{"id":44724,"date":"2021-07-19T08:00:23","date_gmt":"2021-07-19T13:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44724"},"modified":"2026-10-30T10:24:30","modified_gmt":"2026-10-30T16:24:30","slug":"70-anos-de-memorias-de-adriano-o-los-amigos-del-emperador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44724","title":{"rendered":"70 a\u00f1os de Memorias de Adriano o los amigos del emperador"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em>A la memoria de Enrique Serv\u00edn<\/em><\/p>\n<p>En 2005, en un caf\u00e9 del centro de Chihuahua, escuchaba a Enrique Serv\u00edn; los caf\u00e9s se nos enfriaban mientras toda nuestra atenci\u00f3n estaba en su voz y las im\u00e1genes que recreaba. Acababa de relatarnos la escena en la que Adriano se convierte en emperador, en una conversaci\u00f3n que imitaba las inflexiones del estilo de la Yourcenar, algunos detalles pertenec\u00edan a otros episodios de la novela \u2014que, por lo dem\u00e1s, entonces no hab\u00eda le\u00eddo\u2014, pero era capaz de compartirnos la voz que una escritora belga-francesa hab\u00eda logrado dar a un emperador romano.<\/p>\n<p>Fue en aquel caf\u00e9, en una de las primeras pl\u00e1ticas que tuve con Enrique, en las que escuch\u00e9 por primera vez el t\u00edtulo de <em>Memorias de Adriano<\/em>. Yo acababa de entrar a la facultad de Filosof\u00eda y Letras de la Universidad Aut\u00f3noma de Chihuahua y, habiendo crecido en un ejido, mi cultura general, a pesar de mis pretensiones, era muy pobre. Enrique, generoso como era, compart\u00eda los textos que amaba para que los dem\u00e1s tambi\u00e9n pudi\u00e9ramos amarlos. As\u00ed supe por primera vez de esa obra que, entonces, apenas acababa de cumplir medio siglo de publicada, pero que ya cargaba sobre s\u00ed el cariz de una obra cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>En aquellas conversaciones de caf\u00e9 \u00e9l tambi\u00e9n nos cont\u00f3 de su viaje a Italia, de su pas\u00f3 por el Pante\u00f3n, una de las muchas construcciones que Adriano erigi\u00f3 y han llegado hasta nuestros d\u00edas. Nos cont\u00f3 de aquel busto del emperador que vio en un museo romano y al que, mientras nadie ve\u00eda, se atrevi\u00f3 a tocarle la marm\u00f3rea barba.<\/p>\n<p>As\u00ed fui introducido al c\u00edrculo de seguidores de Adriano, no s\u00f3lo de la figura de aquel emperador que vivi\u00f3 entre el primer y el segundo siglo de nuestra era, que recibi\u00f3 el imperio en su momento de mayor extensi\u00f3n; sino del Adriano que Margarite Yourcenar nos leg\u00f3, al que ella dot\u00f3 de voz y de pensamiento a ese Publio Elio Adriano. A trav\u00e9s de una novela que es unas memorias, que es una recapitulaci\u00f3n vital, un tratado filos\u00f3fico \u2014vitalista, cercano al epicure\u00edsmo\u2014, pero, sobre todo, el retrato de un hombre, hecho por s\u00ed mismo, con sus dobleces, las mentiras que a s\u00ed mismo se dice y que adem\u00e1s de haber sido due\u00f1o de la mitad del mundo, fue un amante, fue un pensador, un soldado, poeta y aprendiz de fil\u00f3sofo. Todos ellos circulan por las p\u00e1ginas de la novela de la Yourcenar, pero no por capricho de ella sino por su amor a la verdad y a la fidelidad hist\u00f3rica.<\/p>\n<p><em>Me di cuenta muy pronto de que estaba escribiendo la vida de un gran hombre. por tanto, m\u00e1s respaldo por la verdad, m\u00e1s cuidado, y, en cuanto a m\u00ed, m\u00e1s silencio<\/em>. Escribi\u00f3 en sus Notas a Memorias de Adriano, para se\u00f1alar que aunque la obra era suya, era una operaci\u00f3n de recuperaci\u00f3n del rostro de un hombre, casi una operaci\u00f3n espiritisa.<\/p>\n<p><em>Groser\u00eda de los que dicen \u201cAdriano es usted\u201d. Groser\u00eda quiz\u00e1 mayor de los que se sorprenden de que yo haya elegido un tema tan lejano y extra\u00f1o. El hechicero que practica una incisi\u00f3n en su pulgar en el momento de evocar las sombras, sabe que ellas no s\u00f3lo obedecer\u00e1n esa llamada porque van a beber a su propia sangre. Sabe tambi\u00e9n, o deber\u00eda saber, que las voces que le hablan son m\u00e1s sab\u00edas y m\u00e1s dignas de atenci\u00f3n que sus propios gritos<\/em>.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfpor qu\u00e9 Marguerite Yourcenar se empe\u00f1\u00f3 en buscar esas sombras, en convocar esos esp\u00edritus? La respuesta es sencilla y muy compleja. La respuesta sencilla es para que esos esp\u00edritus dieran forma a una sola sombra: la de Adriano.<\/p>\n<p><em>Si ese hombre no hubiera mantenido la paz del mundo y no hubiera renovado la econom\u00eda del imperio, sus venturas y desventuras personales interesar\u00edan menos<\/em>.<\/p>\n<p>Publio Elio Adriano naci\u00f3 en It\u00e1lica, ciudad de la provincia de Hispania Beatica, el 24 de enero de 76 y muri\u00f3 en Bayas, en la Campania, el 10 de julio de 138. A su nacimiento lejos estaba de imaginar que llegar\u00eda a vestir la p\u00farpura imperial, pero la deslumbrante carrera militar de su t\u00edo (primo de su padre) de Marco Ulpio Trajano. Nerva eligi\u00f3 como su sucesor a Trajano quien se convirti\u00f3 en emperador en 98 y gobern\u00f3 hasta su muerte en 117, consigui\u00f3 la mayor expansi\u00f3n territorial del imperio y fue sucedido por Adriano. Su reinado se extendi\u00f3 por veinti\u00fan a\u00f1os y a lo largo de los cuales mantuvo la paz, mejor\u00f3 la legislaci\u00f3n y la econom\u00eda, as\u00ed como dio un impulso decisivo a la construcci\u00f3n de edificios, tanto al interior de Roma como fuera de \u00e9sta, muchos de los cuales est\u00e1n en pie hasta nuestros d\u00edas: como el Pante\u00f3n, su Mausoleo (hoy Castell Sant\u2019Angelo), la villa Adriana en T\u00edvoli, las murallas que llevan su nombre en Inglaterra, en la capital griega el Olimpi\u00f3n o la puerta Adriana. <em>Cada piedra era la extra\u00f1a concreci\u00f3n de una voluntad, de un recuerdo, a veces de un desaf\u00edo. Cada edificio era el plano de un sue\u00f1o<\/em>.<\/p>\n<p>A lo anterior se suma la tragedia que marca su legado, la muerte de su joven amante Ant\u00ednoo, cuya efigie es la m\u00e1s representada de la antig\u00fcedad. Un joven bitinio que acompa\u00f1\u00f3 al emperador entre 124 y 129, cuando muri\u00f3 en el Nilo en condiciones poco claras. En su duelo Adriano fund\u00f3 en el sitio de la muerte del joven una ciudad Ant\u00ednoe y creo un culto imperial en su memoria, la apoteosis de alguien que fue amado.<\/p>\n<p>Antes de morir eligi\u00f3 a un senador como su sucesor, Tito Aurelio Fulvo Boyonio Antonino \u2014quien pas\u00f3 a la historia, por su bondad, como Antoninio Pio\u2014 y, a su vez, hizo que adoptara a dos j\u00f3venes que ser\u00edan sus sucesores: Lucio Aurelio Vero y Marco Aurelio Antonino, el emperador fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>Fue parte de la dinast\u00eda Antonina, uno de <em>los cinco emperadores buenos<\/em>, como los llam\u00f3 Maquiavelo. <em>La \u00e9poca m\u00e1s feliz de la historia de la humanidad<\/em>, como consider\u00f3 a ese periodo el historiador ingl\u00e9s Edward Gibbon.<\/p>\n<p>A los hechos hist\u00f3ricos de ese hombre se suman los de la leyenda. Se dec\u00eda que ten\u00eda dotes adivinatorios y que frecuentaba or\u00e1culos y adivinos; que era capaz de memorizar cualquier libre con s\u00f3lo leerlo una vez; en vida se supone que public\u00f3 sus propias memorias bajo la firma de su liberto Fleg\u00f3n, obra que se ha perdido, pero de la cual abrevaron Dion Casio y Elio Esparciano para escribir sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>A mediados de la d\u00e9cada de 1920 una joven veintea\u00f1era se sinti\u00f3 atra\u00edda por ese hombre, por la impresionante figura de ese emperador cuya sombra llegaba hasta sus d\u00edas \u2014hasta nuestros d\u00edas\u2014. La joven naci\u00f3 en 1903 en uno de los confines del imperio de aquel hombre, en Bruselas, y tuvo una educaci\u00f3n que priorizaba el estudio de los cl\u00e1sicos en sus lenguas. As\u00ed empez\u00f3 la intenci\u00f3n de aquella joven de escribir una obra sobre ese hombre de la que la separaban dieciocho siglos, por tres d\u00e9cadas y dos continentes mantuvo aquella intenci\u00f3n, a lo largo de ese tiempo y ese tiempo, llev\u00f3 consigo notas y apuntes que, finalmente tomaron la forma de <em>Memorias de Adriano<\/em>. Obra que empez\u00f3 a publicar en la revista La Table Ronde en julio de 1951, en el n\u00famero 43 donde apareci\u00f3 la primera parte <em>Animula vagula blandula<\/em>; en los dos siguientes n\u00fameros aparecieron <em>Varius multiplex multiformis<\/em>, en el 44, y <em>Tellus stabilita<\/em>. Recibi\u00f3 tan buena acogida que la novela completa fue editada en Francia por la editorial Plon que la puso a la venta el 5 de diciembre de ese mismo 1951.<\/p>\n<p>La obra tuvo una gran acogida, tanta que para 1955 la editorial Sudamericana public\u00f3 la versi\u00f3n al espa\u00f1ol, nada menos que en traducci\u00f3n de Julio Cort\u00e1zar; una traducci\u00f3n aclamada y que se mantiene muy cercana al estilo de la Yourcenar.<\/p>\n<p>Podr\u00eda decirse que comenz\u00f3 un culto, el culto a Adriano. Pero el hombre que recapitula su vida en la ep\u00edstola que es unas memorias, que es una novela no exige culto, sino comprensi\u00f3n, mantenerse en contacto con el mundo que est\u00e1 a punto de dejar. Sus lectores no somos sus s\u00fabditos, sino sus amigos. Me gu\u00edo por una de las notas de la misma Marguerite sobre la carta que Arriano le dirige al emperador [\u2026] <em>ese mundo, raro en cualquier \u00e9poca, y que habr\u00eda de desaparecer por completo despu\u00e9s de Marco Aurelio, en el cual, por sutiles que fueran los matices del protocolo y el respeto, el letrado y el administrador se dirig\u00edan aun al pr\u00edncipe como a un amigo<\/em>.<\/p>\n<p>Esa es la magia de Yourcenar \u2014magia que podemos disfrutar los hablantes de espa\u00f1ol gracias al tambi\u00e9n mago Cort\u00e1zar\u2014: hacernos part\u00edcipes de la vida de Adriano, amistarnos con \u00e9l, padecer sus sufrimientos y congratularnos con sus logros. <em>Me complac\u00ed en hacer y rehacer el retrato de un hombre que casi llega a la sabidur\u00eda<\/em>. Y con cuanta sabidur\u00eda construy\u00f3 ese retrato.<\/p>\n<p><em>El tiempo no cuenta. Siempre me sorprende que mis contempor\u00e1neos, que creen haber conquistado y transformado el espacio, ignoren que la distancia de los siglos puede reducirse a nuestro antojo<\/em>. Si alguien tiene esa capacidad es Yourcenar, abole el tiempo y la distancia y nos da, en su propia voz, la vida de Elio Adriano, el viejo emperador, cansado de mandar, de vivir, pero satisfecho de esa vida, de los errores que la atravesaron.<\/p>\n<p><em>El paisaje de mis d\u00edas parece estar compuesto, como las regiones monta\u00f1osas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo all\u00ed mi naturaleza, ya compleja, formada a partes iguales de instinto y cultura. Aqu\u00ed y all\u00e1 afloran los granitos de lo inevitable por doquier, los desmoronamientos del azar. Trato de recorrer nuevamente mi vida en busca de un plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un r\u00edo subterr\u00e1neo, pero este plan ficticio no es m\u00e1s que una ilusi\u00f3n \u00f3ptica del recuerdo<\/em>. As\u00ed describe su propia vida en <em>Animula vagula blandula<\/em>.<\/p>\n<p>Ese hombre que, a confesi\u00f3n propia, se mide con los muertos nos habla, nos da sus memorias. Las intr\u00e9pidas aventuras de un joven romano, que por un lado se divierte en los brazos de las matronas de la capital y por otro se hace de un nombre en el ej\u00e9rcito; la carrera pol\u00edtica a la sombra de Trajano y la incertidumbre ante su elecci\u00f3n \u2014aqu\u00ed es oportuno se\u00f1alar la inteligencia de la autora y una de sus notas: <em>Todo se nos escapa, y todos, y hasta nosotros mismos. La vida de mi padre me es tan desconocida como la de Adriano.<\/em> [\u2026] <em>Ingeni\u00e1rmelas para que las lagunas de nuestros textos, en lo que concierne a la vida de Adriano, coincidan con lo que hubieran podido ser sus propios olvidos<\/em>. \u2014; su reinado, sus construcciones; las revueltas que enfrent\u00f3. Todo lo anterior, aunque conforma parte de la vida de ese emperador, de lo que se sabe de \u00e9l y ha sobrevivido los siglos, no lo diferencia en gran medida de otros emperadores; Nerva alcanz\u00f3 la p\u00farpura en la vejez, gracias a su condici\u00f3n senatorial y a negociaciones con el ej\u00e9rcito; Trajano, no supo que ascender\u00eda al principado hasta una edad avanzada, conquist\u00f3 Dalmacia, construy\u00f3 el foro y la columna que llevan su nombre; ah\u00ed est\u00e1n s\u00f3lo tres emperadores, de su misma dinast\u00eda, que comparten con \u00e9l muchas de sus circunstancias. Pero, es cierto, la forma en que las vivi\u00f3 Adriano fueron particulares a \u00e9l, tanto que la sombra de esos actos se extendi\u00f3 por siglos \u2014incluso un detalle superfluo como su uso de la barba se impuso por decenios en la moda romana\u2014. Sin embargo, de todas las particularidades que configuraron su vida, y que la Yourcenar tan bien desarrolla en su novela, su relaci\u00f3n con Ant\u00ednoo es quiz\u00e1 la m\u00e1s singular de todas.<\/p>\n<p><em>Seaculum Aureum<\/em>, el cap\u00edtulo dedicado al joven bitinio y a la relaci\u00f3n que el emperador sostuvo con \u00e9l logra transmitir el amor, la pasi\u00f3n que arrob\u00f3 a Adriano por aquel muchacho: <em>Aquel hermoso lebrel \u00e1vido de caricias y de \u00f3rdenes se tendi\u00f3 sobre mi vida<\/em>. Marguerite Yourcenar transmuta en palabras, no exenta de poes\u00eda, la belleza del m\u00e1rmol que permanece en museos a lo largo de Europa: [\u2026] <em>una cabeza inclinada bajo una caballera nocturna, ojos que el alargamiento de los p\u00e1rpados hac\u00eda parecer oblicuos, una cara joven y ancha. Aquel cuerpo delicado se modific\u00f3 continuamente, a la manera de una planta, y algunas de sus alteraciones son imputables al tiempo<\/em>. [\u2026] <em>Las piernas algo pesadas del potrillo se alargaron; la mejilla perdi\u00f3 su delicada redondez infantil, ahond\u00e1ndose un poco bajo el p\u00f3mulo saliente; el t\u00f3rax henchido de aire del joven corredor asumi\u00f3 las curvas lisas y pulidas de una garganta de bacante. El moh\u00edn petulante de los labios se carg\u00f3 de una ardiente amargura, de una triste saciedad<\/em>.<\/p>\n<p>Marguerite Yourcenar logra que compartamos con el viejo que recuerda aquel amor que lo apabull\u00f3 la nostalgia por ese momento. <em>La pasi\u00f3n colmada posee su inocencia, casi tan fr\u00e1gil como las otras; el resto de la belleza humana pasaba a ser espect\u00e1culo, no era ya la presa que yo hab\u00eda perseguido como cazador. Aquella aventura, tan trivial en su comienzo, enriquec\u00eda, pero tambi\u00e9n simplificaba mi vida; el porvenir ya no me importaba<\/em>.<\/p>\n<p>Y aquel amor se transfigur\u00f3, nada menos, que por la muerte del joven. <em>Como siempre. Ant\u00ednoo iba y ven\u00eda silenciosamente de la habitaci\u00f3n; nunca sabr\u00e9 en qu\u00e9 momento aquel hermoso lebrel se alej\u00f3 de mi vida<\/em>. El hombre m\u00e1s poderoso de su mundo frente a la muerte es impotente. <em>Todo se ven\u00eda abajo; todo pareci\u00f3 apagarse. Derrumb\u00f3se el Zeus Ol\u00edmpico, el Amo del Todo, el Salvador del Mundo, y s\u00f3lo qued\u00f3 un hombre de cabellos grises sollozando en el puente de una barca<\/em>.<\/p>\n<p>En su duelo no le queda m\u00e1s que rendirle homenajes al muerto, mandar esculpir sus efigies, fundar ciudades con su nombre; darle sepultura. <em>Lo dejamos solo. Entraba en esa duraci\u00f3n sin aire, sin luz, sin estaciones y sin fin, frente a la cual toda vida parece ef\u00edmera; hab\u00eda alcanzado la estabilidad, quiz\u00e1 la calma. Los siglos contenidos en el seno opaco del tiempo pasar\u00edan por millares sobre esa tumba sin devolverle la existencia, pero sin agregar nada a la muerte, sin poder impedir que un d\u00eda hubiera sido<\/em>.<\/p>\n<p><em>Seaculum Aureum<\/em> est\u00e1 al centro de la novela, es su coraz\u00f3n y en cierto sentido lo fue de la vida de Adriano. Queda la vejez, el desgaste, el fin. <em>La meditaci\u00f3n de la muerte no ense\u00f1a a morir y no facilita la partida; pero ya no es facilidad lo que busco.<\/em> [\u2026] <em>Puede ser despu\u00e9s de todo que la muerte est\u00e9 hecha de la misma materia fugitiva y confusa que la vida<\/em>.<\/p>\n<p>El emperador, cansado, con la muerte sobre el hombro, antes de terminar las l\u00edneas de su carta, que son sus memorias \u2014que es la novela escrita por Marguerite Yourcenar\u2014, hace un recuento de sus allegados, de su c\u00edrculo, para quienes ser\u00eda una traici\u00f3n si \u00e9l decidiera acabar por propia mano con su vida; a ese c\u00edrculo ya pertenecemos quienes leemos la novela, esas memorias, esa carta dirigida a Marco Aurelio.<\/p>\n<p>En una de las Notas a Memorias de Adriano se puede leer: <em>Sentimiento de pertenecer a una especie de<\/em> Gens Elia<em>, de formar parte del conjunto de secretarios del gran hombre, de participar en el relevo de la guardia imperial que montan los humanistas y poetas relev\u00e1ndose en torno a un gran recuerdo. As\u00ed<\/em> [\u2026],<em> un c\u00edrculo de esp\u00edritus vinculados por las mismas simpat\u00edas y las mismas inquietudes se forma a trav\u00e9s del tiempo<\/em>.<\/p>\n<p>En ese relevo Marguerite Yourcenar nos leg\u00f3 Memorias de Adriano; en ese relevo Enrique Serv\u00edn me leg\u00f3 tanto el apreci\u00f3 por ese emperador del siglo II como la novela de la Yourcenar. Ahora, como uno de esos cercanos, uno de los amigos del emperador, me toca a m\u00ed compartir mi amor por esa obra y por el hombre que en esa obra habita.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A la memoria de Enrique Serv\u00edn En 2005, en un caf\u00e9 del centro de Chihuahua, escuchaba a Enrique Serv\u00edn; los caf\u00e9s se nos enfriaban mientras toda nuestra atenci\u00f3n estaba en su voz y las im\u00e1genes que recreaba. Acababa de relatarnos la escena en la que Adriano se convierte en emperador, en una conversaci\u00f3n que imitaba &#8230; <a title=\"70 a\u00f1os de Memorias de Adriano o los amigos del emperador\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44724\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre 70 a\u00f1os de Memorias de Adriano o los amigos del emperador\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":64090,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6],"tags":[118,6891,936,6892,6893],"ppma_author":[2796],"class_list":["post-44724","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ensayo","tag-chihuahua","tag-marco-aurelio","tag-marguerite-yourcenar","tag-memorias-de-adriano","tag-publio-elio-adriano","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":2796,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"noel-rene-cisneros","display_name":"Noel Ren\u00e9 Cisneros","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Noel Ren\u00e9","last_name":"Cisneros","user_url":"","job_title":"","description":"(Cuauht\u00e9moc, Chihuahua, 1984) es autor de <em>Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis<\/em>, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015."}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/44724","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=44724"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/44724\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":63472,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/44724\/revisions\/63472"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/64090"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=44724"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=44724"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=44724"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fppma_author&post=44724"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}