{"id":43326,"date":"2021-02-19T12:00:58","date_gmt":"2021-02-19T18:00:58","guid":{"rendered":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=43326"},"modified":"2026-10-30T12:56:50","modified_gmt":"2026-10-30T18:56:50","slug":"a-sus-cuerpos-dispersos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=43326","title":{"rendered":"A sus cuerpos dispersos"},"content":{"rendered":"<p>I<\/p>\n<p>SU ESPOSA lo hab\u00eda sujetado entre sus brazos como si pudiera alejar a la muerte de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00c9l hab\u00eda exclamado:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dios m\u00edo, soy hombre muerto!<\/p>\n<p>La puerta de la habitaci\u00f3n se hab\u00eda abierto, y \u00e9l hab\u00eda visto afuera a un gigantesco camello negro de una sola joroba, y hab\u00eda escuchado el repiqueteo de las campanas de su arn\u00e9s al tocarlas el viento. Luego un enorme rostro negro, coronado por un gran turbante negro, hab\u00eda aparecido en el umbral. El eunuco negro hab\u00eda entrado a la habitaci\u00f3n, movi\u00e9ndose como una nube, con una cimitarra gigantesca en la mano. La Muerte, Destructora de Placeres y Desgarradora de la Sociedad, hab\u00eda llegado al fin.<\/p>\n<p>Negrura. Nada. \u00c9l ni siquiera sab\u00eda que su coraz\u00f3n se hab\u00eda detenido para siempre. Nada.<\/p>\n<p>Entonces sus ojos se abrieron. Su coraz\u00f3n lat\u00eda con vigor. Era fuerte, \u00a1muy fuerte! Todo el dolor de la gota en sus pies, la agon\u00eda de su h\u00edgado, el tormento de su coraz\u00f3n, hab\u00edan desaparecido.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tanto silencio que pod\u00eda o\u00edr la sangre que corr\u00eda por su cabeza. Estaba solo en un mundo sin sonido.<\/p>\n<p>Una luz brillante llenaba todo el espacio con intensidad uniforme. Pod\u00eda ver, pero no entend\u00eda lo que ve\u00eda. \u00bfQu\u00e9 eran esas cosas que estaban sobre \u00e9l, a su lado, debajo de \u00e9l? \u00bfD\u00f3nde estaba?<\/p>\n<p>Intent\u00f3 incorporarse y sinti\u00f3 p\u00e1nico. No hab\u00eda ninguna superficie sobre la cual sentarse, pues estaba suspendido en la nada. Su intento de incorporarse lo hizo girar hacia adelante, muy despacio, como si estuviera en un ba\u00f1o de melaza. A treinta cent\u00edmetros de las puntas de sus dedos hab\u00eda una barra de un metal rojo brillante. Descend\u00eda desde lo alto, desde el infinito, hacia el infinito. Intent\u00f3 sujetarla, pues era el objeto s\u00f3lido m\u00e1s cercano, pero algo invisible se le opon\u00eda. Era como si una fuerza empujara contra \u00e9l y lo repeliera.<\/p>\n<p>Lentamente, dio un giro completo. La resistencia lo detuvo, con las puntas de los dedos a unos quince cent\u00edmetros de la barra. Enderez\u00f3 el cuerpo y avanz\u00f3 un par de cent\u00edmetros. Al mismo tiempo, su cuerpo comenz\u00f3 a girar sobre su eje longitudinal. Inhal\u00f3 con un prolongado zumbido. Aunque sab\u00eda que no ten\u00eda asidero, no pudo evitar agitar los brazos, presa del p\u00e1nico, en un intento de sujetarse de algo.<\/p>\n<p>Ahora estaba boca abajo\u2026 \u00bfo boca arriba? Fuera cual fuese la direcci\u00f3n, era la opuesta a la que ten\u00eda al despertar. Pero eso no importaba. \u201cArriba\u201d y \u201cabajo\u201d de \u00e9l, la vista era la misma. Estaba suspendido en el espacio, y un capullo invisible e insensible imped\u00eda que cayera. A dos metros \u201cdebajo\u201d de \u00e9l estaba el cuerpo de una mujer de piel muy p\u00e1lida. Estaba desnuda y era completamente lampi\u00f1a. Parec\u00eda estar dormida. Ten\u00eda los ojos cerrados, y su pecho sub\u00eda y bajaba con suavidad. Ten\u00eda las piernas juntas y extendidas, y los brazos a los costados. Giraba despacio, como un pollo en un espet\u00f3n.<\/p>\n<p>La misma fuerza que la hac\u00eda girar, lo hac\u00eda girar a \u00e9l tambi\u00e9n. Se apart\u00f3 lentamente de la mujer y vio otros cuerpos desnudos y lampi\u00f1os: hombres, mujeres y ni\u00f1os, dispuestos ante \u00e9l en hileras que giraban en silencio. Sobre \u00e9l giraba el cuerpo desnudo y lampi\u00f1o de un negro.<\/p>\n<p>Baj\u00f3 la vista para observar su propio cuerpo. \u00c9l tambi\u00e9n estaba desnudo y sin vello. Su piel estaba lisa, y los m\u00fasculos de su abdomen eran prominentes, y sus muslos estaban marcados con m\u00fasculos j\u00f3venes y vigorosos. Las venas azules que antes sobresal\u00edan como mont\u00edculos de topos ya no estaban. Ya no ten\u00eda el cuerpo del endeble y enfermo hombre de sesenta y nueve a\u00f1os que, apenas un momento antes, hab\u00eda estado moribundo. Su centenar de cicatrices hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>Entonces se dio cuenta de que no hab\u00eda viejos ni viejas entre los cuerpos que lo rodeaban. Todos parec\u00edan tener alrededor de veinticinco a\u00f1os, aunque era dif\u00edcil determinar su edad exacta, pues sus cabezas y sus pubis desprovistos de pelo los hac\u00edan lucir mayores y m\u00e1s j\u00f3venes a la vez.<\/p>\n<p>Alguna vez se hab\u00eda jactado de no conocer el miedo. Ahora, el miedo le arranc\u00f3 el grito que se hab\u00eda formado en su garganta. Su miedo lo oprim\u00eda y le exprim\u00eda su nueva vida.<\/p>\n<p>Al principio se pasm\u00f3 por seguir con vida. Luego, su posici\u00f3n en el espacio y la disposici\u00f3n de aquel nuevo ambiente paralizaron sus sentidos. Ve\u00eda y sent\u00eda a trav\u00e9s de una ventana semi-opaca. Al cabo de unos segundos, algo se abri\u00f3 en su interior. Casi pudo escucharlo, como si la ventana se levantara de pronto.<\/p>\n<p>El mundo tom\u00f3 una forma que \u00e9l pod\u00eda percibir, aunque no pod\u00eda comprenderla. Por encima de \u00e9l, a ambos lados, por debajo, hasta donde alcanzaba la vista, hab\u00eda cuerpos flotantes. Estaban dispuestos en hileras verticales y horizontales. Las verticales estaban separadas por barras rojas, delgadas como palos de escoba, una a treinta cent\u00edmetros de los pies de los durmientes y otra a treinta cent\u00edmetros de sus cabezas. Cada cuerpo estaba a unos dos metros del cuerpo de arriba, el de abajo y los de los lados.<\/p>\n<p>Las barras sub\u00edan desde un abismo sin fondo hasta un abismo sin techo. El vac\u00edo gris en el que desaparec\u00edan las barras y los cuerpos, arriba y abajo, a diestra y siniestra, no era el cielo ni la tierra. A lo lejos no se ve\u00eda nada m\u00e1s que la opacidad del infinito.<\/p>\n<p>A un lado hab\u00eda un hombre moreno de rasgos toscanos. Al otro, una mujer india, y m\u00e1s all\u00e1, un hombre corpulento de aspecto n\u00f3rdico. Fue hasta su tercer giro que pudo distinguir qu\u00e9 era lo que resultaba tan extra\u00f1o en aquel hombre: su brazo derecho estaba rojo a partir de un punto debajo del codo. Parec\u00eda faltarle la capa externa de la piel.<\/p>\n<p>Unos segundos despu\u00e9s, a varias hileras de distancia, vio el cuerpo de un var\u00f3n adulto al que le faltaban la piel y todos los m\u00fasculos de la cara.<\/p>\n<p>Hab\u00eda otros cuerpos que no estaban completos. A lo lejos atisb\u00f3 vagamente un esqueleto, con un revoltijo de \u00f3rganos en su interior.<\/p>\n<p>Continu\u00f3 girando y observando mientras su coraz\u00f3n aterrorizado azotaba su pecho. Para entonces ya comprend\u00eda que se encontraba en una c\u00e1mara colosal, y que las barras de metal irradiaban alguna fuerza que, de alg\u00fan modo, sustentaba y hac\u00eda girar a millones, quiz\u00e1 miles de millones, de seres humanos.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde estaba ese lugar?<\/p>\n<p>Por supuesto, no era la ciudad de Trieste, del Imperio austro-h\u00fangaro, en 1890.<\/p>\n<p>No se parec\u00eda a ning\u00fan cielo o infierno sobre el que hubiera le\u00eddo u o\u00eddo hablar, y eso que cre\u00eda conocer todas las teor\u00edas sobre el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Hab\u00eda muerto. Ahora estaba vivo. Toda su vida se hab\u00eda burlado de la idea de la vida despu\u00e9s de la muerte. Ahora no pod\u00eda negar que se hab\u00eda equivocado, pero no hab\u00eda nadie que le dijera: \u201c\u00a1Te lo dije, condenado infiel!\u201d<\/p>\n<p>De entre todos los millones de personas, s\u00f3lo \u00e9l estaba despierto.<\/p>\n<p>Mientras giraba a una velocidad estimada de una vuelta completa cada diez segundos, vio algo m\u00e1s que lo hizo ahogar un grito de asombro: a cinco hileras de distancia hab\u00eda un cuerpo que, a primera vista, parec\u00eda humano. Sin embargo, ning\u00fan miembro de la especie Homo sapiens ten\u00eda cuatro dedos en cada mano y cuatro en cada pie. Ni una nariz y unos labios negros y cori\u00e1ceos como los de un perro. Ni un escroto con muchas peque\u00f1as protuberancias. Ni unas orejas con esas extra\u00f1as circunvoluciones.<\/p>\n<p>El terror se desvaneci\u00f3 poco a poco. Su coraz\u00f3n dej\u00f3 de latir tan r\u00e1pido, aunque no volvi\u00f3 a su ritmo normal. Su cerebro se descongel\u00f3. Ten\u00eda que salir de esa situaci\u00f3n, en la que estaba tan indefenso como un cerdo en un espet\u00f3n. Ten\u00eda que encontrar a alguien que pudiera explicarle qu\u00e9 hac\u00eda en ese lugar, c\u00f3mo hab\u00eda llegado y por qu\u00e9 estaba ah\u00ed.<\/p>\n<p>Decidir fue actuar.<\/p>\n<p>Recogi\u00f3 las piernas y dio una patada, y esa acci\u00f3n, o m\u00e1s bien la reacci\u00f3n, lo impuls\u00f3 un par de cent\u00edmetros hacia adelante. Una vez m\u00e1s, pate\u00f3 y avanz\u00f3 en contra de la resistencia. Sin embargo, al hacer una pausa, se vio desplazado de nuevo a su ubicaci\u00f3n original, y sus brazos y piernas fueron empujados con suavidad hasta volver a su posici\u00f3n r\u00edgida original.<\/p>\n<p>Fren\u00e9tico, pataleando y moviendo los brazos como un nadador, logr\u00f3 avanzar hacia la barra. Mientras m\u00e1s se acercaba, m\u00e1s potente era la fuerza que se le opon\u00eda. No se dio por vencido. Si se rend\u00eda, volver\u00eda al punto inicial, y sin fuerzas para volver a empezar. No estaba en su naturaleza rendirse hasta haber agotado todas sus fuerzas.<\/p>\n<p>Estaba respirando con dificultad; ten\u00eda el cuerpo cubierto de sudor, sus brazos y piernas se mov\u00edan como si estuvieran inmersos en una densa gelatina, y su avance era imperceptible. Entonces, las puntas de los dedos de su mano izquierda tocaron la barra. Se sent\u00eda dura y caliente.<\/p>\n<p>De pronto, supo hacia d\u00f3nde era \u201cabajo\u201d. Cay\u00f3.<\/p>\n<p>El contacto con la barra hab\u00eda roto el hechizo. Las redes de aire que lo rodeaban se rompieron en silencio, y \u00e9l se desplom\u00f3.<\/p>\n<p>Estaba lo bastante cerca de la barra para sujetarla con una mano. Al detenerse tan de pronto su ca\u00edda, se golpe\u00f3 dolorosamente la cadera contra la barra. La piel de su mano ard\u00eda al deslizarse sobre la barra; se aferr\u00f3 a la barra con la otra mano, y se detuvo.<\/p>\n<p>Frente a \u00e9l, al otro lado de la barra, los cuerpos hab\u00edan comenzado a caer. Descend\u00edan con la velocidad de los cuerpos que ca\u00edan en la tierra, y cada uno manten\u00eda su posici\u00f3n y su distancia original con los cuerpos de arriba y de abajo. Incluso segu\u00edan girando.<\/p>\n<p>Fue entonces que el soplo del aire sobre su espalda sudorosa lo hizo dar la vuelta sobre la barra. Detr\u00e1s de \u00e9l, en la hilera vertical de cuerpos que hab\u00eda ocupado antes, los durmientes tambi\u00e9n ca\u00edan. Uno tras otro, como lanzados met\u00f3dicamente por una trampilla, ca\u00edan girando con lentitud. Sus cabezas pasaban a pocos cent\u00edmetros de \u00e9l. Tuvo suerte de no ser derribado y precipitarse al abismo con ellos.<\/p>\n<p>En solemne procesi\u00f3n ca\u00edan los cuerpos. Uno tras otro se desplomaban a ambos lados de la barra, mientras las dem\u00e1s hileras, de millones y millones de cuerpos, dorm\u00edan.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 mirando un rato. Luego comenz\u00f3 a contar cuerpos; siempre hab\u00eda sido un \u00e1vido enumerador. Sin embargo, desisti\u00f3 al llegar a tres mil uno. Despu\u00e9s de eso, s\u00f3lo sigui\u00f3 contemplando la catarata de carne. \u00bfHasta qu\u00e9 altura inconmensurable estaban apilados? \u00bfY hasta d\u00f3nde pod\u00edan caer? Sin quererlo, los hab\u00eda precipitado cuando su toque perturb\u00f3 la fuerza que emanaba de la barra.<\/p>\n<p>No pod\u00eda trepar barra arriba, pero s\u00ed pod\u00eda bajar. Comenz\u00f3 a dejarse caer, y luego mir\u00f3 hacia arriba y se olvid\u00f3 de los cuerpos que ca\u00edan a su lado. En alg\u00fan lugar en lo alto, un zumbido empezaba a empeque\u00f1ecer el silbido de la ca\u00edda de los cuerpos.<\/p>\n<p>Una angosta embarcaci\u00f3n, con forma de canoa y hecha de una sustancia de color verde brillante, estaba hundi\u00e9ndose entre la columna de los cuerpos que ca\u00edan y la columna contigua, de cuerpos suspendidos. La canoa a\u00e9rea no ten\u00eda soporte visible, pens\u00f3 \u00e9l, y una medida de su terror fue el hecho de que no se detuviera a pensar en lo c\u00f3mico de esa idea: no ten\u00eda soporte visible. Como una embarcaci\u00f3n m\u00e1gica de <em>Las mil y una noches<\/em>.<\/p>\n<p>Sobre el borde de la embarcaci\u00f3n apareci\u00f3 un rostro. La barca se detuvo, y el zumbido ces\u00f3. Otro rostro apareci\u00f3 junto al primero. Ambos ten\u00edan cabello largo, negro y lacio. En un momento, los rostros se retiraron, el zumbido se reanud\u00f3 y la canoa continu\u00f3 descendiendo hacia \u00e9l. Se detuvo a un metro y medio sobre \u00e9l. Sobre la proa verde estaba grabado un peque\u00f1o s\u00edmbolo: un espiral blanco que giraba hacia la derecha. Uno de los ocupantes de la embarcaci\u00f3n habl\u00f3 en una lengua con muchas vocales y un cierre glotal que aparec\u00eda con frecuencia. Sonaba como alguna lengua polinesia.<\/p>\n<p>Abruptamente, el capullo invisible reapareci\u00f3 en torno a \u00e9l. Los cuerpos que ca\u00edan comenzaron a descender con mayor lentitud, hasta detenerse. El hombre, junto a la barra, sinti\u00f3 que la fuerza se cerraba sobre \u00e9l y lo levantaba. Aunque se aferr\u00f3 a la barra con desesperaci\u00f3n, sus piernas se elevaron, y su cuerpo las sigui\u00f3. Pronto qued\u00f3 mirando hacia abajo. Sus manos se desprendieron de la barra; sinti\u00f3 que tambi\u00e9n perd\u00eda su sujeci\u00f3n a la vida, a la cordura, al mundo. Comenz\u00f3 a flotar hacia arriba y girar. Pas\u00f3 junto a la canoa a\u00e9rea y se elev\u00f3 sobre ella. Los dos hombres que la tripulaban estaban desnudos, ten\u00edan la piel morena, como \u00e1rabes yemen\u00edes, y eran apuestos. Sus rasgos eran n\u00f3rdicos, similares a los de algunos islandeses que \u00e9l hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>Uno de ellos levant\u00f3 una mano, en la que sujetaba un objeto met\u00e1lico del tama\u00f1o de un l\u00e1piz. Mir\u00f3 por encima del objeto, como si fuera a usarlo para disparar algo.<\/p>\n<p>El hombre que flotaba en el aire grit\u00f3 de rabia y de odio y de frustraci\u00f3n, y sacudi\u00f3 los brazos para nadar hacia la m\u00e1quina.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Los matar\u00e9! \u2014grit\u00f3\u2014. \u00a1Los matar\u00e9! \u00a1Los matar\u00e9! El olvido volvi\u00f3 a caer sobre \u00e9l.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p><em>DIOS ESTABA de pie sobre \u00e9l, que yac\u00eda sobre la hierba junto a las aguas y los sauces llorones. Yac\u00eda con los ojos muy abiertos, d\u00e9bil como un reci\u00e9n nacido. Dios estaba golpe\u00e1ndole las costillas con la punta de un bast\u00f3n de hierro. Dios era un hombre alto de mediana edad. Ten\u00eda una larga barba negra y bifurcada, y vest\u00eda el mejor traje de domingo de un caballero ingl\u00e9s del quincuag\u00e9simo tercer a\u00f1o del reinado de la reina Victoria. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Est\u00e1s atrasado \u2014dijo Dios\u2014. Hace mucho que pas\u00f3 la fecha para el pago de tu deuda, \u00bfsabes? <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfCu\u00e1l deuda? \u2014pregunt\u00f3 Richard Francis Burton. Se pas\u00f3 los dedos por las costillas para cerciorarse de que a\u00fan tuviera todas. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Me debes la carne \u2014respondi\u00f3 Dios, volviendo a golpearlo con el bast\u00f3n\u2014. Sin mencionar el esp\u00edritu. Me debes la carne y el esp\u00edritu, que son una misma cosa. <\/em><\/p>\n<p><em>Burton se puso de pie trabajosamente. Nadie, ni siquiera Dios, iba a golpear a Richard Burton en las costillas y salirse con la suya sin pelea. <\/em><\/p>\n<p><em>Dios ignor\u00f3 los in\u00fatiles esfuerzos de Burton, sac\u00f3 un gran reloj de oro del bolsillo de Su chaleco, abri\u00f3 la pesada cubierta grabada, mir\u00f3 las manecillas y dijo: <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Muy atrasado. <\/em><\/p>\n<p><em>Dios extendi\u00f3 Su otra mano, con la palma hacia arriba. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Paga, se\u00f1or. De lo contrario, me ver\u00e9 obligado a ejecutar. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014\u00bfEjecutar qu\u00e9? <\/em><\/p>\n<p><em>Cayeron las tinieblas. Dios comenz\u00f3 a disolverse en esa oscuridad. Fue entonces que Burton not\u00f3 que Dios se le parec\u00eda. Ten\u00eda el mismo cabello negro y lacio, la misma cara \u00e1rabe de ojos oscuros y penetrantes, los p\u00f3mulos altos, los labios gruesos y la barbilla prominente y partida. En Sus mejillas se ve\u00edan las mismas cicatrices largas y profundas, testigos de la jabalina somal\u00ed que le perfor\u00f3 la mand\u00edbula en esa batalla en Berbera. Sus manos y pies eran peque\u00f1os, en contraste con Sus anchos hombros y Su enorme pecho. Y ten\u00eda el largo y grueso bigote y la barba bifurcada por los que el beduino hab\u00eda llamado a Burton \u201cel Padre de los bigotes\u201d. <\/em><\/p>\n<p><em>\u2014Te ves como el diablo \u2014dijo Burton, pero ya Dios se hab\u00eda convertido en una sombra m\u00e1s entre las tinieblas<\/em>.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>BURTON a\u00fan dorm\u00eda, pero estaba tan cerca de la superficie de la vigilia, que ten\u00eda conciencia de haber so\u00f1ado. La luz empezaba a remplazar a la noche.<\/p>\n<p>Entonces abri\u00f3 los ojos, y no supo d\u00f3nde estaba.<\/p>\n<p>Sobre \u00e9l hab\u00eda un cielo azul. Una suave brisa corr\u00eda sobre su cuerpo desnudo. Su cabeza sin cabello, su espalda, sus piernas y las palmas de sus manos reposaban sobre la hierba. Volvi\u00f3 la cabeza hacia la derecha y vio una planicie cubierta de un pasto muy corto, muy verde y muy denso. La planicie ascend\u00eda suavemente a lo largo de un kil\u00f3metro y medio. M\u00e1s all\u00e1 de la planicie hab\u00eda una cadena de colinas que empezaban peque\u00f1as y se volv\u00edan m\u00e1s altas y escarpadas, y m\u00e1s irregulares en su forma, conforme avanzaban hacia las monta\u00f1as. Las colinas parec\u00edan extenderse unos cuatro kil\u00f3metros. Todas estaban cubiertas de \u00e1rboles, algunos de los cuales resplandec\u00edan con tonos escarlatas, azules, verdes brillantes, amarillos fogosos, y vivos rosas. M\u00e1s all\u00e1 de las colinas, las monta\u00f1as se alzaban abruptas, perpendiculares, e incre\u00edblemente altas. Eran negras y de un verde azulado, y parec\u00edan estar hechas de una roca \u00edgnea vidriosa, con enormes manchas de liquen que cubr\u00edan al menos una cuarta parte de su superficie.<\/p>\n<p>Entre \u00e9l y las colinas hab\u00eda numerosos cuerpos humanos. El m\u00e1s cercano, a s\u00f3lo unos metros de distancia, era el de la mujer blanca que hab\u00eda estado debajo de \u00e9l en aquella columna vertical.<\/p>\n<p>Quer\u00eda levantarse, pero se sent\u00eda entumecido y torpe. Por el momento, lo \u00fanico que pudo hacer, y con un gran esfuerzo, fue volver la cabeza hacia la izquierda. De ese lado hab\u00eda m\u00e1s cuerpos desnudos, en una planicie que descend\u00eda hasta un r\u00edo a unos nueve metros de distancia. El r\u00edo ten\u00eda aproximadamente kil\u00f3metro y medio de ancho, y al otro lado hab\u00eda otra planicie, de alrededor de kil\u00f3metro y medio de extensi\u00f3n, que sub\u00eda hacia unas estribaciones cubiertas de \u00e1rboles, y luego las monta\u00f1as negras y verdiazules, gigantescas y escarpadas. Ese lado era el este, pens\u00f3, aturdido. El sol acababa de salir sobre la cima de una monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Cerca de la orilla del r\u00edo se alzaba una estructura extra\u00f1a. Estaba hecha de granito gris con vetas rojas, y ten\u00eda forma de hongo. Su ancha base no pod\u00eda tener m\u00e1s de metro y medio de altura, y la cabeza del hongo ten\u00eda un di\u00e1metro de unos quince metros.<\/p>\n<p>Logr\u00f3 levantarse lo suficiente para apoyarse en un codo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda m\u00e1s hongos de granito a lo largo de ambas orillas del r\u00edo.<\/p>\n<p>Por toda la planicie hab\u00eda humanos calvos, colocados a intervalos de un metro ochenta. La mayor\u00eda a\u00fan estaban tendidos de espaldas, mirando al cielo. Otros comenzaban a moverse, a mirar a su alrededor, e incluso a sentarse.<\/p>\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n se sent\u00f3, y se palp\u00f3 la cabeza y la cara con ambas manos. Estaban lisas.<\/p>\n<p>Su cuerpo no era el cuerpo arrugado, correoso y marchito de sesenta y nueve a\u00f1os que yaciera en el lecho de muerte. Era el cuerpo de piel suave y m\u00fasculos poderosos que ten\u00eda a sus veinticinco a\u00f1os. El mismo cuerpo que ten\u00eda cuando flotaba entre las barras de metal en aquel sue\u00f1o. \u00bfSue\u00f1o? Parec\u00eda demasiado v\u00edvido para ser un sue\u00f1o. <em>No<\/em> era un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Ce\u00f1\u00eda su mu\u00f1eca una tira delgada de un material transparente, conectada a una correa de quince cent\u00edmetros del mismo material. El otro extremo de la correa estaba sujeto a un arco met\u00e1lico, la agarradera de un cilindro de metal gris\u00e1ceo con una cubierta cerrada.<\/p>\n<p>Ociosamente, sin poder concentrarse porque su mente estaba entorpecida, levant\u00f3 el cilindro. Pesaba menos de medio kilo, as\u00ed que no pod\u00eda ser de hierro, aunque estuviera hueco. Ten\u00eda treinta cent\u00edmetros de di\u00e1metro, y m\u00e1s de setenta cent\u00edmetros de longitud.<\/p>\n<p>Todos ten\u00edan un objeto similar sujeto a la mu\u00f1eca.<\/p>\n<p>Tambaleante, con el coraz\u00f3n empezando a retomar su ritmo mientras sus sentidos se espabilaban, se puso de pie.<\/p>\n<p>Otros tambi\u00e9n estaban levant\u00e1ndose. Muchos ten\u00edan la cara floja, o helada de asombro. Otros parec\u00edan temerosos. Sus ojos, muy abiertos, daban vueltas; sus pechos sub\u00edan y bajaban con rapidez; respiraban en jadeos. Algunos temblaban como si un viento helado soplara sobre ellos, aunque el aire ten\u00eda una tibieza agradable.<\/p>\n<p>Lo extra\u00f1o, lo verdaderamente ins\u00f3lito y aterrador era el silencio, casi absoluto. Nadie dec\u00eda palabra; s\u00f3lo se escuchaba el siseo de la respiraci\u00f3n de los que estaban cerca de \u00e9l; el chasquido de un hombre que se daba una palmada en la pierna; el silbido quedo de una mujer.<\/p>\n<p>Estaban boquiabiertos, como a punto de decir algo.<\/p>\n<p>Comenzaron a moverse, mir\u00e1ndose a la cara; a veces extend\u00edan la mano para tocar a alguien. Arrastraban los pies descalzos, se volv\u00edan hacia un lado, hacia el otro, miraban las colinas, los \u00e1rboles cubiertos de enormes flores de vivos colores, las monta\u00f1as imponentes y cubiertas de liquen, el r\u00edo verde y destellante, las piedras con forma de hongo, las correas y los recipientes grises de metal.<\/p>\n<p>Algunos se palpaban el cr\u00e1neo desnudo y la cara.<\/p>\n<p>Todos estaban absortos en alg\u00fan movimiento mec\u00e1nico, y en silencio.<\/p>\n<p>De pronto, una mujer se puso a gemir. Cay\u00f3 de rodillas, ech\u00f3 atr\u00e1s la cabeza y los hombros, y aull\u00f3. Al mismo tiempo, ribera abajo, alguien m\u00e1s aull\u00f3.<\/p>\n<p>Fue como si esos dos gritos fueran se\u00f1ales. O como si fueran las dos llaves de la voz humana, y acabaran de abrirla.<\/p>\n<p>Los hombres, mujeres y ni\u00f1os comenzaron a gritar o sollozar, o desgarrarse el rostro con las u\u00f1as, o golpearse el pecho, o caer de rodillas y levantar las manos en se\u00f1al de oraci\u00f3n, o tirarse al suelo y tratar de hundir el rostro en la hierba, como avestruces, para no ser vistos, o rodar de un lado a otro, ladrando como perros y aullando como lobos.<\/p>\n<p>El terror y la histeria se apoderaron de Burton. Quer\u00eda arrodillarse y rezar para salvarse del juicio. Quer\u00eda misericordia. No quer\u00eda ver el rostro cegador de Dios aparecer sobre las monta\u00f1as, un rostro m\u00e1s brillante que el sol. No era tan valiente ni tan inocente como antes hab\u00eda cre\u00eddo ser. El juicio ser\u00eda tan aterrador, tan completamente definitivo, que no pod\u00eda soportar pensar en eso.<\/p>\n<p>Una vez hab\u00eda tenido una fantas\u00eda en la que estaba ante Dios, despu\u00e9s de morir. Como ahora, era peque\u00f1o y estaba desnudo en medio de una vasta planicie, pero estaba solo. Entonces Dios, enorme como una monta\u00f1a, hab\u00eda caminado hacia \u00e9l. Y \u00e9l, Burton, se hab\u00eda plantado y desafiado a Dios.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed no hab\u00eda Dios, pero aun as\u00ed Burton huy\u00f3. Corri\u00f3 por la planicie, apartando a empujones a hombres y mujeres, rodeando a algunos y saltando sobre otros que rodaban en el suelo. Mientras corr\u00eda, aullaba: \u201c\u00a1No! \u00a1No! \u00a1No!\u201d Sacud\u00eda los brazos para defenderse de terrores invisibles. El cilindro sujeto a su mu\u00f1eca giraba y giraba.<\/p>\n<p>Cuando jadeaba tanto que ya no pod\u00eda aullar, y sus brazos y piernas colgaban, pesados, y sus pulmones ard\u00edan y su coraz\u00f3n parec\u00eda estallar, se tir\u00f3 al suelo bajo el primer \u00e1rbol.<\/p>\n<p>Al cabo de un rato, se sent\u00f3 y mir\u00f3 hacia la planicie. El ruido de la multitud hab\u00eda pasado de los gritos a un sonoro parloteo. La mayor\u00eda hablaba, aunque no parec\u00eda que alguien escuchara a los dem\u00e1s. Burton no pod\u00eda distinguir ninguna palabra individual. Algunos hombres y mujeres se abrazaban y besaban como si se hubieran conocido en su vida anterior y ahora se estrecharan para confirmarse mutuamente su identidad y su realidad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algunos ni\u00f1os entre la multitud. Sin embargo, ninguno era menor de cinco a\u00f1os. Al igual que sus mayores, no ten\u00edan cabello. La mitad de ellos lloraban, fijos en su lugar. Otros, tambi\u00e9n llorando, corr\u00edan de un lado a otro, mirando las caras que se alzaban sobre ellos; era obvio que buscaban a sus padres.<\/p>\n<p>Burton comenzaba a respirar con m\u00e1s facilidad. Se puso de pie y se dio la vuelta. El \u00e1rbol bajo el cual se encontraba era un pino rojo (a veces llamado, err\u00f3neamente, pino noruego) de unos sesenta metros de altura. A su lado hab\u00eda otro \u00e1rbol, de una especie que jam\u00e1s hab\u00eda visto. Dudaba que existiera en la Tierra (estaba seguro de que no se encontraba en la Tierra, aunque en ese momento no pod\u00eda dar razones espec\u00edficas). El \u00e1rbol ten\u00eda un grueso y nudoso tronco negruzco, y muchas gruesas ramas con hojas triangulares de casi dos metros de largo, verdes con bordes escarlata. Ten\u00eda unos noventa metros de altura. Tambi\u00e9n hab\u00eda \u00e1rboles que parec\u00edan robles blancos y negros, abetos, tejos y pinos.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed y all\u00e1 hab\u00eda macizos de altas plantas parecidas al bamb\u00fa, y donde no hab\u00eda \u00e1rboles ni bamb\u00fa crec\u00eda hierba de un metro de altura. No se ve\u00edan animales. Ning\u00fan insecto, ning\u00fan p\u00e1jaro.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 a su alrededor en busca de un palo o un garrote. No ten\u00eda la menor idea de qu\u00e9 le esperaba a la humanidad, pero si se la dejaba sin control ni supervisi\u00f3n, pronto volver\u00eda a su estado normal. Una vez pasada la sorpresa, cada quien tratar\u00eda de cuidarse a s\u00ed mismo, y eso significaba que unos atacar\u00edan a otros.<\/p>\n<p>No encontr\u00f3 nada que sirviera como arma. Entonces se le ocurri\u00f3 que pod\u00eda usar el cilindro de metal. Golpe\u00f3 un \u00e1rbol con \u00e9l. Aunque el objeto era ligero, tambi\u00e9n era extremadamente duro.<\/p>\n<p>Abri\u00f3 la tapa, que estaba sujeta por un gozne. El interior del tubo conten\u00eda seis anillos met\u00e1licos, tres a cada lado, separados de modo que cada uno sujetaba un cuenco o recipiente rectangular de metal gris. Todos los recipientes estaban vac\u00edos. Cerr\u00f3 la tapa. Sin duda, con el tiempo descubrir\u00eda la funci\u00f3n del cilindro.<\/p>\n<p>Fuera lo que fuese que hab\u00eda pasado, la resurrecci\u00f3n no hab\u00eda dado como resultado cuerpos de fr\u00e1gil ectoplasma brumoso. Burton era todo carne y hueso y sangre.<\/p>\n<p>Aunque a\u00fan se sent\u00eda un poco desligado de la realidad, como separado de los engranes del mundo, empezaba a salir de su conmoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ten\u00eda sed. Tendr\u00eda que bajar a beber al r\u00edo y esperar que no estuviera envenenado. Al pensar eso, sonri\u00f3 con iron\u00eda y se acarici\u00f3 el labio superior. Su dedo qued\u00f3 decepcionado. Era una reacci\u00f3n curiosa, pens\u00f3, y entonces record\u00f3 que ya no ten\u00eda su espeso bigote. Ah, s\u00ed, esperaba que el agua del r\u00edo no estuviera envenenada. \u00a1Qu\u00e9 idea tan extra\u00f1a! \u00bfPor qu\u00e9 alguien volver\u00eda los muertos a la vida s\u00f3lo para matarlos de nuevo? Sin embargo, se qued\u00f3 parado bajo el \u00e1rbol un largo rato. Odiaba la idea de volver a pasar entre aquella multitud que parloteaba y lloraba hist\u00e9ricamente, para llegar al r\u00edo. Aqu\u00ed, lejos de la turba, estaba libre del terror, el p\u00e1nico y la conmoci\u00f3n que envolv\u00eda a aquella gente como un mar. Si volv\u00eda con ellos, quedar\u00eda atrapado entre sus emociones.<\/p>\n<p>Al poco rato vio que una fi gura se separaba de la multitud desnuda y caminaba hacia \u00e9l. Vio que no era un ser humano.<\/p>\n<p>Fue entonces que Burton tuvo la certeza de que ese D\u00eda de la Resurrecci\u00f3n no era el vaticinado por ninguna religi\u00f3n. Burton no hab\u00eda cre\u00eddo en el Dios de los cristianos, los musulmanes, los hind\u00faes ni de ninguna otra fe. De hecho, no estaba seguro de creer en Creador alguno. Hab\u00eda cre\u00eddo en Richard Francis Burton y en unos cuantos amigos. Hab\u00eda estado seguro de que cuando muriera, el mundo dejar\u00eda de existir para \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Traducci\u00f3n hecha por Dar\u00edo Z\u00e1rate<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I SU ESPOSA lo hab\u00eda sujetado entre sus brazos como si pudiera alejar a la muerte de \u00e9l. \u00c9l hab\u00eda exclamado: \u2014\u00a1Dios m\u00edo, soy hombre muerto! La puerta de la habitaci\u00f3n se hab\u00eda abierto, y \u00e9l hab\u00eda visto afuera a un gigantesco camello negro de una sola joroba, y hab\u00eda escuchado el repiqueteo de las &#8230; <a title=\"A sus cuerpos dispersos\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/tierraadentro.fondodeculturaeconomica.com\/?p=43326\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre A sus cuerpos dispersos\">Read more<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":64416,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":"","_ppma_block_editor_authors":""},"categories":[6513,2771],"tags":[180,6514,756],"ppma_author":[6511,6512],"class_list":["post-43326","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-destacados","category-novela","tag-novela","tag-philip-jose-farmer","tag-traduccion","infinite-scroll-item"],"acf":[],"authors":[{"term_id":6511,"user_id":0,"is_guest":1,"slug":"philip-jose-farmer","display_name":"Philip Jos\u00e9 Farmer","avatar_url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/?s=96&d=blank&r=g","avatar_alt":"","avatar_decorative":"","author_category":"","first_name":"Philip Jos\u00e9","last_name":"Farmer","user_url":"","job_title":"","description":"Philip Jos\u00e9 Farmer (North Terre Haute, Indiana; 26 de enero de 1918-Peoria, Illinois; 25 de febrero de 2009) fue un escritor estadounidense de ciencia ficci\u00f3n y fantas\u00eda, autor de novelas y relatos breves. 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