Portada "Después de Peter", Marcelo Treviño. Colección Tierra Adentro, FCE, 2025

Portada "Después de Peter", Marcelo Treviño. Colección Tierra Adentro, FCE, 2025

Después de Peter

28 enero, 2026

Para Peter Hujar, David Wojnarowicz

y todos a los que no puedo nombrar.

1987 Washington, D. C.

La policía me soltó hace unos días.

Dicen que el mismo presidente Reagan intercedió

por mí.

Me ven como otro activista loco.

Una mujer duerme sobre un charco de cerveza y orina,

su cuerpo es un bulto de tierra que se esparce

con el viento.

Su piel está hecha de la misma sustancia que la noche.

Un hombre vestido con periódicos me muestra su

erección debajo de un abrigo sucio.

Le pongo la cámara de Peter en la cara y le tomo una

fotografía, el flash bombardea sus ojos, no

reacciona, no habla, piel invisible.

El golpe de luz me recuerda que un día mi

mente desaparecerá.

El hombre me aprieta los hombros.

La vida sólo es la interrupción de la muerte.

Un parpadeo de gravedad que nos hace flotar

por un instante.

Empieza a golpearme, caigo al suelo, un vidrio roto se entierra en mi espalda. Mi instinto de supervivencia se paraliza. Sólo pienso en una cosa. Proteger la cámara de Peter entre mis brazos. Una patada en mi pecho. Mis pulmones se queman.

Se está más tiempo muerto que vivo.

Contando desde su nacimiento hacia atrás, Peter lleva

más tiempo no existiendo que existiendo.

Si contamos la vida de Peter desde el momento en que

nació hasta el momento en que murió, entonces él

ha vivido más de lo que lleva muerto.

En mil años su vida habrá sido una grieta transparente

en el corazón del tiempo, estadísticamente es tan

poco probable llegar a nacer, que estar vivo parece

casi antinatural, como si la vida fuera un defecto

de la existencia.

El hombre intenta arrebatarme la cámara de Peter.

¿El pasado existe si nadie lo recuerda?

Le doy una patada en su barbilla y le rompo la nariz.

La sangre se seca como el cemento.

El hombre corre dejando un hilo de sangre en el suelo, me levanto y abrazo la cámara.

Al final la vida es una caída constante.

Peter lo sabía.

Despierto en la habitación de un motel. Las almohadas apestan a alcohol barato. Mi cuerpo arde. No sé de dónde llega el dolor. El sol corre derretido en mis venas. Mi cuerpo es una herida abierta. Las cortinas de plástico me hacen sentir que estoy dentro de un búnker a miles de kilómetros debajo del mar. La luz se ramifica por debajo de la puerta. Un hombre de unos veinte años duerme en la alfombra. Es un extraño joven con parecido a Marlon Brando. No recuerdo cómo terminé aquí. Su cuerpo es un nido de hormigas rojas. Despierta. Me mira como se mira al hueco que deja el aguijón de una abeja en la piel. Está desnudo. Me mira como se mira a un animal que está a punto de morder. Y habla…

¿Quieres desayunar?

Yo: No tengo hambre.

¿Tienes cigarros?

Yo: No fumo.

Yo tampoco.

Yo: ¿Por qué quieres un cigarro si no fumas?

No sé.

Yo: No entiendo.

Eso hacen en las películas después de hacer el amor.

Yo: Nosotros no hicimos el amor, sólo tuvimos sexo.

Es lo mismo.

Yo: Yo no te amo.

No necesitas amar a alguien para hacer el amor.

Yo: Las palabras lo dicen.

Las palabras no dicen nada, las personas sí…

Yo: ¿Qué edad tienes?

¿Eso importa?

Yo: No.

Te hubieras ido antes de que despertara,

me gustaba más el misterio.

Yo: ¿Cuál misterio?

El de despertar y no recordar el rostro

de la persona con la que dormí.

Yo: Suenas como un adolescente.

¿Y eso te molesta?

Yo: ¿Con cuántas personas has hecho esto? Estoy tratando de cuidarme.

¿Hacer qué cosa? ¿Sólo tener sexo o hacer el amor?

Yo: Como sea que le digas. ¿Con cuántas personas lo has hecho?

Eres el segundo.

Yo: Y… ¿qué edad tienes?

La suficiente para no vivir con mi familia.

Yo: Ésa no es una buena referencia, yo me fui de mi casa muy chico.

¿Ya te vas?

Yo: Tengo trabajo.

¿Cómo te puedo encontrar?

Yo: No quiero volver a verte.

¿Por qué?

Yo: ¿Esto es un interrogatorio?

¿Siempre eres así de amargado?

Yo: Sí.

Lo lamento.

Yo: Ajá.

¿Quién es Peter?

Yo: ¿Perdón?

Encontré esta carta en tu bolsillo, no abrí el sobre,

sólo leí el nombre.

Yo: ¿Por qué abriste mi mochila? Te voy a romper la puta cara si vuelves a tocar mis cosas.

¡Suéltame!

Yo: No me gusta que toquen mis cosas. ¿Qué eres? ¿Un maldito ladrón?

¡Sólo quería saber tu nombre! ¡Me estás lastimando!

¡Suéltame!

Yo: Perdón.

…

Yo: Peter es mi… Peter era mi novio.

¿Terminaron?

Yo: Murió.

Lo lamento.

Yo: …

… ¿Hace cuánto?

Yo: ¿Qué?

¿Hace cuánto murió tu novio?

Yo: Tres días.

Y… ¿pensaste en él?

Yo: ¿Qué?

¿Pensaste en tu novio muerto mientras me cogías?

Yo: …

…

Yo: Sí.

Lo lamento.

Me contó de sus vidas pasadas. Hablaba de sí mismo como se habla de desconocidos que sólo existen en nuestra imaginación. Cada una de sus versiones eran criaturas separadas por millones de años luz. Viejas reencarnaciones que no encontraban un lugar para descansar. Terminó siendo un terrible comediante. Me quería hacer reír. Sus chistes eran moralistas y un tanto políticos. Fingí cada una de las sonrisas que le mostré esa mañana. Desayunamos en la cafetería del motel.  
Portada "Después de Peter", Marcelo Treviño. Colección Tierra Adentro, FCE, 2025
Portada “Después de Peter”, Marcelo Treviño. Colección Tierra Adentro, FCE, 2025

(Monterrey, 1998) es dramaturgo y director de teatro. En 2019 y 2021 fue finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo. Su trabajo ha sido representado en diversas plataformas, incluyendo el Encuentro Estatal de Teatro de Nuevo León y la Semana de la Dramaturgia Nuevo León.

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