{"id":44392,"date":"2021-11-01T07:00:09","date_gmt":"2021-11-01T13:00:09","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392"},"modified":"2026-10-29T11:56:55","modified_gmt":"2026-10-29T17:56:55","slug":"bajo-el-signo-del-guerrero-primer-aniversario-luctuoso-de-jose-francisco-conde-ortega","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392","title":{"rendered":"Bajo el signo del guerrero. Primer aniversario luctuoso de Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega"},"content":{"rendered":"<p>El ahijado de la muerte tuvo el desatino de hacerle honor a su ep\u00edteto el 1 de noviembre; pero contar\u00e9 estas historias \u2014la del nombre y de su sino\u2014 un poco m\u00e1s adelante; baste con decir que comenzaron hace setenta a\u00f1os, en alg\u00fan terru\u00f1o despoblado de Atlixco, la Heroica, en Puebla. Y si escribo heroica es porque casi una centuria antes de que la historia que nos ocupa comenzara a delinearse, la ciudad se gan\u00f3 el egregio mote cuando cobijados por las faldas del cerro de San Miguel, los soldados del ej\u00e9rcito comandado por el general Tom\u00e1s O\u2019Haran derrotaron a la milicia conservadora de Leonardo M\u00e1rquez, lo que provocar\u00eda que \u00e9ste no pudiera ayudar a las tropas de Lorencez en la batalla del d\u00eda siguiente, aquel en el que las armas nacionales se cubrieran de gloria. El insigne apelativo, sin embargo, no le quitaba a la otrora Villa de Carri\u00f3n \u2014ya en los a\u00f1os que nos incumben\u2014 cierto cariz id\u00edlicamente agreste: largas campi\u00f1as bordeadas de flores en donde la labrant\u00eda le rend\u00eda honores a su f\u00e9rtil condici\u00f3n de designio.<\/p>\n<p>En esa tierra naci\u00f3 Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega, hijo primero de Lauro Conde G\u00f3mez y Rosa Mar\u00eda Ortega Ju\u00e1rez; el zafral se encargar\u00eda de agregar a la familia a cinco hermanos m\u00e1s: Lauro, V\u00edctor, Jorge, Estela y Fernando. De ellos, s\u00f3lo los dos primeros nacer\u00edan en Atlixco, los dem\u00e1s enquistar\u00edan sus pasos pr\u00edstinos en la promisoria Ciudad de M\u00e9xico, en la abstracta \u201cciudad negra o col\u00e9rica o mansa o cruel, \/ o fastidiosa nada m\u00e1s: sencillamente tibia\u201d, como escribir\u00eda Efra\u00edn Huerta en su \u201cDeclaraci\u00f3n de odio\u201d. Atlixco \u2014poblada de ahuehuetes y agua cristalina y volc\u00e1nica\u2014, sin embargo, dejar\u00eda su impronta indeleble en la piel del poeta al recordar c\u00f3mo su sol quemaba el gesto endurecido por la intemperie de la soledumbre y la pobreza de su padre. El poema 11 del \u201cCanto segundo\u201d del <em>Canto del guerrero<\/em> lo atestigua:<\/p>\n<blockquote><p><strong>11<\/strong><\/p>\n<p>Un z\u00f3calo morisco y La Parroquia,<\/p>\n<p>con la loca del pueblo<\/p>\n<p>en el atrio antiqu\u00edsimo.<\/p>\n<p>La casa suavemente iluminada<\/p>\n<p>de la muchacha-imagen.<\/p>\n<p>A media noche suenan las guitarras<\/p>\n<p>para la serenata,<\/p>\n<p>inevitablemente<\/p>\n<p>tributo de la voz de los amigos<\/p>\n<p>a la muchacha-sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Desde muy lejos se oyen los murmullos<\/p>\n<p>de la ma\u00f1ana incierta,<\/p>\n<p>que anuncia sus primicias<\/p>\n<p>de luz incandescente a la muchacha<\/p>\n<p>imagen, sue\u00f1o y vida.<span id='easy-footnote-1-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-1-44392' title='Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega, &lt;em&gt;Canto del guerrero&lt;\/em&gt;, M\u00e9xico: UAM, 2017, p. 41.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Este <em>Canto del guerrero<\/em> es una larga silva que recoge los \u00faltimos poemas publicados por Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega. Certeramente implacable, con la precisi\u00f3n del solitario que encuentra en el prodigioso mecanismo del tiempo el pretexto para alargar sus noches, el poeta construye una \u00e9pica labrada durante m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os: novecientos versos distribuidos, sim\u00e9tricamente inclemente, en tres cantos; cada uno de ellos conformado por veinte triadas y cada una de ellas por tres liras; la andadura que el poeta forja son los versos endecas\u00edlabos y heptas\u00edlabos, dispuestos cuidadosamente para sostener su ritmo y contar la balada de su padre, con la sombra de las <em>Coplas<\/em> de Manrique y <em>Trilce<\/em> de Vallejo \u00a0\u2014\u00bfacaso Sabines?\u2014 a un lado. Esta historia vagar\u00eda entre la f\u00e1brica \u201cLa Concepci\u00f3n\u201d<span id='easy-footnote-2-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-2-44392' title='Su fachada puede consultarse en: https:\/\/ru.historicas.unam.mx\/handle\/20.500.12525\/610;jsessionid=8B346EAA0B13E638C96F005031FCA9F9'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\u2014\u201cLa Concha\u201d para los iniciados\u201d\u2014 y el billar M\u00e9xico, en el centro, en donde Lauro Conde compartir\u00eda cervezas y cigarros y canciones con Gabriel Siria Levario. Ante el inminente cierre de la f\u00e1brica y las condiciones impert\u00e9rritas de la provincia mexicana, su padre, junto a los audaces ojos de Rosa Mar\u00eda, su esposa, y las manos infantiles e inquietas de sus dos primeros hijos, delinear\u00eda un nuevo romance entre nuevas calles. El poema que cierra el \u201cCanto segundo\u201d reza:<\/p>\n<blockquote><p><strong>20<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s la sombra suave del olvido,<\/p>\n<p>a fuerza de esperanza,<\/p>\n<p>en sitio que promete<\/p>\n<p>razones m\u00e1s propicias y lejanas,<\/p>\n<p>como huerto cerrado.<\/p>\n<p>Muy atr\u00e1s van quedando los balcones,<\/p>\n<p>la flor entristecida,<\/p>\n<p>un perro solitario,<\/p>\n<p>el cerro azul que le concede oto\u00f1o<\/p>\n<p>y rezos de las beatas.<\/p>\n<p>Del giro de las aves nace el agua<\/p>\n<p>cercana del recuerdo,<\/p>\n<p>a\u00fan por enconarse.<\/p>\n<p>Otro lugar, otro combate espera<\/p>\n<p>la insignia del guerrero.<span id='easy-footnote-3-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-3-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 50.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>En la Ciudad de M\u00e9xico del medio siglo, el padre-guerrero librar\u00eda nuevas lides. Y en la \u00faltima de ellas \u2014como esa copa postrera y traidora de ron que obnubila el alma y los sentidos y descubre los demonios que yac\u00edan agazapados en la medula de los huesos\u2014, el guerrero caer\u00eda abatido el 31 de julio de 1970 por la sevicia de la ciudad y \u201clos roncos emboscados y los asesinos de la alegr\u00eda\u201d \u2014otra vez Huerta\u2014. Arropados s\u00f3lo por el desamparo, su madre \u2014ahora viuda a los treinta y cuatro a\u00f1os\u2014, sus cinco hermanos menores \u2014el menor de ellos todav\u00eda en brazos\u2014 y el poeta deambularon entre vecindades, barrios y oficios para subsistir. Pero tambi\u00e9n comenzaba a esbozarse una nueva vida, \u00e9sta, quiz\u00e1s m\u00e1s promisoria, aunque no por eso menos incierta:<\/p>\n<blockquote><p><strong>16<\/strong><\/p>\n<p>\u00daltimo d\u00eda de julio del setenta.<\/p>\n<p>Ya no hay raz\u00f3n de ser<\/p>\n<p>para este mundo, ahora inacabado.<\/p>\n<p>La muerte en plena vida.<\/p>\n<p>Nada sirvi\u00f3 la <em>familiar plegaria<\/em>.<\/p>\n<p>Yo era el hijo mayor. Ten\u00eda dieciocho<\/p>\n<p>a\u00f1os, la prepa a punto,<\/p>\n<p>unas cuantas lecturas, pocos versos.<\/p>\n<p>Vi llorar a mi madre<\/p>\n<p>hasta su muerte, a solas. No es met\u00e1fora.<\/p>\n<p>M\u00e1s de un cuarto de siglo de viudez<\/p>\n<p>templaron el orgullo.<\/p>\n<p>Crecieron mis hermanos con su abrigo.<\/p>\n<p>Yo comenc\u00e9 esta l\u00ednea:<\/p>\n<p><em>Pensemos en la noche, en la inquietud\u2026<\/em><span id='easy-footnote-4-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-4-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 68.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>De la incertidumbre de aquel aciago d\u00eda, Jos\u00e9 Francisco Conde recuerda: \u201cpens\u00e9 que deb\u00eda hacerle un homenaje distinto, un homenaje con lo \u00fanico que yo aprend\u00ed a hacer en la vida, que era leer y escribir versitos\u201d. Esos \u201cversitos\u201d \u2014citando a otro poeta mayor, Guillermo Fern\u00e1ndez\u2014 encontrar\u00edan su forma final cinco d\u00e9cadas despu\u00e9s; cada uno de ellos \u2014de los novecientos\u2014 nacer\u00eda y morir\u00eda en innumerables libretas de formato imperceptible manchadas con la tinta de una pluma fuente. Las volutas de sus s\u00edlabas se perder\u00edan hasta que la pavesa del tiempo se apagara y las dejara libres en la p\u00e1gina. Mientras tanto, la escritura del novel poeta comenzaba a encandecerse entre sus hu\u00e9rfanas manos.<\/p>\n<p>El tr\u00e1fago posterior a aquel d\u00eda sea, tal vez, s\u00f3lo dolorosamente anecd\u00f3tico; interesante para alg\u00fan inadvertido hagi\u00f3grafo o recurrente en el tedioso corro familiar: la compa\u00f1\u00eda del mejor y m\u00e1s antiguo amigo; la generosidad de muchas personas que se atravesaron en el camino del poeta y le ofrecieron refugio y abrigo; su primer \u2014y \u00faltimo\u2014 d\u00eda como alba\u00f1il y su inmediato ascenso a \u201csobrestante\u201d; la primera prueba de honestidad que la vida le brind\u00f3; lo amores y sus calosfr\u00edos ignotos; el barrio y los perros noct\u00edvagos que acompa\u00f1aban sus noches febriles; el futbol y el equipo de la colonia, el \u201cFaja de oro\u201d; la esquina de las calles de Victoria y Norte 72; la camiseta del Cruz Azul obtenida por un buen partido \u2014\u00bfser\u00eda la de Fernando Bustos?\u2014; el rigor de la ausencia; los primeros d\u00edas en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras; los primeros libros en franc\u00e9s; las primeras clases en la preparatoria Bertrand Russell; el en\u00e9simo despecho y tambi\u00e9n la primera estrella de la tarde de sus veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Cada uno de estos d\u00edas inmisericordemente resumidos en unas cuantas l\u00edneas son, tambi\u00e9n, las cartas de navegaci\u00f3n para descubrir en el oficio del poeta las se\u00f1ales y \u201cesa piel de lobo\u201d para reencontrarse en su ardua y paciente labor, y saber tambi\u00e9n de las obsesiones y las lecturas y el rigor de su poes\u00eda; de la luminosidad de su preclara ensay\u00edstica y del deleite y el solaz de sus cr\u00f3nicas. Estos d\u00edas, en fin, est\u00e1n contenidos en sus m\u00e1s de treinta libros publicados, pero estar\u00edan inconclusos sin un lector atento y desocupado que se reconozca en sus l\u00edneas, que comparta sus calles o que recuerde con codicia la piel empotrada en la memoria o que descubra la sed de los cuerpos.<\/p>\n<p>En 1985, el poeta comenzaba una vida dedicada a las aulas de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana. Con treinta y cuatro a\u00f1os a cuestas, compart\u00eda el escaso pan, el lecho y las paredes de un min\u00fasculo cuarto de cuatro por cuatro con quien ser\u00eda su contrafuerte y su puntal; su escudo y adarga; pero tambi\u00e9n la cicuta que dejaba su acre resabio entre los labios de ambos. Aun as\u00ed, su compa\u00f1era, \u201cGuadalupe, que no Sandra\u201d, aparece en los poemas del primer libro publicado por Conde Ortega: <em>Vocaci\u00f3n de silencio<\/em>. En \u00e9l est\u00e1 la amada, s\u00ed, pero muy lejana de la abstracci\u00f3n de Melibea: en sus versos hay un di\u00e1logo con ella, un ir y venir de palabras de un c\u00f3digo compartido que conforma las ansias de nombrar al amor por vez primera:<\/p>\n<blockquote><p><strong>Cada palabra tuya<\/strong><\/p>\n<p>Mientras las horas pasan<\/p>\n<p>y se mueren<\/p>\n<p>cayendo sobre el lento oto\u00f1o,<\/p>\n<p>el fuego de tus ojos recuerda tu palabra,<\/p>\n<p>tu voz sencilla y \u00e1vida,<\/p>\n<p>tus manos saciadas de infinito.<\/p>\n<p>Y cada palabra tuya es otro aroma,<\/p>\n<p>otra lengua quiz\u00e1s,<\/p>\n<p>otro \u2014renovado\u2014 intento del alba.<\/p>\n<p>Por eso cada hora contigo,<\/p>\n<p>cada sonido de tus labios<\/p>\n<p>es una brizna de mar<\/p>\n<p>o un perfume de volcanes<\/p>\n<p>bajo los ecos extraviados<\/p>\n<p>de una tarde que,<\/p>\n<p>lejana ya,<\/p>\n<p>parece que revive en tu palabra.<span id='easy-footnote-5-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-5-44392' title='Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega, &lt;em&gt;Pr\u00e1ctica de lobo&lt;\/em&gt;, M\u00e9xico: UAM, 2001, p. 27.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>El poeta comienza a entrever en la c\u00e1rcel de la forma la libertad anhelada, la patria en donde s\u00f3lo \u00e9l es quien controla el designio del verso. La disposici\u00f3n estr\u00f3fica, la irregularidad de sus versos, pero, sobre todo, la cadencia sostenida por el l\u00e9xico certero son ya una apuesta que encontrar\u00e1 nuevos cauces en toda su poes\u00eda. Este primer libro, y como una curiosidad anecd\u00f3tica, lo iba a presentar Conde Ortega en la ic\u00f3nica sala Ponce del Palacio de Bellas Artes el 19 de septiembre de 1985. Con ese fiero ingenio que lo caracterizaba sol\u00eda decir que era una se\u00f1al del mundo que \u00e9l no quiso escuchar. Cabe recordar que los poemas de este libro fueron escritos en servilletas no con la impostada frivolidad del \u201cartista\u201d, sino con la distra\u00edda mirada de quien sabe que es m\u00e1s complicada la cotidiana lucha que la f\u00fatil b\u00fasqueda de posteridad. Y otra vez la fortuna del solitario: gracias a la paciencia de Vicente Quirarte \u2014quien recogi\u00f3 estoicamente las servilletas y mecanografi\u00f3 los versos escritos en ellas\u2014, el primer libro saldr\u00eda al amparo de la UAM.<\/p>\n<p>El trabajo incansable, febril, del poeta lo llev\u00f3 a publicar, en 1988, <em>La sed del marinero que regresa<\/em>, tambi\u00e9n bajo el sello de su Universidad, en donde aparece ya la palabra que, en todo su esplendor, quiz\u00e1s defina la poes\u00eda de Conde Ortega: anacre\u00f3nticas:<\/p>\n<blockquote><p><strong>La hora<\/strong><\/p>\n<p>La hora exacta del licor,<\/p>\n<p>la certera copa<\/p>\n<p>donde nacen los milagros;<\/p>\n<p>donde caben el amor y la ternura:<\/p>\n<p>la l\u00facida destrucci\u00f3n de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Es un impostor el sue\u00f1o<\/p>\n<p>y todo se sabe y todo es f\u00e1cil,<\/p>\n<p>hasta la quieta soledad.<\/p>\n<p>El dominio de la sed: la flama<\/p>\n<p>que impone y no su se\u00f1or\u00edo;<\/p>\n<p>la prometida urgencia: los fragmentos<\/p>\n<p>de la noche ferozmente consumida.<\/p>\n<p>La hora exacta; la espera<\/p>\n<p>que completa los minutos.<\/p>\n<p>Un milagro que nace de la noche.<\/p>\n<p>Y cada alba es oro;<\/p>\n<p>y oro y luz, la madrugada.<span id='easy-footnote-6-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-6-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 49.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>La celebraci\u00f3n del amor y de la compa\u00f1\u00eda, de la certidumbre del nuevo d\u00eda y afrontarlo con las heridas cerradas, quiz\u00e1s en falso, pero que no escuecen la piel son la po\u00e9tica de este libro. As\u00ed aparecen nombres que se convertir\u00edan en el rito necesario de la amistad transitada por cantinas, presentaciones, ferias y suplementos culturales. Arturo Trejo Villafuerte, Ignacio Trejo Fuentes y Emiliano P\u00e9rez Cruz habitan sus versos, lo mismo que el preguntarse por las \u201cprimeras s\u00edlabas del poema\u201d; comienzan, tambi\u00e9n, a vislumbrarse sus lecturas: Efra\u00edn, Bonifaz y Neruda, pero tambi\u00e9n Aleixandre y Machado, San Juan, Garcilaso, Quevedo y Rilke, Baudelaire y Eliot. Y al lado de ellos la vida misma: los amigos que comienzan a morir, las bienhechoras cantinas como \u201cLa curva\u201d y \u201cLa flor de Oaxaca\u201d, refugio de solitarios y de hombres tristes \u201crepitiendo los poemas tan sabidos \u2014de poetas casi \u00e1ngeles\u2014 que obsesivamente her\u00edan nuestra memoria\u201d;<span id='easy-footnote-7-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-7-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 126.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>la familia que crece y se multiplica: Jorge, su sobrino de seis a\u00f1os \u2014el primero de toda la segunda estirpe\u2014, el hijo \u201cde los dos a\u00f1os y meses [que] desordena el silencio\u201d. Es el \u00edmpetu de querer nombrarlo todo, porque el poeta sabe, pese al insano placer de estar vivo, que la vida es fr\u00e1gil y fr\u00e1gil tambi\u00e9n la permanencia de las cosas, por ello el asombrarse siempre; el querer, aunque sea por un instante, asirlo todo despu\u00e9s de haberlo designado. Y junto a la cotidiana jornada, siempre la presencia inevitable de la compa\u00f1era:<\/p>\n<blockquote><p><strong>Tu beso<\/strong><\/p>\n<p>Tu beso, fresca sal, licor.<\/p>\n<p>que sube del silencio.<\/p>\n<p>Tus labios atisban el beso<\/p>\n<p>y lo convierten en fiebre y humedad:<\/p>\n<p>en mar de arena.<\/p>\n<p>Tu beso, final escolio<\/p>\n<p>en las letras de mi nombre.\u00a0<span id='easy-footnote-8-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-8-44392' title=' &lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 66.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span><\/p>\n<p><a href=\"\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p><\/blockquote>\n<p>Despu\u00e9s del fervor, el poeta publica, en la Universidad Aut\u00f3noma de Zacatecas, <em>Para perder tus ojos<\/em>, en 1992, poemario con el nunca se sinti\u00f3 satisfecho; comentaba que lo \u00fanico que val\u00eda la pena era el t\u00edtulo, y al releerlo uno atisba la imposibilidad de la voz po\u00e9tica para decirlo todo y, como quisiera Rub\u00e9n, \u201cde otro modo lo mismo\u201d. El poeta rebusca en su repertorio y en las hojas amarillentas una forma de encontrar una salida al desenfreno de sus primeros dos libros. La forma lo acompa\u00f1a porque la ha decantado, sabe de sus amarres que evitan la deriva y se aferra a la celebraci\u00f3n, pero hay algo en su oficio que debe serenarse, hay veces en que el arrebato lleva al agotamiento y es necesario dar paso a la calma:<\/p>\n<blockquote><p><strong>Celebraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Es de noche<\/p>\n<p>y sigues siendo mi amada medieval<\/p>\n<p>bajo el signo del amor cort\u00e9s.<\/p>\n<p>Es otra noche de julio<\/p>\n<p>cuando el escudo de Amad\u00eds<\/p>\n<p>convierte el vino en luna llena;<\/p>\n<p>tus ojos cruzan el arco de los leales amadores<\/p>\n<p>y tus labios deciden el triunfo<\/p>\n<p>en esta corte de amor.<\/p>\n<p>Es la noche de la ternura inacabable,<\/p>\n<p>de tu fresca piel bajo mi espada;<\/p>\n<p>la noche del triunfo de los cuerpos<\/p>\n<p>y de los vinos en franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Es tu noche, y del poeta<\/p>\n<p>\u2014o algo as\u00ed\u2014<\/p>\n<p>que am\u00f3 otra vez tus manos infantiles<\/p>\n<p>que abrieron rutas en mi frente<\/p>\n<p>y mis cabellos.<\/p>\n<p>Es tu noche, amor;<\/p>\n<p>es nuestra noche.<span id='easy-footnote-9-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-9-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 140.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Pese la incomodidad de su tercer libro, Conde Ortega se reinventa, y con la serenidad de la primera madurez concibe <em>Los lobos viven del viento<\/em>, publicado por la UNAM en su ya ic\u00f3nica colecci\u00f3n \u201cEl ala del tigre\u201d. El t\u00edtulo es un verso de Fran\u00e7ois Villon, y nunca lo ocult\u00f3; al contrario, siempre compart\u00eda alg\u00fan verso que su o\u00eddo sab\u00eda pronosticar como la carta de presentaci\u00f3n de un poemario. En \u00e9l, est\u00e1 la \u201cexploraci\u00f3n de una ciudad cuya geograf\u00eda se descubre paulatinamente a trav\u00e9s de la vivencia introspectiva, de la deambulaci\u00f3n, del discurso amoroso en segunda persona o del alcohol compartido [\u2026] se vuelve eco de textos anteriores, en una red de correspondencias internas, lo cual proporciona una sensaci\u00f3n de plenitud po\u00e9tica: no es frecuente encontrar semejante coherencia en la configuraci\u00f3n de una cosmolog\u00eda personal\u201d,<span id='easy-footnote-10-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-10-44392' title='Fr\u00e9d\u00e9ric-Yves Jeannet, \u201cJos\u00e9 Francisco Conde Ortega: construcci\u00f3n de la morada\u201d, en &lt;a href=&quot;http:\/\/zaloamati.azc.uam.mx\/bitstream\/handle\/11191\/2076\/Jose_Francisco_Conde_07_19.pdf?sequence=1&amp;amp;isAllowed=y&quot;&gt;http:\/\/zaloamati.azc.uam.mx\/bitstream\/handle\/11191\/2076\/Jose_Francisco_Conde_07_19.pdf&lt;\/a&gt; [consultado el 18 de octubre de 2021].'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>como escribiera Fr\u00e9d\u00e9ric-Yves Jeannet, en la presentaci\u00f3n del libro el 20 de mayo de 1993, en Coyoac\u00e1n. Y es tambi\u00e9n la contemplaci\u00f3n, el \u201csoy este que va a mi lado sin yo verlo\u201d, como escribiera Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez. Es el proferir un <em>mea culpa<\/em> y saberse falible; la voz no es ya \u201cun peque\u00f1o dios\u201d, a la manera de Huidobro, m\u00e1s bien es \u2014a la manera del \u201cVampiro\u201d, Francisco Cervantes\u2014 pedir \u201cpiedad para m\u00ed mismo y que mi obra te responda\u201d. Ese ligero matiz en donde el poeta sabe que esa otra vida, tan inesperada e intempestiva, es azarosa; que aquel que no puede verse as\u00ed mismo de frente es incapaz de encontrar \u201cla verdad\u201d, la que est\u00e1 vedada como el fuego de Prometeo y que, por ventura, s\u00f3lo se alcanza cuando sin reparos se conciben ambas promesas como igualmente irrealizables.<\/p>\n<blockquote><p><strong>5<\/strong><\/p>\n<p>Es vidrio que uno ve secarse<\/p>\n<p>van gast\u00e1ndose las horas.<\/p>\n<p>Nada se parece a la historia<\/p>\n<p>de sed y olvidos voluntarios.<\/p>\n<p>Una broma de la memoria.<\/p>\n<p>Y entonces la ma\u00f1ana es v\u00edspera<\/p>\n<p>que acoge los remordimientos:<\/p>\n<p>el juego se repite muchas veces<\/p>\n<p>y es arena que busca distinguirse<\/p>\n<p>en el descaro de una playa imaginada,<\/p>\n<p>Entonces regresar<\/p>\n<p>y sorprender el vidrio intacto;<\/p>\n<p>y en el prodigio de un minuto<\/p>\n<p>saber de los pies entumecidos<\/p>\n<p>por el tacto feroz del mismo suelo.<span id='easy-footnote-11-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-11-44392' title='Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega, &lt;em&gt;Pr\u00e1ctica de lobo&lt;\/em&gt;, M\u00e9xico: UAM, 2001, p. 182.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Y es \u201cel sabor de la noche [que] deja su huella en la pared\u201d o \u201ccada palabra que sabes\/ despu\u00e9s de las cinco de la tarde\u201d (192 PDL) el pretexto del lobo para afilar sus dientes y saber que escribir con todo el cuerpo es tambi\u00e9n una labor solitaria que demanda la observaci\u00f3n de los s\u00edmbolos propios y los signos que \u00e9stos fraguan en el mundo. La imagen, derrotero y senda, se construye as\u00ed en la voz del poeta.<\/p>\n<p>A <em>Los lobos viven del viento <\/em>se sucedieron <em>Imagen de la sombra <\/em>e <em>Intruso coraz\u00f3n, <\/em>ambos de 1994, en donde la apuesta escritural se vislumbra <em>continuum<\/em> depurado. En el primero, Conde Ortega escarcea con un <em>ars poetica<\/em> que deviene pregunta interminable; por eso la \u201csombra\u201d, el \u201colvido\u201d, la \u201cnoche\u201d y la \u201cvigila\u201d templan el antes fragoroso estruendo del decir.<\/p>\n<blockquote><p><strong>26<\/strong><\/p>\n<p>Aprendiz de olvidos,<\/p>\n<p>el invierno medita su condena<\/p>\n<p>sobre la banca de un parque.<\/p>\n<p>Las palomas afilan su pico en la piedra,<\/p>\n<p>un ni\u00f1o tropieza y llora;<\/p>\n<p>el esbelto movimiento del aire<\/p>\n<p>desordena sus cabellos.<\/p>\n<p>Cerca el ruido de los coches,<\/p>\n<p>la m\u00faltiple celebraci\u00f3n del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>El invierno cede su piel<\/p>\n<p>a la gastada condici\u00f3n del sue\u00f1o.<span id='easy-footnote-12-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-12-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 239.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Por su parte, en <em>Intruso coraz\u00f3n<\/em>, la voz antes macilenta se trastoca al sonido de un bolero. Y suenan una vez m\u00e1s los hielos que entrechocan en vasos jaiboleros repletos de Appleton blanco y agua mineral \u2014siempre en la proporci\u00f3n exacta\u2014, el milagro de las madrugadas compartidas y el refugio del poeta que se encuentra detr\u00e1s de las puertas: el amor como juramento que despunta con el sol del oriente de la Ciudad de M\u00e9xico \u2014tal vez sea por la privilegiada vista que desde las ventanas de la otrora ciudad-dormitorio (Nezayork) se aprecia del Popocat\u00e9petl y el Iztacc\u00edhuatl\u2014. Escribe Enrique L\u00f3pez Aguilar que:<\/p>\n<blockquote><p>en el cruce de caminos, Conde se permite jugar con la inserci\u00f3n de versos o im\u00e1genes provenientes de otros poemas para completar alguno de los propios [\u2026] en ellos consta una l\u00ednea y una voz po\u00e9tica que han ido madurando y afianzando tesituras y coherencias tem\u00e1ticas.<span id='easy-footnote-13-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-13-44392' title='Enrique L\u00f3pez Aguilar, \u201cImpertinencias del coraz\u00f3n\u201d, en &lt;em&gt;Tema y variaciones&lt;\/em&gt;, n\u00fam. 6. &lt;a href=&quot;https:\/\/www.yumpu.com\/es\/document\/read\/51039264\/la-poesa-a-de-josac-francisco-conde-ortega-enrique-lapez-aguilar&quot;&gt;https:\/\/www.yumpu.com\/es\/document\/read\/51039264\/la-poesa-a-de-josac-francisco-conde-ortega-enrique-lapez-aguilar&lt;\/a&gt; [Consultado el 20 de octubre de 2021]'><sup>13<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>El oficio del poeta, en sus seis primeros libros, est\u00e1 constituido como un <em>obstinato<\/em>, un bajo continuo sobre el cual Conde Ortega puede armonizar voces, calles e historias en una partitura para desventura y orquesta con ciudad.<\/p>\n<blockquote><p><strong>Vigilia<\/strong><\/p>\n<p>Fumo para espantar la noche.<\/p>\n<p><em>Tengo por delante el claro d\u00eda<\/em><\/p>\n<p>y me despierto desnudo<\/p>\n<p>para adivinar el sol de oto\u00f1o.<\/p>\n<p>(Ella duerme a\u00fan).<\/p>\n<p>Nos esperan olores nuevos,<\/p>\n<p>calles por caminar<\/p>\n<p>y la ceremonia de todos los d\u00edas<\/p>\n<p>en la severa fiesta de la vida.<\/p>\n<p>Fumo para espantar la noche.<\/p>\n<p>(Parece que las estrellas<\/p>\n<p>dejan la luz sobre sus hombros).<span id='easy-footnote-14-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-14-44392' title='Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega, &lt;em&gt;Pr\u00e1ctica de lobo&lt;\/em&gt;, M\u00e9xico: UAM, 2001, p. 256.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>La apuesta est\u00e1 dada, y s\u00f3lo un golpe de los dados har\u00e1 que la voz, antes tr\u00e9mulamente serena, vire hacia otro puerto. La muerte de su madre, quien hab\u00eda sostenido con \u201cterco orgullo\u201d el endeble lazo familiar, oblig\u00f3 a Conde Ortega a volcar su furia en la p\u00e1gina. Como Argos que espera a Ulises, la c\u00e1rcel de la forma fue, una vez m\u00e1s, la fiel escudera de su voz po\u00e9tica. Construido en verso blanco, en sonetos, el poemario <em>Rosa de agosto<\/em> es el primer homenaje que le rinde a la matriarca ausente, quien sobrellev\u00f3 treinta y cinco a\u00f1os de viudez junto a sus seis hijos que supieron muy pronto del desazar. Aunque nacida en abril, Rosa Mar\u00eda Ortega celebraba su cumplea\u00f1os el 30 de agosto, d\u00eda de Santa Rosa de Lima, la primera santa de Am\u00e9rica. El porqu\u00e9 es, quiz\u00e1s, una an\u00e9cdota m\u00e1s, pero el engranaje de la poes\u00eda de Conde Ortega nunca es esquivo. El libro contiene 29 poemas, uno antes del 30, porque, como dir\u00eda Jos\u00e9 Alfredo \u2014otro de los poetas que habitan la poes\u00eda de Conde\u2014, \u201cah\u00ed me hiere el recuerdo\u201d. Ya no hay celebraciones ni sicalipsis, tampoco la ciudad ni sus resquicios, tan s\u00f3lo la efigie de la entereza: otra forma del amor.<\/p>\n<blockquote><p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Y mantener la imagen de tu muerto<\/p>\n<p>fue la forma inviolable del amor.<\/p>\n<p>Tu cuerpo erguido, tus anhelos, solos<\/p>\n<p>como la filigrana de tu tiempo,<\/p>\n<p>alejaron los aires del verano,<\/p>\n<p>el agua de los mares incompletos<\/p>\n<p>\u2014reclamos de la vida y su impaciencia\u2014.<\/p>\n<p>Y todo para atesorar, intacta,<\/p>\n<p>la voluntad \u2014virtud del indefenso\u2014<\/p>\n<p>para elegir la muerte con la vida;<\/p>\n<p>o la otra vida que se gesta a solas.<\/p>\n<p>O una fuerza feroz, la del aliento<\/p>\n<p>que socava la in\u00fatil mansedumbre<\/p>\n<p>de aferrarse, tenaz a la memoria.<span id='easy-footnote-15-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-15-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 274.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Desgarrado, el poeta comienza a callar. La febril premura languidece y prefiere la adusta paciencia del rigor, de saber que el silencio es una forma tambi\u00e9n de estar vivo. <em>Estudios para un cuerpo<\/em>, <em>Codicia de la calle<\/em> \u2014el \u00fanico acercamiento formal al poema en prosa de Conde Ortega\u2014 y <em>La arena de los d\u00edas<\/em> preludian un sigilo de m\u00e1s de un lustro. De este \u00faltimo, resalta el primer poema:<\/p>\n<blockquote><p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>Y hablo contigo,<\/p>\n<p>a solas;<\/p>\n<p>te dibujan<\/p>\n<p>las palabras<\/p>\n<p>que nacen del silencio.<span id='easy-footnote-16-44392' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392#easy-footnote-bottom-16-44392' title='&lt;em&gt;Ibid.&lt;\/em&gt;, p. 363.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span><\/p><\/blockquote>\n<p>Un hablar a solas que se ver\u00e1 interrumpido por <em>Cuaderno de febrero<\/em> y <em>Fiera urgencia del d\u00eda. <\/em>\u00c9ste, como una ofrenda a la vida de sus muertos: los abuelos, sus padres, sus amores: Mart\u00edn Quirarte, Luz Casta\u00f1eda de Quirarte, Severino Salazar, C\u00e9sar Rodr\u00edguez Chicharro, Miguel \u00c1ngel Ongay, Jes\u00fas Arriaga Padilla \u2014el c\u00f3mplice inusitado\u2014, Nacho Quirarte, Rafael Velazco, entre otros, son labrados en la memoria mediante la forma del soneto, compa\u00f1ero inseparable de quien sabe de los entresijos de la poes\u00eda y sus ardides. Y como adenda, el libro, de peque\u00f1a circulaci\u00f3n y tiraje limitado, contiene doce ilustraciones del pintor guerrerense Leonel Maciel, hechas exprofeso para estos poemas.<\/p>\n<p>Sin embargo, este silencio en la poes\u00eda fue acompa\u00f1ado de su labor incansable como periodista, cronista y estudioso de la literatura mexicana. Sus libros de ensayo <em>Di\u00e1logo de octubre<\/em>, <em>Di\u00e1logo inmediato <\/em>y <em>Di\u00e1logo en voz baja <\/em>son necesarios para conocer la literatura mexicana, desde el siglo XIX hasta las postrimer\u00edas del XX, y su propio andamiaje \u2014quedaron en el tintero <em>Di\u00e1logo de soledumbre<\/em> y <em>Di\u00e1logo cervantino<\/em>\u2014. Su cr\u00f3nica puede admirarse en <em>La esquina de los hombres solos<\/em>, <em>Que nada cambiar\u00e1 bajo tu piel<\/em>, <em>Asombro de silencios: casi oro, casi \u00e1mbar, casi luz <\/em>y <em>Luces de Nezayork<\/em>, todos compilaciones de su andar incansable por suplementos y revistas literarias. Su obra po\u00e9tica puede consultarse en <em>Pr\u00e1ctica de lobo <\/em>\u2014obra reunida 1985-1999\u2014, <em>Fiel de amor <\/em>\u2014antolog\u00eda de poemas amorosos\u2014 y <em>Espina del tiempo<\/em> \u2014antolog\u00eda personal\u2014. Su labor en vida culmin\u00f3 con <em>Canto del guerrero<\/em>, el \u00faltimo poemario que pudo ver impreso en 2017: el libro que abre con la primera l\u00ednea que escribi\u00f3, pero no la \u00faltima que su pluma fuente perge\u00f1\u00f3 entre las p\u00e1ginas amarillentas de sus libretas que se revolv\u00edan en su inseparable morral con sus actas de calificaciones, los suplementos y los talones de pago de la Universidad, junto a las fichas de dep\u00f3sito del banco que atestiguan que el poeta vivi\u00f3, am\u00f3 y bebi\u00f3 como s\u00f3lo la fortuna le concede a sus hijos pr\u00f3digos.<\/p>\n<p>Entre la b\u00fasqueda incansablemente tortuosa de los papeles que siempre hay que llenar en la cruel tramitolog\u00eda de la muerte, entre sus actas de nacimiento y los indicios de una vida plena, aquella compa\u00f1era que Conde Ortega atisb\u00f3 cuando \u00e9l ten\u00eda tan s\u00f3lo veinticinco a\u00f1os y se volvi\u00f3 guerrera admirada por las batallas libradas en sus propios t\u00e9rminos encontr\u00f3 dos poemarios in\u00e9ditos: <em>Itinerario de lunas<\/em> \u2014dedicado a Sandra Arriaga Rico, la guerrera\u2014 y <em>De este licor oscuro<\/em>, que aguardan pacientemente el momento de salir y de dejar nuevas se\u00f1ales. De este \u00faltimo \u2014y la palabra, ahora s\u00ed, adquiere todo su significado\u2014:<\/p>\n<blockquote><p><strong>Testamento<\/strong><\/p>\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s sea cierto,<\/p>\n<p>como dice el poeta rumano,<\/p>\n<p>que la mejor herencia para un hijo<\/p>\n<p>sea el nombre impreso<\/p>\n<p>en la hoja de un libro.<\/p>\n<p>Y as\u00ed mantener unido al mundo,<\/p>\n<p>aunque nadie sepa qu\u00e9 pasa<\/p>\n<p>cuando la lluvia nos obliga<\/p>\n<p>a caminar descalzos<\/p>\n<p>o <em>a inventar un p\u00e1jaro<\/em><\/p>\n<p><em>para ver si existe el aire<\/em>.<\/p>\n<p>Pero creo que no sobran<\/p>\n<p>algunos bienes de la otra fortuna:<\/p>\n<p>un techo seguro<\/p>\n<p>para que el aire no despeine los cabellos,<\/p>\n<p>una sopa caliente y un pan<\/p>\n<p><em>para saber si hay dios<\/em><\/p>\n<p>cuando se tiene la ventana abierta,<\/p>\n<p>una camisa limpia y calcetines<\/p>\n<p>para no pasar de largo<\/p>\n<p>cuando se escucha la palabra amor.<\/p>\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfA d\u00f3nde me lleva todo esto?<\/p>\n<p>Tal vez a redactar en el papel,<\/p>\n<p>antes de que los signos<\/p>\n<p>comiencen a gastarse,<\/p>\n<p>todo lo que no quisiera dejar<\/p>\n<p>para mi hijo,<\/p>\n<p>lo que llevo en las manos y en la espalda:<\/p>\n<p>la palabra que dijo una promesa<\/p>\n<p>cuando ya no hac\u00eda falta,<\/p>\n<p>un traje de fiesta<\/p>\n<p>solamente para no estar triste,<\/p>\n<p>el so\u00f1arme desnudo<\/p>\n<p>para buscar en medio de la gente<\/p>\n<p>un pantal\u00f3n y unos zapatos<\/p>\n<p>a la medida exacta del insomnio,<\/p>\n<p>el deseo ileg\u00edtimo<\/p>\n<p>de morir sin preguntarme nada.<\/p>\n<p>No quiero legarle<\/p>\n<p>mi miedo a las alturas.<\/p>\n<p>Para sentirme menos culpable<\/p>\n<p>acudo al diccionario:<\/p>\n<p>A C R O F O B I A.<\/p>\n<p>En alg\u00fan libro de ciencias<\/p>\n<p>le\u00ed la profec\u00eda:<\/p>\n<p>mi destino final es el suicidio.<\/p>\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n<p>Miro hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Recuerdo una sonrisa<\/p>\n<p>que nace de la luz como una idea.<\/p>\n<p>Muevo las manos<\/p>\n<p>y toco al mundo de costado.<\/p>\n<p>Es como una pared<\/p>\n<p>que tiene dibujado mi nombre.<\/p>\n<p>Tiene huellas de orines y de lluvia.<\/p>\n<p>Miro hacia adelante.<\/p>\n<p>Encuentro un espejo infiel<\/p>\n<p>que a fuerza de mirarme<\/p>\n<p>me conoce de memoria:<\/p>\n<p>sabe que soy<\/p>\n<p>el que duerme a la orilla de la cama,<\/p>\n<p>el que despierta y orina largamente<\/p>\n<p>mientras la madrugada<\/p>\n<p>acuchilla las puertas de la casa.<\/p>\n<p>Hago como el espejo.<\/p>\n<p>Me observo detenidamente.<\/p>\n<p>\u00c9se que mira soy yo:<\/p>\n<p>la misma estatura adocenada,<\/p>\n<p>el sobrepeso,<\/p>\n<p>el insomnio gastado sin provecho,<\/p>\n<p><em>el orgullo imprudente<\/em><\/p>\n<p>de ser el \u00faltimo invitado<\/p>\n<p>que sale de la fiesta.<\/p>\n<p><strong>4<\/strong><\/p>\n<p>Acaso mi nombre<\/p>\n<p>limpiamente impreso<\/p>\n<p>sobre la cubierta de un libro<\/p>\n<p>sea un buen legado para el hijo.<\/p>\n<p>Algunos he dejado en el camino.<\/p>\n<p>S\u00e9 lo que no quiero heredarle.<\/p>\n<p>Est\u00e1 escrito y lo sostengo.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed le dejo el coraz\u00f3n<\/p>\n<p>y mi cerebro hastiado de preguntas,<\/p>\n<p>unos cuantos cientos de libros,<\/p>\n<p>m\u00fasica, pinturas, amistades,<\/p>\n<p>el gusto por el buen vino y los cigarros,<\/p>\n<p>la paciencia generosa de su madre<\/p>\n<p>y el arrojo para vivir.<\/p><\/blockquote>\n<p>Y claro, de la historia del sobrenombre de ahijado de la muerte, que promet\u00ed al principio, como dir\u00eda Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega \u2014mi padre, el poeta\u2014 ya les contar\u00e9 \u201cun d\u00eda que venga con m\u00e1s calma\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Tlalpan, octubre 2021<\/p>\n<blockquote><\/blockquote>\n<blockquote><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ahijado de la muerte tuvo el desatino de hacerle honor a su ep\u00edteto el 1 de noviembre; pero contar\u00e9 estas historias \u2014la del nombre y de su sino\u2014 un poco m\u00e1s adelante; baste con decir que comenzaron hace setenta a\u00f1os, en alg\u00fan terru\u00f1o despoblado de Atlixco, la Heroica, en Puebla. Y si escribo heroica &#8230; <a title=\"Bajo el signo del guerrero. Primer aniversario luctuoso de Jos\u00e9 Francisco Conde Ortega\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44392\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Bajo el signo del guerrero. 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Fue becario de la Fundaci\u00f3n para las Letras Mexicanas en el \u00e1rea de  Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa J\u00f3venes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y  2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, rese\u00f1a y cr\u00edtica literaria en Laberinto, Confabulario, Este pa\u00eds, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antolog\u00edas Cofrad\u00eda de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antolog\u00eda del cuento da\u00f1ado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entr\u00f3pico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM. 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