden a lo que ah\u00ed se se\u00f1ala, aunque el efecto es el mismo: entendemos, as\u00ed lo hemos acordado, que hay ciertos elementos de la ficci\u00f3n y otros tantos de la no ficci\u00f3n y en ellos confiamos para saber frente a qu\u00e9 nos encontramos. Ellos, como figuras literarias de autoridad, avalan y nosotros estamos deseosos de creer, firmamos un contrato ficcional. Por eso aterran las pel\u00edculas de terror, por eso nos dejamos llevar por esas vidas imaginarias y por eso, en mi caso particular, me sigue aterrando <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>: por sus avales de veracidad que son entendidos sociales: grabaci\u00f3n profesional, con c\u00e1maras profesionales, es ficcional; grabaciones defectuosas, con c\u00e1maras caseras (que yo podr\u00eda tener) es verdadero.<\/p>\n<p>As\u00ed como Schwob tiene continuadores de su legado, Myrick y S\u00e1nchez crearon un camino que otros han recorrido: las pel\u00edculas de metraje encontrado no se han extinguido, sino que proliferan, aunque no hayan logrado el \u00e9xito de <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>. \u00bfA qu\u00e9 se debe esto? Seg\u00fan estos cineastas, podr\u00eda obedecer al hecho de que ahora el mundo est\u00e1 m\u00e1s alerta ante este tipo de \u201cembustes\u201d: analizamos, preguntamos, buscamos en internet para corroborar o refutar: poseemos informaci\u00f3n que, por ejemplo, los lectores de <em>El quijote <\/em>no ten\u00edan o, sin ir m\u00e1s lejos, nosotros no ten\u00edamos en el a\u00f1o de estreno<em> de la Bruja de Blair.<\/em><\/p>\n<p>Lo anterior, tambi\u00e9n, se debe, seg\u00fan el mismo S\u00e1nchez afirm\u00f3 en una entrevista, a que las audiencias estaban dispuestas a aceptar nuevas historias y nuevas formas de contarlas: lo que a la pel\u00edcula le falta de veracidad, le sobra de verosimilitud. Estos dos elementos son vitales en cuanto a la narrativa se refiere. Una obra debe ser cre\u00edble, establecemos un contrato ficcional con el receptor: lo que te estoy contando obedece a sus propias reglas internas; si no es cre\u00edble, si no logra abstraernos por un momento de la realidad y desaparecer el tiempo, no es funcional del todo. Ya lo dijo Julio Ram\u00f3n Ribeyro: si el lector no acepta el desenlace de un cuento, este ha fallado.<\/p>\n<p>Myrick y S\u00e1nchez aseguran que <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>, en estos a\u00f1os, no funcionar\u00eda, porque estamos m\u00e1s al pendiente: ahora sabemos que hay formas de alterar la realidad, que hay ficci\u00f3n por todos lados y que esta ya no se limita a sus contenedores usuales. Por ejemplo, vemos una fotograf\u00eda y no sabemos, a ciencia cierta, si ha sido alterada: lo que antes era una prueba fehaciente, la imagen escrita con luz, ahora, sabemos, puede ser un trabajo de ficci\u00f3n tan logrado que, por momentos, parece no serlo.<\/p>\n<p>Cuando hablo de fotomontaje, no hablo de trabajos realizados con un programa especializado de computadora, sino de aquellas im\u00e1genes donde se superpon\u00edan dos elementos dentro de una misma fotograf\u00eda, a veces con una t\u00e9cnica por dem\u00e1s rudimentaria como el fotocopiado, para lograr una tercera imagen, por supuesto ficcional. No necesariamente estos elementos eran ficticios por s\u00ed mismos, lo que funcionaba como un aval de veracidad. Por ejemplo, cuando era ni\u00f1o, mi hermano mayor me mostr\u00f3 una fotograf\u00eda donde estaba hombro a hombro con Pancho Villa, Emiliano Zapata, Lucio Caba\u00f1as y el Sub Comandante Marcos. En un primer vistazo, no logr\u00e9 entender qu\u00e9 ten\u00eda de raro aquella imagen (no del todo mala en su ejecuci\u00f3n, debo decirlo), pero despu\u00e9s me hicieron notar que todos aquellos con los que posaba mi hermano, a excepci\u00f3n de \u00e9l mismo y el Sub Comandante Marcos, ya hab\u00edan muerto. Dos elementos no ficcionales, superpuestos, lograban una tercera imagen, una veros\u00edmil: basada en hechos reales, pero no real.<\/p>\n<p>Dada la efervescencia pol\u00edtica y social de aquellos a\u00f1os (mediados de los 90), mi pap\u00e1 le pidi\u00f3 a mi hermano que se deshiciera de aquella fotograf\u00eda: si llegaban a encontr\u00e1rsela en un cateo de la polic\u00eda, aseguraba, no habr\u00eda forma de evitar problemas. Si eso pasa, rebati\u00f3 mi hermano, les dir\u00e9 que yo no la hice, que me la encontr\u00e9. La excusa era mala, ahora lo s\u00e9, pero mi hermano apostat\u00f3 de su car\u00e1cter de autor para esconderse detr\u00e1s del viejo artilugio de la obra encontrada. Ese tipo de obras, lo descubr\u00ed posteriormente, rara vez, y sobre todo cuando tienen fines difamatorios, poseen un autor que se reconozca como tal: siempre son \u201cencontradas\u201d en alg\u00fan lado: nadie reconoce su autor\u00eda. Otra vez, el creador abdica de su posici\u00f3n y se esconde tras una invenci\u00f3n paralela: su narrador. Alguien me pas\u00f3 esta fotograf\u00eda, me la compartieron, la encontr\u00e9 en internet: el mecanismo ficcional sirve de defensa ante posibles fallos narrativos, ante posibles problemas derivados por la autor\u00eda.<\/p>\n<p>En estas fechas, donde los recursos para alterar un hecho antes considerado inamovible, es dif\u00edcil diferenciar qu\u00e9 es aquello basado en hechos reales y qu\u00e9 es real. El artificio ficcional, bien elaborado, puede llegar a suplantar, por un instante, a la realidad. Tendemos a creer lo veros\u00edmil, no lo veraz, por m\u00e1s descabellado que sea el hecho, incluso el ataque del esp\u00edritu de una bruja o la convivencia de un adolescente con l\u00edderes guerrilleros fallecidos a\u00f1os atr\u00e1s. La verdad no basta a veces para hacernos creer.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si es porque en estos momentos fumo como si no hubiera un ma\u00f1ana, pero recuerdo que Julio Ram\u00f3n Ribeyro aseguraba en su dec\u00e1logo sobre el cuento que, si la historia es real, debe parecer ficticia, y si es ficticia debe parecer real. Es una discusi\u00f3n harto manida, pero presente: hay quienes siguen creyendo que veracidad y verosimilitud son sin\u00f3nimos, cuando, a veces, pueden llegar casi al extremo de convertirse en ant\u00f3nimos. Por ejemplo: hay quienes, al vaciar una historia a la hoja, con la esperanza de que se vuelva una pieza de narrativa ficcional (cuento, novela, minificci\u00f3n), se apegan \u201cdemasiado\u201d a la realidad y vierten la historia tal cual fue: un ejercicio amanuense. Cuando se les se\u00f1ala que no es veros\u00edmil, insisten en que es veraz, aunque estos t\u00e9rminos, tan cercanos, acaben siendo polos opuestos en ocasiones. S\u00ed pas\u00f3 as\u00ed, pero no puede ser contado como tal si queremos que se crea. Porque hacer creer es, de cierta manera, crear. La historia oral, sea de la infamia o no, se transforma en su camino al terreno de lo escrito, de lo filmado.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los 90, en Estados Unidos hubo una serie de llamadas telef\u00f3nicas a establecimientos de comida r\u00e1pida, en los que un supuesto agente de la polic\u00eda obligaba a los gerentes a detener a alg\u00fan empleado bajo cargos de posesi\u00f3n de drogas. El gerente obedec\u00eda, sin importar lo irracional o arbitrario de las \u00f3rdenes, puesto que cre\u00eda estar hablando con un agente de la ley \u201creal\u201d. \u00bfCu\u00e1les eran sus avales de veracidad? La voz, el tono, la posesi\u00f3n de datos sensibles: por inveros\u00edmil que fuera la historia, le resultaba veraz porque el delincuente, narrador al fin y al cabo, hab\u00eda urdido una trama cre\u00edble.<\/p>\n<p>Uno de estos casos, quiz\u00e1 el m\u00e1s famoso, fue el de Louise Ogborn, en el que esta joven empleada termin\u00f3 siendo v\u00edctima de abuso sexual a manos de la pareja de la gerente del establecimiento. Este caso ser\u00eda llevado a la pantalla en la pel\u00edcula <em>Compliance<\/em>, para m\u00ed, un filme tan fuerte y aterrador, aunque en sus propios t\u00e9rminos, como <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em>. Sin embargo, numerosos espectadores, me cuento entre ellos, declararon que la pel\u00edcula es un tanto inveros\u00edmil, y esto quiz\u00e1 se deba a su estricto apego a la veracidad del hecho: el creador no es amanuense de la realidad, no debe serlo. El director, Craig Zobel, sacrific\u00f3 elementos propios de la narrativa para ofrecernos un retrato de lo real, no un retrato hablado.<\/p>\n<p>Aquel delincuente que hac\u00eda las llamadas telef\u00f3nicas, am\u00e9n de poseer intenciones por dem\u00e1s da\u00f1inas, form\u00f3 un ejercicio narrativo inusitado: implant\u00f3 la ficci\u00f3n en la no ficci\u00f3n, hizo creer que algo de verdad estaba pasando: se construy\u00f3, para una historia precisa, a su Cide Hamete Benengeli y, as\u00ed, logr\u00f3 que sucediera lo que planeaba. Un psic\u00f3logo llam\u00f3 a este comportamiento \u201cvoyeurismo virtual\u201d: aunque era el art\u00edfice del embuste, disfrutaba viendo el resultado, aunque de lejos, sin participar, sin tocar, siempre protegido por la distancia y el anonimato. As\u00ed como el que ve pel\u00edculas de terror desea ver, pero no participar, el voyeurista aprecia, pero no toma un papel activo. Hoy todos somos voyeurs, dec\u00eda Monsiv\u00e1is, incluso de los relatos. Deseamos saber m\u00e1s, siempre m\u00e1s, pero no participar. Deseamos conocer el desenlace de algo, pero desde la seguridad de la distancia.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 debido a lo anterior es que <em>El proyecto de la bruja de Blair<\/em> es de mis pel\u00edculas favoritas: me hace creer, as\u00ed a secas, creer, incluso contra todo pron\u00f3stico l\u00f3gico o racional. Una parte de m\u00ed entiende que eso no es \u201creal\u201d, pero otra, la m\u00e1s fuerte, sabe que eso es posible por imaginario. Puede ser, adem\u00e1s, que sea de mis pel\u00edculas predilectas porque su forma de narrar me parece por dem\u00e1s inteligente: no muestra nada, s\u00f3lo sugiere. Jam\u00e1s vemos a la bruja, pero me he cansado de imaginarla, siempre moldeada por mis m\u00e1s profundos terrores. En este filme encuentro un ejemplo de c\u00f3mo me gustar\u00eda narrar porque convierte al espectador en voyeurista, alguien que desea ver qu\u00e9 m\u00e1s sucedi\u00f3 y se alegra, como el que presencia un accidente de autos, de que no le pas\u00f3 a \u00e9l. Participa pero desde lejos, porque s\u00f3lo busca la amenaza del encuentro, no el encuentro mismo.<\/p>\n<p>He llegado a pensar que mi gusto por los juegos de terror, mucho mayor que el de las pel\u00edculas de terror, se debe a un simple y sencillo hecho: en el juego poseo control, a diferencia de la pel\u00edcula, donde estoy a merced de las \u00f3rdenes del director. Soy yo qui\u00e9n decide hasta d\u00f3nde llegar y cu\u00e1ndo, qu\u00e9 cantidades de estr\u00e9s soy capaz de soportar y entonces, llegado al l\u00edmite, descanso un poco y vuelvo no a presenciar una historia, sino a desenmara\u00f1arla con mis propias manos. No soy una v\u00edctima del bromista del tel\u00e9fono ni mucho menos un testigo: me vuelvo c\u00f3mplice, colaborador. Aparezco hombro a hombro con \u00e9l, aunque nos separen el tiempo y la distancia.<\/p>\n<p>Es sencillo: en el fondo sigo siendo ese ni\u00f1o que escuchaba, a veces a escondidas, y con plena consciencia de las consecuencias, las historias de terror que los adultos a su alrededor se compart\u00edan. Sigo siendo ese que, en cuanto alguien aseguraba tener una historia de fantasmas (siempre improbable, nunca imposible), se quedaba a escucharla hasta ya no poder m\u00e1s y salir corriendo a otro lado. Quiz\u00e1, desde entonces, intu\u00eda la diferencia entre algo \u201cbasado en hechos\u201d reales y algo \u201creal\u201d; el primero me seduc\u00eda y el segundo me aterraba, pero ambos sentimientos comparten muro en mi pecho y lo que hace uno lo escucha el otro.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si dijera que el que escribi\u00f3 esto no soy yo, sino un personaje que me invent\u00e9? Un narrador potenciado, un yo l\u00edrico llevado al extremo: mi propio Cide Hamete Benengeli, al que le atribuyo cosas que quiz\u00e1 no dir\u00eda. Al final del d\u00eda, \u00bfeso importa? Si dijera que este ensayo lo encontr\u00e9, y no es m\u00edo, \u00bfalgo cambiar\u00eda? Recordar es inventar: quiz\u00e1 nunca tuve miedo de que el esp\u00edritu de un comediante viniera a espantarme. Quiz\u00e1 este texto no es real del todo, sino simple y sencillamente un ensayo, como tantos otros, basado en hechos reales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No me considero una persona afecta a las pel\u00edculas de terror, por lo tanto, son pocas las que he visto. 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Coordinador del Taller de Creaci\u00f3n Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (R\u00edo arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Perif\u00e9ricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de M\u00e9xico, 2020, menci\u00f3n honor\u00edfica en el Certamen Literario Laura M\u00e9ndez de cuenca 2018) y Especies carism\u00e1ticas (Premio Nacional  de Cuento Juan Jos\u00e9 Arreola 2023). Tambi\u00e9n es autor de los libros de cr\u00f3nica Tren suburbano (Malpa\u00eds, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo menci\u00f3n honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la cr\u00f3nica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibarg\u00fcengoitia) y del libro de ensayos <em>Basado en hechos reales<\/em> (Casa Bons\u00e1i, 2025). \n\nBecario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de M\u00e9xico (2018) en el \u00e1rea de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comit\u00e9 de premiaci\u00f3n del Premio Nacional de Cr\u00f3nica Joven Ricardo Garibay 2020, as\u00ed como en los comit\u00e9s de selecci\u00f3n de est\u00edmulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor.\n\nHa publicado cuento, poes\u00eda, cr\u00f3nica, ensayo, rese\u00f1a y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, as\u00ed como en las antolog\u00edas De narcos a luchadores (Contrabando, Espa\u00f1a, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilaci\u00f3n de Bernardo Barrientos Dom\u00ednguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el n\u00famero especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y  el n\u00famero especial sobre cr\u00f3nica: La cr\u00f3nica, el arte de narrar, de La Jornada.  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