{"id":44306,"date":"2021-05-25T09:00:16","date_gmt":"2021-05-25T14:00:16","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44306"},"modified":"2026-10-30T11:04:02","modified_gmt":"2026-10-30T17:04:02","slug":"el-frio-la-lluvia-este-invierno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=44306","title":{"rendered":"El fr\u00edo, la lluvia, este invierno"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>\u2014\u00bfSigue bailando?<\/p>\n<p>Sus miradas se cruzaron desafiantes entre el humo de los cigarrillos. En la mesa, dos copas de vino a medio beber. El bullicio de la gente a su alrededor parec\u00eda imperceptible para los tres. Afuera, la lluvia ca\u00eda silenciosa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfBailaba? \u2014le respondi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014No creo que no lo supieras. \u00a1No te creo! Ella era teibolera.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTeibolera?\u00a0 \u2014frunci\u00f3 el entrecejo. Es una mujer atractiva. Quiz\u00e1 acompa\u00f1ante. Int\u00e9rprete de alg\u00fan gringo, pero teibolera, \u00a1claro que no!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEstuviste con ella? T\u00fa tambi\u00e9n estuviste en su cama \u2014afirm\u00f3 tajante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>*<\/strong><\/p>\n<p>Tal vez otro d\u00eda te cuente. Una noche me llam\u00f3 ya muy tarde. No s\u00e9 c\u00f3mo consigui\u00f3 mi n\u00famero. Me pidi\u00f3 que la alojara. No ten\u00eda dinero y alguien la persegu\u00eda. Al menos eso fue lo que dijo. Esa noche se qued\u00f3 conmigo. All\u00e1 en la Doctores. Me sorprendi\u00f3 su ansiedad. No paraba de hablar y, cuando lo hac\u00eda, de inmediato titilaba. La cuid\u00e9, por supuesto que la cuid\u00e9. Pero, la muy perra me quer\u00eda s\u00f3lo para ahuyentar a sus buscones. Tal vez otro d\u00eda te cuente.<\/p>\n<p>Conociste a Leif, tambi\u00e9n \u00e9l cay\u00f3. No era dif\u00edcil creer que mi hermanito se sintiera atra\u00eddo por ella. El muy cabr\u00f3n envidiaba todo aquello que yo tuviera. Nunca hab\u00eda llegado tan lejos.<\/p>\n<p>Me cans\u00e9 de ser su guardi\u00e1n. La mand\u00e9 a volar con todas sus locuras. Pero en menos tiempo del que supuse, regres\u00f3. Siempre aparec\u00eda de noche. Radiante. Con ese vestido liso tan pegadito al cuerpo. Las puntitas firmes de sus pezones y sus hombros a flor de piel me volv\u00edan loco. Regres\u00f3 victoriosa para susurrarme al o\u00eddo que ya hab\u00eda otro: L e i f. La sola menci\u00f3n de su nombre estall\u00f3 en mi cabeza. La muy perra se veng\u00f3 de m\u00ed.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Aquellas preguntas le arrebataron de golpe la imagen de la mujer con quien a\u00fan manten\u00eda correspondencia. Ella entonces pretendi\u00f3 disuadir el interrogatorio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa c\u00f3mo est\u00e1s?<\/p>\n<p>\u00c9l bebi\u00f3 un sorbo peque\u00f1o y luego empez\u00f3 a hablar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Estaba ah\u00ed, con los dos, como la \u00faltima vez que les reuni\u00f3 en su departamento. Cada uno lleg\u00f3 por separado a la cita. Los tres hab\u00edan dejado de frecuentarse por largo tiempo. Aquel encuentro ten\u00eda algo de misterioso. Al abrir la puerta, apareci\u00f3 ella. El abrigo h\u00famedo. Las gotas de lluvia escurriendo sobre su rostro, desliz\u00e1ndose por su nariz ligeramente larga. Le bes\u00f3 la mejilla con suavidad. La tom\u00f3 de la mano y le mostr\u00f3 cada una de las habitaciones. Ambas se quedaron conversando durante horas: los triunfos, los fracasos. El sonido de un timbre las distrajo. Esperaba a alguien: un hombre alto, robusto y bien parecido. Los dos se miraron con desconcierto.<\/p>\n<p>\u00c9l acostumbraba aparecer con las manos entumidas en las bolsas de su gabardina. Observaba casi siempre el mismo escenario: las botellas de licor barato ya vac\u00edas y el manto gris y maloliente de los cigarrillos sin filtro. Todo era decadente. Entraba a la habitaci\u00f3n en sigilo y, con un movimiento autom\u00e1tico, encend\u00eda la \u00fanica l\u00e1mpara: las s\u00e1banas revueltas. Arrugadas. En su imaginaci\u00f3n se repet\u00eda una secuencia torturante: dos cuerpos en batalla. El hombre y la mujer luchando sobre la blanditud de una cama. La tensi\u00f3n de los m\u00fasculos que con rapidez se endurec\u00edan y el sofocamiento lento, muy lento del placer. El ep\u00edlogo triunfal sobre la muerte del adversario: \u201cya no eres nadie\u201d. Y \u00e9l, desde hac\u00eda tiempo, se hab\u00eda convertido en un hombre taciturno; humillado por el desd\u00e9n de una mujer a quien no entend\u00eda ni amaba. Entonces desapareci\u00f3. Ya no era nadie.<\/p>\n<p>Ella, en cambio, disfrutaba de su conversaci\u00f3n atropellada. Sin orden cronol\u00f3gico, aparec\u00edan fotograf\u00edas en blanco y negro y postales sin inscripci\u00f3n alguna al reverso. Todo era mentira. Sus viajes cruzaban un mapa imaginario de ida y vuelta. \u201cNo hay l\u00edmites infranqueables\u201d, le afirmaba con cinismo. El deleite de la complicidad las envolv\u00eda en una humareda de carajadas confusas. Un pitillo empapado de su saliva ca\u00eda estruendoso.<\/p>\n<p>Ella ten\u00eda la edad perfecta para creerle piadosamente, para dejarse seducir por el hilo invisible de sus palabras.<\/p>\n<p>Afuera hab\u00eda cesado de llover.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Un auto se detuvo a unos cuantos metros del edificio del departamento. El conductor se reclin\u00f3 c\u00f3modamente sobre su asiento. De cuando en cuando, encend\u00eda el limpiador del parabrisas trasero. La lluvia ca\u00eda silenciosa sobre la ciudad.<\/p>\n<p>Sus manos alcanzaron un sobre largo de la guantera. Lo mir\u00f3 varias veces antes de abrirlo. Lo acariciaba. Lo besaba como si tratara de un premio. Pensaba entonces c\u00f3mo hab\u00eda conseguido pagar el precio. \u201cS\u00ed, eres bueno, muy bueno para el juego. Hazlo\u201d, le dijo con voz dulzona. \u00c9l no lo pens\u00f3. Lo hizo. Apost\u00f3. Y fue f\u00e1cil hacer trampa o tener suerte; qu\u00e9 m\u00e1s daba si al fin de cuentas, consigui\u00f3 pagar los dos boletos de avi\u00f3n.<\/p>\n<p>El vibrador de su celular sacudi\u00f3 sus piernas. Tom\u00f3 el aparato:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLeif?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYa est\u00e1s listo?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. \u00bfSubo?<\/p>\n<p>\u2014No.<\/p>\n<p>\u2014Pero ya estoy ac\u00e1 abajo, puedo esperarte arriba, \u00bfno crees?<\/p>\n<p>\u2014No. Yo te marco.<\/p>\n<p>Colg\u00f3 sin que pudiera decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 dormido durante un lapso breve. El chispear de las gotas finas sobre los cristales de su autom\u00f3vil lo inquietaba. \u201cEst\u00e1 con alguien\u201d, pens\u00f3. En ese momento, un hombre y una mujer sal\u00edan del edificio. Se despidieron.<\/p>\n<p>Apenas s\u00ed pudo observar sus siluetas alej\u00e1ndose en la penumbra de la calle.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Estaba preparando mi maleta justo cuando llegaste \u2014le sonri\u00f3. Y la tom\u00f3 de su mano: ay\u00fadame.<\/p>\n<p>Ella esperaba encontrar el desorden habitual en su dormitorio. Sin embargo, las dos maletas le llamaron la atenci\u00f3n. Una era peque\u00f1a: cosm\u00e9ticos. La otra, gigantesca. Extendida sobre la cama. Vac\u00eda. Ella entonces se coloc\u00f3 a un lado del armario. La miraba con asombro, por vez primera con incredulidad. Se ir\u00eda de viaje. A un viaje real. Veme pasando esto o lo otro, le ordenaba. Zapatos. Vestidos. Blusas.<\/p>\n<p>\u2014Eres la \u00fanica mujer en mi vida, lo sabes, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. T\u00fa tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Ella rio con su respuesta.<\/p>\n<p>\u2014Te escribir\u00e9. P\u00e1same aquel traje. Ten cuidado con la pedrer\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Es el que m\u00e1s te gusta \u2014y lo abraz\u00f3 a su cuerpo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00e1melo, ya!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs necesario que te lo lleves?<\/p>\n<p>\u2014Una nunca sabe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>*<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Querida m\u00eda:<\/em><\/p>\n<p><em>Le he estado dando vueltas a la carta de febrero, en donde adem\u00e1s me mencionas que nev\u00f3 dos veces en el Ajusco. Me es dif\u00edcil imaginar aguanieve cubriendo las monta\u00f1as cercanas a la ciudad. Aqu\u00ed no deja de nevar. Tormenta de nieve un d\u00eda y lluvia congelada otro. Este tr\u00e1nsito me remite a ti. No s\u00e9 si comenzar contigo o conmigo. Ver\u00e1s, estoy muy enferma. Los f\u00e1rmacos me tienen inmovilizada. Mi enfermedad avanza con rapidez. Esta distancia f\u00edsica me mortifica. Pero, recuerda, te abrazo todas las noches.<\/em><\/p>\n<p><em>La fiebre me hace delirar: \u201cUn c\u00edrculo cubierto de piedras volc\u00e1nicas y vegetaci\u00f3n agreste. Caminamos juntas, conforme avanzamos las rocas se pulverizan. Estamos a punto de internarnos en el centro. Cuando, de pronto, pasa un avi\u00f3n y t\u00fa me ves desaparecer en el aire. Al mismo tiempo, nubes grises cubren el cielo. Ya no est\u00e1s\u201d. Despierto sobresaltada.<\/em><\/p>\n<p><em>Estoy harta del fr\u00edo, de la nieve, de este invierno.<\/em><\/p>\n<p><em>Tuya.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>*<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La deslumbr\u00f3 en su desnudez. Cuerpo en reposo apenas cubierto por s\u00e1banas blancas. El rostro afilado en un silencio apacible. Armonioso. La contemplaba desde el borde inquebrantable del deseo. Volv\u00eda a la cama. Su dormitorio era la habitaci\u00f3n sin tiempo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Entonces, ella se march\u00f3 hace a\u00f1os, \u00bfno?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCon qui\u00e9n?<\/p>\n<p>\u2014No lo s\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Se me hace que t\u00fa sabes algo y no me quieres decir.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 nada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSigue de viaje?<\/p>\n<p>\u2014Se fue. \u00bfPor qu\u00e9 no me crees?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLa amaste?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I \u2014\u00bfSigue bailando? Sus miradas se cruzaron desafiantes entre el humo de los cigarrillos. En la mesa, dos copas de vino a medio beber. El bullicio de la gente a su alrededor parec\u00eda imperceptible para los tres. Afuera, la lluvia ca\u00eda silenciosa. \u2014\u00bfBailaba? \u2014le respondi\u00f3. \u2014No creo que no lo supieras. \u00a1No te creo! 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