{"id":45954,"date":"2022-01-10T07:00:17","date_gmt":"2022-01-10T13:00:17","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=45954"},"modified":"2026-10-28T12:49:01","modified_gmt":"2026-10-28T18:49:01","slug":"suenan-los-humanos-con-ovejas-electricas-el-tamagotchi-y-las-premoniciones-de-p-k-dick","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=45954","title":{"rendered":"\u00bfSue\u00f1an los humanos con ovejas el\u00e9ctricas?  El Tamagotchi y las premoniciones de P. K. Dick"},"content":{"rendered":"<p>I<\/p>\n<p>Se escuch\u00f3 un grito desgarrador desde el fondo del autob\u00fas. Un ni\u00f1o lloraba desga\u00f1itado. Eran apenas las ocho de la ma\u00f1ana y camin\u00e9 por el pasillo, como todos los dem\u00e1s curiosos, para ver qu\u00e9 hab\u00eda pasado. El ni\u00f1o que lloraba no pod\u00eda ni hablar. Estaba desgarrado y sosten\u00eda algo, como un huevito, protegi\u00e9ndolo entre las manos mientras se mec\u00eda de atr\u00e1s para adelante sorbiendo mocos. Otro ni\u00f1o lo ve\u00eda con una mezcla de culpa y malicia.<\/p>\n<p>-\u201c\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 hijo? H\u00e1blame \u00bfEst\u00e1s bien?\u201d<\/p>\n<p>-\u201cMe lo mat\u00f3, me mat\u00f3 mi Tamagotchiiiii\u201d<\/p>\n<p>Creo que la se\u00f1ora no entendi\u00f3 muy bien qu\u00e9 hab\u00eda pasado. Pas\u00f3 mucho tiempo para que los adultos se dieran cuenta de la plaga de tristeza y duelo que cay\u00f3 sobre varias generaciones durante esos brillosos a\u00f1os del fin del milenio.<\/p>\n<p>La plaga hab\u00eda llegado de Jap\u00f3n. Naci\u00f3 de un pensamiento puramente pragm\u00e1tico, inteligente, mercadol\u00f3gico, brillante. Como todas las plagas, creci\u00f3 fuera de proporci\u00f3n antes de extinguirse como por arte de magia.<\/p>\n<p>La plaga de furor y tristeza empez\u00f3 con el Tamagotchi. Era Imposible no saber qu\u00e9 era un Tamagotchi si creciste en los noventa. M\u00e1s all\u00e1 de los Furbys, m\u00e1s all\u00e1 de las cambiantes consolas de videojuegos, el Tamagochi fue el juguete m\u00e1s intensamente codiciado en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os del siglo XX.<\/p>\n<p>En noviembre de 1996, el tamagotchi sali\u00f3 por primera vez a la venta en Jap\u00f3n. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, la famosa marca de juguetes Bandai hab\u00eda vendido m\u00e1s de 10 millones de unidades. Para sostener la oferta ante una demanda voraz, la compa\u00f1\u00eda tuvo que lograr fabricar 3 millones de unidades al mes. Era una locura. Padres acampaban afuera de las jugueter\u00edas, golpe\u00e1ndose, rebaj\u00e1ndose, rogando por un Tamagotchi. Los m\u00e1s vivos ladrones fabricaban cupones para canjearlos por el codiciado juguete, enga\u00f1ando a los m\u00e1s ilusos y esperanzados.<\/p>\n<p>En mayo de 1997, el Tamagotchi lleg\u00f3 a Estados Unidos. La legendaria tienda de juguetes FAO Swartz vendi\u00f3 30 mil unidades en 3 d\u00edas. Cada una de las unidades costaba entre 15 y 18 d\u00f3lares. Fue una bomba. La cadena de jugueter\u00edas QVC registr\u00f3, en el pico m\u00e1s alto de la plaga, la venta de 6 mil Tamagotchis en 5 minutos. Para junio, ya se hab\u00edan comprado 3.5 millones de unidades solamente en Estados Unidos.<\/p>\n<p>Como bien recordar\u00e1n, esta era la \u00e9poca del muy establecido liberalismo tecn\u00f3crata en M\u00e9xico y el TLCAN estaba en toda su gloria. No deb\u00edamos esperar a\u00f1os para el estreno de una pel\u00edcula. No tendr\u00edamos que rogar para que el t\u00edo que viv\u00eda en Tijuana se cruzara a San Diego a comprar un videojuego popular. Todos los bienes de consumo inmediato en Estados Unidos empezaron a fluir a M\u00e9xico. As\u00ed fue como nos lleg\u00f3 la plaga.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o s\u00e1dico en el cami\u00f3n le quit\u00f3 el tamagotchi a otro pobre ni\u00f1o porque quer\u00eda comprobar algo que hab\u00eda escuchado por ah\u00ed: si volteas el Tamagotchi e insertas un clip en una peque\u00f1a ranura trasera, el juguete se reinicia. Esto puede parecer bastante inocente, pero no lo es. Reiniciar el Tamagotchi no es lo mismo que reiniciar un videojuego. Ni siquiera uno de los m\u00e1s crueles, como el primer Mario Bros, que no te dejaba guardar la partida. No, lo del Tamagotchi era mucho peor. Este juguete, en efecto, se mor\u00eda.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o que sosten\u00eda, desconsolado, el tamagotchi muerto, no fue el \u00fanico ni\u00f1o que perdi\u00f3 a su mascota virtual en la \u00e9poca. La plaga consumi\u00f3 al mundo en una fiebre irresistible de responsabilidad y duelo.<\/p>\n<p>\u00bfPero qu\u00e9 caus\u00f3 todo esto? \u00bfC\u00f3mo naci\u00f3 una idea tan peculiarmente cruel? \u00bfQu\u00e9 hicimos para merecer esta locura?<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>En Mythologies (1953), Barthes habla de la industria cambiante de los juguetes. Primero, en un argumento mucho m\u00e1s personal, se pregunta qu\u00e9 pas\u00f3 con la madera. Los juguetes se hac\u00edan antes con madera. Antes no hab\u00eda juguetes de pl\u00e1stico. Con nostalgia, Barthes recuerda el tacto c\u00e1lido de los juguetes geom\u00e9tricos, de los bloques y cubos, de los caballos y las espadas de madera.<\/p>\n<p>El argumento emocional no se queda, por supuesto, en la nostalgia. Mythologies es un tratado semi\u00f3tico sobre los mitos de la peque\u00f1a burgues\u00eda. Con mitos, Barthes se refiere a signos de segundo orden, una resignificaci\u00f3n de un signo que se vuelve significante y que adquiere otro significado. Habla de toda clase de cosas. De las revistas que uno ojea en la peluquer\u00eda, de Marlon Brando, de la lucha libre, de Elizabeth Taylor, etc.<\/p>\n<p>Cuando habla de los juguetes, entonces, es para hablar de un cambio ideol\u00f3gico. Con el pl\u00e1stico, el juguete se convirti\u00f3 en una comodidad masiva, producida en enormes cantidades, todos iguales. Y, en esta mismidad de los juguetes, se insert\u00f3 la ideolog\u00eda peque\u00f1oburguesa. De pronto, los juguetes no eran una invitaci\u00f3n a la imaginaci\u00f3n, sino todo lo contrario.<\/p>\n<p>Los juguetes, con la producci\u00f3n masiva, se convirtieron en la transmisi\u00f3n preferida de los empleos burgueses. Los ni\u00f1os jugaban a ser soldados, a ser doctores, a ser constructores. Las ni\u00f1as jugaban a cocinar, a ser madres, amas de casa. Una programaci\u00f3n por g\u00e9nero para el futuro. Los ni\u00f1os dejaron de ser ni\u00f1os para convertirse en adultos en potencia. Los adultos que una ideolog\u00eda imaginaba con roles perfectamente trazados.<\/p>\n<p>Hay una ense\u00f1anza en esto. Casi cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s llegaron los Tamagotchis y se vendieron como una manera de ense\u00f1ar a los ni\u00f1os sobre c\u00f3mo cuidar a una mascota y aceptar el duelo. De alguna forma, \u00e9sta parec\u00eda ser una ense\u00f1anza segura, porque digital y abstracta, de ense\u00f1arles a los ni\u00f1os algo doloroso, muy real y concreto. Si lo pensamos mejor, \u00bfqu\u00e9 significa? \u00bfQu\u00e9 es lo que verdaderamente causaba el Tamagotchi en la psique de los ni\u00f1os? \u00bfA qu\u00e9 costo se programa a los ni\u00f1os para ser adultos anticipados? \u00bfPara vivir el duelo desde temprana edad? \u00bfEra esto ense\u00f1anza o crueldad?<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Cuenta la leyenda que Akihiro Yokoi de la empresa WiZ pens\u00f3 primero en el Tamagotchi al ver un anuncio en el que un ni\u00f1o se iba de excursi\u00f3n con una tortuga. Se le ocurri\u00f3, entonces, la idea de dise\u00f1ar un nuevo tipo de mascota: una mascota portable, una mascota digital. Por supuesto, ya exist\u00edan algunas mascotas digitales en ese momento. Pero Yokoi quer\u00eda algo m\u00e1s. Los softwares de mascotas eran demasiado amables con los usuarios. Seg\u00fan \u00e9l mismo explic\u00f3, una mascota no es solamente felicidad. Su extra\u00f1o c\u00e1lculo era que, con una mascota, la vida es 30% de cari\u00f1o y ternura y 70% de atenciones, dolor, y trabajo.<\/p>\n<p>Entonces, junto a Aki Maita de la m\u00edtica empresa de juguetes Bandai, comenz\u00f3 a pensar en un prototipo. Esta mascota digital iba a ser un huevo (<em>tamago<\/em> en japon\u00e9s) alien\u00edgena depositado en la tierra. Su due\u00f1o tendr\u00eda que cuidarlo, quererlo, entrenarlo y alimentarlo para que llegara a un pleno desarrollo. Para hacerlo, deb\u00eda portarlo siempre consigo (<em>gotchi<\/em> es reloj en japon\u00e9s). Este huevo port\u00e1til, sin embargo, no era puro refuerzo positivo. Aqu\u00ed las cuestiones son de vida o muerte y hay una verdadera penalizaci\u00f3n por fallar en los cuidados de la criatura.<\/p>\n<p>Si el due\u00f1o lo alimenta bien, lo entrena bien y lo limpia bien, el Tamagotchi crecer\u00e1 sano y se desarrollar\u00e1 en diferentes etapas hasta que, finalmente, morir\u00e1 de viejo. Si el due\u00f1o no lo alimenta, no lo limpia y no lo entrena, el Tamagotchi no se desarrollar\u00e1, comenzar\u00e1 a enfermarse y morir\u00e1. Todo, pues, est\u00e1 en las manos de un ni\u00f1o que tiene un huevito con una cadena y tres botones para interactuar con su mascota.<\/p>\n<p>La idea es brillante. Al menos, desde el punto de vista mercadot\u00e9cnico. Pi\u00e9nsenlo. \u00bfCu\u00e1nto tiempo al d\u00eda usa un juguete un ni\u00f1o? \u00bfDos horas? \u00bfCuatro? \u00bfCu\u00e1nto tiempo al d\u00eda piensa en \u00e9l, lo carga consigo, lo piensa, lo sue\u00f1a, le inquieta?<\/p>\n<p>El problema b\u00e1sico al que se enfrentaban las compa\u00f1\u00edas de juguetes es que los ni\u00f1os crecen y crecen r\u00e1pido. Ese es, finalmente, todo el centro del drama de Toy Story: pensar c\u00f3mo los juguetes son ef\u00edmeros, se desechan con rapidez, se cambian por una nueva moda. Ahora no es vaquero, ahora es astronauta. Ahora no son dinosaurios, son superh\u00e9roes.<\/p>\n<p>Pero la creaci\u00f3n de Yokoi y Maita exig\u00eda, a trav\u00e9s del mismo gameplay, que el ni\u00f1o pensara constantemente en su juguete. Todo el d\u00eda, al menos, porque durante la noche tambi\u00e9n duermen los Tamagotchis. No hay escape a la exigencia de este huevo port\u00e1til. Si el Tamagotchi suena, tienes que atenderlo. El castigo es tu propia culpa. La recompensa es verlo desarrollarse, presumir sus logros, sentirse orgulloso.<\/p>\n<p>Recuerdo bien esos patios de primaria llenos de ni\u00f1os con Tamagotchis. Era una competencia cruel de la que yo no formaba parte. Por caros y adictivos, mi madre me los prohibi\u00f3. Cuando vi a ese ni\u00f1o llorar en el cami\u00f3n no me sent\u00ed aliviado por no tener un Tamagotchi. Al contrario, sent\u00ed que deb\u00eda tener uno. Un sue\u00f1o imposible para m\u00ed, pero presente en todos los ni\u00f1os de mi edad.<\/p>\n<p>A la fecha, se han vendido m\u00e1s de 85 millones de Tamagotchis.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>El Tamagotchi fue reemplazado, en la fiebre de los a\u00f1os noventa, por el Furby. Ese engendro espantoso que hablaba un idioma raro y te platicaba cosas fue la nueva tendencia. Era algo impresionante para los ni\u00f1os noventeros que ten\u00edan una fascinaci\u00f3n primitiva y voraz por la tecnolog\u00eda. El Tamagotchi hab\u00eda muerto, larga vida al Tamagotchi.<\/p>\n<p>En su tiempo de vida, sin embargo, el Tamagotchi tuvo un impacto real. El chamaco que lloraba en el cami\u00f3n no estaba llorando por las horas perdidas. Su duelo, siempre fue real. Y los repetidos duelos de toda esa generaci\u00f3n fueron reales.<\/p>\n<p>Cada vez que un Tamagotchi mor\u00eda, aparec\u00eda su tumba y un peque\u00f1o fantasma (en la versi\u00f3n japonesa) o un angelito volando por los cielos (en la versi\u00f3n estadounidense). En todo caso, a pesar de que pod\u00edas reiniciar el juego con el mecanismo trasero o apretando los botones A y C, el nuevo Tamagotchi que aparec\u00eda no era el mismo. Algo hab\u00eda expirado realmente, algo se hab\u00eda perdido.<\/p>\n<p>Bandai, entonces, en esos a\u00f1os, utiliz\u00f3 el miedo a la culpa y el dolor del duelo como un incentivo para vender juegos y crear una dependencia en ni\u00f1os. Las lecciones sobre la vida, la muerte y la responsabilidad no fueron el principal enfoque en este multimillonario negocio pop. Y, por eso, funcion\u00f3 maravillosamente bien.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Tal vez la genialidad cruel de este negocio puede informar sobre la relaci\u00f3n que tenemos con los animales. Al recordar a los ni\u00f1os presumiendo sus Tamagotchis en el patio de primaria mi mente se fue a Philip K. Dick. En particular, pens\u00e9 en <em>Do Androids Dream of Electric Sheep?<\/em> porque ah\u00ed hay una reflexi\u00f3n aguda sobre nuestra relaci\u00f3n mercantil con los animales.<\/p>\n<p>En la novela de Philip K. Dick, m\u00e1s famosa por haber dado, superficialmente, el argumento de <em>Blade Runner <\/em>(1982) -y, espiritualmente, el de la secuela de Villeneuve-, la gran mayor\u00eda de los animales en la tierra se han extinguido. Al mismo tiempo, para los habitantes maltrechos de este p\u00e1ramo polvoso, radioactivo y desolado, el m\u00e1ximo consuelo est\u00e1 en una nueva religi\u00f3n. Esta religi\u00f3n une a todos los humanos que quieran seguirlo, a trav\u00e9s de consolas personales, para que sufran con \u00e9l un martirio com\u00fan. El mercerismo es una religi\u00f3n de empat\u00eda.<\/p>\n<p>Los principios del mercerismo dictan que se cuiden los animales que quedan. Todos deben ayudar a salvarlos. Los animales, inmediatamente, por el simple hecho de un dictum religioso, se convierten en comodidad. Todos quieren tener uno para cumplir con la religi\u00f3n. Se compran en tiendas, se describen y val\u00faan en cat\u00e1logos. La religi\u00f3n pas\u00f3 de sugerir un concepto emp\u00e1tico a formar un negocio. Los m\u00e1s ricos tienen animales, pero los que no pueden tenerlos, optan, antes de sentirse rid\u00edculos con sus azoteas vac\u00edas, por comprar animales sint\u00e9ticos.<\/p>\n<p>Estas ovejas el\u00e9ctricas son id\u00e9nticas a las ovejas reales. Las empresas que las fabrican dan mantenimiento t\u00e9cnicos con reparadores disfrazados de veterinarios. Ni siquiera un ojo experto podr\u00eda distinguir la copia de la original. Rick Deckard tiene una oveja el\u00e9ctrica y sue\u00f1a con un animal real. Al mismo tiempo, siente culpa porque su trabajo es eliminar androides. Hay una empat\u00eda por la oveja el\u00e9ctrica como la hay por los humanos sint\u00e9ticos. \u00bfD\u00f3nde se detiene entonces la empat\u00eda? \u00bfD\u00f3nde se detiene la identificaci\u00f3n?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o que lloraba en el cami\u00f3n, como Deckard, sent\u00eda una identificaci\u00f3n real por el Tamagotchi. Pero tambi\u00e9n ten\u00eda, como Deckard, una relaci\u00f3n mercantil con su mascota. Es algo que se presume, algo que cuesta, algo que se tasa y se val\u00faa. Es algo para mostrar en el patio o en la azotea a los vecinos.<\/p>\n<p>El Tamagotchi, como la oveja el\u00e9ctrica de Deckard muestran, m\u00e1s all\u00e1 de las crueldades del futuro o del presente, que seguimos considerando a los animales, incluso al borde de la extinci\u00f3n masiva, como bienes de consumo, algo que se compra y se vende. Algo con lo que se negocia la culpa de una religi\u00f3n o la mercadotecnia de una compa\u00f1\u00eda de juguetes.<\/p>\n<p>Si los juguetes de la ideolog\u00eda contempor\u00e1nea, como dec\u00eda Barthes, hacen siempre del ni\u00f1o un adulto potencial, el Tamagotchi, en su momento, mostr\u00f3 que el adulto potencial tambi\u00e9n se entrena para tratar al mundo -y a todos los seres que lo habitan- como un negocio despiadado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I Se escuch\u00f3 un grito desgarrador desde el fondo del autob\u00fas. Un ni\u00f1o lloraba desga\u00f1itado. Eran apenas las ocho de la ma\u00f1ana y camin\u00e9 por el pasillo, como todos los dem\u00e1s curiosos, para ver qu\u00e9 hab\u00eda pasado. El ni\u00f1o que lloraba no pod\u00eda ni hablar. Estaba desgarrado y sosten\u00eda algo, como un huevito, protegi\u00e9ndolo entre &#8230; <a title=\"\u00bfSue\u00f1an los humanos con ovejas el\u00e9ctricas?  El Tamagotchi y las premoniciones de P. K. 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